Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

―¿Por qué ibas a querer casarte con la hermana de un duque acabado que no tiene contactos ni dote? ―Quiso averiguar con gran interés.

―No pienso permitir que ella acabe en la calle por tu cabezonería.

―Siempre has tenido complejo de maldito héroe.

―Puede ser ―una sonrisa perezosa apareció en la comisura de sus labios―, sin embargo, nunca me has permitido serlo.

―Ni ella ni yo queremos tu caridad.

Gordon apretó los dientes. Arrogante. Las intenciones que él pudiera tener con respecto a su hermana Bella no eran cosa de nadie más que de él mismo.

―Soy un hombre de negocios. No es caridad lo que te propongo.

―¿Aún hay más?

―Por supuesto que hay más.

―¿La amas? ¿Es eso lo que viene a continuación?

―Me sorprendes, Nicky, nunca te he tenido por un sentimental.

―Entonces, si no es amor… ¿son negocios?

―Tómalo como quieras, no obstante, es un acuerdo entre dos caballeros.

―¿Tu propuesta es que te entregue a mi hermana…? ―Nicky no tenía idea lo que quería su buen amigo.

―Así es. Si me dejas terminar te explicaré las condiciones.

―Elige bien tus palabras, porque en el momento en que me ofrezcas dinero por la molestia de casarte con ella, las cosas entre nosotros se van a poner muy feas y por más que hayas desarrollado tus músculos estos años y yo me haya abandonado, te prometo que soy capaz de tumbarte en el suelo en menos de treinta segundos.

Y para comprobarlo no vas a necesitar tu estúpido reloj, porque yo mismo contaré cada segundo.

―Esa manía que Gordon tenía con el reloj lo tenía enfermo.

―Si has terminado con tus absurdas conjeturas pasaré a explicarte mi acuerdo. Mis condiciones serán verbales en este momento, pero si ambos accedemos serán vinculantes y quedarán debidamente anotadas en un documento privado.

―Puesto que no tengo ni idea de lo que hablas y pareces tan seguro de ti mismo, permitiré que sigas sentado en la silla y te expliques. Lo haré, por más ganas que tenga de darte una paliza.

―Quiero casarme.

―Quieres unirte en sagrado matrimonio con mi hermana.

―Primero, se estipulan los contratos de los enlaces, que deben ser provechosos y, luego, con un poco de suerte, llega el amor a la pareja.

―¿Has asistido a clases con alguna institutriz? ―se burló de nuevo Nicky.

―Necesito una esposa porque mi posición en el banco lo exige. ―No le daría más detalles.

―Eso no aclara nada.

―Mi casa será gobernada por una mujer instruida.

―Contrata a un ama de llaves, te saldrá más barato y tendrás un dolor de cabeza menos.

―Si he de ser sincero, quiero a una mujer a la que sepa que no terminaré odiando. ―Gordon no se permitió a tomar en consideración sus réplicas. Intuía que venían muchas más y no entraría al trapo con Nicky.

―Más bien tendrás que esforzarte en que sea al contrario ―bufó. Las mujeres ya lo preferían porque él había cambiado, pero seguía siendo demasiado inteligente y condescendiente para su propio bien.

―Desde luego, quiero que sea de buena familia. ―Gordon seguía con sus premisas sobre su futura esposa.

―Hay cientos ahí fuera con buen pedigrí.

―Y necesito a un hombre que a cambio de entregar a su hermana tome a la mía por esposa. ―Ya está. Gordon había soltado la bomba.

―Seguro que hay… ―Nicky estaba ideando una respuesta convincente que lo irritase cuando su pensamiento se detuvo.

Gordon volvió a sacar su reloj para comprobar el tiempo de respuesta.

―¿¡Acaso te has vuelto loco!? ―Un minuto. Gordon torció el gesto, creyó que le habría costado más comprender la situación. Eso no era bueno.

―Como tú, me considero un buen hermano y no voy a permitir que Brenda caiga en malas manos. Hermana por hermana, por así decirlo. Creo que aseguramos su buen cuidado en manos del otro.

―Te conseguiré una plaza en Bedlam, allí tratan a quienes como tú necesitan ayuda porque han perdido sus facultades mentales… ―Su amigo estaba loco de remate.

―Es un trato ventajoso para dos hombres que no tienen ganas de adentrarse en el mercado matrimonial de Londres ―continuó con la exposición.

―Ni tan siquiera conozco a la joven, por lo que yo sé, podría ser un calco de ti en tus años siniestros. ―Eso no era verdad del todo, pero Nicky no entraría en detalles porque… porque no y punto.

Gordon miró al duque con una ceja levantada y con una réplica a punto, pero decidió dejar ahí esa cuestión.

―Es una dama con una dote más que suculenta. Mi padre la ha provisto de un buen fondo y me temo que eso llamará la atención de muchos sinvergüenzas. Digamos pues, que prefiero a uno conocido.

Nicky valoró la observación. Tenía cierto sentido la exposición.

Todos los matrimonios entre su clase eran concertados.

A poco que la hermana de su amigo lo tolerase, él sería capaz de consumar el matrimonio y tener un heredero…

pero ¿y si era reticente y no lo tolerase a él?

Ese riesgo tenía que ser tenido en mucha consideración.

