Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

Ella vio a Sared entrar en el improvisado campo de tiro y se marchó corriendo en dirección a él.

El tiempo se acababa y ella no veía cómo iba a poder evitar todo ese entuerto que, entre otras cosas, era de lo más absurdo.

¿Por qué las personas no arreglaban sus diferencias hablando?

No, claro que no, lo mejor era sacar las pistolas y liarse a tiros.

Llegó a Sared y se abrazó a él como si de una joven enamorada se tratase.

La cosa no podía ir a peor, así que se le ocurrió lo único que una mujer podía hacer en esos casos: hablar de amor.

―Oh, mi amor, Sared te lo suplico, abandona este duelo.

―¿Qué hace, milady ? ―preguntó absorto el vizconde. Eso sí que no se lo esperaba.

Ella sintió que con su abrazo, Nicky y Gordon habían detenido el paso y la miraban estupefactos. «¡Hombre terco!», pensó la joven. Bella le dio un ligero beso en la boca.

―No disimulemos más, milord. Él lo sabe, mi hermano lo sabe.

―¿Qué saben su esposo y su hermano? ―Sared no salía de su asombro. Tan impactado estaba que ni había pensado en sacársela de encima.

―Que nos amamos, por supuesto.

Bella oyó un jadeo a su espalda y un fuerte gruñido. No sabía cuál de los dos sonidos había sido emitido por Gordon o por Nicky, pero ambos sonaban aterradores. Entonces, la muchacha se giró y se colocó ante Sared para protegerlo.

―Siento que lo hayas descubierto así, Gordon.

―¡Mientes! ―habló Gordon porque Nicky estaba con la boca abierta.

―Tú mismo lo dijiste, él siempre se llevaba a las mujeres a su cama.

―Me niego a creerlo, Bella. ―Gordon movía la cabeza negando.

―No permitiré que lo dañes. Así que, si debes disparar, yo estaré delante. Habrás de matarme a mí también.

―Está usted diciendo tonterías, milady. ―Tomó la palabra Sared.

―¿Acaso no le he besado? ¿Acaso no nos fuimos a la biblioteca para mantener un encuentro ilícito? ―lo retó ella a decir la verdad. Él frunció los labios en un fino rictus tan apretado que se puso blanco. La muy pícara sabía jugar mejor que él. Lo tenía entre las cuerdas.

Sared sabía que si hablaba y la contradecía tendría que cantar como un canario, cosa que no estaba dispuesto a hacer. Y si se quedaba callado… Bien, si no abría la boca no sabía cómo acabaría todo. Optó por no contradecirla. Ella no se saldría con la suya.

Bella lo vio cerrar la boca y supo que Sared no confesaría jamás. Bien, ella había iniciado un juego peligroso que en caso de salir bien acabaría con el disparate… Eso no iba a ocurrir. Ella se volvió a girar para enfrentarse a Gordon.

―No voy a dejar de proclamar mi amor por este hombre. Todo Londres sabrá que mi esposo y mi amante se retaron a duelo y que yo salí en defensa de Sared. Te juro por mi honor que para matarlo a él vas a tener que matarme a mí. ―Ella no vaciló a la hora de exponer sus apreciaciones.

―No te atreverías a hacer algo como eso.

―¡Ponme a prueba! ―Levantó ella la voz. Una vez más, vio en el rostro de su esposo pena, lástima, ira y vergüenza.

―Por lo que a mí respecta, yo no tengo esposa. Así que, no hay honor que reparar. ―Gordon se dio la vuelta y se fue del lugar. Si se quedaba…

Nicky la miró con reprobación.

―Espero, hermana, que sepas lo que has hecho. ―Nicky miró a los dos testigos que había traído Sared. Ninguno de los dos se caracterizaba por su discreción. De hecho, ese fue el motivo por el que Sared los había elegido, quería que todo Londres supiera de su hazaña.

Bella se quedó quieta observando cómo su esposo y su hermano desaparecían de su vista.

―Ya tiene lo que quería, milord. Espero que haya valido la pena y lo esté disfrutando.

―¿Se da cuenta de lo que ha hecho, baronesa?

―Lo sé. Muy bien sé que me he sacrificado.

―Ha perdido al hombre al que ama. Todo Londres sabrá lo que aquí ha pasado. Ni tan siquiera yo puedo evitarlo.

―Pero, al menos, él sigue vivo y no tendrá que cargar con su muerte en caso de que usted hubiera ganado. Y, créame, llevo años viendo disparar a Gordon, usted será bueno, pero él ganó a Nicky en el último torneo del pueblo.

―Eso que dice es imposible. ―El duque, cuando no estaba ebrio era un magnífico tirador, tal vez, mejor que él mismo, y no creía que Gordon hubiera mejorado tanto.

―No me importa si no me cree. A estas alturas ya debería saber que yo nunca miento sin una buena razón.

―¿Y cuál fue la buena razón que la impulsó a decir que me ama y que somos amantes?

―Salvarle la vida. Gordon lo hubiese destrozado y mi esposo no se lo hubiera perdonado mientras viviera. Los dos me deben más de lo que creen y son tan ingratos que nunca lo reconocerán.

