Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 23 #2
92%

CAPÍTULO 23 #2

—Sea lo que sea, es un embaucador —les advirtió la joven—. Siempre aparece con sonrisas y buenos modales, pero mientras él sonríe, su mano derecha, que es mi primo, se llena las manos de sangre. No podéis fiaros de ellos.

Rowan asintió.

—Lo sé, por eso tenía un plan en mente por si se presentaba aquí sin intención de levantarse en armas contra nosotros.

Sloan dio un paso adelante.

—Yo estaba en las murallas cuando ha llegado y no parecía mostrarse enfadado por nada. Al contrario, nos ha sonreído y ha pedido ver al laird con demasiada amabilidad.

—Por eso pienso que no sabe aún que Willow está aquí. Seguramente, volverá al sur y pedirá asilo para descansar.

—No me fío —dijo Arran con el ceño fruncido—. Yo he tenido la oportunidad de mirarlo a los ojos de cerca y estoy con Willow. Es un ser demente que tan solo muestra una sonrisa para conseguir lo que desea.

Rowan suspiró y rodeó a Gillian, que se había mantenido al margen, para aproximarse a su hermano.

—Hasta ahora, todo son elucubraciones nuestras.

Realmente, no sabemos a qué viene. Por eso, he pensado en algo.

Si te ha visto en el clan Sinclair, lo mejor es que te quedes junto a Willow en vuestro dormitorio y no salgáis de allí.

Sloan será nuestro comunicador. Irá a informaros de todo lo que suceda y si, como pienso, nos pide asilo, no puedo negarlo, por lo que tendréis que quedaros en el dormitorio hasta que se marchen.

Alguien del servicio os llevaría la comida y el agua para el aseo.

Arran y Willow se miraron entre ellos con cierto aire preocupado, pero fue la joven la que habló:

—A mí me parece buena idea. Si mi tío y mi primo se quedan en el castillo, no tiene por qué saber que estamos aquí.

Arran suspiró.

—Está bien —cedió—. De todas formas, una vez que crucen el portón no tendremos oportunidad alguna para salir del castillo porque sus hombres reconocerían a Willow. Subiremos a nuestro dormitorio, pero quiero que nos expliquéis todo.

Gillian se adelantó.

—Entonces, seré yo quien os informe de todo. Seré menos llamativa que Sloan. Si él se aleja de los recién llegados, podría levantar sospechas. Yo soy la dueña del castillo y, supuestamente, tengo tareas que atender con el servicio, así que podré ausentarme.

—Yo te ayudaré —se ofreció Morag con una sonrisa.

Arran asintió.

—De acuerdo. Gracias a todo el mundo.

Rowan le dedicó una sonrisa y le apretó el hombro.

—Os defenderemos de lo que sea, hermano. Estad tranquilos.

Tanto Arran como Willow se despidieron y deshicieron el camino nuevamente hacia su dormitorio.

Cuando los cuatro se quedaron junto a la puerta de salida, Rowan miró a Gillian y Morag.

—Id al gran salón. Si deciden entrar a hablar, los llevaremos directamente allí junto a sus hombres para que no pululen por el castillo.

Las mujeres asintieron y los dejaron solos. En ese momento, Sloan suspiró y se llevó las manos a las sienes.

—¿Tu primer plan de la mañana era dormir?

Sloan miró a su hermano y chasqueó la lengua.

—La verdad es que sí. No imaginaba que después de una noche a la intemperie tendría que aguantar a ese petimetre del infierno.

Rowan le dio una palmada en la espalda.

—Venga, será por una buena causa.

—Estoy un poco cansado de eso.

Rowan rio mientras salían del castillo.

—¿Y que esa buena causa sea para nuestro hermano pequeño no te anima a hacerlo?

—Daría uno de mis brazos por volver a verlo sonreír —admitió—. Pero si te atreves a decírselo cortaré uno de los tuyos.

Rowan sonrió y avanzó hacia sus hombres.

—Se están empezando a poner nerviosos —dijo Nicolas al llegar a ellos—. No entienden por qué no les abrimos el portón.

—Hacedlo… Veamos a ver qué quiere este petimetre…

Rowan y Sloan se quedaron quietos a un lado del castillo, dejando el resto del patio libre para los caballos que estaban a punto de entrar. Como si la fortaleza fuera suya, Cole y Miles entraron con la espalda recta y mirando a un lado y a otro con gesto asqueado y por encima del hombro.

—No sabía que en sus tierras tenían la costumbre de meterse un palo por el culo… —murmuró Sloan sin apartar la mirada del gesto de los recién llegados.

Con una sonrisa casi escondida bajo la barba, Rowan lo miró de reojo.

—Hasta hace poco, eras tú el que lo tenía metido hasta el fondo.

Sloan lo miró con mala cara e ignoró la risa de su hermano.

—Bienvenidos una vez más a nuestro hogar, Fraser —dijo Rowan a modo de bienvenida.

Cole sonrió falsamente y se acercó a él mirando a un lado y a otro sin disimulo alguno, como si estuviera buscando a alguien en cualquier rincón de la fortaleza.

—Muchas gracias, Chattan. Estaba comenzando a pensar que no queríais abrirnos vuestras puertas.

Rowan sonrió con falsa amabilidad y le estrechó la mano.

—¿Por qué no íbamos a abrir la puerta? Supongo que te habrán informado que estaba aún durmiendo.

—Ya ha entrado un nuevo día, Chattan.

Rowan asintió.

—Sí, pero últimamente estoy un poco aquejado de fuertes dolores de cabeza. Lamento si os he hecho esperar.

A su lado, Sloan tuvo que serenarse y fingir frialdad cuando lo que más deseaba era arquear sus cejas e intentar descubrir cómo su hermano mayor era capaz de mentir tan descaradamente y que no se le notara en absoluto, puesto que él era incapaz de hacer algo así.

—Lo siento, Chattan. No pretendía molestarte.

—Tranquilo. Siempre es bueno recibir aliados.

—Me alegra que digas eso porque el motivo por el que estoy aquí es porque regreso ya a mis tierras y estamos demasiado cansados.

—¿La búsqueda de tu ahijada no ha sido fructuosa? —preguntó Rowan equivocándose a propósito para disimular.

Cole negó con una sonrisa.

—No era mi ahijada, sino mi sobrina.

—Sí, disculpa. No lo recordaba bien.

—No pasa nada, Chattan. Me gustaría saber si en tu mesa hay un plato de caldo caliente para el mediodía antes de que podamos iniciar la marcha de nuevo.

Rowan sonrió y asintió, haciéndose a un lado para dejarlos entrar.

—Por supuesto. Adelante. Tus hombres y tú sois bienvenidos en nuestro castillo.

—Lo sé —respondió Cole con autosuficiencia mientras entraba en la fortaleza.

Y cerrando la marcha, Rowan y Sloan se miraron entre ellos con preocupación.

Vieron cómo Cole no dejaba de mirar a un lado y a otro, y lo que parecía rodear al hombre llenó el espacio del pasillo, impregnando cada rincón del mismo con un aura peligrosa que tanto el laird como su hermano pudieron sentir al instante.