Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 19
76%

CAPÍTULO 19

Arran se armó de paciencia y, en lugar de ponerse a gritar por los nervios y la preocupación que sentía, habló incluso más suave de lo normal.

—¿Ocurre algo?

El guerrero desconocía quiénes eran las mujeres que habían rodeado a Willow y que parecían estar dispuestas a golpearla.

Sin embargo, tampoco le importaba. Su mente estaba puesta únicamente en que debían salir de allí cuanto antes.

Había perdido mucho tiempo cabalgando por el pueblo, intentando adivinar dónde estaría la joven mientras la hora de la que disponía se estaba agotando poco a poco.

Y al escuchar las voces de las mujeres había decidido acercarse a ver qué ocurría. Tras ver en apuros a Willow la ira lo atravesó de nuevo, pero al ver que estaba discutiendo con mujeres, no quiso desenvainar la espada.

—No te metas en esto —le espetó una de ellas.

Arran frunció el ceño.

—Por tu parecido con él, deduzco que eres familiar de Paul Graham, ¿verdad?

Y sin esperar a que esta respondiera, le dijo:

—Yo no buscaba problemas con él ni con el resto de sus amigos. Tampoco deseaba que fuera expulsado del clan o castigado severamente. Sin embargo, el propio laird lo decidió así. Es a él y no a Willow a quien tenéis que presentar vuestras quejas.

La joven sonrió al escuchar sus mismas palabras en la boca de Arran.

—Y ahora, si no tenéis nada mejor que hacer, debo llevarme a Willow de aquí.

La joven no volvió a mirar a ninguna de las mujeres.

Arran había cortado de golpe la discusión y, aunque Willow sabía que debía sentirse alegre por ese momento victorioso, algo en su interior le decía que, si el guerrero la estaba buscando, era por algo importante.

Y eso pudo sentirlo al tenerlo cerca, especialmente cuando este le tendió una mano y pudo sentir el temblor de esta.

No sabía qué estaba pasando, pero tenía que ser algo verdaderamente fuerte como para que Arran se encontrara en ese estado.

Este no añadió nada más, ni siquiera volvieron a mirarlas, sino que instó al caballo para que comenzara a cabalgar a toda prisa en dirección hacia su casa.

Y solo cuando llegaron a la puerta y la obligó a desmontar con prisa, Willow se atrevió a preguntar en voz baja:

—¿Qué está ocurriendo? Tengo la impresión de que los últimos minutos están pasando demasiado deprisa.

—Tendrían que hacerlo mucho más despacio mientras nosotros recogemos todas tus cosas y nos marchamos del clan.

Willow frunció el ceño y siguió a Arran al interior de la casa.

—¿Por qué dices eso? ¿Ha ocurrido algo que yo desconozca?

Arran miró hacia la puerta, desde donde podía ver su caballo. Suspiró y después clavó su mirada en Willow.

—Tu tío y tu primo acaban de llegar al castillo.

La joven creyó que la había golpeado, pues sintió que el aire de su pecho escapaba de repente. Mentalmente, rezó para que fuera una broma lo que acababa de decir Arran sobre su tío, aunque en su mirada podía verse con claridad que no mentía.

Willow dio un paso atrás sin saber qué decir o hacer.

Estaba completamente petrificada ante la idea de ser descubierta por ellos.

Deseó poder tener la misma valentía que había sentido aquel día en el que le rajó la cara a su primo y apuñaló a su tío, pero se había quedado sin palabras y sin saber qué había que hacer en ese momento.

Al ver el estado en el que se había quedado la joven, Arran caminó hacia ella y puso las manos en sus mejillas. La obligó a mirarlo y solo cuando los ojos de Willow estuvieron sobre él, le dijo:

—No voy a permitir que te hagan nada.

—Pero ¡el laird le hablará de mí! ¡Me conocen!

Arran sonrió ligeramente y negó con la cabeza.

—Justo en el momento en el que tu tío ha llegado al castillo, yo me encontraba reunido con Cameron para indicarle que nos marchábamos.

No le he contado el motivo, pero sabe que vienes conmigo.

Y cuando ha llegado James para informar al laird sobre la llegada de tu tío, le he pedido que niegue que te conoce. Cameron no dirá nada.

Los ojos de la joven se abrieron desmesuradamente.

—¿Por qué haría algo así?

—Porque sabe lo que siento por ti y es nuestro aliado. Cameron lo entretendrá durante media hora, pero ya casi ha pasado y aún estamos en el pueblo. Tenemos que irnos pronto para evitar que los hombres de tu tío se paseen por el pueblo.

—Pero si hacen eso, la gente del pueblo les dirá que sí me conocen.

—Para ese momento, ya tendremos que estar lejos de aquí. Recoge lo esencial y marchémonos cuanto antes.

Willow asintió y Arran apartó las manos para dejarla libre. La vio correr hacia el dormitorio y, desde allí, la escuchaba recoger sus cosas mientras él metía comida de la joven en otra alforja que encontró en un cajón.

