CAPÍTULO 25 #3
Willow sintió que se quedaba sin aliento.
—Jamás me casaría con él. El asco es demasiado fuerte.
Miles renegó entre dientes y puso la punta de la daga bajo la barbilla de Arran.
—Y si no te hubieras escapado, este maldito guerrero y toda su puñetera familia podrían haber sobrevivido.
La joven estaba completamente sin palabras.
Ya había aceptado la muerte de su hermano bajo la daga de su primo, pero que reconocieran ahora que también habían hecho lo mismo con sus padres era algo que no sabía cómo encajar.
No estaba preparada para escuchar esas palabras y se las había tragado sin miramientos.
—Quienes merecéis la muerte sois vosotros, no ellos —les dijo cuando encontró la voz.
Y mirando a Arran, volvió a sentir el inmenso amor que tenía en su pecho por él, pero también el miedo por perderlo y por hacer que todos los demás murieran por su culpa. Por ello, sabía que debía armarse de valor y ayudarlo de nuevo tras el pacto que hicieron.
—Haz aquello que no pudiste hacer meses atrás y por lo que te dejaste caer al pozo —le dijo al tiempo que escuchaba un ligero susurro a su espalda—. No llegaste a tiempo para salvarlo a él, pero aún puedes salvar a los demás. Ya no estás solo.
—Pero ¿qué dices, muchacha? —preguntó su tío de mala gana.
Willow hizo caso omiso a las palabras de Cole.
—Ellos han venido a ayudarte —afirmó con seguridad.
Y a pesar de la mirada de incomprensión de Arran, detrás de Willow apareció casi una veintena de guerreros Chattan.
Con una sonrisa, la joven se apartó para dejarlos entrar y, sin esperar a que los Fraser pudieran reaccionar, Arran hizo un movimiento rápido con la mano para apartar la daga que reposaba sobre su cuello.
Como pudo, se la arrebató al primo de la joven y lo rodeó para cambiar las tornas.
A pesar del dolor de su hombro y la sangre que goteaba de la herida de esta, Arran puso la daga en el cuello de Miles, que casi gimoteó por el terror que sintió entonces.
Los guerreros de Rowan entraron en el salón y rodearon al resto, tapando todas las posibilidades de escape de estos.
—Suelta a mi hijo… —exigió Cole.
Arran sonrió.
—Vaya, cómo cambian las cosas cuando eres tú al que amenazan… Nos habríais matado sin parpadear de no ser porque han llegado a tiempo nuestros guerreros. ¿Y ahora quieres que suelte a tu hijo?
—Haré lo que quieras —le dijo Cole.
Pero esta vez fue Willow la que se adelantó y lo miró a los ojos.
—Mi hermano seguramente también suplicó por su vida y no lo dejasteis vivir. Te recuerdo que solo tenía quince años… Él no había hecho nada, pero vosotros tenéis las manos llenas de sangre.
Cole rugió y dio un paso hacia ella, pero Arran se interpuso para protegerla y pinchó ligeramente la base del cuello de Miles, que gimoteó como un niño.
En ese momento, Rowan dio un paso al frente:
—Como ya te he dicho anteriormente, Fraser, en las Highlands tenemos nuestras propias normas. Y si alguien se atreve a venir a nuestro castillo a insultarnos y amenazarnos, no esperamos la llegada del rey.
—¿Nos vais a matar a sangre fría? —vociferó Cole.
—¿A sangre fría? —vociferó Arran—. Vuestras manos están llenas de sangre y habéis estado a punto de derramar la nuestra.
—¡Vosotros nos habéis mentido! Teníais a mi sobrina entre vosotros.
Rowan sonrió de lado.
—Tú buscabas a una Sutherland entre nosotros, pero Willow ya no tiene ese apellido.
Arran sonrió al ver la sorpresa en el rostro de Cole.
—Willow ahora es parte de nuestra familia y es mi esposa —le aseguró—. Nuestro deber ahora es vengar todo el daño que le habéis hecho. Y eso se paga con la muerte.
—Sois unos desgraciados —vociferó Cole con el terror dibujado en la cara.
—Puede que lo seamos, pero, ante todo, somos Chattan y nosotros defendemos a los nuestros con la espada. Nos habéis querido hacer daño y este es vuestro castigo.
Y sin darle opción a replicar, Arran clavó la daga en la espalda de Miles, que lanzó un gemido de dolor.
—¡No! —gritó Cole lanzándose contra él.
Pero Arran empujó a Miles hacia él al tiempo que los demás se lanzaron a luchar contra los hombres del clan Fraser de Lovat.
