Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

―Lo admito. Tenía que haber hecho lo que decías. Me pareció sensato idear un plan para cortejarla.

―¡Dios del infierno! Cásate con ella y demuéstrale lo buen amante que eres. ¿Qué mujer se resistiría a eso?

―Seguimos hablando de tu hermana.

Nicky hizo una mueca de repugnancia al acordarse de ese detalle.

¿Qué pecado habría cometido en otra vida para estar hablando de un tema tan peliagudo con su amigo?

No había tenido problemas para relatarle sus hazañas sobre el deporte de cama, pero otra cosa muy diferente era referirse a su hermanita pequeña. Sería mejor terminar con el asunto.

―¿Qué vas a hacer, Gordon?

―Ella se merece más, no una imposición. Quiero tener su corazón.

―Goooordon… ―La advertencia estaba clara. La cosa se iba a complicar si no la tomaba por esposa de inmediato. Nicky lo sabía, ¿cómo no podía verlo Gordon con claridad si se jactaba de ser más listo que él?

―¡Quiero ganarla, no obligarla! Tú no lo entiendes, demonios… ―Se tapó el rostro con las palmas de las manos. La conversación era incómoda y no estaba más cerca de encontrar ayuda para solucionar el problema.

―Dirás que tú no querías que te viese como una obligación para salvarla de la ruina.

―Eso también.

―No sabes la profundidad del pozo en el que te has metido.

―Soy consciente. Gracias ―ironizó.

―Vuestro compromiso no ha sido anunciado. ―No iba a responder a su impertinencia―. Issabella es bonita, es la hermana de un duque que será rico… ¿Ves por dónde voy? ―Nicky se quedó observando a su amigo y lo vio retirar las manos y buscar la mirada con extrañeza.

―No. Cierto que es preciosa ―matizó―, pero… ¿qué tienes que ver tú en esto?

―Pretendientes, Latimer. Cientos de pretendientes esperarán cortejar a la hermana de un duque al que tú has hecho rico. Mi matrimonio con tu hermana va a ser un hecho y todos lo sabrán.

―¡Maldito infierno!

Era extremadamente celoso y más allá de ver que ella era suya, no había previsto que darle una temporada implicaría que estuviera al alcance de cualquier sapo horrendo…

―¡Ah! Ahora sí está bien blasfemar, ¿cierto? ―Nicky sonrió de lado.

―¿Cómo ha podido suceder todo este entuerto?

―En su cabeza el plan con Issabella era brillante.

A simple vista, ella vería el cambio de apariencia de él.

Poco a poco, Gordon la lisonjearía, le descubriría la ciudad, sería su pareja en los escandalosos valses…

y ella acabaría cayendo a sus pies deshecha como la miel más dulce cuando él le propusiera matrimonio…

Se convertirían en uno de los escasísimos matrimonios bien avenidos del reino.

―No tienes más que ir a mi casa, decirle que va a ser tu esposa y…

―¡No puedo hacer eso! ―¿Nicky no veía que no era esa la solución?

No quería poseerla pese a que ya era suya, quería mucho más que eso.

Pretendía que ella lo descubriese, que se entregase de buena gana a él.

Buscaba conquistar su corazón y luego su cuerpo, porque ese era el orden correcto de hacer las cosas.

Comprendía que Nicky no lo entendiese porque el duque creía que a una mujer se la ganaba únicamente a través del acto carnal…

sin embargo, había mucho más detrás. ¿Dónde quedaban los sentimientos?

Tal vez, no debería haber leído tanto. Platón lo había corrompido, porque ese filósofo siempre lo había impulsado a preguntarse demasiadas cosas que el resto del mundo daba por hechas o que, simplemente, no parecían importantes.

―Bien ―bufó furioso―, te deseo suerte espantando a todos y cada uno de los petimetres que se van a cruzar en el camino de lady Issabella.

―Alzó la copa para brindar por su tozudez, se terminó el licor y salió del lugar.

Tenía una pelirroja a la que quería cazar, porque la conversación lo había irritado tanto que necesitaba pensar en otra cosa, y la liberación sexual se presentaba como la solución perfecta.

***

Bella se despertó por la mañana ansiosa por poder salir a ver la ciudad.

Esta noche tenía una cena importante en casa de Amber.

La señora Phanegan estaría a su lado dándole confianza.

Era la prueba de fuego. Esperaba poder superarla satisfactoriamente.

Sería tan fantástico que su hermana mayor la felicitase después de la velada por su ejemplar comportamiento… Lo haría bien.

Una doncella la ayudó a asearse para bajar a desayunar. Cuando llegó al vestíbulo sus ojos volaron a un precioso jarrón de porcelana china. Peonias blancas rebosaban vivas.

La joven se acercó tentativamente. Una tarjeta se ocultaba misteriosa. Miró a la derecha. No había nadie. Giró la mirada para ver por el otro flanco. Sin personas a la vista. Tomó el papel dispuesta a leer las líneas.

Me encantaría mostrarte Hyde Park.

Si me lo permites te recogeré a las 12 horas.

Tuyo. Gordon.

¡Qué emoción! Era su primer paseo con un caballero, pese a que ese hombre fuera su amigo.

Una doncella fue llamada por la guardiana de la joven para que el paseo fuera del todo decoroso. La señora Phanegan se tomaba muy a pecho sus funciones y no estaba por la labor de defraudar al actual duque de Beauford.

