Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

―Brenda, se llama Brenda, maldita sea, haz el favor de aprenderte su nombre de una buena vez.

―Así que, es por Vanessa. ―Y otro golpe le vino en el estómago. Tan fuerte fue el impacto que Beauford cayó sobre la superficie aullando de dolor.

En ese momento, Gordon consideró que era hora de detener la paliza.

―¿Estás bien, Nicky?

―Estoy bien porque, aunque tu intención era la de matarme, no te devolveré los golpes, solo esperaré a ver cómo mi hermana se venga de ti. Esa será mi mejor venganza por la paliza que me has propiciado.

―No va a hacer falta que haga eso, porque en cuanto el escándalo estalle, mi padre me echará a la calle. ¿Y sabes cuáles serán sus palabras, Nicky?

El duque sabía que era una trampa y que debía quedarse callado, aun así, contestó:

―No, no las sé.

―Julius Brown me dirá que siempre supo que tú y tu familia me destruiríais.

―Pero te has inmolado tú solo. Ayer pudiste darle una paliza a Sared, defender a mi hermana de las acusaciones vertidas y no te dio la gana.

―¿Y darle el gusto al maldito bastardo? No, lo mejor hubiera sido dispararle en la mano para que viera mi puntería y comprendiese de una maldita vez que no puede volver a ganarme en nada.

Lo he tenido que soportar durante muchos años.

Tú no estuviste en Cambridge y no sabes lo que fue.

Y mi esposa me ha privado de ello y ha protagonizado una escena que…

―Yo te enseñé mejor que todo eso ―lo cortó en su retahíla―.

Te preparé en Eton para que nadie más pudiera molestarte.

Te di herramientas para que aprendieses a pelear, a luchar, a disparar, incluso eres bueno con la espada.

Te advertí la primera vez que Sared se acercó a mi hermana que terminases con ese juego y no quisiste.

Así que, no te atrevas a juzgarme por los errores que yo pueda cometer con Francesca, porque tú no eres mucho mejor que yo.

―¡Brenda! ¡Mi hermana se llama Brenda!

―Y la mía se llama Issabella, y tú le has partido hoy el corazón al negarla. Y lo has hecho dos veces. Eres un cobarde que debió haber luchado con uñas y dientes por ella cuando se vio en una situación que a buen seguro orquestó Sared, incluso veo la mano de Amber ahí.

―Tu hermana mayor fue la que vino en busca de mi padre y de mí para decirnos que una pareja estaba haciendo cosas indecorosas en la biblioteca.

―¿Y no viste ahí el complot, maldito petimetre?

―¡Claro que lo vi!

―¿Y te quedaste callado?

―Lo reté a duelo. Por el honor de mi esposa lo reté. ¿Qué otra prueba de amor o fe quieres?

Nicky rio sin humor.

―¿Yo? Ninguna. Mi hermana necesitaba tu apoyo y no trates de exculparte.

Tanto tú como Sared deseabais mediros las fuerzas en un encuentro de esas características.

Lo que ha hecho Bella es salvaros el pellejo a los dos.

Y puesto que ya has descargado toda tu rabia y furia por Bella y por Brittany, lo que te aconsejo es que te vistas con tu mejor traje, compres una cantidad indecente de flores y vayas en busca de mi hermana para arrodillarte y suplicar su perdón.

Porque estás loco si piensas que te dejaré anular el matrimonio, separarte de ella o, peor aún, solicitar el divorcio.

―Llevo toda la vida detrás de ella. No soy tan estúpido.

―Permíteme que ponga tu apreciación en duda, porque de mí se espera que sea un patán, pero ¿tú? Oh, Gordon, tú me has superado con creces.

―¿Cómo voy a recuperarla?

―Tú te has metido en este enredo y tú solito habrás de salir.

―¿Funcionarán las flores, los bombones y mi presencia seductora?

―No.

―¿No?

―No, Gordon, pero por algún gesto habrá que empezar.

―Así que, tu consejo es que me humille.

―Es lo que yo haría si quisiera recuperar a una dama, cosa que jamás, nunca, me verás hacer.

―Lo veremos, amigo mío, lo veremos ―señaló su amigo sin que el duque lo oyese.

El duque se bajó del cuadrilátero dejando perplejo y muy pensativo al barón. ¿Desde cuándo Beauford se había convertido en un hombre sabio?

―¡Nicky! ―lo llamó Gordon desde lo alto del ring .

―¿Qué? ―El duque se detuvo para darse la vuelta y atenderlo.

―Se llama Brenda, no es tan difícil.

Beauford se encogió de hombros.

―Todas son iguales. ¿Qué más da? Y eso, amigo mío, es una pregunta retórica que no hace falta que contestes. ―Nicky le sonrió y volvió a emprender la marcha.

―¡Nicky! ―Lo volvió a frenar Gordon.

―¿Qué demonios quieres, Latimer?

―¿Me podré quedar en tu casa mientras busco algo?

―¿Qué tiene de malo tu casa?

―La paga el viejo y es probable que mis cosas estén ya en medio de la calle. Si los chismes le han llegado ya, estoy desheredado y creo que voy a tener que empezar desde cero.

―Pues es una suerte que cuentes con un amigo que tiene una buena fortuna en sus manos y busque un administrador con el que invertir. Cierta persona me ha dicho que invertir en el ferrocarril será productivo, incluso tal vez podamos fundar nuestro propio banco en un futuro a corto plazo.

Otra vez el duque comenzó a andar para marcharse.

―¡Nicky! ―Con esta nueva llamada el duque ya gruñó.

―¡¿Y ahora qué, maldito Latimer?!

―Gracias.