CAPÍTULO 22 #2
Se trataba de un vestido de color verde oscuro.
La tela parecía ser aterciopelada. Mostraba un pequeño escote cuadrado con un ribete de color plata que era precioso.
En los costados del vestido, los cordones de oro apretaban la silueta de la joven, ensalzando el cuerpo de Willow a cada movimiento que hacía para acercarse a él.
La falda era voluminosa y arrastraba ligeramente por el suelo, mostrando los ribetes plateados de los bajos de la misma en los que se podía ver cardos escoceses bordados.
De su hombro colgaba un manto con los colores del clan Chattan, al que estaba a punto de unirse para adquirir su apellido y soltar el suyo con la intención de salvarse.
Willow sonrió al ver que Arran se quedaba estupefacto ante ella. Cuando llegó a su altura, el guerrero le tomó una mano y depositó un beso sobre ella sin apartar su mirada de los ojos de Willow, que estaba visiblemente emocionada.
—Estás realmente hermosa —susurró.
Willow sonrió, sin poder evitar sonrojarse.
—Gracias. Tú también.
Arran le guiñó un ojo, pero la voz del sacerdote los interrumpió.
—¿Se te ha olvidado que tengo que dar una extremaunción, jovencito?
Arran lo miró con una sonrisa y cuadró los hombros.
—La verdad es que no. Lo ha repetido tantas veces que ya tengo curiosidad por saber quién es el que se está muriendo…
Las risas no tardaron en aparecer en la capilla, donde dio comienzo la ceremonia con rapidez.
Media hora después, todo el mundo salía de la capilla con la promesa de una buena celebración en el gran salón del castillo. Tras la enhorabuena a los recién casados, los dejaron solos mientras, poco a poco, iban abandonando el lugar.
—A pesar de que el sacerdote se ha dado prisa por oficiar la ceremonia, debo reconocer que se me ha hecho eterna. Estaba deseando que acabara.
Willow sonrió y asintió.
—Sí, la verdad es que no me gusta ser el centro de atención. Pero lo importante es que ya somos marido y mujer. Aún no puedo creerlo.
Arran la estrechó entre sus brazos y depositó un beso en su coronilla.
—No puedes imaginar lo feliz que me siento al poder decirle a todo el mundo que eres mi esposa. Ahora sí podré protegerte de cualquier cosa con libertad, no solo de tu tío. Ya llevas mi apellido y eso te convierte en una más de la familia. Todos darán su vida por protegerte.
Willow sonrió, aunque con cierto aire triste.
—Me siento aliviada, pero no quisiera que se derramaran gotas de sangre por mí.
Arran puso las manos en su suave rostro.
—Se hará lo que sea necesario.
La joven asintió y lanzó un largo suspiro.
—¿Qué se espera ahora de nosotros?
Arran arqueó ambas cejas.
—Que disfrutemos de la celebración hasta que sea hora de marcharnos a la cama.
Y agarrándola de la mano, Arran tiró suavemente de ella para iniciar el camino hacia el gran salón.
A medida que se acercaban, se escuchaba el griterío de fondo y la música.
Y, durante unos instantes, la sonrisa de Arran se marchitó, sus pies frenaron la marcha y sus ojos despidieron una pena que fue imposible de esconder.
—¿Qué ocurre? —preguntó Willow al ver que detenía la marcha poco a poco.
Arran tragó saliva ruidosamente y desvió la mirada, aunque intentó esbozar una sonrisa.
—Lo siento, es solo que… durante un instante he pensado en él —admitió—. No sé por qué, pero me ha fallado la memoria al pensar en que el primero que alzaría su copa para brindar por nosotros sería Kester. Después, me he dado cuenta de que no será así.
Arran intentó restar importancia a lo que acababa de decir iniciando de nuevo la marcha, pero Willow tiró de su mano y lo acercó hacia ella.
—No tienes que pedir disculpas por algo así, Arran.
—La joven levantó las manos hacia su rostro y lo tomó con suavidad—.
Han pasado solo unos pocos meses y durante este tiempo has estado fuera.
Ahora regresas e inconscientemente lo buscas por todos lados.
A mí me pasó lo mismo con Andrew. A veces me despertaba y me preguntaba dónde estaba.
Después me daba cuenta de que no lo volvería a ver.
Pero no pasa nada por sentirlo, solo tienes que gestionarlo, aceptarlo y asimilarlo.
Yo estoy aquí para ello, ¿recuerdas? Hicimos un pacto…
Willow le sonrió y lo vio asentir al tiempo que le copiaba la sonrisa.
—El pacto que nos ha unido para siempre. Jamás imaginé que un simple juego nos llevaría a esto.
—Me alegro de que lo haya hecho.
—Tienes razón. Ese pacto te obligaba a ayudarme a superar su muerte. Y yo te protegeré con mi vida, Willow. Te lo he jurado ante Dios, pero ahora te lo juro a ti solamente. No voy a descansar hasta saber que tu tío se ha alejado del norte y por fin te deje sola.
La joven se puso de puntillas para darle un beso en los labios.
