Pacto de Caballeros: Bilogía completa Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

Una risueña joven inició el paso apresurada y portando los peces.

Cuando llegó a la mitad del camino se dio cuenta de que no sabía cómo hacerle llegar su parte de la recompensa para la cena…

Lo mejor sería dejar las capturas en la cocina sin que nadie se enterase y que el servicio hiciera lo que quisiera, con un poco de suerte, el ama de llaves sabría que ella había sido la artífice y le servirían el pescado rodeado de limón y con unas patatas aliñadas.

***

La hora de la cena llegó y Nicky la instó a arreglarse y bajar a compartir la mesa con la familia. Issabella no quería defraudar a ninguno de sus hermanos, pero, especialmente, se negaba a hacerlo con Nicky.

Se colocó un sencillo traje y comenzó a deslizarse por las escaleras implorando por no cometer ninguna imprudencia que hiciera enfadar a Amber.

―Ratoncito, al fin te veo. ―Nicky estaba a los pies de la escalera contemplando cuánto había crecido su hermana menor.

Issabella miró a su izquierda, a derecha, adelante y atrás, y en el momento en el que estuvo segura de que Amber no estaba cerca, corrió hacia los brazos extendidos de su hermano. Los dos se fundieron en un abrazo sincero que como resultado la hizo girar varias veces por el aire.

―¡Nicky! ―exclamó contenta y algo mareada por los giros de él.

―Mi dulce Issabella, me agrada comprobar que Amber aún no ha roto tu espíritu. ―Paró de moverla y se tomó unos minutos para contemplarla―. Eres toda una mujercita.

―Y tú sigues siendo un zalamero.

Desde lo alto del primer piso un celoso Gordon no había perdido detalle del encuentro.

Se lamentó de que el gran Nicky siempre se le adelantase.

Por supuesto, entendía que su amigo no hubiera podido resistirse a una bonita muchacha, que más allá de su aspecto había demostrado tener un carácter de lo más sugerente.

Negó con la cabeza comprendiendo que no tenía ninguna posibilidad de competir con las atenciones de Nicky.

¿Serían amantes? La intimidad que acababan de compartir así lo manifestaba.

Tampoco le pasó desapercibido el modo en el que ella había mirado a todas partes para no ser pillada in fraganti con él.

Fue una suerte que al verla su instinto lo hubiese instado a dar un paso atrás para observarla sin ser visto.

La triste realidad se imponía a la esperanza de creer que con ella podría…

¿qué? ¿Qué opciones tenía un futuro barón con una simple sirvienta de la casa que además era, probablemente, la amante de Nicky? Complicado. Complejo. Injusto.

Con estos pensamientos bajó la escalera para presentarse ante ella. Trataría de no parecer enfadado o desilusionado, pero sospechaba que sería una tarea imposible.

―Buenas noches.

―Buenas noches, Gordon. ―Nicky le palmeó la espalda.

Issabella lo miró desconcertada al percibir su mirada de…

¿enfado? Y lo más importante, ¿su hermano había contratado al joven y lo había vestido con ropa formal?

Inspeccionó el atuendo de él y sí, los pantalones y el chaleco eran horrorosos, pero se veía que él estaba elegante.

La corbata anudada tan pulcramente le daba una idea de…

¡Él no era un sirviente! La joven tragó saliva al percatarse de su error.

¡Pero la culpa era de él! Sí, porque las veces en las que se habían visto él lucía en camisa y para nada se veía de un rango superior.

Se alegró. Si él era de su misma clase social podría tener un amigo más allá de Nicky.

Tal vez, todo había sido para bien… Recordó el beso y se puso colorada hasta las cejas.

Gordon malinterpretó cada gesto que examinaba en ella.

Su amigo Nicholas hablaba sobre no sé qué cosas, pero él estaba más interesado en la joven que permanecía muda, pero que expresaba muchas y variadas reacciones ante su presencia.

Ese rubor que una vez encontró adorable le dio ganas de gritar.

Así que, la muy pícara se avergonzaba de que él los hubiera sorprendido…

¿pensaría también que podía haberlo atrapado a él?

¡Qué tontería! Gordon desechó ese pensamiento porque ninguna mujer lo había mirado dos veces.

―Lord Latimer ―repitió Nicky al ver que su amigo no se movía.

Gordon bajó la vista y vio la mano de ella desplegada ante él. Era una presentación formal… ¿con una sirvienta? Inspeccionó la ropa de la joven que lo tenía embelesado y…

―¿Eres una dama? ―Nada en este mundo hubiese podido evitar que él hiciese esa pregunta. Pero de lo que no fue consciente fue de que la había hecho en alto y fue una equivocación. Nicky había cambiado la actitud de cordialidad y desenfado a una postura rígida.

―Por descontado que lady Issabella es una dama. Te acabo de decir que es mi hermana. ―Gordon repasó la conversación. ¿Nicky se lo había dicho? Pudiera ser, sin embargo, su atención y sus facultades estaban en otros asuntos.

―Sí, por descontado. Milady ―la saludó dando un discreto beso que recibió su guante de seda blanco.

―No preguntaré a qué responde todo esto, porque conociendo a mi hermanita ―puso especial énfasis en esta palabra―, puedo asegurar que no me gustará lo que oiga.

