Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

Willow creyó que había muerto del susto. Estaba segura de que su corazón se había parado de golpe al escuchar sus palabras. Incluso la ropa que estaba cosiendo se le cayó de las manos y tuvo que recoger todo para evitar que terminara en el fuego debido a los nervios que sentía.

Willow carraspeó cuando un pequeño nudo amenazó con ahogarla y entonces clavó su mirada azul en Arran. Este la observaba de forma tranquila, más serio de lo que había mostrado minutos antes, pero parecía querer transmitirle sosiego a pesar de que la conversación no iba a gustarle.

—Me ha sorprendido ver que estos días no me has preguntado por ello —comenzó diciendo el guerrero—. Pensaba que lo habías olvidado.

Willow intentó sonreír y se encogió de hombros.

—¿Olvidarlo? Jamás olvidaría esa conversación pendiente.

Antes de acudir a la fiesta me prometiste que lo explicarías después y durante todos estos días he tenido la pregunta en la punta de la lengua, pero no quería molestarte.

Tú tenías que recuperarte y no podía avasallarte con ese tema.

Te habían golpeado por mi culpa y consideraba que una conversación así no sería de buen agrado para ti.

Arran se dejó caer contra el respaldo de la silla y se cruzó de brazos. En sus labios había dibujada una sonrisa ligera, casi despreocupada, pero sus ojos no mostraban la misma diversión, por lo que Willow comenzó a preocuparse de verdad.

—No me habría importado que me preguntaras. Durante estos días, pensé que simplemente habías perdido el interés por conocer el contenido de esa carta.

—No, y la verdad es que ahora me acabas de provocar una necesidad. ¿Tan malo es?

Arran suspiró y acabó apoyando los codos en los muslos.

—Es preocupante… —comenzó diciendo—. Mi hermano Rowan se mostró sorprendido en la misiva por dos motivos: el primero de ellos era que yo me había atrevido a ponerme en contacto después de todos estos meses.

Hasta entonces, no había encontrado la manera de comunicarme con ellos porque no me sentía preparado.

Era como volver a recordar la muerte de Kester y no quería enfrentarme a ello.

El segundo motivo por el que Rowan se sorprendió con mi carta es el más importante.

—Están vivos, ¿verdad?

Arran asintió lentamente. No sabía cómo comunicarle lo que sabía, por lo que ahora que ella lo había hecho no podía negarlo ni añadir nada más que endulzara esa noticia.

—Rowan se sorprendió mucho porque justo el día anterior a la llegada de mi carta tu tío y tu primo habían pasado por nuestras tierras y le habían preguntado a mi hermano si te conocían o si te habían visto. Te describieron y Rowan, lógicamente, negó conocerte.

Arran respiró hondo, pues le quedaba por explicar la peor parte de la carta, y para ello sí que no encontraba la manera de hacerlo.

—Eso me lo podía esperar —dijo Willow—, pero estoy segura de que hay algo que aún no me has contado y que no me va a gustar. ¿Me equivoco?

Arran negó con la cabeza.

—Rowan me informó de que tu tío le había advertido que estaban viajando al norte porque solo les quedaba esta zona por inspeccionar.

—¿Y le contaron a tu hermano el motivo por el que me buscaban?

Arran torció la cabeza.

—Sí, por intento de asesinato y robo.

Willow se impulsó hacia atrás en la silla con tanta fuerza que estuvo a punto de caerse de esta.

—¿Por robo? Lo del intento de asesinato es cierto porque me habría gustado que acabaran muertos por lo que le hicieron a mi hermano. Pero ¿robo? Yo no les robé nada. Ni siquiera me dio tiempo a coger algo de ropa. Tuve que huir antes de que pusieran en marcha a sus hombres para perseguirme…

—Pues las acusaciones son muy serias, Willow. Con eso podrían llevarte a la horca.

El color desapareció del rostro de la joven, que apartó su mirada de Arran para bajarla a sus manos.

Sintió cómo se le llenaban los ojos de lágrimas y necesitó levantarse de la silla para pasear por el pequeño salón.

De repente, sentía que las paredes estaban empequeñeciéndose cada vez más, ahogándola, llevándola al límite, como haría la celda en la que acabaría si la encontraban.

—Intenté matarlos, sí —admitió de nuevo—, pero porque habían matado a mi hermano.

—¿Los viste capaz de hacerlo?

Willow se giró hacia él y lo miró como si le hubieran salido dos cabezas. Al instante, dejó escapar un suspiro y apretó los puños.

—Supongo que después de esto, dudas de mí. Es normal.

Arran frunció el ceño y negó con la cabeza.

—¡No! No dudo de ti, Willow.

El guerrero se levantó de la silla y se acercó a ella.

—Solo pregunto si los conocías lo suficientemente bien como para llegar a matar a tu hermano con la intención de amedrentarte.

—Andrew era lo único que me quedaba en la vida y me había defendido ante ellos, negándose a que me casara para que heredaran nuestros bienes, pues, a partir de ese momento, tendrían acceso a todo lo que nuestros padres nos dejaron.

Willow se llevó las manos al rostro e intentó apartarse de él, pero Arran aferró uno de sus brazos y la acercó a él.

