Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 18
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CAPÍTULO 18

El corazón de Arran se quedó parado al instante.

Durante unos segundos, estaba seguro de que iba a caer al suelo, desmayado, sin vida o llorando desconsolado como un niño.

El hombre que estaba persiguiendo a la mujer de la que se había enamorado se encontraba a las puertas de ese castillo y ellos aún no habían tenido tiempo para abandonar el clan.

Pero lo peor de todo era que Willow se encontraba tranquilamente en su casa y tal vez corría peligro si se atrevían a ir al pueblo.

Las manos comenzaron a temblarle. El mismo miedo que había sentido tras la muerte de Kester apareció de nuevo en su pecho, amenazando con asfixiarlo.

El pasillo comenzó a dar vueltas a su alrededor, mareándolo, provocando que los oídos comenzaran a pitar de una forma casi infernal.

Dejó de escucharlos en el mismo instante en el que James había pronunciado aquella frase.

En su mente, solo había un nombre y un rostro: Willow.

¿Y si los hombres de Cole Fraser de Lovat aprovechaban para dar una vuelta por el pueblo mientras su señor se encontraba en el castillo?

¿Y si se cruzaban con Willow mientras esta iba a entregar el trabajo?

—¡Chattan! —escuchó que exclamaba Cameron.

Arran se sobresaltó visiblemente y dio un paso atrás, como si lo hubieran atacado. Al instante, quiso disimular, aunque le resultó imposible, pues lo habían visto claramente. Carraspeó y miró al laird.

—¿Qué pasa?

Cameron arqueó una ceja y se cruzó de brazos.

—Eso quisiera saber yo… ¿Qué ocurre?

James secundó a su laird.

—Sí, te has quedado pálido y has dejado de respirar. ¿Qué he dicho?

Arran intentó disimular ante ellos nuevamente, pero sabía que era tarde.

—No es nada…

—Es por ese hombre que está en las puertas, ¿verdad? —preguntó Cameron—. Te has puesto así al escuchar su nombre…

Arran negó con la cabeza. Sin embargo, ese simple gesto no pareció demasiado convencido.

—Antes te he hecho una pregunta, amigo. Y, si no te importa, la pienso volver a formular. ¿Corréis peligro Willow y tú?

El aludido tragó saliva.

—Y yo te voy a responder con las mismas palabras: yo no.

Cameron frunció el ceño y resopló.

—Ella sí, ¿verdad? ¿Tiene algo que ver con ese Fraser de Lovat?

Arran apretó los puños y desvió la mirada.

No quería traicionar la confianza de Willow contando la verdad, pero, al igual que antes, tampoco quería mentirle a Cameron.

Por eso, decidió que lo mejor sería responder con enigmas para que ellos mismos pudieran comprenderlo sin que él contestara directamente.

—Solo quiero pedirte que hagas una cosa cuando ese hombre cruce el portón del castillo.

—Dime y lo haré. Para eso somos amigos…

—Dile que no conoces ni has conocido nunca a una mujer llamada Willow Sutherland. Nosotros nos iremos de estas tierras ahora mismo para evitar problemas.

Cameron y James se miraron entre ellos y suspiraron.

—Solo respondes con enigmas, Chattan —dijo el segundo.

—No puedo hacerlo de otra manera sin traicionar a Willow.

Cameron se adelantó y puso una mano sobre su hombro.

—Esperaré media hora para recibir en mi despacho a Fraser de Lovat. Tienes ese tiempo para ensillar el caballo y marcharos. Después de eso, no puedo asegurarte que alguien se vaya de la lengua y os persigan.

—Media hora es tiempo más que suficiente, Cameron. Nos marcharemos a mi clan.

—¿Os seguirán hasta vuestro castillo? —preguntó el laird.

—La carta que recibí de Rowan me confirmó que ya han pasado por nuestras tierras, así que no creo que vuelvan por allí.

Cameron asintió.

—No sé qué ha hecho esa muchacha y por qué la busca ese desgraciado y puedes estar tranquilo porque no pienso hacerte más preguntas al respecto. Pero si estás enamorado de ella y quieres salvarla, hazlo ahora.

Arran asintió y miró a James, que se había quedado sorprendido.

—¿Enamorado? ¿Qué me he perdido de la conversación?

El guerrero Chattan le dedicó una sonrisa.

—Qué pena. Debiste seguirme hasta aquí cuando he cruzado el portón. Así habrías escuchado absolutamente todo. Ahora, si Cameron quiere, te lo contará él.

—Me parece muy feo por tu parte que no me lo cuentes tú.

—Acabas de escuchar que Cameron me da solo media hora. Cuando llegue a mi clan, te enviaré una misiva para explicarte… O no.

James rodó los ojos y sonrió ligeramente.

Le habría gustado pedirle más información, sin embargo, sabía lo importante que era el tiempo cuando la vida de una persona a la que amas pende de un hilo.

Él mismo tuvo que abandonar Edimburgo a toda prisa, con su esposa oculta bajo la capa, para evitar que esta acabara muerta.

