Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 6 #4
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Capítulo 6 #4

―Tú querías a mi hermana para ti. Pese a que las hermanas de los amigos son sagradas, no te puse un ojo morado cuando te sacaste de la chistera ese tonto arreglo.

No lo hice porque sé que ella estará mejor contigo de lo que pudiera haber estado con cualquier otro.

No me vengas con sermones porque tú tuviste la idea.

―¿Y qué hay de mi hermana, Nicky?

―¿Qué pasa con Emma? ―preguntó sin entender.

―Brenda. Se llama Brenda.

―¿Qué hay de ella? ―Quiso saber. El nombre de una mujer no era importante para él. Todas eran iguales.

Nicky lo miró a los ojos.

―Márchate, Nicky, no soy una buena compañía hoy. No me apetece hablar.

―Vayamos a ver a madame Gruiselle. Hay una mujer nueva allí que te volverá loco.

―Eres incorregible, Nicky. No voy a ir a un prostíbulo…

―¡Es un fino y carísimo burdel! ―aclaró ofendido.

―No pienso ir a encamarme con ninguna mujer porque no quiero a otra que no sea Bella. ¿No lo comprendes, Nicky? ―preguntó cansado―. ¿Tan ciego estás que no puedes ver que llevo enamorado de ella desde la primera vez que la tuve ante mí?

―¡Oyeee! Que me haya hecho el ciego, como tú bien has dicho, durante estos años no implica que no lo viera.

Y debería partirte la boca en estos mismos momentos porque estás hablando de hacerle cosas poco honorables a una joven dama que es sangre de mi sangre.

¡Y Dios del infierno! Esa mujer con la que te mueres por estar ―estaba intentado por todos los medios evitar recordar que era Issabella de quien hablaban o acabaría haciendo una temeridad― es tuya, maldito estúpido.

Ha sido tuya desde el momento en que autoricé el casamiento.

Aquí el único ciego, por no emplear una palabra de clase más baja, eres tú.

Así que, dime, ¿¡qué demonios vas a hacer!

? —Levantó la voz en esta última reflexión.

―¡¿Yo?! ¡¿Qué que voy a hacer yo?! ―gritó Gordon.

―¡Sí, tú! ¿Qué es lo que vas a hacer?

―¡Irme a mi casa, encerrarme en mi despacho con media docena de botellas de mi mejor whisky y compadecerme de mí mismo!

―¡¿Es el whisky escocés?! ―Debido a las voces los transeúntes se habían separado de ellos por miedo a que ambos estallaran en una pelea.

―¡Desde luego que sí!, ¡¿por quién me tomas?!

―¡¿Puedo ir contigo?!

―¡¿Acaso tengo que pedírtelo?!

Uno y otro continuaban parados frente a frente gritándose. No sabían el motivo por el que levantaban la voz, tal vez, no se dieran ni cuenta del alto volumen que estaban empleando en algo que ya no era una pelea…

―¡No esperaba tener que pedírtelo!

―¡Pues vayámonos de una malita vez!

Los dos con paso ligero emprendieron la marcha.

Tal y como habían amenazado con hacer, se encerraron en el despacho y allí estuvieron hasta bien entrada la madrugada, momento en el que a Nicky se le ocurrió la brillante idea de colarse en su propia casa para que Gordon trepase por una ventana y le declarase su amor incondicional a la dama.

Ni que decir tiene que el alcohol hizo más que atractiva la idea, así que, ambos salieron dando trompicones y pusieron rumbo al lugar.

Cuando llegaron Nicky lo animó a trepar por la enredadera que daba acceso al balcón de Bella. Estaban tan ebrios que fue una suerte que encontraran la casa de Nicky a la segunda ocasión.

―¿Seguro que esta sí es tu casa?

―Dios del infierno, Gordon. Es que la maldita casa de Bradwell es idéntica a la mía.

―Te dije que la tuya estaba al otro lado de la calle y me dijiste que tú bien sabías dónde vivías.

―Se llevaron un buen susto cuando vieron que en la ventana de la muchacha no había enredadera.

Ya casi estaban llamando a los agentes de la autoridad para denunciar un robo cuando salió un lacayo que los ahuyentó.

Ahí fue cuando el empleado reconoció al duque y le dio las señas de su propio hogar.

Desde luego, esta no había sido la primera vez que Nicky borracho intentaba acceder a una casa que no era la suya.

―Sube por ahí. El pestillo de la ventana no funciona y te será fácil entrar. Intenta no matarte con la escalada. ―Con la cantidad de alcohol en sangre que llevaban en el cuerpo era un milagro que su amigo hubiera podido comenzar a subir por la fachada del edificio.

―¿Dejas a mi futura esposa sin protección? ―inquirió escandalizado.

―¿Quién va a robar a una mujer? Adoro a mi hermanita, pero uno tendría que estar loco para cargar con una mujer. Son problemas, son gastos y gritos, muchos gritos.

―¿Vas a contarme lo que te pasa con Brenda?

―¿Con quién? ―preguntó con un graznido.

―Nicky, no tienes solución.

―Anda, sube, tu dama te aguarda.

―¿Pero dónde vas tú? ―Quiso saber cuando lo vio alejarse de su posición.

―¿Yo?

―Sí, tú, ¿no irás de dejarme solo?

―No, claro que no. Simplemente, entraré por la puerta y me iré a acostarme en mi ducal cama. Si necesitas algo da un grito e iré a socorrerte.

―Pero… pero… ¿por qué no puedo entrar yo también por la puerta contigo? ―Gordon era valiente, pero era una altura considerable y no estaba en pleno uso de sus facultades, puesto que el whisky lo tenía funcionando a medio gas.

―Tú has venido a impresionar a tu enamorada y para ello tendrás que hacer algo heroico.

―¿Crees que lo verá como la acción de un héroe?

―¿Por qué no? A fin de cuentas, estás arriesgando tu noble cuello por declararle tu amor.

Y con esas palabras, Nicky dejó a su amigo para marcharse a dormir la borrachera .