Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 15 #3
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CAPÍTULO 15 #3

Willow, que se encontraba recogiendo todo para marcharse al castillo y acompañar a Arran en su convalecencia, no había imaginado que este aparecería en la puerta de su casa, llamando con insistencia para que le abriera.

Lo había esperado en el castillo, acostado y reposando hasta que sus huesos estuvieran sanos del todo.

No obstante, allí estaba, al otro lado del umbral de la puerta y mirándola con una sonrisa, como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera estado a punto de morir por ella.

Y, sin darse cuenta, sus labios le devolvieron la sonrisa que él mismo tenía en los suyos.

—¡Arran! —exclamó, sorprendida—. ¿Qué haces aquí? Deberías estar reposando aún.

El aludido fingió una expresión desolada y le dijo:

—Cameron me ha echado del castillo. Piensa que no soy buen invitado…

La sonrisa de Willow se desvaneció de golpe al escucharlo y la cambió por una expresión de preocupación.

—¿Qué? ¿Por qué ha hecho eso?

Arran lanzó una carcajada fuerte y se llevó una mano al costado cuando este protestó por el esfuerzo.

Intentó no doblarse sobre sí mismo por el dolor, aunque fue su propio orgullo el que lo obligó a mantenerse recto.

Fue un gesto simple, pero le recordó al Arran que había sido, pues nunca se había mostrado débil ante la mujer que pretendía conquistar.

Incluso su hermano Kester y él se ponían de acuerdo para ayudarse en caso de que alguno de ellos no supiera cómo gestionarse.

Ahora que estaba solo y había aceptado lo que le había pasado, tenía que hacerlo sin ayuda, por lo que su orgullo guerrero salió a flote para no mostrarse débil. No obstante, su risa se cortó de golpe para evitar hacerse más daño.

—Es broma, Willow. No pensaba que lo creerías.

La joven suspiró con alivio, provocando que Arran se quedara mirando fijamente a sus labios.

Ahora que él mismo tenía la mente más libre y sana fue consciente, una vez más, de que la belleza de Willow era incluso mayor de lo que pensaba en un principio.

Era verdaderamente hermosa, y la deseaba para él.

—Debería golpearte por esa broma…

Arran rio y se llevó teatralmente la mano al pecho.

—Ahora que mis moretones tienen mejor aspecto, me parecería muy feo por tu parte hacerme más…

Willow sonrió y negó con la cabeza, haciéndose a un lado.

—Entra, por favor, o tendré que darte lo más fuerte posible.

Llevándose un dedo a los labios, Arran dio un paso al frente y, en lugar de hacerlo directamente, cuando pasó por el lado de la joven, la miró de forma penetrante y sonrió de lado al tiempo que le guiñaba un ojo. Al instante, pudo ver cómo las mejillas de esta se tornaban de color carmesí.

Arran se preguntó si tal vez ella sentiría lo mismo que él.

A veces, había tenido la impresión de que era ligeramente fría con él, tal vez fruto de la vida que había tenido que vivir desde hacía dos años, pero, en otras ocasiones, había visto cómo lo observaba o las respuestas que le lanzaba, haciéndole creer que no lo consideraba solo un amigo, sino algo más.

Por eso, se propuso descubrir qué sentía por él y si podían llegar a ser algo más que amigos.

—Hace tantos días que no he salido del castillo que había olvidado lo bien que huele tu casa —le dijo mirando hacia la chimenea, donde había un caldero con la comida del día.

Willow sonrió.

—No debería decir esto, pero a pesar de que mis padres tenían cierto estatus en el clan, mi madre supo enseñarme a sobrevivir y encontrar un trabajo. Y no me ha ido mal…

—Tu madre entendía que la vida podía cambiar en cualquier momento.

La joven asintió y se sentó frente a él.

—Tienes razón. Y puede cambiar tanto que lo que te toque vivir a partir de entonces puede ser tan diferente que te cueste mucho aceptarlo.

—Sin embargo, tú has sabido sobrellevarlo.

—Hay días que cuestan un poco más, pero sí. Sabes que te toca sobrevivir un poco más y solo te queda seguir adelante.

—Es la segunda vez que me han dicho eso hoy —dijo Arran con una sonrisa en los labios.

—¿Quién más te lo ha dicho?

—La esposa de James.

—¿Arya? Es una mujer extraordinaria. A veces, me ha pedido trabajos y es muy amable.

Arran asintió.

—En un minuto me ha dado una gran lección de vida. Y he decidido tomar sus palabras una a una.

Willow sonrió pícaramente y se cruzó de brazos, fingiendo enfado.

—Así que en un solo minuto ella ha hecho más por ti que yo durante semanas…

Arran se carcajeó y negó con la cabeza.

—No, tú has conseguido mucho más, y eres más hermosa.

Willow no pudo evitar sonrojarse de nuevo, por lo que cambió rápidamente de tema.

—Eres un adulador, Arran Chattan. Por cierto, me sorprende que hayas venido a mi casa justo después de salir por primera vez al aire libre después de una semana.

La sonrisa de Arran menguó ligeramente, y la miró a los ojos.

—No solo tenía ganas de ver a mi única amiga en estas tierras, sino que había algo más.

—¿A qué te refieres?

—A que tengo una conversación con ella respecto a la carta que me envió mi hermano Rowan y de la que aún no hemos hablado.