Cierto que él no esperaba nada más de una esposa que su dote y que en el club de madame Gruiselle había encontrado más variedad que tener una única amante…

―¿Cuánto?

―Suplirías las deudas contraídas, restaurarías tus propiedades y, en caso de que yo buscase la dote de Issabella, que no necesito ni quiero, te daría para vivir más que cómodamente para el resto de tus días.

―¿Eso incluye tus asesoramientos financieros?

―Sí, los incluye porque los necesitas para que la fortuna de los Beauford no vuelva a correr peligro, a no ser, claro, que estés dispuesto a dejar a tu heredero en el mismo lodo en el que te embarró tu padre.

Nicky suspiró y se pasó una mano por el rostro.

La oferta parecía lógica y más que coherente.

Era una buena idea. Amber había hecho un enlace considerable y bien poco le importaba que fuese feliz o desdichada.

Esa arpía sabría arreglárselas bien. Otra cosa muy distinta era el futuro de Bella.

La adoraba y no le gustaría que acabase con alguien que no la mereciera, así pues… ¿la merecía Gordon?

―Me parece muy mercenario comercializar con nuestras hermanas.

―De todas las respuestas posibles que pude achacarte, esta es la que más me sorprende, lo admito.

―¿Tan poco me conoces?

―Siempre me has asombrado, Nicky, y sobra decir que te aprecio y valoro. Eres un buen y leal amigo.

―Eso es porque te convertí en un hombre de provecho.

―Una vez me dijiste que la apariencia física no lo es todo.

―Eso fue cuando eras un enclenque, desgarbado y horroroso, y era mi deber de amigo infundirte ánimos.

―Gracias, supongo.

Gordon tenía que reconocer que a lo largo de los años los consejos de Nicky lo habían convertido en lo que hoy era.

Si bien su pelo rojo no estaría nunca a la moda, había conseguido a base de ejercicio y una serie de comidas recomendadas por médicos especialistas en el desarrollo, lograr su aspecto actual.

Las mujeres lo abordaban y había decidido dejarse amar por ellas como le había aconsejado el duque.

Los consejos de Nicky siempre le fueron bien en cuanto a lo que él quería lograr: ser un reclamo para la vista.

Solo una no parecía haberse percatado de su cambio.

―¿Y esa tal Brigitte está de acuerdo?

―¿Quién?

―Tu hermana.

―Brenda, se llama Brenda.

―¿Tu hermana está de acuerdo?

―No te mentiré, convencerla será un duro reto, incluso para un hombre versado en los negocios.

―Va a ser una maldita duquesa, creo que cualquiera se echaría a mis pies por ese título. ―Nicky no veía el motivo por el que su amigo la tenía que convencer.

―Oh, sí, ella estará encantada con ser duquesa. De hecho, ese es el único aliciente que tengo para convencerla para ser una esposa…

―Las mujeres hacen cola para que les descubra el placer carnal. ―Nicky estaba plenamente satisfecho con su historial, por su lecho habían pasado cientos de mujeres, no todas ellas damas.

―He dicho en esposa, no en tu esposa. Ella no sabe ni quién eres —al menos, cuando ambos se veían Brenda parecía no recordarlo―, pero el ultimátum de mi padre ha sido claro: o toma un marido o él le agenciará uno. No tendrá elección.

―Entonces, ¿lo aprobará?

―Dejémoslo en que se lo presentaré de tal forma que no tendrá objeción.

A Nicky no le pasó desapercibida la mueca de su amigo.

―¿Qué estás ocultando?

―Ella tiene una serie de demandas, más bien sueños, que…

―¿Alguna de esas demandas incluyen la fidelidad o que no pueda disponer del dinero que se me otorgará por casarme con ella?

―No, pero…

―Entonces tenemos un trato. ―Nicky lo volvió a interrumpir. No le interesaba nada más que eso.

―¿Lo tenemos?

La esperanza y ansiedad que vio en Gordon lo hizo retroceder cautamente.

―¿Tu hermana tiene alguna tara de la que no me estés advirtiendo?

―No, en absoluto, creo que estaréis bien. ―La relación entre ese futuro matrimonio sería cosa de hombre y mujer. Ellos decidirían―. Lo que me preocupa es la reacción de tu hermana.

Una sonora carcajada rompió el silencio de la lujosa habitación. Esta vez fue Gordon quien se pasó una mano por la cara y lanzó un suspiro.

El duque salió de la cama mostrando su desnudez sin reparo y riendo sin control. Se encaminó hacia el baño para asearse. Tenía un acuerdo que rubricar y lo haría antes de que su amigo se echase atrás.

Gordon no era ningún iluso. Todo lo contrario.

Lord Latimer se jactaba de tener los pies en el suelo.

Aun así, debía admitir que no había pensado en esta parte del plan.

Todo lo que veía era cómo conseguirla. Y en honor a la verdad, no estaba preparado para plantearse nada más.

Media hora después, los dos hombres entraron en el despacho del Latimer’s Bank y sellaron el trato.

Gordon supo que en el momento en que le dijese que Brenda había aceptado a un duque, su padre no pondría ningún impedimento, pese a que el patriarca era conocedor de la reputación de Nicky.

Cuando al fin se quedó solo en el despacho no pudo concentrarse en el trabajo. Quedaba por abordar una situación que no había previsto, pues no tenía ni idea de qué iba a opinar su futura esposa.