Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 25 #2
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CAPÍTULO 25 #2

—Nos lo han confirmado. Dijeron que estabais prometidos.

Arran frunció el ceño.

—¿Quién dijo eso?

Miles sonrió de lado, afeando su rostro por la cicatriz.

—Alguien que tú conoces muy bien y que nos dio recuerdos para ti y mi prima: Paul Graham.

El corazón de Arran se paró momentáneamente. La ligera sonrisa de sus labios se desvaneció de golpe entre su barba y una expresión ligeramente preocupada apareció en su rostro, provocando la risa de Miles.

—¿Qué pasa, Chattan, te ha sorprendido?

Rápidamente, Arran se obligó a pensar.

—Efectivamente, Graham nos conocía, pero había algo que no sabía, y era que Willow y yo hicimos un pacto para engañarlo.

Él la acosaba y solo quería que la dejara en paz.

Por eso, le mentimos diciendo que estábamos prometidos.

Pero cuando expulsaron a Graham del clan Sinclair, no volví a saber nada de Willow.

Cole rio suavemente.

—No mientas. Estamos seguros de que está aquí.

—Suelta a Gillian y hablemos civilizadamente…

Miles hizo un pequeño corte en la base del cuello de la joven.

—¡No lo haré hasta que mi prima salga de su escondite!

Arran suspiró al ver la expresión de terror en el rostro de su cuñada. Por eso, llevó sus manos al cinto y lo quitó de su cadera. Después, tiró su espada a un lado y abrió los brazos para acercarse a ellos.

—Entonces, te ofrezco un trato. Yo soy la única persona aquí que sabe dónde está Willow. Por eso, me cambiaré por Gillian. Suéltala y cógeme a mí en su lugar.

Miles meditó, pero negó con la cabeza.

Por ese motivo, Arran dio otro paso, quedándose a escasos dos metros de ellos. Al instante, se arrodilló y abrió aún más los brazos.

—Me tenéis desarmado y arrodillado. ¿Qué más queréis? Suéltala y os llevaré al lugar en el que la vi por última vez.

Miles miró a su padre y este acabó accediendo. El joven soltó a Gillian y la empujó hacia Rowan, que la abrazó, aunque sin perder la tensión al ver que ahora era su hermano el que estaba completamente a merced de sus enemigos.

Cole se acercó a él y se quedó frente al guerrero.

Por su parte, Miles lo rodeó y puso la daga en el cuello de Arran.

Este siseó al notar el leve pinchazo de la punta de esta contra la base de su cuello.

Estaba claro que con él no tendrían miramiento alguno para hacerle daño, pero al menos con eso logró salvar al resto de su familia.

—¿Dónde está mi sobrina?

—Fuera de estas tierras.

—El joven que nos informó sobre vosotros juró que estabais juntos.

—La dejé antes de atravesar estas tierras para regresar a mi hogar.

—¿La esconde el laird Sinclair?

Arran tragó saliva.

—Cameron no sabe absolutamente nada —mintió para defenderlo—. Ni siquiera tenía constancia de quién atravesaba sus tierras. No conocía a Willow.

—Entonces, ¿dónde está, maldita sea?

Cole aferró a Arran del pelo y tiró con fuerza hacia atrás, dejando a la vista todo su cuello. En ese instante, Miles aprovechó para abrirle una herida.

Al otro lado del salón, Sloan dio un paso al frente, pero al ver que los hombres de Cole levantaban sus espadas, Rowan puso una mano en su brazo y lo frenó.

—Mi hermano ya te ha confesado lo que sabe de tu sobrina. Ahora, déjalo en paz.

Cole miró a su espalda y chasqueó la lengua.

—Ha contado una parte, pero no me creo absolutamente nada.

—Ese ya es tu maldito problema, Fraser. Los Chattan no tenemos nada que ver en tu búsqueda. Si Arran jura que desconoce dónde está tu sobrina es porque realmente no lo sabe.

Desde la puerta, escondida tras esta, una de las sirvientas que había sido encargada para llevar algo de comer, observaba todo con atención.

Nadie de los allí presentes la había visto, pero Rowan, que estaba justo frente a ella, sí lo hizo y aprovechó un despiste de los demás para hacerle una señal.

La joven asintió y, rápidamente, se alejó de allí con la intención de avisar a los guerreros del clan mientras ellos ganaban tiempo para acabar con aquella amenaza.

—No me creo absolutamente nada de vosotros. Los Chattan sois unos embaucadores.

Miles se inclinó hacia Arran y lo miró a los ojos.

Desde esa posición incómoda, este arrugaba el rostro.

La daga laceraba su piel y la raíz de su pelo protestaba por la fuerza que empleaban para tirar de él.

Sin embargo, tenía su alma entregada a la muerte.

Hacía meses que su hermano se había dejado ir y él no sería menos para ello.

Kester había muerto con una sonrisa en los labios, y él haría lo mismo.

Por ese motivo, estos comenzaron a curvarse en una mueca graciosa.

—¿Te sigue haciendo gracia todo esto, Chattan?

—Sois vosotros quienes me hacéis gracia.

La perseguís no porque queráis hacerle pagar por las cicatrices de vuestro cuerpo, ni siquiera por la herencia que ganaríais cuando ella muera, sino porque tenéis miedo de que todo el mundo se entere de que fuisteis derrotados por una mujer indefensa y porque teméis que ella cuente en la corte que matasteis a su hermano a sangre fría.