Por eso, era la persona que más entendía a Arran en ese instante.

Le dio una palmada en la espalda y le dijo:

—Venga, te acompañaré a las caballerizas para que ensilles el caballo. Entretendremos a Lovat en la puerta.

Arran asintió y dirigió una última mirada a Cameron.

—Gracias por todo.

El aludido se encogió de hombros y dio un paso atrás.

—El mejor agradecimiento que puedes hacer es mantenerte con vida, amigo. Ten cuidado en el camino y cuando lleguéis a tu clan, protege a toda costa a esa mujer. Que cambie su apellido o su nombre para que nadie la señale y la encuentre.

Arran asintió.

—La protegeré con mi vida.

Tras estrechar su mano con fuerza para despedirse, Arran y James caminaron por el pasillo hacia la puerta de salida del castillo.

Lo hicieron en silencio, cada uno metido en sus propios pensamientos, pero los más negativos y desesperados eran los de Arran, que se aproximaba más al enemigo de Willow a medida que la salida del castillo estaba más cercana.

—¡Dad paso a Lovat! —vociferó el guerrero Buchanan a uno de sus compañeros—. Mientras tanto, tenemos tiempo de sobra para ensillar tu caballo.

Sin perder tiempo, James lo llevó a las caballerizas, donde había dejado al animal durante esos meses para que el mozo de cuadras de la fortaleza lo cuidara, ya que él no podía.

Allí lo ensillaron entre los dos en cuestión de segundos.

Arran tomó las riendas con fuerza en sus manos al tiempo que su corazón se desbocaba.

Estaba realmente nervioso. Hacía tanto tiempo que no se había sentido así que casi había olvidado la sensación de peligro.

Ni siquiera la sintió cuando Paul y sus amigos lo atacaron. Consideraba ese hecho como una simple pelea entre vecinos, pero lo que podría ocurrir con el tío de Willow era mucho más peligroso, especialmente si esta era la mujer por la que estaban allí.

Caminando al lado de James, que fingía estar tranquilo, Arran salió de las caballerizas y se dirigió hacia el portón por el que Cole y Miles Fraser entraban junto a sus hombres.

—Finge que no eres nadie, Chattan —susurró James—. Se te nota a leguas que estás acojonado con su presencia.

—Tened cuidado con él y su hijo. —Y mirando fijamente al guerrero, le espetó en un murmullo—: Asesinaron al hermano pequeño de Willow mientras dormía.

James lo miró sin poder contener una expresión de horror en el rostro, aunque rápidamente se obligó a cambiarla por una más fría y desinteresada.

—Maldita sea… —lo escuchó gruñir entre dientes—. Sabes que ha sido un placer tenerte aquí, ¿verdad?

Estaban a punto de cruzar todo el patio y llegar al grupo de recién llegados, pero Arran se giró hacia él con una sonrisa de lado.

—¿Te vas a poner sentimental?

—¿Por ti? Más quisieras…

James le dio una palmada en la espalda y lo dejó que se marchara.

Arran se adelantó a él y, en cuestión de segundos, llegó junto al tío y primo de Willow.

Estos lo observaron con cierto desprecio dibujado en sus rostros cuando él levantó ligeramente la mirada para observarlos de cerca.

Aquellos ojos le produjeron un escalofrío, ya que vio la muerte reflejada en ellos.

Como si el tiempo se hubiera detenido a su alrededor, Arran tuvo la sensación de que tardó demasiado en cruzar por su lado.

Necesitó de toda su fuerza de voluntad para no desenvainar la espada y terminar lo que la mujer que amaba comenzó, pero no solo eso, sino también para no sonreír al ver la increíble cicatriz que surcaba el rostro de Miles, el primo de Willow, después de que esta, dos años antes, le rajara la cara con la daga del propio joven.

No pudo ver la cicatriz de Cole, pues estaba escondida bajo sus ropas, pero estaba seguro de que sería igual de horrible que la otra.

El viento del norte sopló con fuerza en ese instante y movió el pelo del guerrero, casi ocultándole el rostro con los mechones, pero, aun así, pudo ver con claridad.

Arran siguió su camino intentando fingir serenidad y frialdad, sin embargo, podía sentir sobre su nuca las miradas de los recién llegados, como si hubieran podido notar, de alguna manera, que él escondía algo muy valioso para ellos.

En el momento en el que Arran dirigió su mirada hacia el portón del castillo, su mente solo pensó en una cosa: huir.

Tenían que abandonar esas tierras cuanto antes para evitar que Cole Fraser de Lovat pudiera dar con su sobrina.

Había visto el horror en su mirada, pero también la ira contenida y la promesa de una tortura antes de proceder a la muerte.

Eso era lo que le esperaba a Willow si daban con ella.

Pero él no iba a permitirlo, aunque tuviera que dar su vida por ello.

En el momento en el que cruzó el portón y este se cerró a su espalda, Arran montó sobre el animal y cabalgó a toda prisa hacia el pueblo. Tenía que coger sus pocas pertenencias y avisar a Willow para que hiciera lo mismo.