CAPÍTULO 17
Al cabo de unos minutos, en los que apenas tuvieron aliento para decir nada, Willow se apartó de él y lo miró a los ojos.
En completo silencio, observó cada mota de azul grisáceo de su iris, lo que se reflejaba en su mirada y el resto del gesto de su rostro.
Vio a un hombre muy diferente al que había conocido la noche en la que la salvó de caer del árbol.
Allí había conocido a un hombre cuyo rostro solo rezumaba amargura, con los ojos casi muertos, carente de expresión y que parecía moverse casi por inercia.
Sin embargo, frente a ella había un hombre completamente diferente.
Si ese era el Arran antiguo, el que era antes de la muerte de su hermano gemelo, se trataba de un hombre verdaderamente impresionante, capaz de enamorar a una mujer con solo una mirada o una de sus sonrisas.
Ese día parecía haber una luz alrededor de él que lo envolvía todo, incluida a ella.
Ese era el hombre del que se había enamorado antes incluso de conocerlo en profundidad, pues algo le decía que ese era el que realmente deseaba junto a ella.
Y después de hablar con él y pedirle que se marchara a su clan, Willow estaba completamente emocionada.
Sabía que regresar a su clan era algo en lo que él aún no había pensado, pero que quisiera hacerlo para salvarla decía mucho de él, pues sabía que iba a pasarlo mal en cuanto pusiera un pie en el castillo.
La joven sonrió y levantó una mano para tocar suave y distraídamente su barba, hasta que él habló:
—¿Qué piensas?
Willow se encogió de hombros.
—En ti —confesó.
Arran sonrió y giró todo el cuerpo hacia ella.
—¿Y es bueno o malo?
La joven dejó escapar una risa.
—Bueno…
Arran arqueó una ceja.
—¿Eso qué quiere decir? Tendrás que ser más específica.
Willow negó con la cabeza, provocando que Arran fingiera una expresión de incredulidad e indignación.
Al instante, con un movimiento rápido, el guerrero comenzó a hacerle cosquillas.
Willow sabía que tenía varias zonas sensibles para ello, por lo que comenzó a reír a carcajadas, sin poder hablar, hasta que levantó una mano en señal de paz y logró hacer que Arran parara.
—Está bien, te lo contaré. Pero para, por favor.
Sin recuperar aún el aliento, Willow volvió a mirarlo a los ojos y la diversión que vio en ellos se contagió.
—Pensaba en lo que has cambiado desde que te conozco. La noche en la que nos cruzamos en el bosque parecías estar muerto en vida, y ahora eres muy diferente. Me alegra saber que has vuelto a ser el que eras.
Arran sonrió al tiempo que colocaba una pierna sobre las de la joven para acercarla más a él y evitar que se moviera de su lado.
—Todo lo que he conseguido es gracias a ti, Willow. Sin ti a mi lado, habría seguido siendo el mismo de estos últimos meses, así que supongo que tendremos que agradecérselo a la fortuna por haber cruzado nuestros caminos aquella noche.
Willow asintió y dejó que los dedos del guerrero recorrieran su cuerpo lentamente, casi con adoración.
—Yo también lo agradezco, aunque hay algo de lo que no estoy segura.
Los dedos de Arran se quedaron quietos a la altura de la cadera de Willow. Al instante, sus ojos se quedaron fijos sobre ella, mientras su corazón se sobresaltaba, casi temeroso de saber qué iba a decirle.
—¿A qué te refieres?
—A que debas sacrificarte por mí.
Arran frunció el ceño.
—Me temo que no te entiendo. ¿Crees que lo de hace un rato era un sacrificio?
Los ojos de Willow se abrieron desmesuradamente.
—¡No, por Dios! No me refiero a esto, sino… al hecho de regreses a tu clan; a tu castillo. En más de una ocasión has dicho que no estabas preparado y ahora volverías por mí. No sé si me parece justo.
Al saber que era eso lo que le preocupaba a la joven, Arran dejó escapar un suspiro de alivio. Esbozó una sonrisa y se encogió de hombros al tiempo que reiniciaba las caricias en el cuerpo de Willow.
—Cuando haces algo que realmente sientes en el pecho, en el corazón y en el alma, no es un sacrificio.
Y si lo fuera, lo haría sin dudarlo porque no pienso permitir que te encuentren, Willow.
Contigo he abierto los ojos, he podido volver a sentir, he vuelto a ser yo…
¿De verdad crees que voy a dejar que te atrapen para acabar colgando de una soga o algo peor?
No. Lo que siento por ti no es algo liviano como para llamar sacrificio a volver a mi clan.
Al fin y al cabo, es mi hogar. Y también deseo que lo conozcas.
—Aún me suena raro escucharte decir que sientes algo por mí.
Arran dejó escapar una risa.
—Pues lo siento, Willow. Y creo que lo peor que podía hacer era negarlo, como los días anteriores. Lo sentía, pero me daba miedo confesarlo y que tú no sintieras lo mismo. No quería sufrir de nuevo un revés.
—A mí me pasaba lo mismo. No quería decir nada para evitar que te rieras de mí por haber llegado a creerme nuestro propio pacto de fingimiento ante los demás.
