Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 16 #3
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CAPÍTULO 16 #3

Finalmente, sus brazos la rodearon y la estrecharon contra él al tiempo que se apoyaba más contra la mesa, acorralándola, impidiéndole escapar de lo que ella misma le había pedido.

Sin embargo, al cabo de unos minutos en los que apenas se separó de ella, Arran la miró a los ojos. No quería hacer algo que ella de verdad no quisiera o no se sintiera preparada para ello, por lo que clavó sus ojos en la joven.

—Así es como actuaría el antiguo Arran.

Willow abrió sus ojos. Su respiración estaba realmente acelerada y apenas podía hablar debido al nerviosismo y excitación que sentía en su corazón y en la parte baja de su vientre.

Lo miró durante unos segundos en completo silencio y estuvo a punto de lanzar una queja por haber parado para hablarle.

Estaban tan cerca que el propio Arran había rozado sus labios cuando le habló.

Willow se mordió el labio inferior con nerviosismo.

Sus manos descendieron entonces del vientre del guerrero para apoyarse contra la mesa y en ese momento supo que jamás podría separarse de él.

No querría hacerlo nunca. Pero el peligro la rondaba y estaba segura de que su vida podría cambiar en cualquier momento.

Si finalmente era apresada por su tío, tendría dos caminos: la muerte o algo mucho peor que ella, el matrimonio con su primo.

Fuera como fuera, ese día entregaría su corazón y su alma a Arran.

—Eso apenas demuestra nada —le dijo en un susurro—. Quiero conocer más cosas del antiguo Arran.

La seguridad que mostró Willow en sus palabras lo conmovió y asustó a partes iguales. Ella parecía confirmarle con esas palabras que sentía lo mismo que él, que quería seguir adelante y que no quería parar. Y todo su ser vibró ante la idea de pasar toda una vida con ella.

Willow acompañó sus palabras moviendo de nuevo sus manos.

Estas dejaron de aferrarse a la mesa para comenzar a ascender por el vientre del guerrero, hasta su pecho, donde se quedaron paradas.

No obstante, los dedos de la joven apretaron su carne, llamándolo, incitándolo a seguir demostrándole qué habría hecho antes de cambiar.

El guerrero sonrió al sentirlos contra él y elevó una mano para acariciar la mejilla de Willow mientras la admiraba. Era verdaderamente preciosa, la más bonita que había visto jamás.

—¿De verdad quieres saberlo? —le preguntó con voz que parecía ser más un arrullo que una pregunta.

Willow asintió en silencio, y entonces, Arran supo que no podría contenerse por más tiempo. Esas eras las únicas palabras que necesitaba escuchar para volver a acortar la distancia entre ellos y para que todo lo que sentía por ella saliera a flote por primera vez.

Sin poder contenerse, Arran la besó de nuevo y Willow sintió que todo comenzaba de nuevo a dar vueltas a su alrededor.

Un poderoso calor ascendió por todo su cuerpo, recorriéndolo, llegando a cada recodo de su piel mientras esta se le erizaba ante el placer que sentía.

Armándose de valor, la joven subió las manos hasta el cuello de Arran, al que se aferró con fuerza.

Entrelazó los dedos en el pelo del guerrero, enredándolo, sintiendo su fuerza en la palma de la mano.

Arran gimió ante su contacto y su respiración se aceleró por completo, casi perdiendo el norte en ese preciso momento.

—No puedes imaginar cuánto tiempo he soñado este momento —susurró contra los labios de Willow.

Esta se apartó ligeramente de él, llevando su espalda hacia atrás para mirarlo a los ojos. Quería ver lo que estos reflejaban al mirarla, y vio la pasión, el deseo y un sentimiento poderoso de amor que surgía de cada mota de acero que mostraba su iris.

—¿Está mal si yo digo lo mismo? —preguntó Willow con el aliento entrecortado.

Arran sonrió y negó con la cabeza.

—Quiero que conmigo sientas tanta libertad que nunca te detengas para decirme lo que piensas.

Willow asintió y él no pudo evitar acariciar sus mejillas. Estas se encontraban tan rojas por la vergüenza y el calor que estaba aún más hermosa.

Durante unos segundos, ninguno de los dos se atrevió a moverse.

Se dedicaron a observarse profundamente, sin ambages, sin fingimientos…

Sin nada. Tan solo ellos dos con su libertad.

Se observaron como si todo lo que habían callado o fingido ante los demás saliera a flote y dejaran de contenerse.

Ya no había miedo, excusas o pactos entre ellos.

Sin poder evitarlo, Arran deshizo la distancia que separaba su cadera de la de la joven, provocando que se sonrojara aún más al sentir contra su vientre la protuberancia de su miembro.

Sonrió ampliamente, pues ella le había pedido que le mostrara al completo cómo actuaba antes de su sufrimiento.

Y así era él, siempre había demostrado a las mujeres lo que provocaban en él, despertando sus más bajos instintos.

—Este es el momento perfecto para que me pidas parar.

