Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 20 #3
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CAPÍTULO 20 #3

La voz del guerrero se apagó lentamente. Al instante, los crujidos de los goznes del portón resonaron con fuerza, y Sloan desapareció de su vista. Sabía que había bajado las escaleras para recibirlos o para avisar a Rowan. Lo desconocía, pero Arran no podía dejar de temblar.

Y a pesar del terror que sentía, desmontó y tomó las riendas en sus manos para guiar al caballo, sobre el que aún iba montada Willow.

Necesitaba hacer ese mínimo recorrido lentamente, a pie, sintiendo la tierra bajo la suela de sus zapatos.

Habían pasado cinco meses desde que se fue y no había cambiado absolutamente nada.

Todo lo que conocía seguía en el mismo lugar; los guerreros que habían sido sus compañeros y habían sobrevivido no habían cambiado nada; los mismos sonidos o incluso el olor seguía siendo el mismo de siempre.

A tan solo dos metros para atravesar el portón, Arran fijó su mirada al frente.

Desde allí podía ver con claridad el lugar en el que habían encontrado el cuerpo de Kester.

Ese lugar que había recordado una y otra vez durante su estancia en el clan Sinclair.

Y, de repente, sus pies se quedaron completamente quietos.

Willow miró a Arran desde lo alto del caballo y siguió su mirada.

Esta terminaba en el centro del patio, pero la mente del hombre al que amaba no estaba allí en ese preciso momento, sino muy lejos: meses atrás, cuando experimentó una de las peores visiones de su vida.

Aquella mirada le recordó a la suya propia cuando abrió la puerta del dormitorio de su hermano y lo encontró muerto.

Se había quedado petrificada en el sitio, sin poder moverse, por lo que la sensación que estaba experimentando Arran en ese instante era muy conocida por ella.

—¿Seguimos? —preguntó con voz dulce para intentar despertarlo de ese trance.

Al instante, la mirada de Arran se movió hacia ella, como si fuera la primera vez que la veía desde que habían entrado. Y la joven solo pudo sonreírle ligeramente, sabiendo que no tenía nada especial que decirle para poder sacarlo de ese estado.

Y Arran lo entendió.

El guerrero le devolvió la sonrisa. Willow tenía la capacidad de sacarlo del pozo en el que se metía una y otra vez.

Por eso, respiró hondo profundamente y dio un paso más.

Fue dudoso, casi infantil, como un niño que está aprendiendo a caminar y tiene miedo de caerse de nuevo después de haberse hecho mucho daño.

Y, aun así, lo hizo.

Y uno más… Así hasta que llegó el mozo de cuadras hasta ellos y Arran le tendió la mano a Willow para desmontar.

En el momento en el que los pies de la joven tocaron el suelo, la mirada de Arran barrió el patio del castillo.

No vio a Sloan por ningún lado, por lo que supuso que había ido a buscar a Rowan al despacho.

Sin embargo, sí se topó con las miradas curiosas de los que fueron amigos y compañeros.

Se habían girado para mirarlos, haciendo caso omiso a lo que sucedía frente al castillo, y Arran no pudo evitar dejar escapar un resoplo.

—Me alegro de verte de nuevo, Arran —La voz del mozo de cuadras lo sobresaltó y lo obligó a mirarlo.

Este le sonreía de la misma manera que antes y le sorprendió no ver rencor en sus ojos.

El aludido esbozó media sonrisa y asintió para responderle, sin saber qué decir.

En ese momento, tenía en su pecho tantos sentimientos que no era capaz de darle salida a ninguno de ellos.

Todos se arremolinaban alrededor de él, impidiéndole pensar con claridad, especialmente cuando su mirada buscaba a cada instante el lugar donde Kester había muerto.

Un nudo en la garganta le impidió hablar y, a pesar de encontrarse en su hogar, no sabía qué hacer o cómo reaccionar a ese momento, pues se había marchado de allí hacía tiempo y había dejado de sentirlo como suyo.

—Todo el mundo nos mira… —murmuró Willow ligeramente incómoda cuando el mozo de cuadras volvió a dejarlos solos.

Arran volvió a observar a los guerreros apostados en la muralla y resopló:

—¿No tenéis nada mejor que hacer? —les espetó.

Y, al instante, se golpeó mentalmente por haber reaccionado así. Él jamás habría hablado con ese tono, pero el Arran en el que se convirtió sí lo habría hecho. Por ello, se pasó una mano por el rostro y respiró hondo.

La mano de Willow se posó sobre su antebrazo y lo obligó a mirarla. Esta le sonrió. Sabía cómo se sentía y el agobio que había en su interior.

—Todo está bien.

—Está siendo demasiado difícil, Willow.

—Pero tú puedes hacerlo, Arran. Enfréntate al hombre en el que te convertiste para volver a ser el que un día fuiste. Este sigue ahí dentro. Solo tienes que pensar que todo está en orden y dejarlo salir.

—Tengo miedo.

—Si no lo tuvieras, no estaría enamorada de ti. Alguien que no siente miedo por enfrentarse a sí mismo es una persona que está muerta por dentro. Y tú no eres ese hombre del que me enamoré. En tu corazón aún hay vida, solo tienes que aferrarte a aquello por lo que merece la pena quedarse.

Arran bajó la mirada y dirigió la mano hacia ella. Tomó la de la joven entre sus dedos y la besó con ternura.

—Tú eres eso por lo que merece la pena volver a ser el que era.

—Entonces, adelante. Hazlo, aunque sea con miedo.