Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 4 #6
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Capítulo 4 #6

―¡Oh! Es tan romántico, Nicky. ―Bella se llevó una mano al corazón emocionada. Nunca pensó que viviría un cuento de hadas. Enfocó la vista en su hermano y lo observó tragar con fuerza―. Hermano, ¿no será un ogro feo y apestoso?

―¡Desde luego que no! ¿Por quién me tomas? Él es un hombre… no sé cómo definirlo, yo no me fijo en los hombres, pero él te gusta.

―¿Me gusta? ¿Ya lo conozco? ―preguntó con mucho interés la dama.

―Quería decir que él te gustará. ―Nicky necesitaba dejar de hablar o acabaría confesando sin querer.

―¡Oh, Nicky, mi propio cortejo!

La vio ilusionada y entonces fue cuando respiró aliviado.

―¿Entonces me perdonas, mi pequeña flor?

―Me has entregado en matrimonio sin mi aprobación.

―Lo sé.

―Soy consciente de que tienes derecho a hacerlo, pero me hubiese gustado que me consultaras, a fin de cuentas, aunque tengas la potestad para hacerlo, es mi destino el que has sellado, porque… bueno… ¿el contrato ya está firmado?

―Lo está, Bella, y no se puede romper.

Ella suspiró. Poco podía decir al respecto.

Los hombres eran lo que mandaban en el mundo.

Si la benevolencia de Nicky se acabase ella estaría de patitas en la calle rápidamente.

No es que dudase del amor que le profesaba su hermano, no obstante, había visto que los enseres más valiosos de la casa habían sido vendidos y, aunque pareciese que era una pobre mujer que no veía lo que tenía delante, sí entendía que su hermano estaba en aprietos económicos.

Por muy duque que fuese Nicky, los acreedores no se frenarían ante sus deudas y, por una conversación que había oído entre el servicio, Bella era conocedora de que su padre antes de marcharse había dejado las arcas vacías.

No estaba bien censurar a Nicky por tratar de no dejarla en la calle.

Poco más podía hacer ella para ayudar a su hermano que no fuese dejar de ser una carga.

―¿Crees que seré feliz con él?

―Creo que de todos los pretendientes que pudieras obtener, él es el que menos te desagradará. Te lo garantizo, y no olvides que tu prometido quiere ganarte. ¿No es eso lo que os gusta a las mujeres?

―Sí, Nicky. Confesaré que me agrada la idea de tener un cortejo apasionado por un misterioso admirador.

―Hazme un favor, Bella, intenta que no sea demasiado apasionado. Es más, no uses esa palabra para referirte a tu… a tu… No la uses. Eres mi hermana y ya he sufrido bastante esta semana por tu causa.

―¿Cómo, si puede saberse, has sufrido tú por mi causa?

―Hemos llegado a casa. ―El carruaje se acababa de detener y él se sentía salvado por las circunstancias―. Es hora de acostarse. Querrás lucir radiante cuando tu prometido aparezca para cortejarte.

Su hermano la ayudó a descender y la acompañó hasta la puerta de la casa.

―¿Dónde vas, Nicky? ―preguntó ella cuando lo vio regresar al carruaje.

―Me marcho al club. Ha sido una larga noche y necesito distraerme. ―Convertirse en una casamentera mediando entre el terco Gordon y su hermana era mucho trabajo, y él merecía una recompensa.

―Pero… ―Bella se quedó con la palabra en la boca porque el duque se marchó sin remordimientos y sin mirar atrás.

Ella se resignó ante la huida de Nicky y entró en la casa sintiéndose flotar.

Había llegado a Londres para encontrar un esposo; y, de repente, toda la ansiedad que había padecido pensando en que tal vez no fuese lo bastante bonita o virtuosa para atraer la atención de un caballero se había esfumado.

Prometida. Bella estaba prometida a un misterioso pretendiente que quería ganarse su corazón.

De pronto, se imaginó en lo alto de una torre infernal custodiada por un gran dragón negro ―que curiosamente se asemejaba a su hermana Amber, lo cual era culpa de Nicky por haberse referido en términos tan negativos a su pobre hermana mayor―, aguardando a su príncipe encantado.

Y ese pensamiento se vio empañado por un beso.

Una muestra de… de… de… ¿qué era lo que Gordon le habría querido transmitir con ese beso?

Una vez más, en la oscuridad de su habitación, con el crepitar de las llamas como único sonido, se tocó los labios. Ya no estaban hinchados ni ansiosos.

Tal vez, su amigo se había enfadado con ella y le había querido dar una lección.

No sería la primera vez que ambos se besaban, pues aquel primer beso que compartieron y del que nunca más habían hablado no supuso un obstáculo para seguir con su amistad.

Así pues, este segundo beso podría ser considerado del mismo modo que aquel, ¿no?

Sí, debería serlo porque ella tenía que enamorar a un pretendiente misterioso y no quería perder la amistad de su amigo, puesto que tal vez él le ayudase a desenmascarar a ese hombre que la había pedido en matrimonio y que pretendía enamorarla.

¿Lo haría con rosas? ¿Con dulces? ¿Con bellas joyas?

Y, ¿cómo sería él? ¿Llevaría el cabello largo o más corto?

¿Sus ojos serían claros u oscuros? Tenía tantas y tantas preguntas que se agolpaban en su cabeza que Morfeo tardó más de lo necesario en llevarla hasta sus brazos.

Aun así y todo, Bella se durmió ansiosa pero feliz, dispuesta a disfrutar de esta nueva aventura que se había aparecido en su camino.