Capítulo 3 #4
Ataviada con su mejor vestido de viaje y su sombrero a conjunto, esperaba impaciente la llegada de Nicky para trasladarlas a ella y a la señora Phanegan a Londres.
―Querida, deja de morderte las uñas. No querrás crear un estropicio en tus adorables manos, ¿verdad?
―No las muerdo. Únicamente, apoyaba una de mis uñas en el diente.
―Sé que estás nerviosa.
―¿Tanto se nota?
―Te conozco tanto o más que tú misma, mi niña.
Bella dejó de mirar por la ventana. Giró la vista hacia la mujer que en este tiempo se había convertido en una sabia amiga. Su pelo comenzaba a ponerse blanco, no obstante, la luz de su mirada continuaba viva. En sus mejores años, a buen seguro Marjory había sido una de las incomparables.
Al menos, fue muy feliz con su esposo. La señora fue hija de un hombre con título, y debutó.
Sin embargo, el destino quiso que fuese a pasar un verano a casa de una prima y allí conoció a su esposo, un vicario del que se enamoró perdidamente.
No tuvieron descendencia y cuando Marjory recibió la carta de su hermano Nicky solicitando su apoyo para ayudar a su hermana, la mujer no se lo pensó dos veces y aceptó el ofrecimiento.
―¿Lo haré bien? ¿Y si no estoy a la altura, señora Phanegan? ―Bella había desarrollado un vínculo con ella muy estrecho. La mujer se presentaba dura, pero justa y, sobre todo, era muy maternal con ella.
―Te he enseñado todo lo que sé. Mantente alejada de los jardines oscuros y estarás bien.
―¿Cómo ha dicho? ―La mujer, Marjory, le ofreció una sonrisa tranquilizadora.
Eso que había dicho en alto no debió mencionarlo, entre otras cosas, porque ella no le iba a sacar la mirada de encima durante lo que durase la temporada.
Una amiga suya acabó repudiada por haber sido descubierta en una posición comprometedora con un hombre en un lugar como el que había citado.
A su protegida no le sucedería nada malo.
―Tu reputación es todo lo que tienes. Recuérdalo y ahora coge un libro de las estanterías y siéntate para que las dos nos podamos relajar un poco. No sabemos cuándo llegará el duque de Beauford, incluso podría ser por la tarde, así que no entiendo tu empeño incluso de colocarte tu sombrero.
―Supongo que tiene razón, pero quiero estar a punto para salir de inmediato.
Voy a echar terriblemente de menos la biblioteca.
―Echó la vista sobre las altas estanterías de la estancia.
Aquellas páginas la habían transportado a lugares tan remotos y maravillosos.
En la ciudad compraría nuevos libros, porque la gran mayoría ya habían sido leídos, e incluso muchos de ellos releídos varias veces.
―Podrías llevarte un par de libros. Dudo que al duque le moleste.
―¡Señora Phanegan viene un carruaje!
―Trata de controlarte, niña. No es adecuado tal muestra de sentimientos ―la regañó firme mientras se levantaba a mirar por la ventana.
―Lo siento, pero es difícil controlarse cuando mi corazón salta de alegría. Deseo ver a Nicky, lo he añorado mucho.
―Ese no es el carruaje de tu hermano.
La señora evitó refunfuñar porque no era lo que hacía una verdadera dama.
Su hermano era un inconsciente. ¿En qué estaba pensando el duque al enviar a su amigo a casa para recogerlas?
No es que lord Latimer le disgustase, pero, evidentemente, el joven tenía un interés más allá de la amistad por la muchacha.
Cualquiera que tuviera ojos en la cara podía verlo a simple vista y no era adecuado que se interpusiera en el camino de lady Issabella.
La posición de la joven la hacía merecedora de un mejor partido.
―¡Es Gordon! ―La mujer la juzgó con severidad. Bella decidió rectificar su actitud―. Parece ser que lord Latimer ha ocupado el lugar de Nicky.
