CAPÍTULO 21
Arran sonrió casi con timidez y le apretó la mano a Willow antes de girarse hacia la entrada del castillo y comenzar a caminar hacia el interior.
Su corazón martilleaba en el centro de su pecho, las manos parecían querer volver a temblar, pero, tal y como le había pedido Willow, lo hizo aun con el miedo en el cuerpo.
En el momento en el que ambos entraron en la fortaleza, dos sombras aparecieron a toda prisa por el pasillo.
Arran giró la cabeza hacia ellos y los miró con seriedad.
Durante unos segundos, los cuatro se dedicaron a observarse en silencio, como si estuvieran intentando medir las fuerzas del otro e intentaran averiguar el siguiente paso, hasta que la propia Willow carraspeó levemente y apretó la mano de Arran para hacerlo reaccionar.
—Jamás imaginé que un simple saludo dedicado a mis hermanos sería tan incómodo… —fue lo primero que pudo señalar Arran—. Ni siquiera sé qué decir.
Consciente de que esa incomodidad era cierta, Rowan dio un paso adelante y, para sorpresa del propio Arran, acabó abrazándolo.
Este dio un respingo al ver que su hermano mayor se cernía sobre él.
Todo entre ellos había acabado de una forma tan fría y distante que no estaba seguro de qué tenía que hacer entonces, por lo que sus brazos actuaron de forma automática por él y se elevaron para devolverle el abrazo.
Tras la victoria contra los Ross, Arran apenas había hablado con sus hermanos. Tan solo les comunicó que se marchaba con los Sinclair a su clan para vivir con ellos, y ni siquiera se había molestado en escribir, tan solo cuando fue necesario para ayudar a Willow.
Por ese motivo, las primeras palabras de Rowan le llegaron directamente al corazón, como una flecha que logró herirlo y despertar sentimientos dormidos.
—No te imaginas lo que me alegra verte de nuevo —le dijo contra su oído.
Fueron solo unas simples palabras que, en otra ocasión, Arran habría utilizado para burlarse de ellos, pero que, en esta, tenían un componente melancólico, casi afligido y sombrío.
Arran lo apretó con fuerza contra sí cuando sus ojos se llenaron de lágrimas que no deseaba derramar.
En su corazón se despertó un sentimiento infantil que no sabía gestionar, por lo que ese abrazo, de su hermano mayor, parecía estar dado por su propio padre, como una muestra de perdón y recibimiento.
Arran cerró los ojos para que tanto Willow como Sloan no vieran sus lágrimas.
Nadie más que él sabía cuántas veces había necesitado ese abrazo durante los meses que había estado ausente.
Necesitaba saber que todo entre ellos seguía igual, que nada había cambiado y que seguían queriéndolo de la misma forma que antes.
Durante semanas pensó que nunca querrían volver a verlo llegar al clan Chattan después de lo sucedido con Cora, pero con ese simple abrazo lograron despejarse todas sus dudas.
Cuando Rowan se separó de él, los dos se miraron a los ojos, esos que ambos poseían con el mismo color.
El hermano mayor descubrió las lágrimas en Arran a pesar de que este intentaba esconderlas y esa misma emoción lo asoló a él.
Apretó sus manos sobre los hombros de su hermano pequeño y asintió en silencio, dándole la bienvenida de nuevo, dejándole claro que, a pesar de sus diferencias antes de marcharse, él seguía siendo bienvenido en el castillo, en su hogar, en su única casa.
Arran tragó saliva ruidosamente, tragándose la emoción y las lágrimas. Entre esas paredes residían sus mejores recuerdos, pero también los peores, aquellos que lo habían roto por dentro y lo habían cambiado tanto que ya apenas se le reconocía.
Y, sin embargo, allí estaba Rowan para abrazarlo.
En el momento en el que este se apartó para dar paso a Sloan, el segundo de los hermanos se acercó a Arran y puso sus manos sobre sus hombros. Se miraron a los ojos y el primero en hablar fue Sloan.
—No has contestado a mis cartas.
Arran sonrió ligeramente de lado.
—¿Qué querías que te dijera?
—Que estabas bien, vivo, si te habían herido o te trataban mal entre los Sinclair. Algo…
Arran sintió que le emoción volvía a subir hasta su garganta.
—Después de lo que ocurrió antes de que me marchara, ¿de verdad querías saberlo?
—Quiero saberlo todo de ti, Arran. Eres mi hermano y soy el único que podía haberte ayudado a sobrellevarlo.
El aludido sonrió de nuevo.
—Pero si tú ni siquiera podías con tu propio peso en la espalda. ¿Cómo ibas a soportar el mío?
—Porque me habría sacrificado para ayudarte en caso de ser necesario, Arran. No me habría importado cargar con eso si así aliviaba tu dolor porque yo ya sabía lo que se sentía. Joder, ven aquí, maldita sea.
Sin decir nada más, Sloan lo atrajo hacia él y abrazó a Arran con tanta fuerza que este tuvo la impresión de que le iba a romper las costillas.
Era la primera vez que Sloan lo abrazaba y mostraba sus sentimientos con él.
Lo había visto en sus ojos, esos que siempre habían hecho lo indecible para ocultar lo que sentía, pero ahora era otro.
