Capítulo 8 #3
―Tengo que admitir que muchas esposas tomarían con naturalidad que sus esposos tengan ciertas…
aficiones, pues es común que el hombre se ocupe de ciertos asuntos…
en lugares fuera del hogar. ―Amber observó que su hermana menor le daba otro apretón para contener a Latimer y se mostró orgullosa de sacar de quicio al hombre.
La primera vez que lo vio le pareció poca cosa e inaguantable.
No obstante, cuando él se convirtió en un hombre tan apuesto y viril con el que todas deseaban encamarse, y decidió ofrecerse a él, su negativa molestó mucho a Amber.
Se juró que tarde o temprano llegaría el día en el que él pagaría su desprecio por algo que se le ofreció de buena gana y que él desechó tan rápidamente.
Ese día, al fin, había llegado―. Sin embargo, nunca pensé que tú pudieras tolerar semejante comportamiento.
Cuando eras pequeña hablabas de amor, fidelidad y devoción a todas horas.
Supongo que, al final has hecho como todas y te has resignado a asimilar la realidad.
―Condesa ―tomó la palabra él―, me parece que los asuntos privados entre un hombre y una mujer deben ser eso: privados. Así que, tenga buenos días.
Y Gordon se llevó de inmediato a su esposa del lugar. La víbora era única inoculando su veneno.
Bella sabía que su hermana tenía razón. Saber que la antigua amante de su esposo podría coincidir con ellos se estaba convirtiendo en una penitencia. Él se dio cuenta de que ella estaba lívida.
―No hagas caso de tu hermana. Te amo desde que te vi. Creí que nunca te tendría y por eso busqué lo que ansiaba de ti en otra parte.
―¿Y ahora que me tienes no volverás?
―Nunca, Bella. ―La convicción de la aseveración la conmovió.
―Yo confío en ti, Gordon. Siento que tu amor por mí es fuerte, y es por ello por lo que no haré caso a ninguna habladuría que llegue a mis oídos.
***
La noche de la cena y posterior baile del anuncio de compromiso llegó.
Bella no se sentía demasiado bien. Tenía la sensación de que algo malo estaba a punto de sucederle.
Era una sensación extraña que solo se marchaba de su cuerpo cuando Gordon trepaba por la enredadera para hacerle el amor durante toda la noche.
A veces era suave y dulce, y otras tan apasionado, exhibiendo una urgencia suprema, que resultaba todo un torbellino vertiginoso.
Se había puesto un vestido de color azul oscuro que contrastaba muy bien con su piel lechosa.
Gordon le había regalado un juego de zafiros sublime como regalo de bodas y esta noche los luciría por primera vez.
El pelo lo había rizado y lo llevaba sujeto en lo alto de la cabeza, con unos rizos cayendo sobre su hombro derecho.
Dos peinetas de plata contribuían a su sujeción. Otro regalo más de su amado esposo.
La señora Phanegan entró en la habitación para apresurarla a bajar.
Cuando le confesó que se había casado, la mujer no se sorprendió.
Confesó que, desde primera hora, en cuanto los vio juntos a ella y a Gordon, había sentido que existía algo muy fuerte entre ambos.
Aun así, también señaló que ella, como hija de un duque y aunque fuese maltrecho, se había casado muy por debajo de sus posibilidades, tal y como ella mismo hizo en su momento.
Sinceramente, esperaba que a su pupila todo le saliera igual de bien que a ella, puesto que su difunto esposo resultó ser el auténtico amor de su vida y una siempre debe luchar por lo que ansía.
―Oh, Dios mío, mi niña. ¡Estás realmente preciosa!
―Gracias, señora Phanegan. Usted también está muy bonita.
―Nada en comparación contigo, muchacha. ―La mujer se había puesto sus mejores galas.
―Realmente, me siento como una princesa en una noche de ensueño. Pero, aun así…
―No, olvida que algo malo va a pasar. ―Las dos compartían confidencias muy seguido―. Es tu gran momento y tienes que disfrutarlo. No quiero que ni siquiera tu hermano empañe tu felicidad.
―¿Ha llegado ya Nicky? ―Quiso saber con ilusión.
―Sí, ha llegado ―expuso con pesar.
―Tengo el mejor hermano del mundo. Creí que no me acompañaría. Él se ha acordado. ―Desde el día en que su esposo le dijo que su fiesta de compromiso sería en pocos días, ella le había estado escribiendo a su club para pedirle que la acompañase.
―Y no lo hará, mi niña.
―¿Por qué? ¿No ha dicho que ha llegado, señora Phanegan?
―Tu hermano no recuerda ni el día en el que está.
―¿Borracho otra vez? ―Esperaba algo como eso, pero no por ello implicaba que doliera menos.
―Me temo que sí. El servicio lo ha acostado en su habitación.
―Creí que, en el día más importante de mi vida y después de haberme vendido a su mejor amigo, lo menos que haría sería acompañarme.
―Todavía no había podido hablar con él sobre el hecho de haberla prometido a Gordon sin tomarla en cuenta.
