Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 20
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CAPÍTULO 20

A pesar de que su castillo estaba a poco más de un par de jornadas desde el clan Sinclair, Arran tuvo la impresión de que la distancia se había alargado durante los meses que había estado fuera.

Desde que habían abandonado las tierras de Cameron y entrado en las suyas, Arran tuvo la impresión de que ganaron algo de tranquilidad. Sin embargo, podían volver a cruzarse con Cole o Miles durante algún tramo del viaje.

Desde que habían escapado de tierras Sinclair, habían mantenido infinidad de conversaciones, incluso se habían confesado alguna que otra cosa que aún desconocían del otro.

Pero, a pesar de eso, Arran tenía la impresión de que no estaba del todo con Willow.

Su cuerpo y parte de su mente sí, pero había otra parte de su cabeza que se había adelantado y ya se encontraba a las puertas del castillo, de su propio hogar, del mismo lugar en el que había sido feliz, pero, al mismo tiempo, había recibido la peor de las puñaladas tras la muerte de Kester.

Y temía regresar, volver a pisar ese suelo en el que se había derramado su sangre y la de los suyos.

Ese mismo lugar en el que aún resonaban sus lamentos, arrodillado ante el cuerpo de su hermano mientras lo sujetaba con la esperanza de que abriera los ojos y le confesara que se trataba de una broma.

Había sanado, sí. Lo sentía en su interior.

Gracias a Willow había logrado volver a ser el que era.

Pero sentía auténtico pavor ante la idea de cómo podrían reaccionar sus hermanos y cuñadas con su llegada.

No los había avisado, pues no había tenido tiempo, y las formas con las que se fue de allí no fueron las mejores, tras su discusión y pelea con Cora.

Pero tenía la esperanza de que Rowan estuviera decidido a ayudarlo en el problema que tenían sobre sus cabezas, especialmente Willow.

—Estás más callado —le dijo la joven después de haber pasado casi medio día desde que pararon a desayunar y habían mantenido la última conversación—. ¿Te arrepientes de lo que hemos hecho?

Arran clavó suavemente los dedos en el vientre de Willow y la obligó a mirarlo por encima del hombro.

—Jamás me arrepentiré de algo así. Hemos hecho lo correcto, pese a quien le pese.

—Ya, pero… estás demasiado callado y temo que sea por algo que he dicho o hecho…

Arran le dedicó una sonrisa y negó con la cabeza.

—No es por ti. Es cierto que estoy más callado por el lugar en el que estamos.

Todas estas montañas o valles, ríos, cada árbol…

Conozco absolutamente todo. Lo reconozco a pesar de haber estado fuera varios meses, que parecen años.

Y todo está igual. Me da la impresión de que no ha cambiado nada, excepto yo.

Arran dirigió su mirada al valle que se extendía ante ellos.

—He exprimido tanto la vida en estas tierras que ahora tengo la impresión de que no me queda nada por hacer aquí.

Me aterra volver, pero también quiero la protección de mi clan.

Es una mezcla de sentimientos demasiado fuerte.

En todo este tiempo no he pensado en cómo me sentiría al regresar.

Pero ahora… todo se me echa encima y no puedo sobrellevarlo.

La pequeña mano de Willow se posó sobre la de Arran, que se aferraba con fuerza a su vientre, y apoyó la cabeza en su hombro al tiempo que clavaba la mirada en él. Con su mano libre le atusó levemente la barba, hasta que el guerrero descendió la mirada hacia ella y sonrió.

—Luego te miro y ya no existe el miedo.

—No te puedes imaginar lo que agradezco todo lo que has hecho por mí en este tiempo.

Has conseguido salvarme de una muerte segura, de una pelea justo antes de partir, de un hombre obsesionado conmigo y ahora de mi tío y mi primo.

Lo único de lo que me arrepiento es de lo que te pasó con Paul.

Tan solo espero que mi tío no te haga daño.

Arran se encogió de hombros, restándole importancia.

—Tu tío no me hará nada porque no sabe que estás conmigo. Además, todo lo he hecho porque me enamoraste con el mal humor que tenías aquella noche subida al árbol.

Willow sonrió y escondió la cara en su cuello, pero Arran logró apartarse para seguir mirándola a los ojos.

—Es que mi manto voló y no me gustó tener que subirme. Y para colmo, apareciste tú burlándote de mí.

—Y lo habría seguido haciendo de no ser por la poca luz. Me habría encantado ver bien tu rostro. Estás preciosa cuando te enfadas.

Willow miró hacia adelante y siguió con la cabeza apoyada contra su hombro. Junto a él se sentía bien, protegida, pero estaba deseando poder llegar a un lugar seguro donde esconderse.

—No quiero que pienses que hago todo esto por nuestro anterior pacto —le dijo el guerrero al oído—.

Lo hago porque te quiero; porque, de algún modo que no sé explicar, te has convertido en la mujer que nunca esperaba encontrar…

y, al mismo tiempo, en la única que siento que he conocido desde siempre.