Sloan había cambiado por completo y dejaba entrever el sufrimiento de su alma.
Y había sufrido por él. Por Dios que así lo había visto, y ahora lo sentía con los fuertes brazos de su hermano a su alrededor.
Lo habían perdonado. Y eso era lo único que quería saber.
Y sin poder evitarlo, Arran no pudo contener por más tiempo la emoción y varias lágrimas lograron escapar de sus ojos.
Él también estrechó con fuerza a Sloan y lo apretó contra sí como si fuera una tabla de salvación.
Él era el único de sus hermanos que podía entender su dolor, su rabia y frustración ante la pérdida.
Sabía que lo comprendía y estaba seguro de que había sido el primero en aceptar el motivo de su alejamiento.
Por eso, ahora lo abrazaba de esa forma, porque admiraba su entereza para regresar de nuevo al lugar donde recibió la peor de las puñaladas.
—Me alegro de que vuelvas, joder.
Arran sonrió y se limpió las lágrimas antes de separarse de él.
—¿Aunque no te haya escrito?
—Eso lo resolveremos con unos puñetazos en el patio, pero creo que hay algunas cosas que explicar antes de ello…
Arran dio un paso hacia Willow, que los observaba con cierto nerviosismo ahora que el interés de todos estaba puesto sobre ella y no sobre Arran.
—Quiero presentaros a una persona que no conocéis, pero cuyo nombre no os resultará extraño: Willow Sutherland.
En el rostro de Sloan se dibujó una expresión de sorpresa, mientras que en el de Rowan fue más interés y curiosidad.
Al escuchar sus silencios, pero sí notar sus miradas sobre ella, Willow se puso ligeramente más nerviosa, por lo que se retorció las manos al tiempo que intentaba sonreír con timidez.
—Supongo que esos gestos indican que no es la primera vez que mi nombre se pronuncia en este castillo…
Rowan se obligó a reaccionar y asintió.
—En eso tienes razón. Hace más de una semana se presentó aquí Cole Fraser de Lovat diciendo que era tu tío y que te estaban buscando no precisamente para darte las gracias por algo.
Willow asintió y torció la cabeza.
—Lo sé, pero eso son mentiras que se han inventado para escudarse y seguir buscándome. Creo que deberíais escuchar la otra versión de la historia.
Rowan asintió y miró de reojo a Arran.
—Hay muchas cosas que explicar. Vayamos a mi despacho. O, si lo preferís, podemos daros unas horas para que descanséis del viaje…
Tanto Arran como Willow negaron con la cabeza.
—Lo que hay que contar es mejor hacerlo ahora. No sabemos cómo está la situación y si corremos peligro.
Minutos después, los cuatro se encontraban en el despacho, sentados en las sillas y mirándose los unos a los otros, puesto que nadie sabía con exactitud quién debía empezar la conversación.
Sin embargo, la voz suave y aterciopelada de Willow fue la primera en romper el silencio.
—Creo que debo ser yo quien comience a dar mi versión de la historia.
—Estoy de acuerdo contigo —dijo Sloan con su habitual voz seria y profunda.
Sin embargo, al ver que Arran arqueaba una ceja ante su habitual tono imperativo, Sloan puso los ojos en blanco y acabó diciendo:
—Lo siento —dijo de forma más suave—. Continúa…
Willow sonrió con timidez y comenzó a relatar.
—Cuando mis padres murieron, mi tío Cole apareció en nuestra casa para exigirnos que mi hermano y yo nos fuéramos a su palacio a vivir. A pesar de nuestra negativa, porque apenas lo conocíamos, acabamos yéndonos con él y, durante dos años, estuvimos con ellos.
La voz de Willow tembló ligeramente ante los recuerdos.
—Un día, mi tío y mi primo tomaron la decisión de casarme, no con alguien cercano a ellos o de la corte, sino con mi propio primo.
A pesar de convivir durante dos años, nunca tuvimos buena relación y me negué a casarme en el momento en el que me lo comunicaron.
No obstante, a pesar de mi negativa, dijeron que no estaban dispuestos a aceptarla y que me casaría con él.
Supongo que, lo que deseaban, era quedarse con nuestra herencia.
La joven suspiró y los miró a los ojos, intentando adivinar qué pensaban ellos de su historia, pero sus rostros eran tan herméticos que no supo discernir lo que en ese momento cruzaba por sus mentes.
—En el mismo instante en el que me negué, me amenazaron con las consecuencias, pero no le di mucha importancia a sus palabras. Esa noche, se lo comunicaron a mi hermano Andrew. Él dijo que haría lo que fuera para que yo no acabara casada con él. Pero… no tuvo tiempo.
Willow apartó la mirada y la dirigió a sus manos.
—Al día siguiente, cuando me levanté, fui directamente a la habitación de Andrew y… No sé cómo pudieron hacer eso sin sentir lástima por él. Lo habían abierto en canal. La habitación estaba llena de sangre, incluso había salpicado a la pared. Bajo la cama había un charco y él…
—Nos lo podemos imaginar —la cortó Rowan para evitar hacerle pasar por ese trance.
Los ojos anegados en lágrimas de Willow se levantaron y lo miraron. Después, asintió, agradecida.