Capítulo 2 #3
―Para él si tiene ojos la novia de Lucifer ―apuntó por lo bajo Nicky, al verla tan solícita con el otro hombre. Y no solo la dama tenía ojos, sino que incluso había bajado sin sus lentes.
Nicky la observó hablar de forma íntima con él y gruñó. Lo que le valió a Gordon una nueva sorpresa.
―¿Estás celoso?
―Preocupado ―respondió él cuando vio que su futura esposa enhebraba el brazo que el editor tan gentilmente le había ofrecido.
―¿Sientes algo por mi hermana? ―Tal vez él no era el único que tenía un secreto que ocultar…
―Tu hermana vale una fortuna y no estoy dispuesto a que se me escurra entre los dedos de la mano.
―¡Ah! ―Conforme Nicky había ido haciendo suposiciones sobre que su mejor amigo pudiera albergar algún tipo de afecto sobre su hermana, se iba dando cuenta de lo absurdo que parecía. Lo que Nicky acaba de decir era más lógico y plausible.
―¿Por qué no me has dejado decirle a tu padre lo del contrato, Gordon?
―Creí que sería más fácil si conquistabas a mi hermana. No nos conviene despertar la ira de Julius.
―Eres mi mejor amigo, Gordon…
―Y tú el mío.
―Si yo no consigo a Theodophilla, tú no conseguirás a mi hermana Bella. Te lo juro por mi honor. ―Y Gordon sintió que su amigo no se había echado ningún farol.
―Lo sé. ―Y Gordon pensó en que su amigo ya estaba incluso alejándose una barbaridad del verdadero nombre de su hermana, y esto bueno no podía ser…
Tal vez no debería haber rubricado un contrato con su amigo.
Intercambiarse a las hermanas no estaba nada bien, pero él vio ahí un filón que no pudo desperdiciar.
Él era lord Latimer y tenía potestad sobre ciertos asuntos de la familia… uno de ellos era Brenda.
La pareja, ajena a lo que allí se cocía, se acercó hacia ellos.
―Caballeros ―saludó el conde de Dacre haciendo un gentil movimiento de cabeza que Brenda calificaría como de perfecto.
― Milord , hermana ―habló Gordon.
―Hermano ―saludó la dama, obviando de nuevo la presencia del duque.
― Milord . ―Nicky decidió corresponder a su grosería con otra aún mayúscula y no la saludó.
Cuando los dos ingresaron en el despacho del padre de Gordon, este último se fijó en que su amigo había seguido la estela de ambos dos.
Latimer debía confesar que en su situación él estaría igual de nervioso.
Tal vez, después de todo, la cosa acabase siendo discutida en la Corte, porque su amigo no comprendía que, en vez de enfurecerla, lo que debería estar haciendo era enamorarla o su dote costaría más de conseguir.
―¿La está cortejando? ―Quiso averiguar Nicky.
―¿Quién? ―preguntó Gordon sin saber sobre lo que hablaba su amigo.
―Dacre.
―¡No! No sabía ni que se conocían.
―Ya… ―Él había visto algo que no le gustaba en absoluto. Vigilaría muy de cerca a su díscola futura duquesa. Ella había convertido esto en una caza y él era un experto cazador… Al menos, cuando no estaba ebrio.
―¿Nicky? ―preguntó un par de veces Gordon, porque su amigo parecía abstraído. Ellos dos habían salido de la casa y estaban dando un paseo.
―¿Qué? ―respondió el duque con otra pregunta cuando regresó a la realidad.
―Me has impresionado, Nicky. Eres un estratega de primera.
Esa manera de lisonjear para llevar a mi padre a tu campo y luego darle el golpe final…
Lástima que no haya salido como esperábamos, pero no ha ido mal.
No tener la oposición de Julius es un gran paso.
¿Seguro que no quieres trabajar conmigo en el banco?
―¿Yo? ¿Trabajar, yo? ―preguntó Nicholas con horror.
―Aunque no lo creas, los nobles también deben ganar su propio dinero para no terminar en la ruina ―ironizó.
―Sí, en efecto y si no fuera porque me he agenciado a una esposa con una dote descomunal, podría incluso planteármelo. ―Estaba mintiendo, eso no era para él. Se estaba mejor disfrutando de la ociosidad de la vida que siendo productivo.
Gordon chasqueó la lengua con su apreciación.
Nicholas tenía un corazón de oro. Más allá de su picardía, era un fiel amigo que nunca fallaba a los suyos, pero la sensatez nunca contó entre sus pocas virtudes.
Gordon era consciente de que la culpa no era entera de él.
Sus circunstancias, es decir, el desarrollo de su niñez y la influencia de sus padres…
o, mejor dicho, la falta de ella, tenían mucha culpa sobre lo que él era.
Los anteriores duques habían sido los padres más negligentes que un niño pudiera tener …
eso sin contar que Nicky se había convertido en todo un ejemplo de lo que un buen hombre debía evitar si quería ser respetable.
―Aún debes conseguirla.