Y así fue como Gordon se vio en Hyde Park acompañando a Bella con una carabina que les iba a la zaga.

Salvo un escueto «buenos días» nada más fue dicho, ni por uno ni por otro.

El nerviosismo se vivía a flor de piel en cada uno de los dos.

Ella estaba ansiosa por demostrar que era una verdadera dama del todo apropiada y el otro no sabía cómo comenzar a conquistarla.

Gordon creyó que dar un paseo y tomar un helado sería un primer paso fácil… se equivocaba.

―¿Está todo bien entre nosotros, Bella? Prometí que nunca te haría enfadar.

―Sí, milord, todo está impecable. ―Ella le sonrió.

―Cuando estemos en un ambiente íntimo me gustaría que te dirigieras a mí como Gordon.

―Por supuesto, Gordon. ―Volvió a sonreírle y esta vez él correspondió a la dama.

―Estás muy cambiada.

―Gracias. ―Ella lo tomó como un cumplido. Él se mordió la lengua. A Gordon esta mujer tan fría no le apasionaba en lo más mínimo―. Tú estás exactamente como te recordaba.

Gordon apretó los dientes. ¡Él no era el mismo hombre de hace unos años! Su tamaño había sido doblado, su vestuario totalmente renovado… ¿Es que ella nunca lo vería como a un hombre y no como a un amigo con quien pescaba durante los veranos?

Issabella notó su inquietud y no se atrevió a puntualizar que le agradaba que él siguiera tratándola del mismo modo, aunque la etiqueta lo desaconsejaba por completo.

―¿Qué te está pareciendo la gran ciudad? ―Él decidió llevar la conversación hacia un terreno más neutro.

―Londres es un poco sombría y sucia. ―No mentía, comparada con el campo… ella prefería su casa ducal.

―También es más avanzada y la vida social es más variada. Te divertirás mucho.

―Esta noche tengo mi primer acto social.

―¿Dónde tienes planeado acudir? ―preguntó interesado.

―Mi hermana, la condesa Sulsick ha organizado una cena y un baile.

Estoy impaciente por ver a Amber y poder conocer al fin a su esposo.

―Supo que su hermana se había casado, pero Nicky no le permitió ir a la boda en aquel entonces.

Esta cena era el momento que Bella había estado esperando.

Le demostraría a su hermana que ella era digna hija de un duque, digna hermana de otro.

―Yo… bueno, esperaba haber podido coincidir contigo en tu primera incursión social… ―Tal vez, le pediría a Nicky que lo acompañase.

―Mentiría si no dijese que me hubiese gustado tener tu apoyo. ―Ella se descolocó. No esperaba que él quisiera apoyarla de modo tan fehaciente. ¿Eso que había detectado en el tono de voz de su buen amigo había sido lástima?

―Supongo que puedo anular nuestra invitación al baile de los Roses. ―Ella lo miró extrañada. ¿Era normal que alguien a quien ella no conociera hubiese hecho una invitación a través de su buen amigo? Las reglas sociales tenían mucho misterio para la joven.

―Gordon… ―Iba a preguntar sobre ese asunto cuando él la interrumpió.

―Bella, quiero mostrarte Londres en todo su esplendor. Me encantaría estar a tu lado para que tu experiencia sea positiva. Conozco bien los intríngulis de la ciudad y nada me agradaría más que mostrártelos.

Ahí la joven decidió que quedaba todo aclarado.

―Será un placer.

―Entonces, nos veremos en casa de lord y lady Sulsick. ―Nicky le serviría un pase allí. La bruja, a la que no había vuelto a ver desde la última vez que su buen amigo la despachó, no podría oponerse a la voluntad de Beauford.

―Muy bien.

―Y ahora, dime, pequeña pescadora, ¿has seguido cenando tus propios logros? ―Ella estalló en una risa sincera.

―Desde luego que sí. Lo he hecho a escondidas de la señora Phanegan, te prohíbo que se lo digas.

Gordon suspiró aliviado. Bella aún estaba ahí entre todas esas capas de buen comportamiento.

―Desde luego que no. Será nuestro secreto. ¿Y el señor Nieve sigue trepando a lo alto de los árboles?

―Es un vicio que no ha cambiado. La última vez subió tan alto que lamenté que no estuvieses para poder bajarlo. El animal se pasó allí dos días enteros. No conseguí tentarlo ni con leche fresca.

Ambos se tomaron un minuto para mirarse a los ojos.

Ella desvió la mirada primero. Algo en la forma de observarla la incomodó.

Se sintió tonta ante ese pensamiento. ¡Era su amigo Gordon!

Ni más ni menos que el joven ―bueno, él ya era todo un hombre― que la había ayudado y divertido a partes iguales desde que Nicky lo trajo la primera vez a la casa de campo.

―¿Qué esperas de la temporada, Bella?

―Supongo que lo que cualquier joven dama… ―Encogió los hombros ligeramente.

―¿Y eso que es?

―Bailar, conversar, acudir a museos…

―¿Deslumbrar a tus pretendientes? ―La sintió sonrojarse y le encantó verla tan inocente.

―Supongo… ―Bajó los ojos avergonzada―. Tampoco me preocupa mucho. Nicky siempre ha dicho que no estoy obligada a casarme si no quiero.