—Me conformo con que estés siempre a mi lado. Mi tío ya se cansará de perseguirme. Además, ahora ya es muy difícil que me descubra porque soy una Chattan.
Arran asintió y le aferró la barbilla con suavidad.
—No sé si eres capaz de imaginar lo que te amo, Willow.
Te has convertido en una pieza fundamental en mi vida.
Y sé que te amaré incluso después de que mi existencia en este mundo llegue a su fin.
Pero en el momento en el que alcance el otro lado, proclamaré a los cuatro vientos que la única mujer que ha logrado capturar mi corazón ha sido Willow Sutherland.
—¿Sabes qué diré yo cuando mi existencia llegue a su fin y aparezca en el otro lado?
Diré que durante esta vida logré encontrar a un hombre bueno que supo amarme como merecía; que ese mismo hombre me dejó ser libre, que entendió lo que me pasó e hizo todo lo posible por protegerme.
Pero también diré que fue un hombre que supo abrir su corazón para mí, para que pudiera entenderlo y para que lograra ayudarlo a sanar.
Señalaré que vi sus debilidades, pero también sus fortalezas.
Y presumiré de que tuvo la valentía de admitir lo que le ocurría para intentar cambiar y volver a ser el hombre que una vez fue.
Arran sonrió y la besó con ternura, apenas rozando sus labios, pero capturando cada milímetro de ellos para sí, dejándole claro que él era el dueño de ellos y no los iba a dejar escapar.
—Te amo, Willow.
—Yo también a ti, Arran.
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Desconocían cuánto tiempo había pasado desde que la celebración de la boda se inició, pero desde las ventanas se veía claramente que la noche había llegado hacía un buen rato. Sin embargo, nadie estaba dispuesto a ser el primero en abandonar la fiesta.
Cuando los novios se unieron a ellos, Rowan fue el primero en levantar la copa y mirar a su hermano a los ojos mientras pedía un brindis por ellos.
El laird sabía que ese momento sería especialmente duro para Arran, que seguramente habría esperado a Kester al otro lado del salón para recibirlos.
Lo vio en sus ojos, y al ser él el hermano más parecido a ellos, decidió pedir un brindis por los recién casados para que no se sintiera tan extraño al no tener a su gemelo a su lado.
A partir de ahí, el salón estalló en una maraña de personas que bailaban, gritaban, comían y bebían de un lado para otro. Sin lugar a dudas, todo parecía indicar que, después de varios meses, la gente necesitaba una fiesta como aquella para borrar los signos de lucha aún latentes en sus corazones.
Pero después de varias horas de celebración y hablar con unos y con otros, Arran necesitaba unos momentos de soledad.
En otras ocasiones, antes de que todo su mundo cambiara, él era uno de los últimos en marcharse de las fiestas, sin embargo, ya no era el mismo y ahora necesitaba más silencio a su alrededor.
Desde su posición, miró a Willow, que había sido casi secuestrada por Gillian y Morag para hablar entre ellas de algo que parecía hacer sonrojar a su ya esposa, pues tenía sus mejillas totalmente rojas por la vergüenza.
Y teniendo en cuenta que a veces advertía que sus cuñadas lo miraban de reojo, estaba seguro de cuál era el tema de conversación.
De hecho, en una de esas miradas que Morag le dedicó, Arran levantó la copa con una sonrisa, provocando que su cuñada desviara por fin la mirada.
Y a pesar de lo que en un principio esperaba, Arran se sintió feliz y pleno.
Observar lo bien que se lo estaba pasando la gente del clan gracias a su boda lo llenó de satisfacción, aunque no podía dejar de pensar en la espina que tenía en su corazón ante la falta de Kester en medio de toda esa gente.
No obstante, en un momento en el que sonreía ampliamente, mirando de un lado a otro, Arran sintió que su corazón se exaltaba.
Se dijo que tal vez se debía al deseo de su corazón, pero entre toda la gente del clan creyó ver algo que provocó que la copa de vino que sostenía entre sus dedos cayera al suelo y se rompiera en mil pedazos.
Desde el otro lado del salón, alguien exactamente igual que él, con su mismo rostro, sus ojos y su vestimenta le sonreía ampliamente y levantaba una copa para brindar por él.
Vio orgullo, serenidad y felicidad por él, por lo que había conseguido y por esa nueva etapa en su vida.
Kester lo saludaba con la mano entre la gente, que no parecía verlo.
Sin embargo, él sí podía hacerlo y sintió cómo las lágrimas acudían a sus ojos al ser consciente de ello.
Él era la única persona a la que echaba terriblemente de menos.
Había deseado con todas sus fuerzas que él estuviera allí.
Y, sin saber cómo, Kester estaba allí con él.
Pero cuando Arran dio un paso al frente para acercarse a él, pisando los restos de cristal, una fuerte mano le dio una palmada en la espalda.
—¿Estás bien?
Rowan lo sobresaltó. Acababa de llegar con Sloan, que miraba a un lado y a otro con su habitual seriedad.
—Parece que hayas visto un fantasma, incluso se te ha caído la copa.