Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 22
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CAPÍTULO 22

Tras su conversación cuando llegaron al castillo, Rowan había hecho todo lo posible para que el sacerdote del pueblo llegara cuanto antes para la ceremonia.

A pesar de que le habían dado la oportunidad a Arran para que fuera una boda por el mismo rito de unión de manos que habían hecho los demás, su hermano insistió que prefería hacerlo de otro modo.

Por ello, a primera hora de la tarde llegó el sacerdote para oficiar la boda.

No obstante, Gillian y Morag, que habían conocido a Willow y habían conectado con ella instantáneamente, insistieron en hacerle unos arreglos a un vestido para que la joven se lo pusiera en la ceremonia, por lo que habían necesitado un par de horas más para que pudiera salir del dormitorio vestida para la ocasión.

En esos momentos, y tras la negativa de Gillian para que Arran pudiera estar junto a Willow, este había bajado al piso inferior y había recorrido sus pasillos con cierto aire melancólico, pues en un momento así echaba terriblemente de menos a Kester.

También a Cora, pues esta se encontraba en el castillo MacGillivray y no había podido ser avisada debido a la premura para la celebración de la boda.

Sin embargo, estaba seguro de que, si Kester estuviera vivo, prepararía alguna que otra broma para la ceremonia, la celebración o cualquier momento del día.

Arran sonrió con cierto aire triste mientras giraba en una de las esquinas.

En cada recodo del castillo había un recuerdo junto a él y le estaba costando horrores mantener la serenidad y lo que había logrado con las semanas desde que conocía a Willow.

Por ese motivo, habría deseado estar junto a ella en el dormitorio, aunque le taparan los ojos para evitar que pudiera ver el vestido de la joven.

Pero sabía que con su sola presencia calmaría la melancolía que se empeñaba en estar a su lado.

De todas las formas que había imaginado su regreso al castillo, en ninguna de ellas se encontraba la posibilidad de casarse, algo a lo que se habría negado meses antes si su vida no hubiera cambiado radicalmente.

Sin embargo, con la aparición de Willow en su vida, esta se había puesto patas arriba de forma fulminante.

No había necesitado meses o años de relación con ella para saber que era la única mujer con la que se habría querido casar en toda su vida; tampoco había necesitado que le insistieran mucho para unirse a ella, pues su único pensamiento era protegerla de todo lo que pudiera hacerle daño.

Y tan metido estaba en sus pensamientos que Arran se dio de bruces contra Sloan cuando giró en otra esquina del pasillo.

—Lo siento, no te he visto ni he escuchado tus pasos a pesar de que siempre caminas como un caballo desbocado… —se burló Arran con una sonrisa.

Sloan lo miró largamente, aunque acabó sonriendo también.

—Yo no hago tanto ruido al caminar.

Arran se cruzó de brazos y arqueó las cejas.

—¿No? Yo diría que te escuchan desde el pueblo.

—Exagerado… ¿Y tú? Caminabas como si tu mente no estuviera en este mismo pasillo.

—Bueno, estaba pensando en la que va a ser mi esposa.

Sloan asintió y llevó las manos a la espalda, cuadrando los hombros como siempre solía hacer cuando quería hablar de algo importante.

—¿Nervioso? Lo pregunto porque el sacerdote está poniendo el grito en el cielo. Dice que tiene que ir a dar la extremaunción a alguien del pueblo.

—Pues a este paso, para cuando llegué, ya habrá muerto…

Sloan rio.

—Me temo que tienes razón, pero creo que no hay nadie que se atreva a llamarle la atención a Gillian y Morag sobre su tardanza. Quieren que este día sea recordado para tu esposa.

Arran sonrió y asintió, bajando ligeramente la cabeza.

—La verdad es que es algo que no voy a olvidar jamás. Nunca pensé que Gillian y Morag harían eso por mí.

—Bueno, realmente no lo hacen por ti, sino por Willow.

—Pero al final, repercute en mi vida. Después de cómo me marché de aquí, no creía que me recibiríais así. Gracias.

Sloan lo miró durante unos segundos, en silencio.

—No tienes que agradecer que tratemos a nuestro hermano como lo que es, uno más de nosotros. Y ahora que ha salido el tema, déjame preguntarte algo, aprovechando que estamos solos. ¿Cómo estás?

Arran sonrió y miró hacia otro lado, tragando saliva. Hasta ese momento, se había librado de que alguien de su familia le recordara lo mal que lo había pasado en los meses anteriores, pero era algo que no podía obviar.

—Todo lo bien que se puede estar después de todo.

—No has escrito y no sabíamos cómo te encontrabas.

Arran se encogió de hombros.

—Porque estaba mal. No encontraba el aliento suficiente para enfrentarme a vosotros después de las formas con las que me fui.

—Pero nos ayudaste contra los Ross —lo cortó Sloan.

