Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 20 #2
81%

CAPÍTULO 20 #2

—Pero ¿cómo es posible que una muchacha sin dinero, sin casa y sin absolutamente a nadie en el mundo haya podido sobrevivir?

Cole se encogió de hombros.

—No lo sabemos, pero no podemos parar.

Miles rugió de rabia.

—Llevamos así dos años, padre, y aún no hemos tenido asomos de dónde puede estar. Jamás nos vengaremos de ella por lo que nos hizo.

—Piensa que al menos pudimos sobrevivir, Miles.

Este rio con saña.

—¿Sobrevivir? Tú puedes decir eso, padre. ¿Cómo sobrevivo yo con la cara rajada? Todo el mundo me mira y las mujeres sienten asco de mí.

—Por eso debemos seguir buscando. En cuanto encontremos a tu prima, te casarás con ella para hacernos con la herencia. Estará muerta en vida. Podrás hacer con ella lo que quieras para vengarte.

Miles sonrió de lado como pudo, pues tenía parte del rostro casi paralizado desde hacía dos años.

—Tengo tantas cosas en mi mente que no sé si tendré tiempo de poder hacerlas todas… Y lo bueno es que ese maldito niño ya no está en medio para meterse en nuestros planes.

Cole sonrió, aunque torció la cabeza.

—Hiciste un buen trabajo, aunque te pasaste con él. A pesar de todo, era tu primo.

Miles puso los ojos en blanco.

—Me ordenaste que acabara con él, padre.

Y eso fue lo que hice. Ese maldito niño era un estorbo y podría arruinar nuestros planes.

No quería que sobreviviera y nos culpara de su intento de asesinato.

Además, su vida suponía tener que compartir la herencia de Willow.

Había que quitarlo del medio como fuera.

Cole asintió.

—La zorra de tu prima era demasiado lista. Supo que habíamos sido nosotros al instante a pesar de que intentamos disimular.

—No me importa, padre. Se diera cuenta o no, Willow y su herencia serán nuestras.

Cole fijó su mirada al frente.

—Algo que no deseo hacer es hablar con el laird Gunn. Nunca ha sido objeto de mi devoción, pero es uno de los pocos lairds del norte que aún no hemos visitado.

—Sí, no debemos esperar mucha hospitalidad por su parte. Supongo que no seremos recibidos con honores en su castillo.

Padre e hijo se miraron con una sonrisa, pero uno de sus hombres se adelantó con los ojos puestos en el camino.

—Alguien se acerca…

Miles entornó los ojos y acabó resoplando.

—Son menesterosos. No nos importa su maldito camino.

Cole torció ligeramente la cabeza.

—Tal vez podríamos preguntarles por tu prima. Ella se fue tan solo con lo que llevaba puesto, por lo que puede que se haya codeado con gente tan horripilante como esta.

Miles gruñó levemente, pero acabó asintiendo.

—Tiene razón, padre. Vayamos a preguntar.

El grupo de jinetes acortó la distancia con el pequeño grupo de hombres jóvenes, que se giraron hacia ellos con curiosidad al ver que se dirigían directamente hacia ellos.

—No buscamos problemas, señores —dijo el que parecía ser el líder del grupo.

Cole sonrió ligeramente y descendió de su caballo para ponerse a su altura, aunque su cara de auténtico asco lo delató, demostrando que no deseaba hablar con menesterosos como ellos.

—Nosotros tampoco. Tan solo información si nos la podéis proporcionar.

El líder arqueó una ceja.

—¿Información? ¿Qué información?

—Estamos buscando a mi sobrina.

La risa del líder lo cortó.

—¿De verdad pensáis que vamos a daros información gratis?

Cole sacó un pequeño saquito con monedas de su sporran y lo hizo tintinear, aunque sin dárselo.

—La suma es cuantiosa para todos vosotros. Y si la información me gusta, os daré más.

El aludido lo sopesó y miró a sus amigos, que asintieron sin dudarlo.

—Está bien. ¿Cuál es esa información tan valiosa que necesita?

