Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

Una semana después, Arran pudo por fin levantarse de la cama.

Lo hizo a pesar de las quejas de Cameron para que descansara un poco más, pero sentía que estaba a punto de volverse loco si no salía de allí.

Durante todos esos días, había tenido la compañía de Willow, que se había llevado el trabajo allí con él y, mientras cosía, charlaba con él.

Había disfrutado de sus conversaciones, de sus risas y de todo lo que la joven representaba.

Cada vez que salía del dormitorio y lo dejaba solo, tenía la impresión de que su propia mente lo iba a volver loco y lo obligaría a hacer algo que no debía.

Sin embargo, cuando Willow regresaba, parecía iluminar cada recodo de la habitación con su presencia y su sonrisa.

Cada día que pasaba, Arran tenía la impresión de que estaba más a gusto con ella, como si el vínculo que habían creado entre ellos fuera más fuerte a cada instante.

Ya no podía imaginar un solo día en el que Willow no estuviera junto a él.

Y a pesar de que sabía que eso podía ser verdaderamente peligroso, no se planteó ni un solo instante en no volver a verla.

Sin embargo, ese día Willow aún no había ido junto a él cuando decidió levantarse. Su costado protestó ligeramente, pero se encontraba mucho mejor. Se aseó y vistió y cuando por fin estuvo listo, salió de allí.

Arran bajó las escaleras y caminó por los pasillos ligeramente incómodo.

Aquel no era su hogar, por lo que poder recorrerlos de esa forma tan libre le causaba cierta incomodidad.

Cameron jamás le había dejado entrever que ese no era su hogar.

Al contrario, le había pedido una y mil veces que se quedara en la habitación que le habían cedido para curarse de sus heridas.

Incluso llegó a amenazarlo con llevar allí todas sus cosas y así no salir del castillo más que para trabajar.

Sin embargo, Arran se había negado. No quería vivir en un castillo de nuevo.

Al menos no hasta que pudiera curar del todo esa herida. Y sabía que Cameron lo entendía.

—Al final has cumplido tu amenaza…

La voz de James lo obligó a pararse en medio del pasillo y se giró para verlo acercarse con una sonrisa en los labios. A su lado, su esposa Arya lo acompañaba y lo saludó con una sonrisa.

—Me alegro de ver que estás bien, Arran —le dijo la joven.

El aludido asintió.

—Gracias —Después, miró a James—. Ya sé que mi presencia en este castillo es esencial porque nadie te soporta, pero ya era hora de que me levantara para marcharme a mi casa.

—Eso es una cabaña cochambrosa. No se le puede llamar casa…

Arran sonrió ampliamente.

—Para mí es más que suficiente.

—¿Para ti y para la muchacha Sutherland?

Arya puso los ojos en blanco al mismo tiempo que Arran, y fue ella la que le respondió a James.

—¿Cuándo vas a dejar de meterte donde no te llaman?

—He descubierto que es muy divertido.

Arya sonrió de lado.

—Ya estás muy viejo para esas cosas…

James la miró con un gesto de indignación, pero acabó observando a Arran. Este levantó las manos y sonrió.

—Opino lo mismo que tu mujer, así que no sigas por ahí.

—Qué aburridos sois…

—Cuando la conversación trata sobre ti, el aburrido eres tú… —murmuró Arya.

James puso los ojos en blanco.

—Bueno, vamos a lo importante —acabó cortando la conversación—. ¿Cómo estás? ¿Te sigue doliendo algo?

Arran se encogió de hombros.

—El costado protesta un poco a cada movimiento, pero puedo soportarlo. Necesito moverme ya y volver al trabajo.

James arqueó una ceja.

—¿Al trabajo? Me temo que no has hablado con Cameron.

Arran frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—¿A qué te refieres con eso?

—A que, de momento, no puedes volver al trabajo, bajo orden de arresto si te atreves a ir a las tierras.

Arran resopló.

—¿Me habéis castigado? Eso se hace con los niños pequeños…

James sonrió y torció la cabeza.

—Si yo fuera el encargado de castigarte, recogerías más golpes de los que ya recibiste por parte de Graham. Pero no, no es un castigo. Eres el hermano de un aliado nuestro y no podemos permitir que trabajes hasta acabar exhausto. Y has sobrevivido de milagro.

—Exagerado… —se quejó Arran.

—No lo digo yo, sino la curandera.

—Necesito volver al trabajo. Yo no puedo estar mano sobre mano.

James tragó saliva y respiró hondo.

—De momento, lo tienes prohibido. Haz cualquier otra cosa, Chattan. Disfruta de la vida.

—Eso no es para mí.

Arya sonrió y dio un paso hacia él. Ella lo entendía perfectamente, ya que su hermana gemela había muerto muchos años atrás por salvarla a ella. Por eso sabía cómo podía sentirse Arran en ese momento.