― Milady … yo… ―comenzó Sared lastimero.

Llegados a este punto, Bella se volteó para mirarlo a los ojos. No ocultó sus lágrimas porque no tenía de qué avergonzarse. Había cavado su propia tumba para salvarlos.

―¡No! Si lo que va a decir es una disculpa, no hace falta que prosiga.

Son los dos unos mocosos infelices que creen que tienen que competir para demostrar quién es mejor.

Usted me ha colocado en la situación más difícil en la que podía estar inmiscuida una esposa.

Me he puesto de su parte y el amor de mi vida ha sentido mi traición.

Mis más sinceras felicitaciones. Usted ha ganado.

Bella se marchó airada, deprimida, triste y furiosa.

Todo ello a partes iguales. El carruaje que la aguardaba estacionado en East End la llevó a su casa.

Al llegar, nuevamente lloró en los brazos de la señora Phanegan y le contó su desdicha.

La mujer se compadeció de ella y también derramó lágrimas de impotencia.

Ambas hicieron el equipaje dispuestas a regresar al campo.

No partieron hasta bien entrada la tarde, aguardando con la esperanza de que su esposo se dignase a ir en su busca, cosa que no sucedió.

***

Por descontado que Gordon, Nicky y Cameron, el tercer amigo en discordia que había acudido para ejercer de padrino en el duelo, se encaminaron a su club de boxeo para descargar la tensión.

En esta ocasión, el que subió al ring para combatir con Gordon fue Nicky. El duque no quería poner en peligro a ningún otro hombre y esperaba que, siendo su amigo como era, el barón no acabase matándole a golpes.

En los primeros compases, los dos hombres con el torso descubierto y dándose puñetazos con las manos desnudas, comenzaron a sudar.

Beauford mucho más, puesto que Gordon se olvidó de a quién estaba pegando y el duque contaba ya con los dos ojos morados y escupía sangre por la boca.

Nicky esperaba que no acabase saltándole un diente porque eso implicaría perder parte de su encanto.

―¡Maldito seas! Recuerda que no soy Sared, Gordon ―le recalcó Nicky mientras se tapaba la cara para evitar un nuevo derechazo de su supuesto amigo.

―Si no querías golpes, no haber subido al cuadrilátero.

―No podía arriesgarme a que acabases en la horca por matar a otro.

―Tu hermana es una irresponsable, una loca, una marisabidilla, y si la tuviera aquí le daría una buena tunda. Debiste haberla manejado mejor, Nicky.

―Sé que estás enfadado con ella por lo que crees que tiene con Sared. ―Y otro puñetazo acabó impactando sobre Nicky.

―¿Sared? Ese hombre es el menor de los problemas de Bella.

―¿No estás disgustado?

―Mucho.

―Ah, creí que no te importaba que tu esposa ―arrastró la última palabra para dejar constancia de que estaba al tanto del secreto de ambos― pregonase a los cuatro vientos que defendería a su amante para que no lo acabases matando… ―Sí. Era una ironía en estado puro.

―Por supuesto que me importa.

―Poco lo pareció.

―¿Y qué querías que hiciera? ¿Armar otro escándalo? Enfurecer al viejo implicará que acabaré sin un penique, cosa que ocurrirá muy pronto. No sé cómo voy a poder enmendar todo este asunto.

―¿Te has callado por dinero?

―Tengo dinero, pero no tanto como lo que necesito para darle la vida que Bella se merece.

―¿Estás demente? Ella no quiere riqueza, te quiere a ti, insensato.

Mi hermana ha sobrepasado sus atribuciones.

De acuerdo que no debió haber intervenido en una cuestión de hombres, pero Bella es así, y por ello te enamoraste de ella.

No tiene un ápice de maldad en su cuerpo.

La amas. Ella quería tu defensa anoche ante tu padre y tu apoyo hoy en el Este End.

―Veo que estás informado de todo.

―Lo sé todo porque mi hermana me despertó llorando y suplicando mi ayuda para que pusiera fin al duelo. Cosa que hubiera hecho, si ella no se hubiese inmiscuido. Estoy de acuerdo que se merece una buena tunda por interferir, pero reconoce que no te has portado bien con Bella.

―¿Quieres que hablemos de portarse bien, Nicky? ―Gordon alzó una ceja para retarlo, él había oído algunas cosas sobre la relación de su amigo con su hermana que…

―Tal vez yo mismo no sea un buen ejemplo. No obstante, no soy yo quien ha estado enamorado de la dama desde que la conoció. Bella no te perdonará tan fácilmente. Vamos, yo si fuera ella no te lo pondría fácil.

―Tu querida hermanita me ha dejado en ridículo dos veces.

―La pelea continuaba. Nicky esperaba que pronto Gordon se cansase de atizarle, cosa que no sucedía…

Por algún extraño motivo, él empezaba a pensar que su buen amigo estaba disfrutando al golpearle y no creía que fuera por desquitarse con Sared…

―¿Me estás pegando a causa de Braulia?

―¿Te has buscado otra amante? ―preguntó mientras le atizaba otro derechazo.

―¿Esto es por tu hermana? ―aclaró la pregunta.