Capítulo 5 #6
Otra mujer fue llamada al escenario y la sesión de adivinación y espiritismo se dio por concluida.
Cuando Bella trató de ponerse en pie se vio sin poder andar.
Sin pensarlo ni dos veces, Gordon empleó su fuerza bruta para sostenerla y llevarla en volandas hasta el carruaje.
Las mujeres suspiraron queriendo cambiarse por la misteriosa dama que, al parecer, había ocupado el lugar de amante al lado de barón.
Los hombres se enfurecieron por ver que sus compañeras no les hacían el caso que ellos requerían, y más cuando sus acompañantes ―la mayoría de ellas eran amantes― pidieron la misma atención que lord Latimer estaba empleando con su bella dama.
Subieron al carruaje y se instaló entre ellos un silencio de lo más incómodo. Bella se concentraba en el paisaje nocturno que fuera se veía. Harto de su indiferencia, él bajó las cortinas del carruaje a fin de que ella se concentrase en su persona.
―¿Estás molesta conmigo?
―No.
―Es evidente que he hecho algo que te ha disgustado. ¿Es por haberte llevado en brazos?
―No.
―Entonces será por haberte besado.
―No es eso tampoco.
―¿De qué se trata, Bella?
―No sucede nada.
―Siempre fuiste una mentirosa nefasta.
―No quiero hablar del tema.
―Si estás asustada por lo que pasó entre nosotros… yo…
―No quiero hablar. Te lo ruego, sigamos el trayecto en silencio. Estoy cansada y me duele mucho el pie.
―En cuanto a eso, ¿cómo te has herido?
―Silencio, Gordon, por favor.
―Como desees.
Sin dudarlo se abalanzó sobre su boca como un niño avaricioso que ansiaba un dulce de caramelo. Ciertamente, ella se sentía tan dulce que la comparación bien podría ser válida y fidedigna.
Ella se apartó rauda. Pese a que todo en su interior le sugería que se dejase llevar por los increíbles besos de él, algo en su interior le decía que no debía permitirlo.
―¿Vas a casarte? ―preguntó ella sin preámbulos.
―Al igual que tú.
―Tienes razón ―señaló más para ella que para él.
Era una hipócrita por molestarse con él.
Bien le había abierto un mundo de besos realmente apasionante y no podía enfadarse con él porque supiera que era un hombre comprometido, puesto que ella estaba en la misma situación y no únicamente se había abandonado a sus labios y caricias, sino que había incluso exigido más.
―Bella, yo creo que es hora de que hablemos sobre nosotros. Algo sucede cuando estamos juntos. Hace años que así ocurre y ni tú ni yo hemos querido ni verlo y mucho menos hablar sobre ello.
―Somos amigos. ―Esta conversación llegaba demasiado tarde. Era imposible e inútil abrir esa puerta. Sencillamente, ya había pasado el momento.
―Los amigos no se tocan como lo hemos hecho nosotros. Yo te deseo y siento que tú también a mí.
―Esto no está bien, Gordon. Lo siento, pero no es correcto. Ha sido un error.
―¿Los tres besos que hemos compartido han sido un error, Bella? Porque bien comprenderé que los dos primeros lo hayan podido parecer, pero lo que ha sucedido esta noche no ha sido nada que no hayamos querido ambos.
―Te equivocas.
―Bella, no es por exceso de vanidad cuando te digo que has sido arcilla en mis manos. Te hubiera podido tomar y tú gustosa te hubieses ofrecido a mí. ―Llegados a este punto él le sostuvo la mano tiernamente. Ella se separó de él como si quemase.
―No negaré que te he deseado. Supongo que ha sido fruto de la casualidad. Estábamos en un lugar íntimo, me has ayudado con el pie… y… una cosa ha llevado a la otra. Por favor, dejemos el asunto aquí.
―¿No vas a reconocer lo que sientes por mí?
―Somos amigos, ya te lo he dicho.
―E insisto en que los amigos, por muy buenos e íntimos que sean, no se besan ni se tocan como lo hemos hecho nosotros. Admite que hay más entre los dos. Llevamos años sintiéndolo.
―¿Años? ¿Sintiendo el qué?
Él suspiró derrotado. No había más ciego que el que no quería ver.
―Si es así como lo quieres lo dejaré correr por ahora. Supongo que no estás preparada para admitir tus deseos por mí y no voy a obligarte a hacerlo, no al menos en estos momentos.
―No hablaremos de esto ni ahora ni nunca. ―Se dio cuenta de que había sonado brusca y decidió darle otro cariz a su petición, así que añadió―: Por favor.
El carruaje llegó hasta la casa de ella y él bajó primero sin aprobar u oponerse a su petición.
En cuanto ella estuvo a su altura, una vez más, él la cargó en sus brazos.
Por inercia Bella rodeó su cuello con sus brazos para afianzarse y no caer.
En esta ocasión, ella no emitió ningún sonido de asombro por la acción tan atrevida de él.
Mentiría si ella no confesase que esperaba algo como esto.
Gordon siempre fue muy caballeroso, y si en el pasado su constitución más débil no le hubiera permitido sostenerla con tanto aplomo, en estos momentos ella parecía una pluma sobre un perfecto hombre fornido.
La dejó en la puerta de su casa y antes de irse se acercó a su oreja.
Lamió maliciosamente su lóbulo y le susurró.
―Todo irá bien en cuanto confieses que tu cuerpo tiembla como una hoja en cuando te toco, y que es a mí a quien anhelas .