CAPÍTULO 16 #4
Y aquellas palabras que encerraban una promesa de auténtico placer fueron las que terminaron de hacer que se entregase a lo que sentía.
Ella misma deslizó la poca ropa que aún escondía su cuerpo, tirándolo sin miramientos a un lado de la cama y provocando la sonrisa de Arran.
Este también terminó de desnudarse y, en ese instante, las palabras fueron sustituidas por caricias, besos, respiraciones entrecortadas y silencios cargados de gemidos apagados por los labios.
A pesar de que Willow seguía teniendo algo de miedo en su interior, este fue sustituido rápidamente por el placer, pues sabía que el propio Arran también sentía un intenso pavor a mostrarse de nuevo como antes.
Fuera de allí, la lluvia se volvió intensa, comenzando a golpear los finos cristales de la pequeña ventana del dormitorio de Willow, pero ninguno de ellos fue consciente de ello, pues el mundo fuera de allí había desaparecido por completo.
Dentro de ese dormitorio, el tiempo parecía haberse detenido, aunque no para ellos.
Las manos de Willow se detuvieron en mitad de la espalda de Arran cuando este la cubrió de nuevo con su cuerpo. Este solo pensaba en una cosa: devorarla; hacerla suya una y otra vez; escucharla gritar y gemir… Lo quería todo de ella en ese momento.
Y por Dios que pensaba conseguirlo.
Desde su posición, el guerrero la recorrió con la mirada.
Hacía tantos días que la había imaginado desnuda que ahora que la tenía bajo él en ese estado era incapaz de creerlo.
Si ya era preciosa con la ropa puesta, desnuda lo era aún más.
Volvió a arrodillarse en la cama y llevó lentamente sus manos hacia los pechos de esta.
No quería dejarse ni un solo centímetro de piel sin acariciar.
Por ello, se detuvo primero en aquellos montes que parecían retarlo.
Los cubrió con las manos y sonrió cuando Willow gimió de placer.
Entre sus dedos, capturó ambos pezones y tiró suavemente de ellos. Sin poder resistirse, bajó la cabeza hacia ellos y los besó, los acarició suavemente con la lengua y disfrutó cuando estos parecieron querer salir del cuerpo de Willow al erguirse aún más contra su lengua.
Sonriendo, el joven los absorbió, capturando cada gemido de Willow, que se retorcía bajo su cuerpo. Esta había enredado los dedos entre los mechones de su pelo, casi tirando de ellos cuando Arran parecía querer alejarse de ella.
El guerrero dedicó unos instantes a cada uno de ellos.
Eran tan suaves y aterciopelados que se habría quedado a vivir allí de por vida.
Sin embargo, había más cuerpo para seguir acariciando, y sus manos descendieron por el vientre de la joven.
Arran levantó ligeramente la cabeza y la miró a los ojos.
Quería ver el fuego en ellos cuando la tocara en el centro de su ser, en la zona más íntima y placentera de su cuerpo.
Y cuando sus dedos jugadores apretaron el punto más delicado y Willow gritó de placer y arqueó la espalda, una sonrisa amplia se dibujó en los labios del guerrero.
La vio retorcerse y apretar las sábanas con fuerza al tiempo que unía sus labios para evitar desgañitarse de placer. Sin embargo, él no estaba dispuesto a dejarla contenerse. Quería escucharla y ver cómo se dejaba llevar por lo que sentía. Y, por ello, aumentó la fricción en su entrepierna.
—Déjate ir, Willow —dijo roncamente.
La joven le respondió con un gemido. Mantenía los ojos cerrados y solo era capaz de disfrutar de lo que estaba sintiendo.
En ese momento, no existía nada más que ese placer en aquella zona.
No vio la sonrisa de satisfacción de Arran, tampoco lo vio morderse el labio mientras contenía su propio placer y la veía disfrutar.
Y, segundos después, un torrente de sentimientos la desbordó por completo.
