CAPÍTULO 17 #2
La cubrió por completo con su cuerpo mientras se retorcía.
Quería besarla, sentirla por completo, capturar de ella cada instante y, en el momento en el que la alcanzó el orgasmo, la apretó contra sí mientras su dedo seguía moviéndose dentro de ella.
Sonrió contra sus labios al sentir las contracciones de su cuerpo y atrapó todas y cada una de ellas hasta que Willow por fin se relajó entre sus brazos.
—Quiero escucharte decir que te vienes conmigo a mi clan, Willow —suplicó contra sus labios—. Vente y permíteme protegerte…
La joven abrió los ojos, todavía intentando recuperar el aliento, pero en el momento en el que abrió la boca para responder, Arran comenzó a penetrarla de nuevo, impidiéndole hablar al creer que iba a morir tras no poder soportar todo el placer que recorría su cuerpo en ese momento.
Willow estaba segura de que iba a desmayarse, pues las piernas no dejaban de temblarle.
Jamás se había sentido así a lo largo de su vida, pero conseguirlo con Arran era algo que le llenaba el alma.
Junto a él se sentía libre de hacer lo que quisiera, sin fingimientos, podía hablar con libertad y, lo más importante, él estaba dispuesto a defenderla de su tío si se daba el caso.
Sabía que nunca encontraría a alguien capaz de hacerlo, y eso era algo que hacía aumentar lo que sentía por él.
Y mientras lo sentía dentro de su cuerpo, la llenaba y todo a su alrededor parecía dar vueltas sin parar, Willow gemía de placer. Su mente, su cuerpo y su alma habían decidido ya una respuesta para Arran, que solo le diría cuando volviera a encontrar la voz.
Inconscientemente, mordió su cuello con suavidad, pues era tanto el placer que sentía que no podía contener sus instintos.
Willow arqueó de nuevo su espalda para gritar el nombre del guerrero y, aferrándose a él con fuerza, volvió a sentir un nuevo orgasmo que recorrió su cuerpo desde la cabeza hasta pies al tiempo que Arran también se dejaba llevar por el placer del momento y terminaba por derramarse completamente mientras rugía apretando la cara contra el cuello de Willow.
Segundos después, cuando logró recuperarse ligeramente de la fuerza del orgasmo, Arran levantó la cabeza y la miró con una sonrisa. En ese instante, Willow le devolvió la sonrisa y abrió la boca para decirle:
—Me iré contigo a tu clan.
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Una hora después, ambos comenzaron a vestirse de nuevo, obligándose a volver con sus quehaceres antes de marcharse al clan Chattan.
Durante ese tiempo habían comentado lo que harían al llegar, el cuidado que debían tener durante el camino para evitar cruzarse con el tío de la joven e incluso habían hablado sobre cómo se tomarían en su clan la llegada de la joven, ya que podría ponerlos en peligro.
Sin embargo, Arran decidió que lo mejor era ir poco a poco y sabía que lo primero que tendría que hacer antes de marcharse era comunicarle a Cameron su decisión de volver a su clan junto a Willow.
Sabía que tendría que dar una explicación sobre su marcha con la joven, por lo que tendría que inventar algo para evitar contar la verdad.
—¿Cuándo nos iremos? —preguntó Willow mientras ataca los cordones de su corpiño.
Arran levantó la mirada hacia ella, pues se encontraba atándose las botas y tuvo que ocultar una sonrisa al ver su rostro sonrojado y el pelo alborotado.
—Creo que lo mejor es hacerlo cuanto antes porque no sabemos exactamente dónde estará tu tío. Así nos evitamos problemas y sorpresas en el camino. Así que mañana a primera hora saldremos de aquí.
Willow asintió con cierto nerviosismo, retorciéndose las manos.
—¿Crees que tu hermano aceptará que alguien como yo llegue al clan?
Arran sonrió al levantarse de la cama y tomó el cinto entre las manos para colgárselo de la cadera.
—Si tu tío se atreve a declararle la guerra a mi hermano, no solo tendrá a los Chattan, sino que nuestros aliados son muchos y muy poderosos. Tenemos a Cameron, que ya nos ayudó meses atrás, pero también a los MacBean y MacGillivray. No estamos solos en esto.
Willow asintió, no muy convencida, y Arran se acercó a ella para poner las manos en sus hombros.
—No temas. No nos va a pasar nada.
—Confío en ti.
Arran sonrió ampliamente.
—Si no confiaras en mí, te llevaría igualmente conmigo.
Willow arqueó ambas cejas y modificó la expresión de su rostro para mostrar una más pícara y divertida.
—Para eso, tendría que dejarme atrapar.
Arran se encogió de hombros.
—Tranquila, tengo mis tácticas.