—Mira, apenas te conozco porque te he visto solo un par de veces por aquí, pero cuando lo único que sientes es tristeza en el corazón, tienes únicamente dos opciones: la primera de ellas es dejarte morir con esa persona a la que has perdido.

Este es el camino más fácil y el que elige gran parte de las personas.

La otra opción es la más complicada, pero la más satisfactoria: seguir adelante; aceptar tu vida y exprimir cada día como si fuera el último.

Céntrate en aquello que te gusta hacer, sentir, experimentar…

Rodéate de personas que llenen de luz tu camino porque solo así podrás superar esa muerte y vivir plenamente.

Y que conste que no te digo esto desde la perspectiva de cualquier persona, sino desde la comprensión, porque yo perdí a mi hermana gemela, como tú.

Arya le sonrió y puso una mano en el hombro.

—Estoy segura de que te cuesta pronunciar su nombre. —Lo vio asentir—. Eso cambiará con el tiempo. Hazlo en voz alta y él seguirá vivo.

Arran la miró a los ojos. En lo más profundo de estos logró ver el dolor que aún sentía en el alma por la pérdida de su hermana.

No obstante, por delante lograron interponerse la felicidad y la plenitud que sentía en ese instante.

Y al pensar en que si se centraba en lo que le hacía feliz podía seguir adelante, acabó asintiendo de nuevo, pues en ese momento, un nombre logró aparecer en su mente.

Willow.

Ella podía ayudarlo. Y lo que sentía por la joven había aumentado durante la última semana.

No era un capricho. No era un juguete para él.

No era algo pasajero. No. Willow era especial.

Era su amiga, su confidente, la que lo hacía reír, la que lo sacaba del ensimismamiento, la que lo retaba, la que le hacía olvidar…

Lo era todo, pues también era la mujer a la que, sin darse cuenta, le había entregado su corazón.

Y, en ese instante, se propuso conquistarla.

—Tienes razón —acabó diciéndole a Arya—. Es un camino complicado, como escalar una montaña demasiado alta que te provoca vértigo. Pero sé que voy a conseguirlo.

—Estoy segura de ello.

Arran asintió con una sonrisa y se despidió de ellos.

Caminó por el pasillo hasta la salida del castillo.

Hablar con Arya había logrado cambiar algo en él.

Había sido una conversación breve, pero tan profunda que le dejó las cosas muy claras.

Tenía que vivir, seguir luchando y seguir viviendo.

Kester había muerto, pero él tenía vida aún.

Su corazón seguía latiendo y, lo más importante, seguía sintiendo, como lo que sentía por Willow.

Entendió que la vida era demasiado corta como para lamentarnos para siempre por algo que no se podía haber evitado.

Él amó a su hermano gemelo con toda su alma y seguía echándolo terriblemente de menos.

Así sería durante toda su vida, pero no podía centrarse solo en la muerte, sino también en la vida que él tenía por delante.

Ahora, por fin, entendía todo a la perfección.

Incluso lo que sentía por Willow creía saber qué era.

Y no estaba dispuesto a perder el tiempo en tonterías, en lamentaciones o en disputas consigo mismo que no valían la pena.

Nunca pensó que una simple conversación y unas palabras de ánimo de alguien como Arya pudieran hacerle cambiar de opinión de un momento a otro.

Entender lo que le pasaba por fin había logrado abrirle el camino.

En ese instante no sentía las cadenas que él mismo se había impuesto, ni siquiera el peso de su espalda era tan cargante.

No. Se sentía libre y con las ideas claras.

Por eso, se dijo que iba a conquistarla.

Haría lo que fuera para que Willow acabara sintiendo lo mismo que él, aunque sin agobios y respetando siempre sus decisiones.

Arran sonrió cuando el viento del noroeste le dio en el rostro.

Hacía tantos días que no sentía el aire limpio en su cara que estuvo a punto de llorar como un niño.

Durante los meses anteriores, apenas había sido consciente de ese mismo viento.

Había vivido de forma automática, sin pensar demasiado en el día a día, y ahora que había cambiado de opinión al respecto, se dio cuenta de cada detalle que había pasado por alto.

Con Willow había logrado vislumbrar algo de eso, pero no lo suficiente como para disfrutarlo y sonreír como en ese instante.

Sí había salido ligeramente del pozo, pero una parte de él se había quedado abajo, enterrado junto a Kester.

Ahora no. Ahora Arran sentía que era libre por completo y agradeció mentalmente a Arya por su consejo.

Él no quería el camino fácil. De hecho, nunca lo había querido.

Deseaba esa segunda opción: la más complicada, la más difícil de seguir.

Él era un hombre que amaba los retos. Y ahora tenía un objetivo en su vida, un propósito: conquistar a Willow.

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