Capítulo 4
Una temporada en jueg o
Un puño fue disparado hacia la derecha y consiguió dar en la diana.
John se defendió enviando otro derecho a las costillas.
Gordon aulló de dolor, pero comenzó a castigar más severamente al rival.
Toda la ira que sentía se convirtió en algo más productivo…
Bien, sí. Un combate de boxeo no era algo productivo, pero servía para aligerar la pesada carga que sentía desde ayer.
¿Cómo se había torcido todo tanto con ella? ¡Si ni siquiera habían podido conversar brevemente y en paz o rememorar viejos tiempos!
La frustración regresó de nuevo anulando todo resquicio de su sentido común. Los puños volaron libres agrediendo sin compasión al otro boxeador.
Pronto unas manos lo agarraron para frenarlo. Gordon se desembarazó sin complicaciones de su rival y lo dejó tirado en la lona, listo para estamparle el puño de gracia. Enfocó la vista y vio la cara de su amigo gritándole. En ese momento su cordura volvió a funcionar y se apartó.
―¿Qué demonios te pasa, Latimer? ―No debió haber enseñado tan bien a su amigo.
Nicky se había negado a luchar con él por ese mismo motivo, no estaba dispuesto a averiguar si era más fuerte y capaz que él.
Lamentablemente, acababa de ser comprobado que el alumno había superado al maestro.
El duque se levantó con el orgullo hecho trizas, pero al mismo tiempo experimentó satisfacción ante el logro de Gordon.
―No estoy de humor para tus sandeces. Hoy, no, Nicky.
―¿Acaso pretendías matar a John? O ya puestos, ¿a mí?
―Esto es un ring , se viene a pelear. El que no esté preparado que no suba.
―No te había visto nunca así. Casi te prefiero sereno examinando todo el tiempo tu reloj de bolsillo. ―Gordon le dio una mirada que hubiese conseguido congelar el mismísimo Hades―. Sé lo que necesitas. Vayamos a ver a madame Gruiselle. Será mucho más gratificante para todos…
Intentó convencerlo de que un burdel no era el mejor lugar para que dos caballeros que habían aceptado contraer nupcias en breve, fuesen vistos… pero fracasó estrepitosamente.
***
Gordon veía recostado a Nicky en un sillón con una mujer pelirroja sentada en su regazo. Nicholas era incorregible.
―No me mires así, Latimer. Todavía soy un hombre libre y nuestro acuerdo no tiene nada que ver con el amor que, por otra parte, es un sentimiento nauseabundo que no estoy dispuesto a conocer.
Toma a una morena sobre tu regazo, te garantizo que lo que te aflige desaparecerá al primer roce de una bella mujer.
―Nunca me han gustado las morenas ―dijo sin pensar demasiado en lo que decía.
―Es cierto, eres más de rubias. ―Nicky lo observó con sutileza. Gordon lo miró con extrañeza.
―Eso no es cierto tampoco.
―A ver si te decides, porque las pelirrojas no son para nada de tu interés. ¿Rubias o morenas?
―No estaba atendiendo, me gustan las morenas. ―Trató de sonar convincente.
―¿Te gustan?
« ¿Desde cuándo su amigo alzaba una ceja con ese aspecto ducal tan soberbio?», se preguntó Gordon.
―La señorita Lorence es de pelo oscuro, por lo que, evidentemente, me…
―El tipo de mujer que prefieres es de ojos azules, que además es hermana de un duque.
El silencio se hizo muy pesado de repente.
―Issabella no es rubia.
―Ah, ¿no?
Maldición. Gordon supo que lo había cazado.
―Es más castaña que otra cosa, si bien tiene unas hebras rubias, pero no es el color predominante.
Nicky bufó. El problema era aún peor de lo que parecía. Hizo que la mujer que lo estaba entreteniendo se marchase. Se levantó del cómodo sofá donde estaba y se acercó al pequeño mueble para servir dos generosas copas de lo que fuese ese líquido que veía mientras se acercaba a él.
Regresó al lugar y mandó a Gordon tomar asiento. Le ofreció una copa y se sorprendió de que su amigo la apurase sin respirar. ¡Infiernos! La cosa se ponía peor por momentos y él de mujeres solo sabía cómo darles placer… sobre sentimientos y esas cursilerías ni sabía, ni pretendía conocer nada.
―¿Desde cuándo lo sabes, Nicky? ―Gordon sabía que no tenía sentido negar lo evidente.
―Si he de ser sincero no lo sospeché o, más bien, no quería verlo. Sin embargo, ese pulcro acuerdo que ofreciste… ―Nicky sonrió.
―¿Tan evidente fui?
―Bien sabes que no entiendo de cosas que no sean básicas, pero cuando vi que sacrificaste a tu hermana Christine…
―No he sacrificado a Brenda, ella comprende que…
―Como se llame ―lo refrenó―, ¿tan terrible hubiera sido pedirme la mano de Bella en vez de ofrecerme ese acuerdo? Somos amigos, Gordon. Nunca hemos tenido secretos.
―No tengo nada que añadir. Tenemos un acuerdo y no voy a permitir que lo rompas.
―¡Basta, Gordon! Olvida el maldito papel. Necesito la fortuna de Charlotte…
―Brenda ―lo volvió a corregir. Nicky no le hizo caso
―… por lo que no estoy dispuesto a echarme atrás ―continuó él sin corregir el nombre de su supuesta futura esposa
―No podrías aunque lo intentases. ―Bella era suya. Gordon la quería.
