Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

―En efecto, es la mujer más maravillosa del mundo y llevo años a sus pies.

Cuando sonríe todo se congela para dar paso a una sonrisa sincera que incluso en ocasiones siento que no merezco.

Han sido años duros aguantando la impaciencia, aguardando el mejor momento para confesar mis inclinaciones hacia su persona, pero al fin parece que ha sucedido.

―De verdad, me alegro de que al fin te confieses con tu buena amiga. Debo decir que anoche sentí esa conexión a la que aludes. No creí verte nunca enamorado y creo que debes luchar por amor.

―¿Lo apruebas?

―¿Yo? Por supuesto que sí que lo apruebo.

Si hay alguien que se merezca la felicidad eres tú.

No conozco a una mejor persona. Siempre me has malcriado, incluso más que Nicky.

Eres muy atento, no como el patán de mi hermano, y me parece que eres muy valiente al interesarte por una mujer que carece de fortuna o posición.

―Ciertamente, la posición no está en duda, por lo que…

―Nunca me has parecido un esnob y es otra cualidad que me agrada mucho en ti. La mujer a la que finalmente te declares será muy afortunada de tenerte a su lado. ―Ella suspiró.

―¿Entonces estás conforme con mis sentimientos, Bella?

―La dama que elijas no tendrá queja alguna de ti. Mi caso es mucho peor.

―¿Cómo dices?

―¿Puedo contarte un secreto muy privado, Gordon?

―Creo que después de la conversación que acabamos de mantener, todos los secretos deberían ser dichos y aclarar la situación que nos atañe cuanto antes, ¿no te parece?

―Siempre fue tan fácil hablar contigo que por un momento olvidé que eras tú. Es Londres, con sus restricciones, sus finos trajes… ¿Recuerdas que íbamos a pescar los tres en mangas de camisa? ―Ella emitió una risa tan ligera que se convirtió en una auténtica melodía para sus oídos.

El recuerdo que ella acababa de evocar lo atravesó como un rayo.

Había sido toda una gran hazaña que él no hubiese hecho una temeridad con ella.

Verla en una fina camisa blanca… aquello fue demencial y peligroso para su cordura.

Muchas veces se quedaba con la boca abierta observándola.

Había sido un milagro que Bella no se percatase de su deseo por ella.

―Eso no implicaba que Nicky no se molestase.

Eres la hermana de un duque y a tu hermano nunca le gustó que fueses tan natural.

―Bien comprendía él porqué. Gordon se imaginaba que su hermana hubiera estado así vestida y…

le habría roto la nariz de un puñetazo si él hubiera visto a Nicky mirar así a Brenda.

―Pero no a ti. ―Claro que no. Él se deleitaba con sus curvas, con su sensualidad.

―No, para mí siempre has sido perfecta. ―Las palabras salieron con suma naturalidad, la misma que ella poseía, porque después de que desvelase sus preferencias sobre ella, poco quedaba por decir, ¿verdad?

―Gra… gracias. ―El cumplido tan sincero la hizo tartamudear. Una vez más se sonrojó y volvió a recordar… no uno, sino los dos besos que habían compartido. ¿A qué venía, precisamente, eso? Bella estaba irritándose consigo misma.

―¿Cuál es el secreto que tan celosamente debo guardar?

Porque te soy completamente sincero cuando te digo que me gustaría que entre nosotros nunca hubiese ningún obstáculo.

Espero de ti sinceridad, como yo te la ofreceré en el mismo grado.

―Había apostado todas sus cartas y esperaba tener la mano ganadora. Gordon sabía que tenía que arriesgarse.

―Gracias, Gordon. ―Hubo de repetir la muchacha―. Yo estoy prometida.

El paseo se paró en seco porque él tuvo que dejar de andar. Sus piernas se negaban a hacer caso a su mente cuando les pedía que se movieran.

―¿Cómo lo has sabido?

―¿Tú lo sabías también? ―inquirió con asombro desmesurado.

―Por supuesto que yo lo sabía. ¿Quién te lo ha dicho a ti?

Ella suspiró. Era obvio que él estaría al corriente de su situación. Nicky y él eran uña y carne, no tuvo que extrañarse tanto. Eran como hermanos esos dos hombres.

―No debería sorprenderme a estas alturas, tú y Nicky parecéis hermanos.

Debí suponer que te lo contaría antes que a mí.

―No es que estuviera enfadada, pero esperaba que algo que le afectaba a ella le fuese confesado en un primer lugar, puesto que era la más interesada.

¿Qué derecho tenía su hermano a airear sus intimidades?

―¿Nicky es el que te ha contado lo de tu futuro matrimonio? ―Lo mataría. Definitivamente, su amigo siempre andaba inmiscuyéndose en su vida… Está bien, está bien, en esta ocasión se lo agradecería porque se lo había hecho más fácil todo con Bella.

―Confesó anoche.

