Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 4 #4
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Capítulo 4 #4

―¿Quién? ―preguntó de forma casual―. ¿Ese mequetrefe de Sared? Ni tú eres tan malvado como para consentir que ella acabase casada con un elemento de ese calibre.

―Sared no es el único que se ha fijado en ella. Mi maldita casa va a parecer mañana el jardín del Edén.

―¿Disculpa? ―Gordon no entendió la frase.

―Bella ha llamado mucho la atención, Gordon. Los pretendientes mañana harán cola para entregar sus bonitos ramos de flores… ¿comprendes ya lo que digo?

―Estoy empezando a perder la paciencia contigo, Nicky. ¿Qué se supone que quieres que haga?

―Hablar con ella. Explícale a Bella que está prometida a ti y que no puede coquetear con Sared…

―Gordon gruñó molesto porque Nicky también se había dado cuenta de que la dama había estado mostrándose muy solícita con el vizconde―.

Acabará con tu cordura si no haces lo que te digo. Tú no eres como yo.

―¿En qué aspecto no soy como tú? ―preguntó bufando. Lógicamente, Gordon no era como Nicky porque allá donde su amigo era un irresponsable, él era todo lo contrario.

―No tengo celos de ninguna mujer. ―La sonrisa que lució en la cara le dieron ganas a Gordon de borrársela de un manotazo.

―¿Qué tal te va con mi hermana?

―Briana no supone ningún problema para mí.

―Bren… ―comenzó a corregir a Nicky.

―Por cierto, ¿dónde se ha metido Bella? ―La cuadrilla se había terminado hacía unos pocos segundos y no la veía en el salón de baile. El carácter libertino de Sared debía ser tenido en cuenta y por ello los dos amigos comenzaron a buscar con desespero a la joven.

***

Issabella se sentía molesta. Algo había sucedido durante la cena que la había puesto de mal humor.

No creía que fuera porque todas las mujeres que había en la recepción se hubieran quedado mirando a su hermano y a su amigo…

Bien, sí, lo de Nicky no le molestaba tanto…

Tampoco sería porque al ir al tocador las féminas estuvieran hablando del atractivo de lord Latimer, ni que una de las viudas dijese que la había devuelto a la vida después de pasar por su cama…

Lo que más daño le estaba haciendo era saber que la mujer que en esos mismos momentos estaba conversando con Nicky era la amante de Gordon.

¿Cómo lo sabía ella? Su hermana Amber se lo había comentado en confidencia.

Saber que esa bonita mujer ocupaba la vida de su amigo estaba resultando…

resultando… Bella no encontraba la palabra, porque le venían ideas muy contradictoras a la mente.

Así pues, además de celosa se sentía extrañamente posesiva con él, incluso podría decirse que molesta ante esta situación.

El hecho de que el apuesto vizconde Sared estuviese pendiente de ella tampoco la ayudaba a salir de su ansiedad.

Algo había cambiado en ella. Si bien era una jovencita ingenua en asuntos entre hombre y mujer, sí alcanzaba para imaginar a Gordon sujetando entre sus brazos a esa bonita y resultona mujer, y era un pensamiento que estaba haciéndole daño a un nivel emocional nunca sospechado.

Tan enfada estaba con esa idea que ni siquiera quería mirarlo.

Él era su amigo, siempre había estado ahí para ella y nunca lo había relacionado con ninguna mujer más allá de sí misma. Cierto que podía ser considerado un pensamiento egoísta o infantil, pero… ¡es que era Gordon, su Gordon!

Su mente saltaba de un pensamiento a otro a una velocidad alarmante y lo más inquietante es que todas las situaciones mentales tenían que ver con él.

Estaba abstraída, inquieta e insegura. Esa actriz con la que Gordon compartía la cama la hacía sentir menos mujer, más fea.

Así que, también se enfadó con él por este motivo.

Ella nunca se consideró una joven preocupada por su aspecto.

Se sentía bien con lo que el espejo le devolvía a la vista.

Todo esto se había ido al traste por Gordon y la señorita Lorence.

¡Fue la peor velada de la historia! Sentía unas extrañas palpitaciones cuando veía a la mujer mirarlo. ¿Por qué? Bien, esa fémina no era la adecuada para él.

No supo bien cómo llegó al jardín. Sared la había conducido distraídamente hacia un lugar un poco apartado, pero lo suficiente bien iluminado para que no hubiera allí nada indecoroso…

Eso esperaba ella, aunque si fuesen atrapados ahí en la soledad de esa intimidad su reputación quedaría arruinada para siempre.

―Deberíamos regresar de inmediato ―señaló la joven cuando lo vio demasiado cerca de su rostro. Esa mirada que él estaba poniendo la hacía sentir nerviosa. Se veía como un lobo acechando a la oveja y, ciertamente, Bella no se fiaba de sus intenciones. Se veía un pícaro sin corazón.

―Durante la cena habías comentado que querías saber todo de Londres, así que voy a darte tu primera lección, milady . Nunca te alejes de la buena sociedad o podrías recibir tu primer beso. ―Acto seguido él bajó sus labios hacia los de ella.