Es extraño, pero llegaste a mi vida sin avisar y sin esperarte; sin embargo, terminaste ocupando un lugar que estaba demasiado vacío y que no esperaba llenar jamás.

Y ahora no sé imaginar mi mundo sin ti en él.

Te he estado esperando, incluso mucho antes de saber siquiera que existías.

Las lágrimas rodaron por las mejillas de Willow. Nunca pensó que alguien como Arran pudiera decirle palabras tan bonitas y con tanto sentimiento. Estaba realmente conmovida y sentía un profundo nudo en la garganta. Sin embargo, carraspeó para apartarlo y poder responder:

—Dices que no esperabas encontrarme, y yo ni siquiera sabía que me faltaba una mitad hasta que apareciste —dijo con voz temblorosa, mientras una sonrisa tímida asomaba entre sus lágrimas—.

Tenía tanto miedo de bajar la guardia y dejar entrar a alguien que nunca me imaginé al lado de una persona como tú.

Pero contigo siento que, por primera vez, estoy en casa.

No recuerdo mi vida pasada, tan solo observo mi futuro contigo.

Sabía que a tu lado no debía esconderme, por eso sentí que podía contarte lo de mi hermano y mi tío.

Gracias por no rendirte después de la paliza que recibiste por mi culpa y por ver más allá de las murallas que había tenido que construir para evitar que me hicieran daño.

Willow se limpió las lágrimas.

—Llevo dos años pensando que estaba sola en este camino sin saber que simplemente estaba esperando a que llegaras.

Arran sonrió y bajó la cabeza para besarla. Sintió sus labios húmedos, deseables y tan jugosos que sintió una terrible necesidad de hacerle el amor. Pero aún no podía, así que decidió separarse de ella antes de que el deseo aumentara y no fuera capaz de resistirse.

Arran miró hacia el cielo y suspiró. Estaba tan encapotado que, si no se daban prisa por llegar al castillo, terminarían completamente mojados por la lluvia.

Una pequeña bruma se extendía ante ellos, aunque podían ver con claridad al no demasiado espesa.

Y cerca de ellos, el sonido de un riachuelo incitaba a darse un baño a pesar del frío.

Estaban cerca.

Casi podía sentir el calor de la chimenea, las risas de los demás, los gruñidos de Sloan y las órdenes de Rowan.

Incluso casi podía escuchar el eco de la voz de Kester, que aún resonaba entre sus muros.

Tan solo les quedaba atravesar la pequeña arboleda que había ante ellos, en la que acababa el valle que habían atravesado y la que los llevaría a la seguridad del castillo.

Intentó no temblar ni ponerse nervioso, pero no pudo evitarlo. No estaba seguro de cómo se tomarían sus hermanos su regreso, aunque rezó para que no los expulsaran por temor a una guerra abierta de nuevo después de haber conseguido la tan ansiada paz.

Arran se mordió el labio inferior. Sabía que Willow también estaba nerviosa, pero no quería decírselo para evitar que esto aumentara y al final ambos terminaran casi temblando ante el portón del castillo.

Cada uno tenía sus propios sentimientos encontrados, y sabían que lo más lógico era gestionarlos de la mejor manera posible mientras el camino se acortaba y llegaba a su fin.

—El castillo está al otro lado de la arboleda que atravesamos ahora —le informó el guerrero.

Willow sonrió con cierta tristeza.

—A pesar de que no lo sabía, algo en mi interior me lo decía porque he podido sentir tu nerviosismo.

—Lo siento. No lo puedo evitar.

La joven lo miró y sonrió.

—Todo está bien, Arran. Solo tienes que sentir que es cierto…

El guerrero asintió y ambos callaron mientras atravesaban los últimos árboles y arbustos. Desde su posición, ya podían entrever los cimientos del castillo y en el momento en el que salieron de la arboleda y este se elevó sobre sus cabezas, Arran sintió que se quedaba sin aliento.

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Cole y Miles Fraser acababan de cruzar la frontera con el clan Gunn para seguir adelante con su plan.

Después de hablar con el laird Sinclair, tanto sus hombres como ellos estaban a punto de rendirse.

Habían recorrido casi el país entero en busca de la joven y estaban seguros de que se encontraba en algún lugar en el que aún no habían buscado.

Después de dejar el castillo Sinclair habían dado una vuelta por el pueblo cercano a este y no habían visto a nadie con las características de Willow.

No habían hablado con nadie porque estaban seguros de que ninguno les diría alguna información, especialmente con las miradas que les dedicaban al ver a forasteros en ese lugar.

Por ello, decidieron marcharse del clan Sinclair sin relacionarse con nadie, pero con la esperanza de encontrar a Willow por algún lado.

—¿Dónde se habrá metido la zorra? —murmuró Miles cerca de su padre.

Este giró la cabeza en su dirección y arqueó una ceja.

—No lo sé, pero rendirse no es una opción.

—Estoy harto de buscarla, padre. Ha sabido esconderse la maldita sabandija.

—Sí, pero tal vez no sabe que la estamos buscando, así que el viento sopla a nuestro favor.