—Como he dicho, estamos buscando a mi sobrina para llevarla de regreso a casa. Es rubia y con el pelo ligeramente ondulado. Sus ojos son azules, muy vivos, y es verdaderamente hermosa. Tiene más o menos vuestra edad, unos veinte años, y probablemente no tiene dinero ni viva en un lugar decente.

—Conocemos a algunas mujeres así, pero sin el nombre no podemos decir si la conocemos o no.

—Su nombre es Willow Sutherland.

En la mirada de todos los jóvenes se dibujó una expresión de sorpresa casi al mismo tiempo, un gesto que no pasó desapercibido a Cole, que le tiró las monedas al suelo al ver que de allí sí podrían sacar información.

Tanto el padre como el hijo se miraron entre ellos con una mirada cargada de esperanza.

—Ese es un nombre que conocemos bastante bien.

Cole dio un paso más hacia ellos.

—¿Está viva?

—Por desgracia, sí.

Miles entornó los ojos.

—¿Por qué dices eso?

—Porque estamos así por su maldita culpa. Está en el clan Sinclair.

Cole y Miles se miraron entre ellos, sorprendidos.

—Venimos precisamente de ese clan y allí no la conocen.

Su interlocutor arqueó una ceja.

—¿Seguro? El laird y su esposa la conocen muy bien porque ha llegado a coserle vestidos. Vive en el pueblo que hay justo al lado del castillo.

Cole entornó los ojos.

—¿Lo dices en serio? Allí no había nadie con sus características. De hecho, paseamos por él y no la encontramos.

—Entonces, puede que esté con Chattan. Ese desgraciado no se separaba de ella en ningún momento.

—¿Qué Chattan?

—El hermano del laird Rowan Chattan. Vivía en el clan Sinclair desde hace unos meses y no se separaba de ella en las últimas semanas. De hecho, eran pareja, así que estará con él. Si sabían que la estabais buscando, habrán huido.

Miles se adelantó.

—¿A dónde?

—Supongo que al clan Chattan. Allí el laird podrá protegerlos.

—¿Estás seguro de eso?

El aludido se encogió de hombros.

—Son solo suposiciones, pero si no estaban en el castillo o el pueblo, habrán huido.

Miles se quedó pensativo y después miró a su padre.

—¿Recuerda al guerrero que salía del castillo cuando nosotros llegamos? Nos miró de forma extraña y después se marchó con un caballo. Me fijé en su aspecto y era realmente parecido al laird Chattan. Debía de ser su hermano. Nos descubrió y puede que Willow le contara la historia.

—Entonces, huyeron mientras nosotros hablábamos con el laird.

—Exacto.

Cole miró al aludido y le entregó unas monedas más.

—Gracias por la información.

—De nada. Solo quiero una cosa a cambio. Cuando los tengan delante díganles que fue Paul Graham quien los llevó hasta ellos.

-------

Arran tiró de las riendas y elevó su mirada hacia la muralla que había a varios metros de ellos.

Desde allí podía ver claramente a los guerreros apostados en ella, que clavaron su mirada, sorprendidos, sobre ellos.

Y a pesar de que debía seguir adelante, Arran sentía que no podía, que las manos se le habían quedado congeladas y no podía animar al caballo para que siguiera adelante y acortara la distancia con el castillo, especialmente cuando sus ojos se toparon de lleno con unos ojos negros que conocía a la perfección.

Sloan lo observaba, atónito, desde lo alto de la muralla, donde había aparecido cuando un par de guerreros dieron la voz de alarma.

Arran se preguntó si aquella expresión indicaba alegría por verlo de nuevo o tal vez todo lo contrario.

No lo sabía. Sloan había sido siempre un libro cerrado para él y desde la muerte de Kester, aún más.

—¿Quién es el moreno que nos mira de esa forma tan penetrante?

La voz de Willow pareció sonar distante, casi apagada, a pesar de encontrarse pegada a él. Se había quedado tan metido en sus pensamientos que la había olvidado momentáneamente.

—Es mi hermano Sloan.

Willow giró la cabeza hacia él y lo miró ligeramente preocupada.

—¿Tiene problemas contigo?

Arran clavó su mirada en ella.

—Digamos que, cuando me fui, no fue de la mejor manera… De todas formas, tampoco esperaba una fiesta para recibirnos.