CAPÍTULO 24 #2
—Yo no tengo por qué esconder a nadie en el castillo. Que yo sepa, la gente que conozco no ha hecho nada para tener que esconderse de nadie.
A pesar de la tranquilidad con la que respondió Rowan, la tensión creció en el ambiente.
Se dio cuenta de que, a su alrededor, las conversaciones habían disminuido hasta convertirse en susurros.
Y, después, en la nada. Los hombres de Cole parecían estar atentos a la conversación ahora que había llegado a su punto álgido.
¿Acaso estaban al tanto de que Willow estaba allí?
Su rostro mostró su habitual frialdad y oscuridad características que dejaba entrever a sus enemigos, pues los hombres que había allí se habían convertido en potenciales enemigos desde que habían cruzado el portón de la fortaleza.
—Es que, según lo que sabemos de este clan, erais cinco hermanos…
Rowan sonrió de lado.
—Y si lo sabías desde el principio, ¿por qué no has dejado de preguntarme?
Cole se encogió de hombros sin perder la sonrisa de autosuficiencia.
—Porque quería saber si me engañabas.
—¿Engañarte? ¿Por qué habría de hacerlo?
—Porque hay un hermano del que aún no me has hablado...
—¿Desde cuándo tengo la obligación de contarle a los invitados las vicisitudes de nuestra familia? —preguntó Rowan sin poder contenerse.
Ahora fue el turno de Sloan de rozarle suavemente la rodilla, incluso Gillian hizo lo mismo desde su asiento.
—No es una obligación, Chattan, pero, ya que te he preguntado, lo lógico es que me hables de él.
—Si no lo he hecho es porque la conversación ha ido por otros derroteros, incluida una amenaza implícita en tus palabras, algo que no le permito a nadie en mi hogar, ya sea aliado o no.
Cole dejó la copa de nuevo y se levantó de la silla para alejarse ligeramente de ellos al tiempo que se frotaba las manos.
El tío de Willow paró en el otro extremo de la mesa, justo frente a Rowan.
Había una distancia de unos cinco metros y, aun así, el laird era capaz de sentir con claridad el peligro que rezumaba Cole en ese instante.
—¿Dónde está tu hermano?
Rowan siguió sentado a pesar de que nunca le había gustado permanecer en esa postura si su interlocutor estaba de pie.
No obstante, no quería que la tensión en el salón fuera en aumento, especialmente después de cometer el error de haber invitado únicamente a sentarse a los hombres de Fraser y a nadie de los suyos.
Lo había hecho especialmente para evitar que los recién llegados se sintieran amenazados.
—Tengo la impresión de que me estás pidiendo explicaciones sobre algo —dijo lentamente.
El gesto en el rostro de Cole se volvió más oscuro y peligroso, pero Rowan no estaba dispuesto a que le ganara la batalla, por lo que imitó el gesto que siempre solía mostrar ante sus enemigos: salvaje y demoledor.
Si los Fraser de Lovat pensaban que iban a amedrentarlo con amenazas era porque no conocían la fama de Rowan Chattan.
—Solo quiero saber dónde está ese hermano tuyo. Si no me equivoco, se llama Arran…
—No, no te equivocas, Fraser. Se llama Arran. Y si no te he hablado de él es porque él mismo quiso alejarse de nosotros tras la guerra contra los Ross. Merecía un descanso y alejarse de aquí.
Miles también se levantó de la silla, pero se quedó en el mismo lugar que había ocupado.
—No has contestado a la pregunta…
—Sí, lo he hecho. He dicho que no está aquí.
—¿Y dónde está? —insistió Cole—. Todos parecéis callar algo de él.
—Lo que callamos es lo que mi propio hermano decidió sobre su vida. Quiso que lo olvidáramos por un tiempo, y así ha sido. No tengo que daros explicaciones sobre eso ni sobre nada más de él.
—En eso te equivocas, Chattan. Sí tienes que darme explicaciones sobre tu hermano.
En ese instante, Rowan se levantó y clavó las manos en la mesa, inclinando ligeramente su cuerpo.
—Te he abierto las puertas de mi casa dos veces a pesar de no habernos avisado de tu llegada; has bebido nuestro vino y, aun así, ¿tienes te atreves a reclamarme algo a mí?
Salvo el rey de Escocia, no hay nadie que pise esta tierra que tenga la potestad de exigirme nada.
