CAPÍTULO 23
Tres días después, el día amaneció cubierto de nubes negras.
Willow fue la primera en levantarse después de una noche de pasión en la que Arran le dedicó todo el tiempo del mundo para amarla y demostrarle todo lo que sentía por ella.
Sin embargo, a pesar de que su corazón palpitaba de amor y deseo por él, cuando Willow se asomó por la ventana y vio el tiempo, sintió algo extraño en su pecho.
La joven miró hacia la cama, donde Arran aún dormía. Verlo descansar tan plácidamente la llenó de amor, pero en el momento en el que su mirada volvió hacia el exterior casi pudo sentir el peligro. Los primeros rayos de luz asomaban por el horizonte, pero el día ya amenazaba con ser peculiar.
A pesar de la oscuridad aún reinante fuera de allí, Willow logró distinguir a los guerreros apostados en la muralla que vigilaban los alrededores durante la noche y que parecían estar demasiado tranquilos.
Sin embargo, en el interior de Willow rondaba algo extraño.
Se preguntó cuántos de ellos estuvieron en el ataque al castillo cuando Kester murió y cuántos de ellos habrían perdido a un ser querido como Arran había perdido a su hermano.
Pero en ese momento no quería centrarse en el extraño sentimiento que había en su pecho, por lo que regresó junto a la cama y se sentó en el borde para mirar a Arran mientras dormía.
Su esposo. Aún le parecía raro llamarlo así, pues había ocurrido tan deprisa y casi sin darles tiempo para pensar que esa palabra aún le sonaba entraña en sus labios.
No obstante, ambos sabían que habrían acabado casados de no ser porque su tío la perseguía y la buscaba por el apellido Sutherland.
Willow levantó una mano y comenzó a acariciar la espalda de Arran.
Este se encontraba tumbado bocabajo con la cara mirando hacia ella y tenía un aspecto tan armonioso que su corazón se llenó de amor.
La expresión en el rostro de Arran parecía casi infantil.
La serenidad que le daba el sueño aplacaba el rostro endurecido por las calamidades de la vida, así que podía ver un aspecto mucho más joven de él.
Sus dedos recorrieron su espalda lentamente.
Comenzaron a ascender mientras acariciaba su piel y observaba las cicatrices que poseía por los años de incontables luchas entre clanes.
Sin embargo, a ella le parecían algo verdaderamente hermoso, pues no solo indicaban el recuerdo de algo terrible, sino también las experiencias de la vida, la fortaleza que sacó de ellas y la memoria de que aún seguía vivo.
Willow ya no imaginaba una vida sin él. Durante dos años había sobrevivido de forma inexplicable, completamente sola y sin ayudas de ningún tipo.
Pero desde que estaba con él tenía la impresión de que podía relajarse un poco y compartir el peso que cargaba a su espalda.
Ya casi había olvidado lo que se sentía al tener a alguien a tu lado con quien compartir tus cuitas, y que apareciera Arran en su vida había sido un auténtico regalo del destino.
La joven respiró hondo y soltó el aire lentamente.
Frente a ella, Arran gimió, despertando poco a poco, tras sentir sus dedos contra su piel.
Y en el momento en el que el guerrero abrió los ojos y la encontró sentada en la cama, observándolo y acariciándolo, no pudo evitar esbozar una sonrisa aún adormecida.
—¿Qué haces levantada? —le preguntó con la voz ronca por el sueño—. Aún es temprano.
—Me he despertado y ya no podía dormir.
Arran se movió y se puso bocarriba con los brazos abiertos para recibirla.
Sin poder resistirse, Willow se tumbó junto a él y apoyó la cabeza en su hombro al tiempo que enredaba las piernas con las del guerrero.
Este los arropó de nuevo y cerró los ojos unos instantes, disfrutando de ese momento de calma junto a su esposa.
—¿Hay algo que te preocupa?
Willow dudó.
—No, aunque… después de mirar por la ventana y ver esas nubes negras… No sé, no me hagas caso, pero he sentido algo extraño que no me ha gustado.
Arran la rodeó con sus brazos y la estrechó con fuerza.
—No voy a permitir que te hagan daño. Además, tu primo ya no puede reclamarte como esposa. Nuestro matrimonio está oficiado con la presencia de un sacerdote y lo hemos consumado. Nadie en su sano juicio se atrevería a reclamarte.
Willow acarició su pecho distraídamente.
—Tal vez como esposa no pueden reclamarme, pero sí como alguien que intentó asesinarlos.
—Igualmente, te protegeremos.
—¿Y si mi tío pide ayuda al rey?
Arran rio suavemente.
—Antes de que tu tío llegue a la corte, lo encontrarán con el cuello rajado en mitad de un camino.
Las cosas en las Highlands funcionan de otra manera a como piensa tu tío.
Aquí no llega con facilidad la influencia de la corte.
Vivimos bajo el mandato de un mismo rey, sí, pero tenemos nuestras propias normas.
—Ya, pero no puedo evitar preocuparme.
—Pues no lo hagas. Vive, simplemente.
Arran la empujó hacia el colchón y la cubrió con su cuerpo. En esa postura, la miró a los ojos y sonrió. Aun con el pelo revuelto y descolocado sobre las sábanas era verdaderamente hermosa.
