Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 4 #5
20%

Capítulo 4 #5

―¿Me explicas qué le has hecho a mi hermana para que ni me mirase a la cara cuando me la he cruzado? ―Su amigo abrió la boca para hablar. ―No, mejor déjalo, amigo mío, porque si me lo cuentas recordaré que es mi hermana y tendré que darte un puñetazo o algo peor.

―Te recuerdo que es mi prometida.

―¿Una situación de la que ella ya es consciente? ―preguntó con esperanza Nicky.

―No.

―Bien. Esta es la última vez que me meto en tus problemas. Estás solo Latimer ―cuando se enfadaban, ambos usaban el título para remarcar su disconformidad―, pero recuerda que ella es una virginal dama casadera y que no está familiarizada con… con... con…

―Escúpelo de una vez. ―Gordon estaba nervioso y lo que menos necesitaba era ese sermón y el tartamudeo del duque.

Nicky respiró profundamente.

―No debes ser un bruto con Bella o la asustarás. Carece de experiencia en temas en los que tú y yo somos expertos.

―¡Como debe ser! ―explotó furioso. Imaginar a Bella en brazos de otro instruyéndola en los placeres de la cama era lo que le faltaba para acabar de rematar su malhumor.

―Lo que trato de decirte es que si no vas con cuidado la ahuyentarás. Mi hermana debe de estar confusa con toda esta situación. Ten cuidado o acabará por pensar que eres un auténtico patán. Y aunque no quieras oírlo lo diré por última vez: dile que es tuya.

―¡No vuelvas a inmiscuirte en lo que suceda entre Bella y yo! ―estalló furioso. Todo estaba resultando complejo y lo peor de todo era que su amante se había presentado a cenar… La cosa no podía ponerse más fea.

―Buena suerte ―se despidió Nicky. Bien sabía él que cuando uno no quería atender a razones era inútil dialogar. Él era el rey de los tercos.

Cuando Bella regresó al salón de baile Sared la miraba con interés.

No pudo evitar llevarse una mano a la boca con el único motivo que el de ocultar ese beso de Gordon.

Lo vio sonreír y supo que había cometido un error al llevar a cabo dicha acción…

¿Sabrían todos en el salón lo que ella había estado haciendo?

Si fuera así su reputación acabaría hundida.

No debió haber salido con Sared y menos quedarse a solas con su amigo.

Amigo. Gordon. Él había sido durante tantos años una persona tan cercana que se sentía como uno más de la familia, sin embargo, ese beso no había sido dado por alguien que se considerase a sí mismo un hermano…

¿Qué era todo aquello? ¿Qué estaba pasando?

Era su primer acto social y ya se sentía como un pez fuera del agua.

Y la cosa se puso más cuesta arriba. Su hermana Amber se estaba acercando a Sared y ambos estaban compartiendo confidencias. Sin tiempo para centrarse en esa imagen, divisó a la señorita Lorence, quien, prácticamente, corría hacia las puertas francesas por donde Gordon acababa de entrar.

Su hermano llegó para convertirse en su salvador. Nicky la sacó del lugar caballeroso y ella no puso impedimento. Entraron en el carruaje y entonces Bella pudo sentirse a salvo… pero ¿segura ante qué o quién?

―Issabella, yo… ―Nicky no sabía cómo comenzar la conversación.

―Veo que recuerdas el nombre de tu hermana. ―Ella le ofreció una mirada de reprobación.

―Tienes derecho a estar molesta y enfadada conmigo por no haberte hecho caso desde que llegaste a la ciudad, pero te prometo que he cuidado de ti del mejor modo que sé.

―¿Y cómo, precisamente, has hecho eso?

―He acordado tu matrimonio con un buen hombre.

―¿Disculpa? ―Casi prefería que él se hubiera olvidado de que tenía una hermana. Lo que acababa de oír debía de ser un error producto de la locura vivida esa noche.

―Eres una mujer prometida.

―¡Nicky!

―Soy tu hermano, es mi obligación velar por tus intereses.

―Definitivamente, te has deshecho de mí. No te valía con dejarme en el campo abandonada, sencillamente, te molestaba incluso estando allí.

Lo miró herida y él se sintió el peor hombre de la tierra.

La culpa era del maldito Gordon. Sí, era de su amigo, primero por proponer ese acuerdo tan peculiar, y luego por no haberle dicho a ella que era su prometido.

Ya ajustarían cuentas porque esto no se iba a quedar así.

Ese desagradecido debería darle las gracias porque lo que estaba a punto de hacer iba a provocar la ira de Bella, y todo lo hacía para evitar que ella se fuese con el primer sinvergüenza que se le pusiera delante.

A ese Sared le había faltado poco comprometerla.

Nicky no era tonto. Ahí figuraba, claramente, la mano de Amber.

Algo le daba en la nariz que su hermana mayor iba a hacerle la vida imposible a Bella, y pese a que no alcanzaba a entender el motivo que impulsaba a su hermana mayor a atacar a la menor, no lo consentiría.

―Bella…

―¡No! Con la ausencia de padre y como mi hermano que eres, como el único hombre de mi familia responsable de mí, entiendo que estoy bajo tus órdenes.