El guerrero ascendió acariciando la espalda de la joven, hasta que posó su mano sobre el aterciopelado rostro de Willow.
—Eres hermosa por dentro y por fuera. Nadie puede negar eso. Incluso puedo entender la obsesión de Graham contigo. Cualquiera que tenga la capacidad de admirar la belleza humana podría acabar enamorado de ti.
—Eres demasiado poeta —susurró la joven.
Arran sonrió y la besó suavemente.
—Es la primera vez que me han dicho eso. Supongo que el amor que siento por ti es tan fuerte que me salen esas palabras…
—Me gusta que lo digas con esa libertad, pero también quisiera que me lo demostraras de nuevo de otra forma…
Arran la miró sin comprender, pero Willow sonrió ampliamente.
Estaba segura de que iba a ir al infierno por lo que estaba a punto de hacer, pues el sacerdote de su pueblo siempre había dicho que la unión entre un hombre y una mujer debería darse cuando ya estuvieran casados.
Sin embargo, la vida le había enseñado que no podía esperar a que ciertas cosas llegaran para poder vivirla.
Por ello, sin dejar de mirarlo a los ojos, subió lentamente la cadera y llevó su mirada hacia allí, demostrándole a Arran lo que quería decir realmente.
Willow se atrevió también a llevar la mano hacia la entrepierna de Arran, que reposaba sobre las sábanas y poco a poco comenzó a latir de deseo por ella nuevamente. Sonrojándose por lo que estaba haciendo, Willow escondió la cara entre las sábanas, pero Arran no la dejó.
Dejando a un lado la suavidad y el reparo con el que le había hecho el amor anteriormente a Willow, Arran rugió y la giró en la cama para que quedara bocarriba. Su cuerpo la cubrió al instante sin pedir permiso, sin reservas, pero con el mismo deseo que antes.
En esa postura, Arran dejó caer ligeramente su peso sobre ella y la miró a los ojos. Estaba tan hermosa con el pelo esparcido por la cama y sus ojos llenos de deseo que tenía que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para ir con calma, pues Willow era un bocado del que jamás podría cansarse.
—Aún no me has contestado —le dijo con la voz ronca por el deseo.
Willow sonrió de lado y abrió ligeramente sus piernas. Con Arran se sentía tan segura de sí misma y tan desinhibida que estaba sorprendida de sí misma por sus actos.
—Sobre qué…
Arran se mordió el labio inferior y movió ligeramente la cadera para que Willow pudiera sentir su miembro, ya erecto, contra su entrepierna. La joven suspiró de deseo, pero se mantuvo callada.
—Ven conmigo a mi clan. Allí te protegeré —dijo contra sus labios al tiempo que su cuerpo ardía de deseo—, podré cuidarte, darte lo que deseas.
—¿Y qué crees que deseo? —le preguntó la joven.
Los dedos de Arran aferraron con fuerza la sábana, incapaz de contenerse por más tiempo. Sin embargo, se obligó a esperar.
—Deseas esto —Una mano del guerrero se dirigió directamente hacia la entrepierna de la joven y, abriéndole más las piernas, comenzó a tocarla.
Willow se sobresaltó y arqueó la espalda, pero Arran estaba tan pegado a ella que apenas pudo moverse.
—Puede que solo esté fingiendo ese deseo… —murmuró esta cuando pudo encontrar la voz en algún lugar de su garganta.
El tono ligeramente divertido de Willow hizo sonreír a Arran, que torció la cabeza para mirar el cuerpo de la joven.
Esta se encontraba totalmente entregada, con las piernas abiertas, esperando recibir más por su parte, pero su voz fingía lo contrario.
Y ese juego le gustó, pues él nunca se había negado a jugar con algo así.
—Lo que yo creo es que te gusta…
Willow gimió contra su cuello al tiempo que sus manos buscaron las nalgas del guerrero y clavó allí sus uñas, haciéndolo reír.
—Suposiciones tuyas, Arran.
—Ya, claro… —ronroneó contra su boca antes de besarla.
Cuando la boca del guerrero atrapó sus labios, el gemido de la joven fue sofocado de inmediato. Aún no podía creer lo que estaba haciendo, pero estaba disfrutando tanto que rápidamente se olvidó de que debía tener más decoro.
Sus manos estrujaron las nalgas del guerrero y lo apretó contra ella, aunque este se apartó ligeramente mientras reía.
—Si aún tienes dudas sobre si venirte o no a mi clan, déjame darte una buena razón para que te vengas sin dudar.
Y a pesar de que Willow abrió sus ojos y lo miró para responder, su objeción quedó atascada en su garganta cuando uno de los dedos del guerrero se introdujo en su cuerpo, seductor.
Reclamaba su cuerpo de nuevo para él, quería que volviera a perder la razón, que olvidara su propio nombre, que solo recordara el suyo y que lo gritara tan alto que pudieran escucharlo desde el otro lado del país.
Su propio cuerpo palpitaba de deseo al sentir que su dedo era rodeado por la intimidad de Willow y sus jugos se confundían con la fuerza de su mano.
A pesar de que su cuerpo necesitaba volver a estar dentro de ella, Arran jugó con la joven, arrancándole gemidos y suspiros mientras disfrutaba de su fogosidad.