La joven rio y lo abrazó, aspirando su aroma con total libertad, algo que había deseado durante tantos días que ahora le resultaba sorprendente poder hacerlo sin tener que preguntar.
—Ahora debo ir a hablar con Cameron sobre nuestra marcha.
Willow se separó de él y asintió.
—Sí, yo tengo que terminar este trabajo y llevárselo a una vecina.
—Perfecto. Vendré a buscarte cuando haya acabado de hablar con el laird y recoja mis cosas. Nos marcharemos a primera hora.
—Gracias por todo, Arran.
El aludido la tomó del rostro.
—Haría lo que fuera por la mujer más hermosa de Escocia, la misma que me ha devuelto a mí mismo, la que me ha llevado a un nuevo renacer, a la que deseo y a la que amo desde el primer momento en que la vi.
En aquella noche, lograste sacarme de la amargura, del pozo y de la rutina con tan solo una mirada.
Y si tengo la enorme suerte de que tú también me amas, solo puedo hacer una cosa, y es protegerte de lo que sea que te persiga.
Hace dos años hiciste lo que debías y puede que la vida me pusiera en tu camino para que pudieras solucionar eso. Y lo haremos juntos.
Willow asintió, emocionada.
—Vendré más tarde —le aseguró el guerrero separándose de ella.
Y tras una última mirada, Arran salió de la pequeña casa de Willow.
Cuando cerró la puerta tras él, sintió que su corazón estaba totalmente lleno.
Hacía tanto tiempo que no se sentía así que ni siquiera lo recordaba.
Y darse cuenta de que no solo era desde la muerte de Kester en parte le dolió.
A medida que avanzaba en el camino hacia el castillo para hablar con Cameron, Arran comenzó a meditar sobre su vida.
Creía recordar sentirse así antes de la guerra contra los Ross, cuando toda su familia estaba unida y no había malentendidos.
Le costó entender que incluso antes de que Kester muriera tampoco se sentía de esa manera.
Al contrario, en esa época solo había destrucción y soledad a su alrededor, y su gemelo y él hacían lo que fuera para intentar cambiarlo, aunque no lograron hacerlo por completo.
Ahora lo entendía todo.
Había necesitado esos meses de soledad para entenderse a sí mismo, para saber que la muerte de Kester solo fue la gota que colmó el vaso y que necesitaba alejarse de todo eso para conocerse y ver otras formas de vida.
Lo que no esperaba era encontrar a una mujer que lograría llenar todo ese vacío que sentía en el fondo de su alma; que esa misma mujer lograría entenderlo porque ella misma había pasado por algo parecido y que esa mujer también lo amaría.
Jamás pudo haber imaginado que ese pacto que hicieron tiempo atrás los llevaría a despertar sentimientos en ellos.
Lo que había comenzado como un juego y como una idea entre amigos los había llevado a algo mucho más profundo y sanador que había provocado una maraña de sentimientos que habían logrado poner en orden para poder comunicárselo el uno al otro.
Y eso le pareció lo más hermoso que le había ocurrido en la vida.
No obstante, a pesar de ese sentimiento, sí tenía cierto temor o incertidumbre a regresar a su castillo.
Habían pasado solo unos meses, pero le parecían tan lejanos que creía haber estado en el clan Sinclair durante demasiado tiempo.
Pero sabía que era hora de regresar, y todo por Willow.
Sabía que allí su hermano y su clan podría protegerla de la misma manera que habían hecho con las esposas de sus hermanos o lo que habían hecho por Cora.
En el clan Chattan tenía aliados y, aunque Cameron también era uno de ellos y sabía que haría lo que fuera por él y su familia, no quería ni podía ponerlo en un aprieto si, finalmente, el tío de Willow se presentaba en tierras Sinclair.
Además, allí mucha gente conocía a la joven y podrían traicionarla.
—Solo has tardado unas horas en volver al castillo. Tenías que haberte quedado aquí.
La voz de James lo interrumpió desde lo alto de la muralla. Arran levantó la mirada y lo observó con una expresión irónica en los ojos.
—¿Tan mal le caes a Cameron que te tiene castigado en las murallas a diario?
James le guiñó un ojo.
—No. En realidad, soy tan entrometido que necesito ser el primero en saber quién llega al castillo.
Arran lanzó una carcajada y paró sus pies para observarlo mientras abrían el portón.
—Creo que eso es lo primero en lo que estamos de acuerdo desde que te conozco…
El guerrero Buchanan le guiñó un ojo.
—Lo sabía, por eso lo he dicho… —le respondió.
—¿Sabes dónde está tu laird?
James asintió.
—Lo encontrarás en la sala de armas. Creo que estaba entrenando a los nuevos guerreros.
—Vaya, que no lo hagas tú dice mucho de la confianza que te muestra… —lo pinchó adrede.
James sonrió de lado y se tocó la entrepierna.