No me debes ninguna explicación, entiendo perfectamente que me mantienes y te pertenezco…

al menos, hasta que ese prometido al que me has vendido tome posesión de mí.

―Comprendo que estés enfadada.

―Lo que yo sienta es indiferente, ¿verdad?

―Yo siempre he tomado en cuenta tus opiniones y preferencias.

―Sí, claro ―bufó―. Es por ello por lo que acabo de enterarme de que soy una mujer prometida.

La vio ponerse roja de furia hasta las cejas y cruzar los brazos con fuerza. Bella era muy mansa y dócil, pero cuando se enfadaba daba verdadero miedo y, después de la noche que había tenido, lo último que le apetecía a Nicky era enfrentarse a ella.

―Mira, puedes enfurecerte todo cuanto quieras, eso no evitará que dejes de estar comprometida, por lo que te aconsejo que te comportes con el mayor decoro posible.

Una joven dama casadera no debe irse con el primer hombre que trata de llevársela a un oscuro rincón para…

para… para… ―¡Grandioso! Él se estaba imaginando lo que le podía haber ocurrido a ella y le dieron ganas de estrangular a Gordon de nuevo―.

En fin, desde este momento te comportarás conforme establece tu posición social.

Eres la hermana de un duque y no quiero que tu futuro prometido reciba ningún mal informe sobre tu conducta, ¿comprendido?

La veía mirarlo fijamente y creyó que de sus ojos comenzarían a salir dagas voladoras.

―Ha sido el vizconde el que me ha sacado contra mi voluntad al jardín. No sé qué clase de mujer crees que soy, pero entiendo que debo preservar mi virtud para ese al que me has vendido.

―¡Basta, Bella! Yo no te he vendido, regalado, subastado o cualquier otra palabra que te venga a la mente. Es común orquestar matrimonios entre nuestra clase.

―Incluso a Amber la dejaste elegir a su esposo.

―Créeme, Bella, no sería capaz de arruinar la vida de ningún hombre, fuese de mi círculo o no, arreglando un matrimonio con semejante bruja.

―¡Nicholas Williams! No puedes hablar así de tu hermana mayor.

―¿La defiendes? ―preguntó con los ojos como platos. ¿Su hermana menor era la que más había sufrido su lengua viperina y aun así la defendía?

―Somos una familia. Amber puede llegar a ser…

―¿Una bruja, un demonio, una arpía, una furia?

―¡No hables así de ella! Estoy segura de que a su modo nos quiere. Debes comprender lo que ella ha sufrido a manos de madre y estoy segura de que todo lo hace por nuestro bien.

Nicky se preguntó si la pequeña Bella estaría bajo algún embrujo empleado por la bruja de Amber. Su hermana era la mayor arpía de todo Londres. Se había labrado ella sola más enemigos que el mismísimo Bonaparte.

―Dejemos de lado a Amber por un instante. Lo que quiero decirte es que tu esposo no está satisfecho con tu actuación de esta noche y…

―¿Cómo puedes saber que mi futuro esposo no está satisfecho con lo que ha sucedido esta noche? ―preguntó con gran interés. Él cerró los ojos por haber metido la pata tan profundamente.

―He querido decir que tu prometido no estaría contento con lo que su futura esposa hubiera podido haber hecho esta noche si Gordon y yo no llegamos a aparecer porque…

―No. Has dejado patente que mi prometido ha visto lo que ha pasado. ¿Acaso él estaba en la cena o se ha incorporado después en el baile?

―Bella, ha sido un error a la hora de hablar, él no estaba…

―¿No vas a decirme quién es mi nuevo amo? ¿Tan malvado es el hombre que temes decirme su nombre? Habla de una vez, Nicky, desvela el misterio. Si mi verdugo me aguarda, yo, misericordiosa y dócil, acudiré a su llamada porque comprendo que mi destino lo riges tú.

―¡Dios del infierno! ―susurró para desahogarse y por lo bajo, para que ella no escuchase esa afirmación tan impropia―. Bella, te he prometido en matrimonio a un buen hombre…

―Seguro, por eso no quieres ni que sepa su identidad… ―volvió a ironizar mientras levantaba una ceja acusadora.

―Como te decía ―él no contestaría a su apreciación―, es tan generoso tu futuro esposo que no quiere que sepas su nombre porque…

―¿Y su título? ―volvió ella a interrumpir.

―Tampoco quiere que seas conocedora de su título porque…

―Así que es un noble…

―¡¿Quieres dejar de interrumpir, por favor?

! ―Él estaba a un paso de arrojarse por la portezuela del carruaje.

Ella apretó los labios en un fino rictus de enfado.

Nicky se volvió a sentir mal. ¡Maldito Gordon!

―. Bella ―le dio una sonrisa cariñosa que, por supuesto, ella no atendió―, el hombre al que te hallas prometida quiere conquistarte y es por eso por lo que no desea que conozcas de quién se trata.

Tu misterioso admirador desea cortejarte y que lo aceptes cuando se gane tu corazón.

―Nicky estaba a punto de vomitar mariposas con tanta sensiblería.

Su amigo le iba a deber un favor muuuy, pero que muy grande.

Pasaron unos pocos segundos en los que el duque contuvo la respiración. La vio desplegar la cruz de sus brazos y componer una sonrisa breve, y supo que había conseguido su cometido.