Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 19 #3
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CAPÍTULO 19 #3

Cameron tragó saliva. Había visto muchos casos como el de Willow, y uno de ellos era el de su propia esposa.

Kiara estuvo a punto de morir por culpa de sus propios tíos, que también querían la herencia de la joven, por lo que el motivo que había llevado a Cole Fraser a su hogar era uno de los que más odiaba.

Estaba claro que el paradero de la joven les traía sin cuidado.

Solo la querían para intentar hacer uso de la herencia, ni siquiera para vengarse por sus heridas o castigarla.

Era el ansia de poder y dinero el que los había llevado hasta allí, y ver la similitud con su propia esposa estuvo a punto de hacerlo enfurecer.

Sin embargo, Cameron logró reponerse a tiempo y poder disimular.

—Entiendo, Fraser. Pero aquí no hay ninguna joven de los Lovat.

—No lleva mi apellido. Se llama Willow Sutherland.

—¿Alguna vez habéis escuchado hablar de ella? —preguntó Miles.

Cameron fingió pensar, pero acabó negando con la cabeza.

—No es un nombre que haya escuchado por estas tierras, ni siquiera de alguien que haya estado de paso.

—Maldita sea… —gruñó Cole.

—¿Tú lo has escuchado, James? —preguntó Cameron.

El aludido se cruzó de brazos junto a la puerta y negó con la cabeza cuando los recién llegados lo miraron.

—Nunca he oído ese nombre. Si es que esa muchacha sigue viva, no ha parado por aquí. Y nos tomamos muy en serio la seguridad en el clan, por lo que, si lo hubiera atravesado, la habríamos interceptado en algún momento.

Cole asintió.

—Es un duro revés, la verdad. Las esperanzas por encontrarla se agotan y ya no sé por dónde buscar. Lo que nos hizo a mi hijo y a mí es muy duro de asimilar.

—¿Y esa muchacha no tiene más familia? —preguntó Cameron con toda intencionalidad—. Un padre, un hermano…

Estuvo a punto de sonreír al ver que Miles perdía el poco color de su rostro. Hasta la cicatriz de este pareció palidecer aún más. Cole, por su parte, tragó saliva ruidosamente, pero acabo negando.

—No. Sus padres murieron en un terrible accidente. Por eso estaba con nosotros.

Las cejas de Cameron se alzaron al instante.

—Vaya. ¿Y no le quedó algún hermano?

Cole negó con la cabeza.

—Estaba sola.

Desde la puerta, James esbozó media sonrisa y acabó mirando hacia otro lado, pero ninguno vio ese gesto.

Sin embargo, Cameron sí lo hizo, y estuvo a punto de hacer lo mismo.

¿Cómo se atrevían a aparecer en su castillo mediante mentiras?

Agradeció de nuevo a Arran por su escasa información, ya que no estaba dispuesto a dejar que se salieran con la suya.

—Es una pena toda esta historia, Fraser. Lamento mucho vuestra preocupación desde aquel momento, pero aquí no hemos conocido a una joven con ese nombre. Siento mucho no poder ayudaros.

Cole se encogió de hombros.

—No pasa nada. Al menos lo hemos intentado.

—Sí, hace poco estuvimos en el clan Chattan y MacGillivray y no hemos conseguido nada de información. Al menos, estamos acortando el círculo.

Cameron asintió.

—O puede que esa muchacha ya esté muerta. Si tuvo que huir con lo puesto, puede que no llegara muy lejos. Los caminos son muy peligrosos para una joven señorita sola y sin recursos.

—Pero, aunque esté muerta, queremos confirmarlo para hacernos con la herencia. Es una pena que se pierda todo eso.

Cameron apretó los puños bajo la mesa, pero asintió para fingir conformidad.

—Tenéis razón.

Cole se levantó de la silla para marcharse.

El laird Sinclair lo imitó y le estrechó rápidamente la mano.

No deseaba que semejantes personas estuvieran por más tiempo en su castillo y en su clan.

Calculó mentalmente el tiempo que había pasado desde que Arran salió del castillo hasta que esa conversación llegó a su fin y rezó para que ya hubieran abandonado sus tierras.

—Lamento no haber sido de ayuda, aunque estoy seguro de que encontrarán a esa muchacha en un futuro.

—Yo también estoy seguro de eso porque no pienso parar hasta encontrarla.

Y Cameron temió que realmente fuera así. No obstante, se vio en la obligación de decirle eso. El laird señaló a James, que abrió la puerta para que se marcharan.

—Os acompañaré.

Cole asintió y miró de nuevo a Cameron, que se quedó parado junto a su mesa.

—Gracias por todo, laird Sinclair.

—Espero que tengáis bien viaje, Fraser.

Cole y Miles hicieron un gesto de despedida y salieron del despacho.

En el momento en el que la puerta se cerró y se quedó solo, Cameron soltó el aire contenido y suspiró largamente.

No recordaba haber tenido una conversación tan falsa en mucho tiempo.

Lentamente, caminó hacia la ventana y miró a través de ella mientras se frotaba las sienes.

Su corazón latía rápidamente, no solo por las mentiras que había tenido que soltar, sino también por los recuerdos que surgieron en su mente cuando se casó con Kiara y sus tíos estuvieron a punto de matarla para conseguir su herencia.

La similitud entre su esposa y Willow era tal que le habría encantado matar él mismo a Cole por lo que querían hacer con la muchacha.

Tan solo le quedaba rezar para que Arran pudiera salvarla de las garras de ese hombre y que, si los descubrían en algún momento, pudiera protegerla.

Había visto el cambio en los ojos y en el alma de Arran desde que la joven se cruzó en su camino.

Y lo que más le gustaría en el mundo es ver cómo su amigo volvía a recuperar la felicidad en manos de Willow.