Capítulo 5 #5
Ambos tomaron asiento y ella trató de concentrarse en la función.
No tuvo éxito porque sentía las miradas masculinas curiosas sobre ella y las femeninas sobre él.
Él parecía estar disfrutando de la representación.
Por el rabillo del ojo lo veía sonreír. Un pequeño hoyuelo se le formaba cada vez que él reía.
Bella giró un poco más la cabeza para verlo.
Su mentón era cuadrado y lo había sentido muy suave sobre su piel.
Unas pocas pecas en su nariz le daban un aspecto juvenil y pícaro.
―¿Sucede algo, querida? ―preguntó cuando la vio examinarlo.
―Solo te estaba mirando ―contestó sin ser consciente de haber hablado en alto.
―¿Y te gusta lo que ves? ―inquirió seductor.
Los fuertes aplausos que dieron por concluida la función a la que ella no había prestado atención interrumpieron la conversación. Ella se sintió aliviada y él estuvo encantado. Gordon sabía que algo había conseguido despertar en ella y disfrutaría del momento.
Pasados unos minutos apareció una mujer en el centro del escenario. La luz se había atenuado y la estancia se había convertido en un auténtico lugar tenebroso. El público se silenció al ver a una mujer con cabellos negros y ojos blancos.
―Siento una presencia aquí. Los muertos han venido para terminar cosas pendientes.
Un estruendo se oyó fuera de la sala. Bella saltó de su silla y casi fue a parar al brazo de él.
―¿Tienes miedo? ―Quiso saber él cuando la sintió cogerle el brazo.
―No me gusta esto, Gordon.
―Yo te protejo, pequeña, no temas.
Él le pasó un brazo sobre los hombros para acercarla más a él. La mayoría de las parejas estaban en la misma tesitura. La médium, realmente, daba pavor con su aspecto sombrío y sus ropajes negros.
La mujer comenzó a hablar sobre los abuelos y padre fallecidos de dos hombres y tres mujeres. Hubo lloros y sonidos de admiración ante lo que la mujer fue contando. Detalles íntimos que nadie más que los afectados parecían conocer.
―Ahora, mi querido público, es momento de dar paso a una sesión de adivinación. ¿Quién quiere conocer su futuro más inmediato? ¿Algún voluntario entre los presentes? ―Por descontado, la multitud se amotinó para ser escogida. No obstante, la vidente señaló a Gordon para que saliera al escenario.
―¿Me ha elegido a mí, señora?
―Venga aquí muchacho de cabello de fuego, y veré si su futuro es tan incendiario como lo es su apariencia. ¿Se atreve?
Él se acercó a Bella.
―¿Estarás bien sin mí a tu lado? ―Gordon se había levantado para ir hacia el escenario y ella no le soltaba el brazo.
―Sí, ve.
―Vamos, Latimer, ve a que te lean la buenaventura.
Si la dama necesita un vigilante, alguno habrá que la pueda consolar mientras acudes ―señaló un caballero que Gordon no pudo identificar y, acto seguido, el auditorio estalló en carcajadas ante la ocurrencia―.
Te prometemos que la joven podrá andar cuando acabemos de consolarla.
―Y otra vez el público estalló en mil risas.
Ella sintió las mejillas teñirse de rojo, un rojo tan fuerte como la sangre misma que ahí se le estaba agolpando.
―Si no quieres acabar conmigo al frente después de dar veinte pasos medirás tus palabras, Baltimore. ―Gordon lo amenazó con tanta ferocidad que el aludido al que consiguió al fin identificar no se atrevió a soltar ninguna gracia más.
Una vez en el escenario. La gitana le cogió la mano.
―No es de extrañar que las damas se enfurruñasen cuando ha entrado, milord, pues está próximo a casarse y muchos corazones sentirán su ausencia. Le auguro un matrimonio en un brevísimo periodo de tiempo.
―¿Es eso cierto, Latimer? ―le preguntaron dos hombres del público casi al mismo tiempo.
―En efecto. Soy un hombre recién prometido ―señaló con el pecho henchido.
―La dama a la que honrará bien merece la pena ―continuó la mujer encargada de entretener al público.
―Por supuesto que sí. ―Y la miró. Y ella sintió que su corazón se iba a saltar un latido.
―No tardará apenas tiempo en pasar por el altar, si bien debe cuidarse de las traiciones porque su futuro parece incierto. ―La mujer le sostenía la palma de la mano examinando con detenimiento las líneas que por ahí cruzaban.
―Una vez que me una a mi esposa nada nos separará.
―Mantenga esa actitud y así será, barón Latimer, pero cuídese de la necedad y el veneno que escupirán ante sus ojos.
Hará bien en no perder lo que más ansía de vista en ningún momento.
Largos años le han llevado a hasta este momento y si no llega a quitarse la venda que cegaba su comprensión, caro habría pagado su corazón.
Destierre también su orgullo y le hará bien.
―Le prometo que así será. ―Él no comprendió la última frase de la mujer. Con lo que se quedó fue que todo saldría bien cuando se casara… porque la adivina había dicho eso, ¿no? ¡Buah! Eso es lo que él sabía que ocurriría.
Sobra decir que, en toda la intervención, él no le había quitado los ojos de encima. Por descontado, ella no apartó tampoco la mirada de la suya.