No le gustaba verla tan derrotada. Sabía que esa conversación iba a ser dura y no le gustaría escuchar lo que iba a contarle, pero de pensarlo en su cabeza a verlo en la realidad era algo muy diferente que no podía soportar.

En su mente había pensado infinidad de formas y situaciones, pero no lograba encontrar la manera de tranquilizarla.

—Sabía que esto iba a llegar, de una forma u otra.

Las manos de Arran subieron por su brazo hasta las mejillas de Willow. Allí sostuvo su rostro y lo acarició suavemente.

—Mírame, por favor —le pidió.

Willow tardó unos segundos en obedecer, pero cuando lo hizo, Arran estaba tan cerca de ella que pensó que iba a besarla.

—Puede que tú ya hubieras imaginado esta situación, pero de otra manera.

En tu mente no contabas con que ibas a ir por delante de los pasos de tu tío.

Rowan nos ha dado esa información sin saber que nos ayudaba.

De hecho, ni siquiera me pidió explicaciones sobre el motivo por el que le preguntaba sobre ellos.

Ahora sabemos que están viniendo al norte.

—Pero eso no cambia nada. Mi vida y mi trabajo están aquí. Acabarán llegando. Recibiste la carta hace una semana, más el tiempo que tardó James en volver de tus tierras les da mucha ventaja.

—Sí, pero hay dos opciones en las que tú aún no has pensado.

—¿A qué te refieres?

Arran pasó la lengua por sus labios lentamente. Estaba a punto de hacer ofrecerle un nuevo pacto entre ellos, pues pensar en la posibilidad de perderla lo volvía completamente loco. Y se descubrió pensando que por ella haría lo que fuera.

—Puedo hablar con Cameron sobre lo que ocurre para que nos ayude y mienta a tu tío si se presenta en este clan.

Willow se mostró en contra de esa opción.

—Me mirarán de forma diferente. Además, no tienes la certeza de que el laird acepte mentir por mí. Yo no soy de este clan y podría meterse en líos con mi tío por ello.

—Entonces solo queda otra opción…

—¿Cuál?

Arran tragó saliva, ligeramente nervioso. Cuando sintió que las manos comenzaron a temblarle, las bajó para dejar de tocar a Willow. Y en el momento en el que se sosegó, le propuso:

—Ven a mi clan.

Willow creyó que había escuchado mal y lo miró esperando que dijera algo más, palabras que no tardaron en llegar:

—Hace una semana hablamos de la posibilidad de que vinieras a mi clan y aceptaste. Si tu tío ya ha pasado por allí, no volverá a buscarte, así que estarías a salvo.

La joven frunció el ceño.

—Pero aquí perdería todo. No encontraría un trabajo así.

—En el clan hay muchas cosas que hacer…

Willow suspiró.

—Pero tú… también tienes tu vida aquí.

Arran sonrió y se encogió de hombros.

—Mi vida está donde yo quiera vivir. Hace unos meses elegí marcharme y ahora decidiría volver si es por ti.

Los ojos de Willow se llenaron de lágrimas.

—¿Por qué? ¿Por qué harías eso por mí? Ya me has ayudado bastante. No podría permitir que dejaras todo aquí y te marcharas al lugar que te hace daño.

—Lo que me haría daño es ver que te apresan, Willow. Además, si tu tío alguna vez acude de nuevo a mi clan, mis hermanos y yo podríamos protegerte. Aquí sería imposible hacerlo.

—No has respondido a mi primera pregunta…

Arran sonrió y puso los ojos en blanco.

—Me has descubierto. Pensaba que lo dejarías pasar…

La joven lo vio alejarse de ella unos pasos y caminó hacia la pequeña chimenea.

Se apoyó en ella y suspiró mientras encontraba las palabras correctas.

Nunca le había costado decirle a una mujer que la deseaba.

Al contrario, le había resultado fácil y, si lo rechazaban, no le importaba y después fijaba su mirada en otra.

Sin embargo, con Willow era diferente. De verdad le importaba lo que ella pudiera sentir por él y temía que la joven lo rechazara o lo comparara con Paul en ese sentido.

—¿Podemos hablar sobre la decisión de venirte a mi clan?

Arran la miró por encima de su hombro y la descubrió caminando lentamente hacia él. Después, se apoyó también en la chimenea y le sonrió.

—Ahora me has provocado más curiosidad.

El guerrero sonrió y volvió a mirar el pequeño fuego que había frente a ellos.

—Es la primera vez en toda mi vida que me siento a gusto en compañía de una mujer —confesó finalmente.

—¿Me vas a decir que nunca has estado con una? Ya me confirmaste que solías perseguir a algunas mujeres de tu clan.

Arran lanzó una carcajada.

—No es eso. Con ellas era solo… bueno, ya te imaginas.

Willow sonrió al ver que, por primera vez, Arran se sonrojaba.

—A lo que me refiero es que con ellas nunca había mantenido conversaciones serias, hablado de la vida o de sentimientos.

Eso es algo que sí he hecho contigo y he sentido que me ha llenado el alma.

Y… me gusta. Bueno, tú me gustas. Ya te dije que el pacto que hicimos respecto a Graham lo realicé con sumo gusto y llevarte a mi clan para protegerte también lo haría porque de verdad quiero estar a tu lado.