Bella se quedó muy quieta. Sintió el contacto de la piel masculina y, aunque su primer impulso fue echarse atrás, esperó por un segundo para ver si…

No sabía qué estaba aguardando, pero puesto que nada cambió en ella se retiró dando un paso hacia detrás.

Sared no parecía dispuesto a conformarse con un ligero contacto y la persiguió, incluso la forzó a no romper el contacto.

La lengua de él no había conseguido hundirse en la cavidad de ella, pero no estaba dispuesto a que el beso terminase tan pronto.

Ella era una cosa bonita que tenía intención de paladear.

Unos fuertes brazos lo agarraron y entonces el vizconde sí hubo de liberar a su presa. Lo siguiente que Bella vio fue a Gordon darle un puñetazo en la cara al vizconde mientras Nicky la sujetaba a ella, dado que estaba tratando de que los dos no se peleasen.

―¡Gordon, basta! ―gritó Bella cuando vio a Sared ponerse de pie para seguir con la pelea.

―Nicky, llévatela de aquí.

―¡Suéltame, hermano!

El duque la dejó ir y ella se colocó delante de Gordon. Nicky se plantó delante de Sared y se lo llevó de allí sujeto por el brazo.

―Haz un escándalo y el que te retará a duelo seré yo mismo.

―El duque había permitido a su buen amigo que se desquitase con Sared, pero no iba a permitir que una pelea entre ambos captase la atención de otros invitados.

Eso sería muy delicado para su hermana. Así que, optó por hacer lo más sensato y se llevó del brazo al vizconde para calmar los ánimos.

Con un poco de suerte, su buen amigo le confesaría a su hermana lo del contrato matrimonial y todo esto quedaría resuelto a la menor brevedad…

Nicky confiaba en que el reciente suceso le sirviese a Gordon para darse cuenta de lo arriesgado que estaba resultando dejar a una joven casadera al alcance de cualquier petimetre.

Gordon estaba parado de espaldas a Bella con los puños aún apretados, su espalda en tensión y era incapaz de mirarla porque estaba muy enojado con la dama.

Issabella podía entender que ambos estaban decepcionados con su comportamiento, no obstante, el que tenía potestad para hacer lo que Gordon había llevado a cabo era Nicky y no a la inversa.

―¿Quieres quedar mancillada en tu primera salida social? ―le preguntó aún sin mirarla.

―Yo… lo siento, simplemente, no me di cuenta de que él me traía aquí…

Gordon se dio la vuelta. Vio los ojos llorosos de ella y entonces fue cuando se calmó.

―Sared es peligroso. No debes permitir que ningún hombre te falte al respeto. Cualquiera puede tener la tentación de besarte y eres una dama indefensa… ―Gordon se mesaba el cabello inquieto.

―Tú me besaste. ―Nunca sabría qué le impulsó a decir semejante majadería...

―Y nadie más tiene derecho a hacerlo. ―Ella lo miró de hito en hito.

―¿Por qué? ―La pregunta salió en un susurro apenas inaudible.

―Porque si lo que querías era el beso de un hombre, yo te lo daré como lo hice la primera vez.

―Se acercó a ella para sostenerla por la cintura.

Estaba irritado, la furia rugía aún dentro de él por haberla visto en los brazos de otro hombre, esa sabandija asquerosa de Sared se había atrevido a tocar lo suyo.

Se miraron fijamente a los ojos. Bella sintió la sangre retumbar en sus oídos y antes de que pudiera poner resistencia, la boca de él se cernió sobre la de ella con un hambre voraz.

Esa lengua paseaba burlona sobre sus labios instándolos a abrirse.

Y ella recordó aquel primer beso que se dieron siendo más jóvenes.

Él se veía más experto en el tema ahora mismo…

¿A cuántas mujeres Gordon habría besado en su formación?

¿Le haría lo mismo a la señorita Lorence?

¿A su amante? Esa mujer compartía secretos de cama con él.

Gordon tenía a una mujer mundana con la que deleitarse y estaba en estos instantes castigándola a ella por su error con el vizconde.

Y ahí estaba ella, que no tenía idea de lo que le gustaba a un hombre ni de lo que su cuerpo le estaba transmitiendo en este momento…

porque unas sensaciones se estaban agolpando en la parte baja de su vientre y su zona íntima comenzaba a empaparse de forma muy vergonzante.

Bella no podía seguir, él no tenía derecho a hacerle esto, no cuando la mujer con la que compartía su lecho estaba a pocos pasos de ambos.

Así que, Bella colocó una mano sobre el hombro de él para instarlo a moverse.

No funcionó. Gordon, lejos de soltarla, se apretó más contra sus pechos femeninos.

―No, Gordon, por favor.

Él abrió los ojos para verla. Se separó un poco, lo justo para poder ver su reacción. La descubrió asustada y se maldijo interiormente por haber sido tan brusco.

―Regresa dentro, Bella.

No se lo pensó dos veces. Ella necesitaba alejarse de él, así que emprendió el camino de regreso hacia el interior de la casa.

Gordon se mesó el pelo y comenzó a farfullar frases sin sentido.