No sabía qué pasaba, ni siquiera sabía si eso era normal en ese acto, pero el placer que aumentó desde su entrepierna al resto del cuerpo estuvo a punto de hacer que se desmayara.
Su espalda se arqueó aún más e incluso una de sus manos acudió a la muñeca de Arran para pararlo, pero este rápidamente la apartó para seguir dándole placer.
El cuerpo de Willow se sacudía con fuerza, hasta que pronto comenzó a descender y pararse. En ese instante, Arran apartó la mano de su entrepierna y acarició sus muslos lentamente.
Sin perder la sonrisa, la cubrió con su cuerpo. Sentía cómo su propio miembro palpitaba, reclamando su placer y sus caricias. La besó tiernamente mientras Willow recuperaba el aliento. Llevó su miembro al centro del cuerpo de la joven y, lentamente, comenzó a penetrarla.
En ese instante, los ojos de Willow se abrieron para mirarlo y dejó escapar un suspiro de placer.
Lo abrazó intensamente y rodeó su cadera con sus piernas.
No sabía si debía hacer eso, pero era lo que su cuerpo pedía en ese instante.
Lo vio sonreír sin apartar la mirada de sus ojos.
Y ella se la devolvió. Se sentía plena, feliz y, a pesar del intenso placer que había sentido, quería más.
Su garganta dejó escapar un gemido cuando Arran la llenó por completo.
Nunca en su vida se había sentido así, pero sabía que era un sentimiento al que perfectamente podría adaptarse con facilidad.
Durante unos segundos, el guerrero se quedó quieto dentro de ella, observándola, como si temiera que, de repente, lo rechazara.
Y al ver que ella dejaba escapar otro suspiro de placer, salió ligeramente de su cuerpo para después volver a entrar en él con la misma suavidad.
Arran no quería hacerle daño, por lo que empezó a penetrarla de esa forma, con calma, quería que volviera a sentir placer con él dentro de su cuerpo.
Y en el momento en el que las caderas de Willow se elevaron, buscando más, Arran necesitó apretar las sábanas con las manos, pues estaba a punto de perder la razón.
—Dios santo, Willow, no te imaginas lo que siento… —murmuró con el cuerpo completamente tembloroso.
Esta abrió los ojos y lo observó. Llevó sus manos hacia las mejillas del guerrero y sonrió cuando el vello de su barba le hizo cosquillas.
—Eres muy hermosa.
—Quiero ir a tu clan, Arran —dijo entre gemidos—. Quiero irme contigo y que esto no acabe nunca.
El guerrero asintió, conteniéndose.
—Si no quisieras venir, sería capaz de secuestrarte —le dijo contra sus labios.
Willow sonrió y arqueó la cadera.
—Me dejaría secuestrar si lo que me espera después es esto.
Arran dejó escapar una risa.
—Pienso hacerte el amor cada noche si me dejas.
—Siempre —asintió la joven.
Y aumentando la velocidad de sus acometidas, Arran lanzó un rugido de placer y alcanzó un fuerte orgasmo del que no pudo contener un grito en el que se escapó el nombre de la joven mientras esta se dejaba llevar de nuevo por el calor que manaba del interior de sus muslos y clavaba las uñas en los hombros del guerrero.
Segundos después, Arran acabó cayendo sobre su cuerpo, exhausto, aunque rápidamente se deslizó hacia un lado de la cama y se tumbó, arrastrando con él a Willow, que apoyó la cabeza en su pecho y lanzó un largo suspiro de placer.
Arran depositó un beso en la coronilla de la joven y la abrazó con fuerza.
Después la arropó con las sábanas y cerró los ojos un instante.
Aquel era el mejor día de toda su vida. Algo dentro de él había despertado, había cambiado y había vuelto a la vida.
Por fin sentía que podía seguir viviendo.
Se había quitado un lastre y podía respirar de nuevo.
El viejo Arran estaba de regreso. Y pensaba aprovechar cada instante de la vida antes de que esta decidiera que era el fin de sus días.