Willow contuvo el aliento.

—No quiero que lo hagas, Arran.

Aquellas palabras terminaron de romper la última barrera que podía haber entre ellos.

Con un rugido, el guerrero acortó la distancia y volvió a besarla.

Todo su ser vibró ante el contacto con sus labios.

Eran tan suaves y húmedos que parecían hablar por ella, pidiéndole más. Y él estaba dispuesto a dárselo.

Ya no había cautela ni temor. Las únicas barreras que quedaban entre ellos eran las de la ropa, y eso tenía fácil solución.

Willow lo acercó más a su cuerpo, rodeándolo con los brazos y acariciando suavemente su espalda.

Lo hizo con respeto, con amor y devoción, algo que nunca había sentido Arran por parte de nadie más.

Y la joven gimió cuando las manos fuertes del guerrero se dirigieron hacia su cadera y la apretaron con fuerza contra él, levantándola del suelo y llevándola hacia el dormitorio.

El beso se hizo más profundo mientras Willow perdía cualquier rastro de inhibición y desató su placer y atrevimiento al rodear la cadera de Arran con sus piernas.

Desconocía cómo debía actuar, pues ella jamás había hecho algo así, pero su cuerpo parecía saber lo que debía hacer en cada momento, como si estuviera preparado para el guerrero.

Mientras Arran la cargaba por el estrecho y corto pasillo, la besó sin cautela, dejando salir de él todo el deseo que había sentido desde aquella primera vez que la vio en el bosque.

Y a pesar de lo que disfrutó al hacerlo, lo que más le gustó fue la respuesta de Willow, rodeando su cuello con los brazos y acercándolo aún más, si cabe, a su cuerpo.

Rápidamente, la ropa comenzó a sobrar en ambos y en el momento en el que Arran encontró el dormitorio de la joven, la llevó directamente a la cama.

La depositó en ella con cuidado, aunque cayó sobre la joven cuando esta no quiso apartar los brazos de sus hombros.

Arran lanzó una risa que fue sofocada por los labios de Willow.

Esta se desinhibió por completo, dejándose llevar por el hambre que reclamaba su cuerpo, centrado especialmente en su entrepierna.

Las manos de Arran comenzaron a desnudarla, subiendo la falda de su vestido para poder sentir su piel contra la palma de su mano.

Apartó las medias de la joven y las tiró a un lado, junto a la cama.

Sin embargo, había mucha más ropa que quitar.

Por ello, llevó sus dedos hacia los cordones que ataban su corpiño.

Sin dejar de besarla, el guerrero deshizo poco a poco los nudos, hasta que logró pasarlos por cada uno de los ojales.

En el momento en el que logró deshacerse de estos, abrió el corpiño y le quitó el vestido.

Aprovechó ese instante para mirarla de nuevo a los ojos.

Willow estaba hermosa con todo el pelo desparramado por las níveas sábanas y sus ojos llenos de deseo.

Arrodillado en la cama, el guerrero llevó una mano al rostro de la joven, el cual acarició sin apartar la mirada de sus ojos.

Después, comenzó a descender por su fino cuello hasta toparse con la tela de la camisola que llevaba bajo el vestido.

Sin embargo, antes de quitársela, apartó su mano y la llevó a su propia ropa.

Arran sentía que esta le molestaba más que nunca, por lo que quitó su manto y lo tiró al suelo sin miramientos.

Después, subió su camisa por encima de su cabeza para quitársela, dejándola caer junto al resto de la ropa.

Con el pecho desnudo, se dejó caer ligeramente sobre Willow y le tomó con delicadeza una de sus manos.

Tras esto, la llevó a su pecho para que lo acariciara.

Necesitaba sentir contra el suave y aterciopelado tacto de la joven.

Tomándose libertades que no pensaba que podría atreverse a tener, Willow acarició el pecho de Arran, disfrutando de cómo el poco vello de este se enredaba entre sus dedos.

Durante un instante, pudo sentir los rápidos latidos del corazón del guerrero, que estaban completamente desbocados. Como los suyos. Sabía que en ese momento ambos habían dejado de luchar por el temor al rechazo o al qué dirán y debían dejar entrar al otro en lo más profundo de su ser.

Willow escuchó la respiración acelerada de Arran, que la miraba con cierta distancia, hasta que no pudo más y llevó una mano a los pequeños cordones que ataban su camisola.

—Esta no es la primera vez que te he desnudado, Willow. En mi mente lo he hecho tantas veces que creo reconocer cada recodo de tu cuerpo —susurró.

La joven sonrió.

—¿También me has hecho tuya en tu imaginación?

Arran sonrió y asintió.

—Muchas veces.

—Pues quiero que me hagas todo eso que has imaginado…

El guerrero se mordió el labio inferior, sintiendo cómo su deseo aumentaba al tiempo que sus dedos desanudaban por completo la camisola.

—Entonces, prepárate, Willow, porque no pienso parar hasta hacer realidad cada una de las escenas que he visto en mi mente.