—Lo que debe preocuparla ahora, señora Chattan, es cómo salir del embrollo en el que se ha metido porque este hombre no piensa dejarla salir de aquí sin haberla hecho suya de nuevo.
Willow acabó por esbozar una sonrisa y comenzó a acariciarlo. Arran estaba completamente desnudo y podía sentirlo por completo contra su cuerpo después de que el camisón se le subiera hasta la cadera.
—Podría gritar, señor Chattan.
Arran chasqueó la lengua y negó con la cabeza.
—Pero tú no quieres gritar —le dijo contra sus labios, antes de morderle el inferior—. Quieres otra cosa.
—¿Y cómo sabes lo que quiero?
—Lo sé porque me lo dice tu cuerpo, porque no me has apartado y porque puedo oler tu deseo.
—Te equivocas. Yo no siento deseo por ningún lado.
Arran sonrió y comenzó a descender por su cuerpo.
—Espera, creo que el deseo está por aquí abajo…
Willow rio, pero la carcajada se quedó atascada en la garganta cuando sintió los labios de Arran contra su entrepierna.
La joven arqueó la espalda y dejó escapar un gemido de placer.
Llevó sus manos contra la cama y se aferró a las sábanas con fuerza, incapaz de contener otro gemido que guardaba en su garganta.
—Creo que he llegado bien a la zona de deseo.
Willow esbozó una sonrisa y, con las mejillas totalmente sonrojadas, levantó la cabeza para mirar a Arran. Este la observaba con una sonrisa pícara y llena de pasión; esa misma que ella no podía esconder.
—Es usted demasiado pecaminoso, señor Chattan. Tendré que avisar al sacerdote.
Arran se carcajeó.
—No, por favor. Tuve suficiente el otro día con la boda.
Willow rio y en el momento en el que Arran volvía a descender su cabeza para volver a besarla en aquella zona tan íntima, unos nudillos llamaron con insistencia a la puerta.
Ambos se miraron entre ellos, pero Arran hizo un gesto, restándole importancia.
—Nadie va a interrumpirnos ahora —susurró.
El guerrero besó el muslo de Willow y comenzó a descender, pero al otro lado de la puerta volvieron a llamar con la misma insistencia, obligándolos a parar.
—Tal vez es importante —sugirió Willow incorporándose en la cama.
De nuevo, la misma preocupación que había sentido mientras miraba el horizonte a través de la ventana volvió de nuevo a su pecho. Sabía que algo debía ocurrir para que fueran a molestarlos a una hora tan temprana.
—Maldita sea… —gruñó Arran levantándose de la cama.
En ese momento, Willow lo vio acudir a la puerta completamente desnudo y el miembro tan erecto que no podría pasar desapercibido.
La joven estuvo a punto de pararlo para ser ella quien saliera a recibir a la persona que llamaba desde el otro lado, pero a Arran pareció no importarte en absoluto la situación en la que se encontraba.
—¡Hermano!
La voz de Sloan lo llamó desde el otro lado de la puerta.
—¡Ya voy! —exclamó Arran con la mano levantada para mover el pomo. Y, de mala gana, preguntó—: ¿Qué ocurre?
Sloan abrió la boca para responder cuando la puerta se abrió para dar paso a un desnudo Arran. Al instante, renegó entre dientes y desvió la mirada, llevándose una mano a los ojos para apretar con fuerza.
—Por Dios, ¿no podías haberte puesto algo?
Desde su posición, Willow se tapó con las sábanas todo lo que pudo, aunque sabía que Sloan no la vería, pues Arran apenas había abierto la puerta más que para mostrarse él.
—Parecías tener mucha prisa —se quejó Arran—. Y, lógicamente, me has pillado…
—¡Ya sé cómo te he pillado, por Dios! ¡Qué imagen!
Arran no pudo evitar sonreír al ver la incomodidad de su hermano, pero Sloan se obligó a reponerse rápidamente y carraspeó para comenzar a hablar, aunque sin mirarlo.
—Tenéis que bajar rápidamente.
—¿Por qué? —preguntó el guerrero.
—Porque tenemos visita a las puertas del castillo.
Y cuando Sloan sí se atrevió a girar la cabeza hacia él, Arran lo entendió perfectamente. Supo lo que quería decir con tan solo esa simple mirada.
—No puede ser…
—Sí. Cole Fraser de Lovat acaba de llegar ante nuestras puertas.
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Tres minutos les bastaron a Arran y Willow para vestirse y correr hacia el piso inferior del castillo. En el pasillo principal se encontraba el resto de la familia con gesto preocupado y hablando en voz baja, como si temieran ser escuchados por el tío de la joven.
—¿Dónde está? —preguntó Arran colocándose el manto sobre el hombro.
—Aún no lo hemos hecho pasar —le indicó Rowan—. Sigue en las puertas con la excusa de que tienen que avisarme y, supuestamente, sigo durmiendo.
Arran y Willow asintieron. La joven se retorcía las manos con fuerza y respiraba con cierta dificultad, ansiosa por lo que pudiera ocurrir si su tío atravesaba las puertas.
—¿Ha dicho qué quiere?
Rowan negó.
—No, pero no es normal que se pase de nuevo por nuestras tierras si va de regreso a las suyas. Aquí ya preguntó si sabíamos algo de Willow, por lo que no vendrá a preguntar por ella nuevamente.