Así pues, las presentaciones han sido hechas y no hay más que hablar…

porque no hay más que hablar, ¿verdad? ―Miró directamente a su amigo con una ceja alzada.

―Tu argumento es válido.

―Entonces, mejor que Amber no nos haya sorprendido. Por cierto, ¿dónde está?

―Ahí viene ―señaló Issabella la parte alta de la escalera.

La elegancia, el porte, la belleza de su hermana mayor era tan envidiable…

La joven desvió la vista un instante para observar la reacción del recién descubierto lord Latimer.

Desde luego, estaba maravillado. Regresó la mirada a Amber y la vio hacer una mueca que pasaría inadvertida para quien no conociese a la mayor de los duques, no así para Issabella y Nicky.

―Amber, te recuerdo que esta es mi casa.

―Tu futura casa ―rebatió ofendida la dama cuando llegó a la altura de los que la esperaban.

―Soy el responsable de esta familia y no permitiré que se me falte al respecto.

¿Lo comprendes? ―Nicky no quería explayarse más en lo que le estaba pidiendo ante su invitado.

La noche de antes había percibido que Gordon no le era simpático, e incluso lo ridiculizó sin que el pobre se diera cuenta… o si captó los insultos no dijo nada.

―Desde luego. ―Así fue como ella puso una falsa sonrisa en su rostro y tendió la mano a ese petimetre que pretendía sacudirse de encima en cualquier ocasión.

Todos pasaron al gran salón en un ambiente extraño.

Issabella temía que el invitado la delatase, Nicky, que Amber ofendiera a Gordon, este último estaba todavía examinando las connotaciones que tenía la revelación de la identidad de la joven, y, por su parte, Amber atendía al comportamiento de su hermana menor esperando que no la defraudase.

Una conversación educada, civilizada, donde se hizo referencia al tiempo, a las costumbres londinenses y a lo poco patriótica que seguía siendo la decoración francesa, entre otros puntos, coparon los temas de discusión.

Cuando la cena terminó los hombres pasaron a otro salón para disfrutar de un buen licor y un cigarro. Por descontado, solo Nicky fumó.

Las mujeres se despidieron. Cada cual se marchó a su habitación. Sin embargo…

―Issabella. ―La joven suspiró. El tono que Amber había utilizado para frenar su acceso a la habitación le informó que algo no era correcto.

―¿Hermana?

―No lo comprendo muy bien, pero el amigo de Nicky parece haber captado tu presencia. ―La vanidad de Amber estaba afectada por este hecho.

―¡Oh! ―exclamó sorprendida, pero a la vez contenta por tener un nuevo amigo.

―No hace falta que te comente lo inapropiado que sería alentar esa atención.

―No pretendo hacer nada semejante. ―Mentira. Ella quería amistad.

―Ese lord es de apariencia extraña y su título está muy por debajo de nuestro estatus. Nicholas no debió traerlo nunca.

―Muy bien, Amber ―asintió con la cabeza. Su hermana no iba a atender a razones. Una persona era más que posición o dinero, o, al menos, debería serlo. Nicky siempre estaba diciendo justo eso.

***

En ese momento, pero en otra estancia de la casa, Nicky y Gordon mantenían una conversación en términos similares.

―Tu hermana no me soporta ―señaló Gordon cogiendo la copa que su amigo le estaba pasando.

―¿Cuál de las dos? ―Levantó de nuevo la ceja. El pelirrojo se arrepintió de haber lanzado la apreciación.

―Conocí a lady Issabella en el campo.

―¿Estaba pescando?

―El gato se había subido a un árbol y la ayudé. ―No entraría en mayores detalles.

―No importa. Issabella es un espíritu libre. La que es insoportable es la que te lanzaba dagas durante toda la cena.

―¿También lo has notado?

―¿Percibiste las de ayer, amigo mío?

―Desde luego.

―Amber es compleja. Demasiado tiempo en compañía de mis padres. Creo que la han echado a perder. ―Nicky prefería el carácter de la menor.

―Supongo que mi aspecto tiene mucho que ver.

―Sí, no voy a mentirte. Me queda mucho trabajo que hacer contigo. Pero con Amber no se limita a eso solo. Si fueras duque ella no vería más allá de tu título.

―¡Por primera vez doy gracias por ser un simple barón! Tu hermana se ve muy dura. ¿Por qué no está casada? Y ya puestos, ¿cuándo hiciste la presentación de lady Issabella?

―Amber irá a Londres esta temporada y confío en deshacerme de ella lo más rápido posible, pero con su carácter…

―Sí, creo que habrás de obrar un buen milagro a no ser que encuentres a un hombre que únicamente quiera algo bello y de buen pedigrí que engendre a sus vástagos.

―Creo que no será demasiado difícil, pues.

―¿La entregarías a semejante ser?

―Ella estará encantada con esa situación, no te apures. Amber es así. Mi madre la moldeó a su imagen y semejanza. Fue una suerte que la pequeña no haya conocido al monstruo. La duquesa es mucho peor que Amber.

―¿Qué planes tienes para con Issabella?

―¿Issabella?

Gordon intentaba no olvidar el título de la dama, pero…

― Lady Issabella, disculpa.