―En Londres no puedes permitirte estos olvidos, Issabella.
Tu actitud es fundamental para atraer la atención adecuada.
No puedes bajar la guardia; no, si quieres conseguir un matrimonio adecuado.
No muestres interés por nada ni nadie, mantén siempre una actitud neutra y cordial, y trata de recordar tu posición social en todo momento.
―Estoy segura de que cuando llegue a la ciudad todo saldrá estupendamente. ―Trató de tranquilizarla.
―Esperemos que así sea. Tomemos asiento y esperemos educadamente a nuestro invitado.
Las dos hicieron lo propio. Un lacayo se ocupó de anunciarlo. Perfectamente sentadas, con la espalda recta y con un libro en las manos, fue como el barón las encontró a ambas. La cortés reverencia entre los tres sirvió de presentación.
―Celebro ver que están bien de salud.
―Lo estamos, milord.
―Gordon ―corrigió él a Bella. ¿A qué venía el uso del título a estas alturas cuando nunca lo había hecho? Frunció el ceño y eso le indicó a la muchacha que él no entendía su cambio de actitud.
―No es apropiado que una dama llame por su nombre de pila a un caballero ―razonó Issabella ante la atenta mirada de aprobación de la señora Phanegan.
―Es totalmente adecuado cuando el caballero en cuestión hace el ofrecimiento a la dama y recuerdo que, en caso de rechazar la cortesía, sería la dama quien caería en la descortesía.
―Finalizó la exposición con una sonrisa.
A él no le pasó desapercibida la mirada reprobatoria de la mujer más mayor.
La interpretación de las reglas sociales que él había hecho se ajustaba a lo que deseaba, así que…
―Tomaré en consideración sus deseos, Gordon, pero únicamente cuando nos encontremos en un ambiente privado.
―Es lo justo.
La señora Phanegan carraspeó. Eso era un indicativo de que ella había olvidado algo sustancial.
―¡Oh! Ha sido toda una falta de atención no haber ordenado el té, pediré que…
―¡No! Es hora de partir.
Y él no podía quedarse ni un minuto más jugando a demostrar quién era más insustancial de los dos.
El estómago se le revolvía de pensar en la distancia que ella había puesto entre ambos.
Tampoco había pasado tanto tiempo desde que…
¡Oh, cielos! Sí, sí lo hacía, el último verano él no pudo venir a la finca porque Nicky estaba en la ciudad haciendo de las suyas y no tenía una excusa plausible para estar en el mismo lugar que ella sin la invitación del duque.
La repasó meticulosamente. Su cabello perfectamente recogido.
Su gorrito colocado, clara señal de que estaba ansiosa por conocer Londres…
un vestido sencillo perfectamente conjuntado con sus lindos zapatitos.
En apariencia era perfecta, solo su actitud ante él era lo que se le hacía insoportable.
¡Por amor del cielo! Él la había enseñado a manejar el arco, él la había visto en el río con los pies a remojo…
¿Se habría echado a perder? A él le gustaba ese punto salvaje que ella poseía...
Bueno, era lo que parecía haber y, tal vez, fuese mejor así porque pretendía escalar socialmente y la educación que parecía ella exhibir era más que adecuada, ¿o sería una fachada?
Como fuera, Gordon no quería continuar con esta reunión de falsa cordialidad. Todo lo que quería era que ella se sacudiese la máscara y se mostrase natural, pero eso bajo los ojos de esa matrona no iba a suceder.
―Pero estarás cansado por el largo viaje y, además…
Un carraspeo resonó. Bella refrenó su lengua, compuso una sonrisa y asintió.
El estómago de Gordon volvió a removerse. Nunca vio algo tan forzado como ese gesto. ¿De verdad ella era Bella? Físicamente, se parecía a la dama, pero…
Otro carraspeo se produjo en la estancia. Esta vez fue más sutil.
―Por favor, milord, estamos listas, en cuanto considere oportuno podemos irnos. ―Gordon hizo una mueca. ¡Qué muchacha tan fría!