Nicky se tomó unos minutos para examinar a su buen amigo.
―Nunca pensé que fuera algo tan profundo.
―No sé de qué me hablas. ―Habían hablado de muchas cosas a lo largo de estos años, pero esta conversación se hacía complicada a cada minuto.
―¡Vaya! Tampoco pensé nunca que te vería ponerte a la defensiva por una mujer. Pareces un perro tras un hueso.
―Cuidado, Beauford, no consentiré que faltes al honor de la dama. ―Gordon se levantó con los puños en alto para mostrar su punto.
―¡Dios del infierno, estás enamorado! ―Nicky tenía los ojos como platos.
Nicky se puso de pie asombrado por su propio descubrimiento. Comenzó a caminar por la habitación para tratar de tranquilizarse. Pronto comprendió que desde hacía muchos años los tres habían sido muy cercanos…
―¿Las has tocado alguna vez, Latimer?
―Yo… ―No quería mentirle, por lo que su voz se fue apagando. No esperaba tener esa conversación con él y menos en un burdel.
Nicky lo agarró por las solapas de su estúpida chaqueta nueva.
―Te mataré, por todos los infiernos que lo haré.
―¡Un beso! Fue un único beso y no sabía que era tu hermana. ¡Lo juro!
El duque examinó la mirada de su amigo. No vio mentira en su confesión. Lo soltó de mala gana. Gordon comenzó a recomponer su atuendo.
―Todas las veces que os permití estar a solas… ―El duque se pasó las manos por el cabello―. Fui un auténtico negligente. ―Nicky lo miró a los ojos―. La culpa no es solo mía, me engañaste muy bien, lo admito. Al menos, casarte con ella no será un suplicio ―dijo más para sí que para el otro.
―No es tan sencillo, Nicky.
―No vas a salir del compromiso. Te he adiestrado lo mejor que he sabido. Si la has besado como creo que has hecho, ella está mancillada. ―Bien sabía Nicky que cuando asediaban a una mujer las manos iban al pecho en primer lugar para acabar bajo las faldas posteriormente.
―No le puse la mano encima. ―Hizo una mueca, pues no era técnicamente cierto―. No toqué ninguna parte íntima o desnuda.
―¡Haz el favor de callarte de una maldita vez! No me des detalles o tendremos que vernos antes del amanecer. ―Nicky estaba intentado no pensar en que la dama de la que hablaban era su propia hermana. Era complicado dar consejo a un amigo sabiendo que la mujer era sangre de su sangre…
―¿Un duelo, Nicky? ¿No se te ocurre otra cosa mejor?
―Bien ―trató de serenarse sin éxito―, hemos establecido que eres un hombre enamorado.
Estás comprometido con la mujer por la que, por lo visto, llevas años suspirando en el más absoluto de los secretos…
―Gordon no se atrevió a corregir la bravateada sentimental―.
Dime cuál es el problema, porque John tardará unos días en poder andar derecho.
―El hombre que se había enfrentado en el ring contra Gordon estaba muy magullado.
La paliza había sido demasiado dura para el pobre púgil.
―Es… complicado.
―No tengo ni tiempo ni paciencia. Nunca la he tenido y estos menesteres… Habla antes de que cambie de opinión y te deje solo con tu mal.
―Bella no sabe ni que existo. ―Ya está. Lo había confesado. Cinco años luchando por no mostrar vulnerabilidad y se sentía como un corderito indefenso.
―Mi hermana y tú siempre habéis congeniado. De hecho, me daría yo mismo un puñetazo por no haberlo visto antes.
―Tal vez, fuese en el pasado.
―Hace unos meses que no os veis, no puede ser tan grave como lo que indicas.
―Hace once meses que no nos vemos.
―¿Has contado los meses, los días y las horas, Gordon? ―se mofó el duque.
―¿Es momento de hacer ese tipo de gracias, Nicky? Por mí de acuerdo, podemos estar aquí hablando de mi vida privada hasta el alba… siempre que te sientas cómodo, claro.
―Está bien, está bien. —Puso las manos en alto en señal de rendición―. Te aconsejé que le dijeras lo del contrato, pero no escuchaste y supongo que el maldito problema es…
―¿Es necesario usar la palabra maldito en cada frase que enuncias?
―Te estoy ayudando y diré la palabra maldito cuando se me antoje, y si tienes alguna queja ve a buscar a otro maldito que te dé un consejo sobre cómo conquistar a su propia hermana.
―Lo dijo en alto para ver si su amigo comprendía el trabajo que le estaba constando hablar sobre el asunto.
Estaba pagando los pecados muy caro y no era el único que tenía pendiente, porque había un tema personal que se había convertido en un tormento. Pero eso era otra historia.
―De acuerdo, sigue. ―Latimer comprendió cómo sonaba todo eso de extraño.
―Como decía, ganaste a la muchacha. El papeleo está hecho y lo único que tenías que hacer era explicarle que ella iba a ser tu esposa.
Poco le quedaba que decir al respecto, porque yo, como cabeza de familia, había autorizado el matrimonio.
Pero no, tú, te empeñaste en traerla a la ciudad y darle una maldita temporada.
―No estás ayudando con mi problema.
―Por una vez, quiero que entiendas que no has sido inteligente y que yo tenía razón y tú no.
Gordon se mordió la lengua. Se moría por decirle que este no era el momento de hacerle ver esas cosas. ¡Él necesitaba soluciones!