Ten cuidado, Cole Fraser, que me temo que desconoces el camino por el que transitas.
O caminas a mi lado o contra mí. Y, si eliges la segunda opción, puede que pierdas algo más que una mano. Yo también sé amenazar…
—Tu hermano estaba entre los Sinclair —comenzó diciendo Cole desde el otro lado de la mesa.
El tono de su voz había cambiado radicalmente, convirtiéndose en algo más profundo, salvaje y amenazante.
—Si ya lo sabías, ¿para qué preguntas?
Cole dio un manotazo sobre la mesa.
—¡Para ver hasta dónde sois capaces de llegar con las mentiras!
En ese momento, tanto Sloan como Morag se levantaron de sus asientos para encararlos. Gillian, en cambio, se quedó sentada con gesto preocupado.
—¿Estás llamando mentiroso al laird de los Chattan? —preguntó Morag.
—Es una acusación muy grave.
—¡Estáis protegiendo a un maldito delincuente!
—¿Qué has llamado a mi hermano? —intervino Sloan.
—¡Delincuente! —repitió Cole—. Y podría decirle cosas peores.
—Él no ha hecho nada —afirmó Rowan con vehemencia.
Cole rechinó los dientes.
—Tu hermano es un maldito desgraciado que ha jugado conmigo.
—No sabía que os habíais cruzado en el camino…
—¡Y no nos hemos cruzado! Pero se ha llevado a mi sobrina del clan Sinclair.
—¿Qué te hace pensar eso?
Cole lo miró con una expresión tan segura de sí mismo que el propio Rowan temió que alguien hubiera visto a su hermano y a Willow juntos. Y las siguientes palabras del recién llegado se lo confirmaron.
—Unos jóvenes del clan Sinclair se cruzaron en nuestro camino.
Después de confirmarnos que tu hermano tenía una relación con mi sobrina, nos contaron que los habían expulsado del clan por su culpa, así que no hay duda de que tu hermano se ha llevado a mi sobrina del clan Sinclair porque allí me confirmaron que no había nadie con ese nombre en sus tierras.
De reojo, Rowan descubrió que Sloan se estaba llevando la mano a la empuñadura de la espada, preparándose para atacar.
Sin embargo, él no estaba dispuesto a que el gran salón del castillo se convirtiera de nuevo en un lugar donde corriera la sangre, pues tan solo estaban ellos cuatro contra el resto de hombres de Cole.
—Entre estos muros no hay nadie con el apellido Sutherland o Fraser de Lovat. Me temo que la persona que te informó lo hizo mal.
Cole dio otro manotazo sobre la mesa.
—Estaban muy seguros de lo que hablaban, Chattan. Tu hermano es el que se llevó a mi sobrina. Entregádmela y no os pasará nada.
Rowan frunció el ceño.
—¿Vuelves a amenazarnos, Fraser? Los Chattan no somos personas que dejen pasar una amenaza de esas características.
—No lo parece, pues aún no me has dicho dónde está tu hermano.
Tanto Sloan como Morag se posicionaron al lado de Rowan, encarando al resto de guerreros y dispuestos a entrar en batalla en cuanto Rowan diera la orden.
—No tengo la obligación de hacerlo, y menos cuando no conozco a nadie con el apellido Sutherland.
En ese momento, Gillian decidió levantarse de su asiento para ponerse tras Rowan, pues la situación en el salón se estaba caldeando y, si seguían así, no quería estar en medio de una batalla para la cual no disponía de una espada.
Sin embargo, la ira que sentía Miles en ese instante explotó en su interior, harto de que los Chattan parecieran estar riéndose de ellos.
Por ello, cuando la vio levantarse de su asiento, él hizo un movimiento rápido, desenvainó su daga y la aferró del brazo, tirando sin miramientos de ella para acercarla a él.
Gillian trastabilló y cayó irremediablemente en sus brazos.
Uno de ellos la rodeó y el otro puso la daga en su cuello.
Al instante, tanto Rowan como Sloan y Morag desenvainaron las espadas, movimiento que imitaron los hombres de Cole.
Este sonrió ampliamente al ver que estaba ganando la batalla contra ellos.
Estaba seguro de que su sobrina estaba en ese castillo, y no se marcharía de allí sin ella, aunque tuviera que derramar la sangre de la esposa del laird del clan Chattan.