Cole apenas tuvo tiempo de poder levantar la espada, ya que Rowan se lanzó contra él al ver que pretendía atacar a Arran, que estaba desarmado. Y, sin mediar palabra, se interpuso entre ellos, lanzando a su hermano pequeño hacia atrás y desviando la estocada que, claramente, habría herido a Arran.
—¡Te he abierto las puertas de mi casa y has estado a punto de matar a mi familia, desgraciado! —vociferó—. Lo único que mereces es la muerte. ¡Nadie amenaza a Rowan Chattan y queda con vida para contarlo!
Willow apartó la mirada cuando Rowan levantó su espada y describió un arco con ella para acabar con la vida de su tío.
El gran salón se llenó de llantos de dolor y muerte que rápidamente fueron silenciados por otro golpe de espada.
Ninguno de los hombres que habían llegado con intención de hacerles daño había sobrevivido al ataque, pero ella no quiso mirar sus cuerpos.
Willow dio un par de pasos hacia atrás, alejándose del olor que impregnaba cada rincón del gran salón.
Sin embargo, aquella visión rápidamente desapareció de su campo cuando Arran se lanzó hacia ella para abrazarla.
La estrechó con tanta fuerza entre sus brazos que logró arrancarle un gemido de dolor.
—Me vas a romper una costilla, Arran —dijo como pudo.
El guerrero dejó escapar el aire lentamente.
—No te imaginas el miedo que he pasado al creer que podrían matarte. ¿Por qué demonios no te has quedado arriba?
Willow sonrió y se apartó de él. La sangre de Arran había manchado su ropa, pero no le importó.
—Porque no he querido hacerlo. No iba a dejar que te entregaras por mí. ¿Crees que no me he dado cuenta de tus intenciones? Tienes unos ojos que hablan demasiado, al menos para mí.
Arran la señaló con un dedo.
—Te pienso atar a la cama lo que queda de año.
Willow se encogió de hombros.
—Lograría escapar igualmente.
Arran acabó sonriendo y la abrazó de nuevo.
—He pasado tanto miedo…
—Pero has logrado vencerlo, Arran. Y eso es lo importante.
—No lo he vencido. Ahora tengo más.
Willow rio.
—Te equivocas. Si no hubieras vencido el miedo, te habrías quedado paralizado. Y no lo has hecho. Has superado lo que aquel día no pudiste hacer por él.
Arran sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas y se separó de ella para besarla.
—¿Era necesario llevar nuestro pacto a este extremo? —preguntó al separarse de ella.
Willow sonrió y se encogió de hombros.
—¿Por qué no?
Arran se carcajeó y dibujó una expresión dolorida cuando movió el hombro malherido.
—Tienes que curar eso… Parece muy profunda.
Pero él no le respondió, sino que, levantando el brazo sano, la aferró de la barbilla y la atrajo hacia él para besarla nuevamente.
—Pues espero que tengas conocimientos de curación porque no voy a permitir que me cure nadie más a menos que lo hagas tú. Ese será mi castigo por no haberte quedado en el dormitorio.
—Si tus castigos son así, los acepto.
Arran rio y volvió a abrazarla. Gimió de dolor cuando su hermano Sloan le dio una palmada en la espalda.
—Ahora sois libres de vivir vuestra vida. Ya nadie podrá deteneros.
Arran asintió y se giró hacia él.
—No te imaginas lo agradecido que os estoy por vuestra ayuda.
—Esto no ha sido nada. He echado de menos una buena pelea. Esta gente no estaba a nuestra altura.
Su hermano sonrió y miró a su alrededor mientras estrechaba a Willow contra él.
Todo el peligro que les había rondado había acabado en ese mismo instante.
Por fin, y después de muchos meses, podría encontrar la paz que tanto había anhelado.
Nadie se iba a interponer en su camino, tenía a una mujer maravillosa junto a él y había logrado superar su miedo.
Y entre los guerreros del clan pareció volver a verlo como el día de su boda.
Al fondo del gran salón vio el mismo rostro que tenía él, como si mirara a un espejo.
Kester parecía observarlo desde el otro lado y le sonrió ampliamente.
Lo vio llevarse una mano al corazón y, sin perder la sonrisa, se desvaneció.
Con ojos llorosos y el corazón henchido de amor y orgullo, Arran sintió que las lágrimas corrían por sus mejillas.
Por primera vez en meses sentía que el peso de su espalda desaparecía, como si Kester se lo hubiera llevado con él.
—¿Qué ocurre? —preguntó Willow—. ¿Estás bien?
Arran asintió.
—Por fin soy libre. El fantasma de Kester se ha ido.