Descubrió que sus manos temblaban. El hecho de seguir aún en el pueblo le hacía dudar sobre los hombres de Cole Fraser. Tal vez podrían salir del castillo rumbo al pueblo, pero confiaba en que James pudiera contenerlos antes de que salieran de allí.

Arran apagó el fuego de la chimenea y llevó la pequeña alforja con comida hacia el caballo.

Segundos después, Willow apareció en la puerta de la casa, mirando a un lado y a otro de la calle para comprobar si había guerreros cerca.

Le pasó su propia alforja con ropa y dinero que había ido ahorrando durante esos dos años y, mirando atrás, la joven atrapó en su memoria todos los recuerdos que mantenía de esa casa.

A pesar de que siempre había tenido la espina por la muerte de su hermano y desconocía si la perseguían o no, allí había sido completamente feliz.

Y lo mejor de todo era que allí había encontrado al hombre al que amaba desde el primer momento y había comprobado que, a pesar de su dura historia, Arran la amaba y no la había juzgado por lo que hizo, algo que sí habría hecho cualquiera.

Mientras observaba el interior de la casa, ya vacía, sintió en su mano los dedos callosos de Arran.

En ese instante, giró la cabeza en su dirección y lo vio sonreír.

En aquel simple gesto parecía haber muchos sentimientos.

Por un lado, un amor infinito, casi devoción.

Pero también había miedo, auténtico pánico por perderla a ella también y supo que debían marcharse de allí sin demora.

Por ello, no volvió a mirar atrás. Su antigua casa formaba parte de su pasado. Su futuro se encontraba ahora en tierras Chattan, a donde se marchaba con él. Y, mientras montaba delante de Arran, rezó para que todo fuera bien y su tío jamás diera con ella.

—En mi clan estarás protegida, Willow —susurró Arran en su oído—. Te lo juro por mi vida, la cual daré en caso de ser necesario.

La joven lo miró por encima del hombro y este le sonrió de nuevo.

Le pareció curioso que, a pesar de las circunstancias, Arran siempre parecía ver la parte positiva de las cosas.

Sabía que eso lo había recuperado gracias a ella, y se sintió tremendamente agradecida por haberla sacado a flote ahora que era ella quien necesitaba que le echaran una mano para salir del pozo en el que estaba a punto de hundirse por el terror.

—Solo espero que meter en problemas a tu hermano.

Arran negó con la cabeza.

—Todo irá bien. Ya lo verás.

Willow asintió y volvió su mirada al frente. En ese instante, Arran instigó al caballo para que iniciara la marcha.

Tomaron un camino que los alejaba de los límites del castillo. Sabían que tendrían que hacer un pequeño rodeo para evitar acercarse, pero era lo mejor si lo que pretendían era escapar de las garras de Cole.

Willow sintió un escalofrío al ver en la lejanía el castillo Sinclair.

Allí había vivido muchas situaciones agradables junto a la esposa del laird, pero ahora la fortaleza parecía estar envuelta en un halo de oscuridad al saber que la persona que la perseguía para acabar con su vida o enterrarla en vida estaba entre sus muros.

La joven se dejó envolver por los fuertes brazos de Arran.

Este había dejado de temblar ahora que ya estaban de camino a su clan, pero en su interior seguía tan preocupado como antes.

Durante años había perdido a muchas personas a las que amaba, y desde la muerte de Kester sabía que otro de los motivos que lo habían llevado a alejarse de su familia era que no quería verlos morir si les llegaba su final.

Por eso, ahora que tenía con él a Willow no podía dejar que le hicieran daño.

Ya había perdido a demasiada gente y no estaba dispuesto a perderla a ella también.

Ya no. Por su familia no había podido hacer nada, pero por ella aún le quedaban muchas cosas por hacer.

Arran escondió el rostro ligeramente entre el pelo de Willow y aspiró su aroma. El brazo que reposaba en la cintura de la joven la atrajo más a él, provocando que toda su espalda chocara contra su pecho. Así, segura entre sus brazos, sabía que no podía ocurrirle nada.

El nudo de su garganta aún no había desaparecido y sabía que tardaría mucho en hacerlo, ya que estaba realmente aterrado.

Se sentía como un niño que se había separado de su madre y ahora no la encontraba.

Y a pesar de la edad que tenía, Arran deseó que alguien pudiera darle un abrazo, decirle que todo estaba bien, en orden, que no iba a pasar nada.

Querría haberse dejado mecer por quien fuera, que por primera vez en su vida no fuera él quien tenía que mostrar la sonrisa y ser fuerte ante la situación.

Quería un apoyo y, aunque tenía a Willow al lado, sabía que ella no podía ser porque no quería asustarla más de lo que ya estaba.

Solo quería vivir en paz; encontrar de nuevo ese sentimiento tan necesario para su corazón. Deseaba encontrarla y ver que no pasaba nada, que las cosas iban a estar bien. Pero hasta que no llegara a sus tierras, no iba a sentir una mínima parte de ello.

-------

James intentó ocultar el nerviosismo que sentía desde que aquella gente había aparecido en la puerta del castillo.

—Cameron, no puedes demorarte más o comenzarán a pensar que tenemos algo que ocultar.