—Eso no fue nada. Y ya os dije que fue Cameron el que insistió en ir a la guerra. Yo solo quería apartarme. Por supuesto, me alegro de que todo acabara bien y nadie más resultara herido, pero no era capaz de soportar vuestras miradas. Lo siento.

—No tienes que pedir perdón por sentir, Arran. Te entiendo. Yo tampoco podía aguantar la vida sin Craig. Y aunque todo el mundo me decía que no era culpa mía, yo sí lo sentía en cada rincón del castillo. Si yo no me fui se debió a que era un niño, pero habría hecho lo mismo que tú.

Arran se encogió de hombros.

—A veces, he pensado que fue la decisión más cobarde que he tenido, pero ahora que estoy de vuelta y lo veo en cada esquina…

Los pensamientos me atacan como puñales y a veces siento que pierdo el aliento.

Después, pienso en Willow y se me pasa, pero solo llevamos unas horas y a veces tengo la impresión de que lo escucho y lo voy a ver aparecer en cualquier momento.

Sloan se acercó a él y puso una mano en su hombro.

—Parece que esa muchacha ha logrado hacerte olvidar un poco el dolor.

Arran sonrió de lado y asintió.

—No te imaginas cuánto… Y lo más curioso es que lo hizo en el instante en el que la conocí. Recuerdo haber sonreído por primera vez desde la muerte de Kester. Ni siquiera podía pronunciar su nombre…

—¿Desde cuándo la conoces? Nos habéis contado la historia de forma ligera, sin entrar en detalles.

Arran clavó su mirada acerada en él y por sus ojos se dibujó una expresión de diversión.

—¿Desde cuándo eres tan preguntón? Nunca lo has hecho. Me has recordado a James Buchanan.

Sloan rodó los ojos.

—Os quejabais de mi mal carácter y ahora os quejáis igualmente por mi cambio… Uno nunca sabe si lo que hace está bien.

Arran se carcajeó.

—Era broma, hermanito. A Willow la conozco el tiempo suficiente para darme cuenta de que no imagino una vida si no es a su lado.

El suficiente para saber que es la única mujer con la que he mostrado mi alma y el suficiente para saber que es la única que ha sabido hacer sonreír a mi alma cuando lo único que yo deseaba era enterrarme junto a Kester.

Solo por eso la amo y solo por eso soy capaz de dar mi vida a cambio de la suya.

Sloan asintió y apretó su hombro con fuerza.

—Creo que te entiendo a la perfección.

Arran suspiró profundamente.

—Los Ross destruyeron mi vida y eso no podía repararse con palabras, ni siquiera con las vuestras.

Yo estaba roto y Willow ha logrado repararme, pero no lo ha hecho con palabras, sino con su propio corazón.

He podido verlo a través de su mirada. Y eso es lo más bonito que han hecho por mí en toda mi vida.

—A veces quien tiene la capacidad de sanarnos nos son las personas que llevan tu misma sangre, sino las que no conocemos de nada.

Eso es lo que ha hecho Morag por mí después de que nadie de esta familia hubiera encontrado la manera de hacerlo, así que te entiendo a la perfección, hermano. Y no sabes lo que me alegra saberlo.

Arran asintió y abrió la boca para responder, pero una voz enfadada al otro lado del pasillo llamó su atención:

—¿Cuándo se va a celebrar la unión para la que he sido convocado?

El sacerdote del pueblo se encontraba con los brazos en jarras, mirándolos con gesto iracundo, por lo que Arran se acercó a él sin perder la sonrisa.

—¿A qué viene tanta prisa, padre?

—A que tengo que dar la extremaunción a un feligrés del pueblo.

—Ese ya estará muerto, padre, y si no, ya no tiene solución. Esto es más bonito.

—Un sacerdote como yo tiene que estar al lado de todo el mundo.

—Para eso está Dios. Usted no puede desdoblarse.

El hombre puso los ojos en blanco.

—La juventud de hoy en día no os tomáis nada en serio. Ni siquiera la muerte.

Arran sonrió y se encogió de hombros.

—A veces es mejor tomársela con una sonrisa. Mejor llegar al infierno con una carcajada en los labios que con miedo. Así podremos espantar a los malos espíritus.

El sacerdote se santiguó repetidas veces.

—No hables del infierno.

—Pero si es lo que usted no deja de repetir en la misa.

—Yo soy un ministro del Señor y puedo hacerlo. Tú no.

Arran arqueó una ceja y ocultó una sonrisa bajo la barba.

—Vayamos a la capilla. Estoy seguro de que la novia acudirá en breve.

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Y, efectivamente, Willow apareció en la capilla en cuestión de minutos.

Cuando Arran la vio llegar, sintió que algo lo golpeaba, pues estaba más hermosa que nunca.

Su cuñada Gillian le había prestado uno de sus vestidos que no solía usar nunca y con los arreglos que le habían hecho le quedaba tan bien a Willow que estaba deslumbrante.