Tenéis miedo de lo que puedan decir de vosotros y lo que el rey pueda haceros después de esto.

Tenéis miedo de Willow porque ha demostrado que es mucho más poderosa que vosotros al tener información que podría llevaros directamente al cadalso.

—Y no hay nada más peligroso que una mujer desesperada que solo busca salvar al hombre al que ama.

La voz de Willow irrumpió en medio del gran salón, provocando un leve murmullo entre los allí presentes. Cole levantó la mirada hacia la puerta y sonrió levemente. Soltó el pelo de Arran mientras su hijo obligaba al guerrero a girarse hacia la puerta.

En el momento en el que Arran puso la mirada sobre Willow, esta supo que no le perdonaría el hecho de haberse expuesto de esa manera.

Vio su ira reflejada en sus ojos del color del acero, pero no le importó.

Haría lo que fuera para salvarlo de la misma forma que él se había arrodillado para entregarse en su lugar.

Había salido del dormitorio minutos después de Arran con la intención de seguirlo y saber qué estaba pasando. Ella también pensaba que no era normal la tardanza de Morag para avisarlos y había visto las intenciones de Arran en sus ojos antes de que este abandonara el dormitorio.

Iba a entregarse.

Lo sabía y había decidido negarse a ello.

Por eso había esperado el momento propicio para entrar.

Se había cruzado con una de las sirvientas y esta le dijo que iba a avisar al resto de guerreros, por lo que las cosas en el salón estaban a punto de llegar a su fin, tan solo hacía falta ganar tiempo para que los hombres llegaran para enfrentarse a ellos.

—¡Vete de aquí, Willow! —vociferó Arran con vehemencia.

Pero la joven negó con la cabeza.

—No voy a dejar que te maten por mi culpa. Ya lo hicieron con Andrew.

Su tío sonrió de lado.

—Haces bien en temernos, sobrina.

—Me sorprende que no niegues tu implicación en la muerte de mi hermano. Pensaba que lo harías al instante.

Cole se encogió de hombros.

—Yo no lo maté realmente. Sí es cierto que le pedí a tu primo que lo hiciera.

Miles sonrió de lado, provocando que la misma ira que sintió Willow años antes surgiera de nuevo.

—¿Lo echas de menos, prima? Te preparé un buen espectáculo…

La joven apretó los puños. Se dijo que no podía dejarse llevar por la ira, pues la punta de la daga seguía en el cuello de Arran.

—Te equivocas, primo. El mejor espectáculo lo hice yo en tu rostro.

Arran no pudo evitar sonreír al ver el fiero carácter de la joven, aunque su risa quedó aplacada al instante cuando la daga de Miles hizo una profunda brecha en su hombro.

—Ten cuidado con lo que dices, prima, o tu querido guerrero morirá por tu culpa, como tu hermano.

Willow dio un paso al frente y acortó más la distancia, provocando que Arran se pusiera nervioso e intentara soltarse, pero se ganó un golpe de Miles en la herida de su hombro. El guerrero gimió de dolor y clavó su mirada en su esposa.

—Vete de aquí, Willow. Me matarán igualmente.

—No si yo puedo evitarlo.

Arran rugió.

—¡Márchate! No puedo dejar que te lleven con ellos, ¿no lo entiendes?

La joven tragó saliva y respiró hondo para intentar mostrarse tan calmada como solía hacer cuando lo conoció.

—Tú y yo hicimos un pacto hace tiempo. Tú me protegerías y yo te ayudaría a sanar lo que pasó con Kester.

¿Sabes qué te queda por hacer? Aprender a gestionar el miedo a la pérdida.

En el momento en el que sanes eso en tu corazón, serás invencible, Arran.

Y es ahora cuando debes solucionarlo si quieres que sobrevivamos todos.

El guerrero negó con la cabeza e intentó levantarse, pero Miles volvió a abrirle una herida. A pesar de que sus hermanos y Morag intentaron moverse, los guerreros de Fraser se interpusieron, impidiéndoles el paso para poder ayudarlo.

—¡No, Willow! —se enfureció—. ¡Vete!

La joven negó con la cabeza y se mantuvo quieta en el sitio.

—Qué bonita pareja, ¿verdad, hijo?

—Sí, es una pena que mi querida prima tenga que morir.

Willow clavó la mirada en la cicatriz de Miles, que mantenía su rostro prácticamente hierático.

—Lo que siempre habéis deseado de mí era mi herencia. Podéis quedárosla.

Cole chasqueó la lengua.

—Nos la vamos a quedar, vivas o mueras. Y preferimos lo segundo.

Willow frunció el ceño.

—¿Tan fuerte es vuestra ansia de dinero que tenéis que matarme?

—No solo se interponía tu hermano o tú ahora mismo en nuestro camino, también tus padres.

Aquellas palabras de su tío hicieron que Willow estuviera a punto de derrumbarse en el suelo. La joven dio un paso atrás, pensando que había escuchado mal, pero la media sonrisa de su primo le indicaba que lo que había oído era totalmente cierto.

—¿Matasteis a mis padres? —preguntó Willow con un tartamudeo.

Cole sonrió de lado.

—¿De verdad pensabas que iba a sentir lástima por ellos tan solo porque éramos familia? No. Quería sus pertenencias y ellos eran un estorbo. Tu hermano también lo era y si tú no te hubieras negado a casarte con tu primo, no habrías tenido que morir.