―Pues es una suerte que seas uno de los tipos más listos que conozco y vayas a ayudarme a conseguir a Margaret.
―¿Yo? ―Le tocó a Gordon preguntar con horror.
―Si yo no obtengo a la dama, tú no obtendrás a la tuya.
―Te prometo que te ayudaré en todo cuanto pueda, pero te advierto que como no empieces por aprenderte su nombre, me temo que ambos acabaremos solteros.
Además, yo tengo a mi propia dama que conquistar.
Así que te recomiendo que empieces por intentar estar más sobrio. Mi hermana odia a los borrachos.
Gordon supo ahí el error tan grande que había cometido, puesto que Nicky tenía por delante un trabajo muy arduo y su amigo no se caracterizó nunca por ser perseverante.
***
Una vez que su secreto editor abandonó la reunión con su padre, Brenda fue convocada al despacho de Julius.
Ella se encontraba en su habitación redactando la última fechoría de Nicky.
Esa inagotable fuente de información que habitaba en el mejor amigo de su hermano había resultado oro puro.
Al parecer, lo habían sorprendido en la cama de lady Noland con el marido de la recién estrenada viuda aún de cuerpo presente, dado que al hombre le estaban realizando un velatorio tres habitaciones más a la derecha desde donde la pareja fue encontrada por el servicio.
Menos mal que su editor no era un hombre tacaño y sabía la conveniencia del poder del dinero para sonsacar chismes suculentos.
Brenda dejó de escribir la columna de la semana. Guardó a buen recaudo y bajo llave los papeles, y entró en la guarida del león. Su padre estaba demasiado rígido, serio, y no esbozaba ninguna sonrisa como las que solía mostrarle cuando la veía.
La joven comenzó a temer lo peor. ¿Se habría enterado su padre del papel que ella desarrollaba en el periódico?
Ciertamente, era muy sospechoso que la convocase nada más haberse ido lord Dacre.
¿La habría vendido?, ¿la habría traicionado su editor?
Desechó esa idea inmediatamente, Dacre nunca haría algo como aquello.
Era una persona leal, fiel, un amigo que se había portado con ella de forma más que admirable.
No. El conde no la traicionaría porque eso implicaría quedarse sin una de sus mejores columnistas.
El servicio. Pudiera ser que al igual que ella había sobornado a un par de lacayos del duque de Beauford, Julius hubiera podido sospechar y contratar a alguien para delatarla…
No, esto resultaba demasiado rocambolesco, su padre no perdería el tiempo con investigaciones, se limitaría a acusar y castigar.
Brenda lo había visto numerosas veces emplear este método con su hermano.
¿Por qué no con ella? Porque Brenda, a diferencia de Latimer, sabía cómo manejar al viejo…
eso, y que sus ojitos tristes y su media sonrisa siempre lograban derretir el corazón de ese viejo gruñón que se enfadaba en primera estancia, pero que, finalmente, recapacitaba.
Ella había sido testigo de ese tira y afloja que mantenían Julius y Gordon constantemente.
Uno era terco porque con la edad se creía más sabido que el otro, y su hermano era demasiado impulsivo y no solía buscar la aprobación del padre como hacía ella constantemente.
―¿Ha mandado llamar, padre? ―preguntó con una cara de inocencia que incluso a Julius le pareció muy sospechosa.
―Ven, pequeña mía, toma asiento. ―Él la invitó a posicionarse en una de las dos sillas que tenía enfrente.
En este momento fue cuando Brenda supo que algo grave se avecinaba, él siempre la recibía de un modo informal, haciendo alguna burla sobre su soltería o sobre a cuántos pretendientes tendría que sobornar él para que ella bailase en alguna ocasión.
―¿Sucede algo malo? ―Tal vez Julius sí se hubiese enterado de sus colaboraciones en The Daily .
―Depende de cómo se mire. ―Julius fue sincero ahí. La proposición que había obtenido, la primera en tres años, venía de un duque.
―Padre, por favor, se lo ruego, me está asustando. ―Ella tenía una mala sensación. Como que algo de índole malvada se le avecinaba.
―He recibido una oferta para entregarte en matrimonio. ―Brenda sintió que el mundo tembló a sus pies. Tenía que haber oído mal a su padre… Julius no podía acabar de decir lo que ella había creído entender… ¡Era imposible!
―¿Cómo ha dicho? ―Esto era un mal sueño y ella se pellizcó para tratar de despertar. Evidentemente, la treta no funcionó. Brenda miró la rojez que se había hecho en su brazo y luego levantó la mirada hacia su padre. Se colocó bien las gafas y procedió a exhibir su cara de niña buena.
―Esta vez no te servirá, hija mía. ―Julius pareció haberle leído la mente.
―Padre, no puede casarme. ―La mayor de sus pesadillas se había cumplido y llevaba el título de Beauford impreso en la primera página.
―¿Por qué no? ―preguntó el hombre, audaz. A su padre no le había pasado desapercibido el ímpetu que ella le dio a la afirmación.