Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 8 #4
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Capítulo 8 #4

―¿Cómo ha dicho? ―El maldito tenía toda su atención.

―¡Oh! ―Él mostró sus perfectos dientes blancos en una sonrisa alegre―. Así que, no lo sabe… ―Se relamió los labios.

―¿Saber el qué?

―Su hermano está en la ruina.

―Vivo en su casa, milord, bien sé la situación que presenta Nicky, es culpa de nuestro padre, no de él.

―Pero lo que, probablemente, no sabe es que su matrimonio con la hermana de Latimer, o más bien la dote de la dama, remedia la bancarrota del duque y lo salva de sus deudores.

―Ese arreglo beneficia a mi hermano. ―Ella no estaba escandalizada con esto. Nada de lo que hiciera su hermano la pillaría desprevenida. Nicky era un superviviente.

―¿Pero no se pregunta en qué le beneficia el arreglo a su esposo?

―No lo va a conseguir. Estoy segura de que todo lo que diga para tratar de que mantenga un enfrentamiento con mi esposo va a ser inútil. Le recomiendo que se lo ahorre.

―Pese a su sugerencia se lo diré. El padre de su amado esposo le lanzó un ultimátum. Nuestro Latimer debía de casarse con una dama de muy buen pedigrí para asegurar su posición en un negocio que el banco mantiene con otro.

―Gordon siempre estuvo enamorado de mí.

―Aun así, coincidirá conmigo en que el arreglo es sospechoso, y más cuando su señor esposo se deja ver en círculos públicos con su amante.

―La señorita Lorence ya no ejerce ese papel. ―Estaba harta de esa dichosa mujer.

―¿De verdad confía tan ciegamente en un hombre que la ha comprado para sus propios intereses y que ha tenido la desvergüenza de pasear con Camille en dos fiestas ante sus propios ojos?

―Sí ―dijo sin dudar―. Estoy enamorada de mi esposo y ni usted ni nadie podrá sembrar la duda en mi mente.

Confío en su criterio y, si bien reconozco que las circunstancias de nuestra unión pueden parecer sórdidas, lo que importa es que seremos plenamente felices.

―Hubo un momento de silencio―. Usted la ama, ¿no es así?

―¿Disculpe? ―Ella había conseguido desestabilizarlo.

―A la señorita Lorence, ¿la ama? Creo que es un hombre enamorado de una mujer que prefirió a Latimer y por eso no puede soportar que él sea feliz conmigo.

—Sared cerró los ojos. Bella supo que había derribado una muralla―.

Milord, la señorita es libre ahora, no pierda el tiempo con tontas revanchas del pasado y reclámela.

―Le pedí, le rogué a su esposo, que buscase a otra mujer. Él se vanaglorió de su único triunfo ante mí. Debe saber que las mujeres me preferían a mí.

―Eso es porque nunca estuvieron enamoradas de Gordon.

―Juré por mi honor y mis antepasados que él pagaría el duro golpe que yo recibí y no descansaré hasta hacerlo.

―Insisto en que mi esposo y yo somos felices. No podrá socavar nuestro amor.

Lo vio sonreír y volver a cubrir la vulnerabilidad que él había mostrado hacía escasos minutos con su máscara de indiferencia. Bella supo que había fracasado en su intento de hacerlo razonar.

―Si tan felices son, milady , ¿dónde se dirige su esposo con tanta premura? ―Él hizo un movimiento de cabeza para indicarle a ella dónde tenía que dirigir su mirada.

―Habrá tenido una urgencia. No siga, milord, está usted haciendo el ridículo, no va a quebrantar mi confianza en Gordon.

Ella se marchó dejando al vizconde pasmado. Damian había dado con la única mujer fiel y leal que residía en Londres. ¿De verdad existían ejemplares así?

No. No lo conseguiría. Bella sabía que Sared quería sembrar la discordia en su matrimonio y por eso estaba jugando con ella.

Pese a descubrirse como una mujer celosa, ella confiaba en su esposo.

Se habían jurado amor, habían recitado sus votos en sagrado matrimonio y nunca violaría ese vínculo con él.

Cavilando sobre esos pensamientos fuertemente arraigados en su mente, se tropezó con Amber.

―Hermana, te ves radiante. ―La condesa de Sulsick le sonrió.

Esa fue la primera sospecha de que ella algo tramaba.

Su hermana nunca había sido amable con ella.

Aun así, lejos de pensar lo peor, Bella lo vio como un primer acercamiento.

Ella amaba a Amber y a Nicky, y nunca dejaría de intentar que los lazos entre ellos fueran más fuertes.

―Gracias, milady , pero ambas sabemos que la más bonita de las dos fuiste tú. ―No era mentira. Amber heredó la belleza de su madre y era una mujer muy hermosa.

―Debo felicitarte sinceramente por tu compromiso. Supongo que, al final, te has resignado como hice yo. ―Amber respiró profundo para dar más énfasis a su comentario.

―¿A qué te refieres?

―Ya sabes… son hombres. Mi esposo tampoco cortó su relación con su amante, pero lo que no hizo fue salir corriendo de la fiesta de nuestro aniversario para reencontrarse con ella.

―¿Cómo dices?

―Amber, no sigas por ese camino. ―Apareció de nuevo Sared para inmiscuirse en la conversación entre ambas.

―Es mi hermana y tiene derecho a saber qué clase de matrimonio tiene.

