Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 2 #5
9%

Capítulo 2 #5

―No es eso lo que quise decir. ¡Por amor de Dios, tienes dieciséis años! ―Si no la despegaba ya de su cuerpo, la muchacha se daría cuenta de que él era un hombre, es decir, con los atributos de uno dispuestos a…

Issabella se puso de pie. Él rezó dando gracias al Altísimo.

―Así que, la edad también afecta a la amistad.

―No es eso lo que…

―Muy bien. Gracias, milord. ―Hizo una reverencia y se marchó corriendo dolida.

―Issabella ―gritó su nombre, pero no pudo salir tras su estela. Gordon necesitaba unos minutos para calmarse. Maldijo en silencio. ¿Cómo iba a sobrevivir todo el verano con esa dulzura cerca?

«¡Ella es una niña y encima es la hermana de tu mejor amigo!». Se odió a sí mismo por sentir lo que estaba naciendo en su interior. Lo mejor sería alejarse de la dama.

Así que, cuando estuvo un poco más tranquilo, se encaminó de regreso a la casa. Gordon vio a su amigo esperándole y no le dio buena espina.

―¿Puedes explicarme por qué mi hermana está tan ofuscada?

Gordon debió de haberse quedado en mitad del campo.

― Lady Amber creo que nació enfadada.

―No soy tan tonto, Gordon, ni tengo paciencia, deberías saberlo ya.

―Hablaré con ella. ―Bien sabía que se refería a la hermana menor.

―No creo que sea una buena idea. Me pareció entender que no era tu tipo.

―¡Yo no dije nunca eso!

―¿Lo es?

―No hagas de casamentera conmigo.

―No vuelvas a enfurecerla.

―¿Y qué te hace pensar que he sido yo? ―Trató de defenderse.

―Ella iba refunfuñando tu nombre, tu estúpido nombre, para ser más exactos.

―Mira, Nicky, creo que esto no va a funcionar. Tienes a dos mujeres bajo tu techo y parecen odiarme. Lo mejor será que regrese a mi casa. ―No quería hacerlo, pero… parecía lo más sensato.

―Cuando te conocí tuve una cosa clara.

―¿Cuál era? ―Se sentía como un pez que acababa de morder el anzuelo.

―Cuando te vi por primera vez no pensé que fueras listo.

―¡Vaya, gracias! ―explotó indignado.

―Pero supe que no eras un cobarde.

―Todo el mundo me arrinconaba.

―Pero nunca te amedrentaste. Además, en la casa solo queda una de mis hermanas.

―No me digas que vas a pedirme ayuda para enterrar el cadáver de Amber ―bromeó Gordon.

―No será necesario. La he despachado a Londres.

―Queda mucho para la temporada.

―Se ha ido con… con… ―Ni tan siquiera recordaba el nombre. Daba igual, la arpía estaría bien. La duquesa había dejado su sello ahí. Pobre del desgraciado que ella consiguiera atrapar―. Con amistades para prepararse. Con un poco de suerte se casará y no tendré que soportarla jamás.

―No os parecéis en nada. Sois los tres tan diferentes… pero Amber es… ―Le venían muchos descalificativos a la mente y un caballero no debería referirse así a una joven dama.

―Amber no tiene la culpa. Si conocieras a la duquesa lo entenderías todo.

―Pero Issabella no es así.

―Nuestra madre se cansó de jugar a ser madre y, por fortuna, mi hermana pequeña no la sufrió. Vamos, Gordon, vayamos a disparar, me quedan pocos años de distracciones, no los arruinemos con cosas tristes.

Gordon achacó sus palabras a que pronto debería tomar una esposa.

Nicky bien sabía que la carta que había recibido ayer y que había leído hacía unas horas presagiaba problemas y grandes apuros económicos.

Por primera vez, se alegró de ser un duque.

Tan solo tendría que buscar a una heredera ansiosa por un ducado llegado el caso.

Su padre había huido con una mujer y había renunciado al título y las propiedades, pero las arcas las había dejado tan limpias como una patena.

La buena fortuna había querido que su suerte en el juego lo hubiesen provisto para poder vivir dos o tres años, el tiempo necesario para casar a Issabella, porque Nicholas no albergaba la menor duda de que Amber obtendría un buen partido con solo chasquear los dedos.

Él estaría apoyándola para la temporada y garantizaría que así fuera. Se lo había prometido y lo cumpliría.

Tendría que buscar a algún familiar femenino que se hiciera cargo de Issabella durante sus ausencias.

La duquesa una vez habló de cierta tía lejana que estaba necesitada.

Nicky creyó que no sería difícil dar con la señora y hacerla llegar a casa.

Lo mejor era que Issabella tuviera una guía femenina que la ayudase a florecer.

Aquel verano pasó en un suspiro placentero.

Los tres estuvieron más unidos que nunca.

Pescaron, cazaron, dispararon, salieron a montar, compartieron confidencias...

Eran uña y carne, e Issabella, durante aquel tiempo estuvo feliz de poder disfrutar de la fraternidad de su hermano y de la amistad de un verdadero amigo.

No fue la única vez que estuvieron juntos, pues años tras año, él había seguido viniendo a la finca tal y como le había prometido a Nicky.

No obstante, todo estaba a punto de cambiar. Para bien o para mal, las circunstancias económicas del duque de Beauford no le permitían seguir postergando la salida que debía tomar para poder preservar el futuro de su hermana.

Solo el destino sería capaz de poner orden en cada una de las situaciones que se avecinaban.