Sí, sí, está bien, ella estaba contenta con el resultado final, pero, aun así…
―Tendrás que conformarte conmigo, Issabella.
―Y será una compañía más que bien recibida. ―Bella le sonrió y las dos salieron en dirección a casa de los padres del barón para tener una cita con su futuro.
***
Suntuosa. Magnífica. Espectacular. Perfecta.
Nunca en su vida Gordon soñó con poder tener a la mujer que amaba y ahora que la tenía ante él, el resto de las mortales palidecían en comparación.
Estos tres días en los que él la había cortejado con más rosas, dulces, joyas, salidas a caballo, idas a la ópera y paseos por el parque, ella había demostrado que nunca podría haber elegido mejor.
Ni teniendo al alcance un amplio abanico de féminas, él hubiera mirado en otro lugar.
Ella era correcta, dulce, amable, elegante, y lo que más lo enloquecía: ardiente.
Hizo las presentaciones entre su familia y su padre se mostró reticente.
Gordon sabía que su padre no aprobaba a Nicky y si lo toleraba era porque tenía un ducado en sus manos.
Cuando el patriarca de la familia se enteró de que él había puesto sus ojos en la hermana de su mejor amigo se mostró contrario a la unión y una vez que Gordon le confesó que tenía que casarse con ella con la máxima celeridad, su padre puso el grito en el cielo.
Habían tenido una pelea más grande de lo que le hizo ver a Bella.
No importaba. El barón estaba decidido a salirse con la suya y una vez que su padre la conociera, estaba seguro de que la dama se ganaría su favor.
Mientras el patriarca resultó ser un hueso duro de roer, su madre se alegró porque al fin hubiera elegido a una muchacha.
Por su parte, su hermana Brenda… Bueno, aquello era otra historia que aún estaba por ver.
La noche estaba resultando agradable hasta que tuvo que saludar a lord y lady Sulsick, quienes llegaron acompañados por el vizconde Sared.
Ahí su buen humor saltó por la ventana. No debería extrañarse, a fin de cuentas, eran familia de su ya esposa y era del todo lógico que estuvieran en su fiesta de compromiso.
Gordon trató de tranquilizarse y lo consiguió, dado que poco podía suceder para que algo saliera mal: el pescado estaba vendido.
Ella ya era su esposa, aunque ninguno de los presentes manejase ese dato.
***
Bella lo vio ir hacia ella y huyó como de él como de la peste. Estaba ya cansándose del acoso de Sared. Ella no iba a formar parte del complot que el vizconde hubiera orquestado contra su esposo, así que la mejor manera de mantenerse al margen era evitarlo.
Bailó con el primer caballero que le solicitó un baile y luego trató de estar siempre ocupada hablando con las ilustres personalidades que allí había.
Sabía que Gordon era una persona importante, pero tenía más contactos y amistades que Nicky e imaginarse siendo la anfitriona de su propia fiesta, atendiendo a todas esas personas tan diligentemente como lo estaba haciendo su esposo en estos momentos, le produjo un terrible mareo.
Divisó unos helechos tras una columna y decidió que sería un buen lugar para tomar aire y serenarse.
Ella era la hermana de un duque y había sido preparada para copar altas esferas de la sociedad…
aunque en la práctica su educación no hubiera sido tan rígida como debiera.
Error. No debió haberse ocultado. Lo supo en cuanto oyó una risita tras de sí.
―Baronesa, no debería huir de sus invitados ―la regañó Sared.
―No estoy haciendo nada semejante. Mi pie ha sufrido una ligera torcedura y estaba acomodándolo bien en mi zapato. ―Ella movió esa parte de su cuerpo para dar veracidad a la mentira.
―Si quiere puedo volver a cargarla en brazos y llevarla a un lugar apartado.
―Creo que no está siendo usted cortés. Pues si aquí nadie sabe que soy una mujer casada, bien usted sí conoce mi secreto y, por lo tanto, esta es una conversación del todo inapropiada.
―Conozco todos sus secretos, milady . ―Le ofreció una sonrisa torcida que hizo que su cara de ángel resultase más atractiva.
Podía entender el motivo por el que había podido conquistar a las mujeres en las que se había fijado su Gordon.
Ese tono angelical de Sared unido al aire de peligrosidad que él emanaba era un poderoso elixir.
Potente para cualquiera que no estuviera plenamente enamorada como ella misma lo estaba.
―No lo haga sonar como algo inmoral o indecente. Me he casado y asistí a una fiesta… un poco inapropiada con el que ya es mi esposo, no tengo más secretos.
―Cierto, pero esperaba que al conocer el intercambio que su hermano y su ya esposo hicieron, usted presentase más guerra. La tomé por una mujer con cierto carácter, con más sentido de la justicia, por así decirlo.
―Supongo que espera que le pregunte a qué se refiere.
―Bueno, tengo entendido que el duque y Latimer intercambiaron a sus hermanas en matrimonio.
Como poco, es curioso. Cierto que hubiese sido más escandaloso que se las hubieran jugado a los naipes, pero cambiar a la honorable señorita Brenda Brown por lady Issabella para solucionar los problemas de uno y otro…