―¿Entonces, estás completamente de acuerdo con el arreglo?… Y… bueno, ¿no te has enfadado? ―preguntó con mucha cautela. Sinceramente, esperaba que al enterarse, ella se mostrase un poco alterada. Bien, mejor así, puesto que parecía del todo tranquila.

―Sí, me enfurecí. Me sentí como una yegua que iba a ser vendida al mejor postor.

―Te aseguro que no fue esa la intención. ―Estaba avergonzado.

―Supongo que no lo fue. Como siempre, Nicky consiguió darle la vuelta a todo y me convenció para aceptar.

―¿Entonces, estás segura de querer casarte? ¿No te arrepentirás?

―Tengo que casarme y confío plenamente en el criterio de mi hermano.

Bella se cogió de su brazo porque él parecía que no iba a volver a ponerse a andar y estaban llamando demasiado la atención.

Él se dejó llevar y ambos volvieron a retomar el agradable paseo.

La diferencia radicaba en el que el sol se había vuelto a esconder y el viento gélido volvió a aparecer.

Gordon lo tomó como una mala señal. De pronto, desechó la idea porque nada, ni una tormenta de granizo, podría empañar la alegría que bailaba en su corazón.

Ella estaba al corriente de sus sentimientos y no solo eso, sino que aceptaba el hecho de tomarlo como esposo.

¿Podía haber algo más maravilloso que eso?

―Me haces el hombre más feliz del mundo, Bella, porque yo te…

―Gordon ―lo interrumpió―, ¿me ayudarías a desentrañar el misterio que envuelve a mi prometido?

Una vez más, él paró de andar. Ella se colocó delante de él para ver si había algún problema. Lo vio ponerse pálido.

―¿Qué quieres decir, Bella? ―preguntó cuando encontró la voz. Algo le olía muy mal.

―Creí que Nicky te lo había contado todo.

―Y estoy al tanto de absolutamente todo lo que concierne a tu futuro matrimonio.

―¿También conoces la identidad de mi misterioso pretendiente?

―¿Cómo has dicho? ―Gordon iba a sufrir un vahído y estaba muy mal visto que los hombres se desmayasen.

Atrás habían quedado los años de Eton cuando los matones lo asediaban y él se escondía en un armario para evitar los golpes; sin embargo, sentía un absoluto deseo de volver a ingresar en un lugar apartado y oscuro para lamerse las heridas.

Oh, sí, lo que se avecinaba no se preveía bonito y con final feliz.

―Gordon, ¿sabes los detalles que envuelven mi futuro matrimonio o no? ―preguntó extrañada. Llevaban largo tiempo hablando sobre esto y él parecía estar perdido en la conversación. ¿Qué le sucedía a su amigo? ¿Estaría aquejado de alguna dolencia?

―Sí, Bella. Estoy enterado de todos los detalles porque yo mismo redacté el contrato matrimonial.

―¿Así que tú sabes quién es el hombre con el que Nicky quiere que me case?

―preguntó con esperanza. Necesitaba poner un nombre al misterioso caballero errante que esa noche la había atormentado en sueños.

Primero, él era hermoso como un adonis y atento con ella, pero luego el hombre se transformó en un ser con cuernos y dos patas que la trataba sin respeto.

―¿Acaso tú no? ―Volvió a fruncir el ceño. ¿A qué estaba jugando su amigo? Y lo más importante, ¿qué le había contado a ella sobre su matrimonio?

La vio torcer la boca con enfado al tiempo que lo volvía a instar a caminar junto a ella. El paseo se reinició por segunda o tercera vez, él ya no sabía las veces que se había quedado parado sin saber lo que ahí se cocía.

―No. Nicky me ha explicado que mi misterioso pretendiente quiere conquistarme antes de que nos casemos.

Pero el muy bribón no me ha confesado absolutamente nada sobre el hombre con el que voy a pasar el resto de mis días.

¿No se da cuenta de la angustia que me provocará no saber nada sobre ese hombre?

―¿Qué quieres saber de él? ―Todo estaba saliendo tan mal que no sabía qué hacer o decir. Gordon estaba en un buen lío y su amigo en otro mucho peor.

―Su nombre, para empezar.

El paseo los había llevado hasta la puerta de la casa de la dama.

La doncella estaba rezagada y, aunque no iba a confesar más de lo necesario, no desaprovecharía la ocasión que tenía ante él.

Gordon se posicionó frente a ella y la miró a los ojos.

Ese color azul tan brillante seguía embelesándolo después de tantos años.

Las finas facciones de su cara en forma de corazón lo mantenían obnubilado.

Bella había de ser suya, la quería para él, estaba enamorado de ella y no desaprovecharía la oportunidad.

―¿Te bastaría con saber que cualquier hombre sería el más afortunado por tenerte?

Bella, te mereces a un buen esposo que beba los vientos por ti y bese la tierra que tú pises.

Y te prometo que tendrás todo eso y más.

Te garantizo que el hombre con el que te desposes será un pobre diablo enamorado que no ha podido dejar de pensar en ti desde que te conoció.