Es la mejor manera para prepararla y que no arme un escándalo.

Querido mío, ya sabes que las mujeres somos muy sensibles cuando estamos bajo los influjos del amor y no es conveniente que Issabella estalle hoy.

El padre de su futuro esposo ―algo en la forma en la que lo dijo, le dio a entender a Bella que su hermana estaba al corriente de su secreto―, necesita asentar la posición de su familia para que el negocio con el banco salga redondo.

―No sigas intentándolo, Amber. ―Tomó la palabra Sared―. Tu hermana ha dejado muy clara su posición sobre su esposo. Confía plenamente en él.

―¡Vaya, Bella! Al fin eres consciente del papel que debes asumir y permitirás que tu esposo continúe con sus aficiones sin armar un escándalo.

Te honra, y debo decirte que estoy muy orgullosa de que permitas que tu esposo reciba en su casa a su amante el día de tu fiesta de compromiso.

―Amber trató de ser sincera en sus apreciaciones.

―Mi esposo no está recibiendo a su amante esta noche ―aseguró con una tranquilidad que no estaba sintiendo.

―Sared, ¿no se lo has dicho?

―¿Que su esposo está en estos momentos en la biblioteca con la señorita Lorence haciendo Dios sabe qué? No. Lo he intentado, pero tu hermana está completamente segura de que Latimer le es fiel.

―Eso sí suena como algo que haría nuestra Bella. ―Amber le sonrió.

―Gordon no está en estos momentos con la persona que decís. Es nuestro baile de compromiso y él no haría algo semejante jamás. ―Debía confesar que su fe en él estaba resquebrajándose poco a poco. Ellos dos parecían tan seguros en lo que decían…

― Milady , entonces no le importará venir a comprobarlo usted misma.

―No. No lo haré porque estoy segura de que él no está ocultando nada. ―Bella sabía que ellos dos estaban jugando con ella y no entraría en el descabellado juego.

―¿Insinúas que mentimos, hermana? ―preguntó Amber ofendida.

―Me temo que sí, lady Sulsick. Nuestra Bella duda de nuestras intenciones. Lo único que pretendemos es abrirle los ojos y ella nos paga con un insulto.

―Yo no… ―comenzó ella a explicar.

―Si tan segura estás de la honorabilidad del barón, acompaña a Sared y déjanos en evidencia, ¿qué puedes perder?

En el mejor de los casos, dejarás en entredicho nuestra palabra y, en el peor, sabrás a qué atenerte con tu esposo.

Todo son ventajas. Yo hubiera agradecido saber de antemano donde me metía con mi esposo…

―Amber se abanicó y ocultó una perversa sonrisa tras el precioso abanico pintado a mano.

―Iré con usted, milord ―claudicó Bella―, a condición de que me deje tranquila. Una vez que vea que mi esposo es inocente de todos los cargos que se le imputan, no volverá a dirigirme la palabra. ¿Hay trato?

―Por supuesto, milady . ―Él se llevó la mano al corazón para hacer una solemne promesa.

Sared y ella se encaminaron hacia la biblioteca y cuando llegaron Bella respiró tranquila. Casi por un segundo, ella se había creído las pamplinas.

―Se lo dije, milord. Mi esposo me es fiel. Nada podrá romper la confianza que he depositado en él.

―En efecto. ―Él se encaminó hacia ella tras cerrar la puerta de la estancia.

Bella supo que había cometido un error al quedarse a solas con él―.

Lo que es de admirar. Nunca creí encontrar a una mujer con semejante fe en un esposo, así que, viendo que su confianza no iba a ser mermada, he creído conveniente averiguar si la de su barón Latimer será igual de fuerte a la suya.

―Está siendo ridículo. ―Ella sintió la pared a su espalda, lo que hizo que no pudiera seguir huyendo de Sared.

―Tal vez, ¿pero será su esposo tan comprensivo cuando la encuentre aquí besándome, milady ?

―Yo no haré tal cosa.

―Eso ya lo suponía, querida, así que yo la besaré a usted y mentiría si dijese que no lo voy a disfrutar. ―Él estaba sobre su cuerpo respirándole encima.

―No se moleste, porque comprenderé perfectamente que mi esposo pueda pensar lo peor de mí cuando me encuentre besándome, y le juro por mi honor que moveré cielo y tierra hasta que él comprenda que todo fue una trampa para tratar de hacerlo infeliz.

Me arrastraré si hace falta y le explicaré su plan para apartarlo de la mujer que usted sabe que ama.

Ella no se acobardó. Ambos se remidieron las miradas en un duelo que Bella se negaba a perder. Lo oyó suspirar y supo que había ganado la batalla.

―Fiel hasta el final, debí preverlo. Seguro que haría algo como lo que acaba de decir. No obstante, nunca me consideré un hombre que abandonase sus promesas o juramentos, no sin pelear duro. Haremos un trato que creo que incluso podría encumbrar más su relación con su esposo.

―He sido clara. No voy a jugar a nada. No haré ningún trato más.

Por favor, apártese y deje ya de hacer el ridículo, milord.

―Ella trató inútilmente de apartado de su cuerpo.

Bella sabía que era imposible luchar con él.

Es más, un enfrentamiento con un hombre de su corpulencia dejaría su atuendo en un estado lamentable y haría que la situación fuera más compleja de explicar.