CAPÍTULO 14 #3
—Que ya no tengamos que fingir que estamos juntos no quiere decir que tenemos que mentirnos descaradamente a la cara. No parece que todo esté bien. Al contrario, parece que te has asustado por algo, pero si no me lo quieres decir, estás en todo tu derecho.
La joven lo miró desde la puerta y acabó suspirando. Se acercó lentamente a la cama y se sentó en el borde sin apartar la mirada de Arran, que la observaba con curiosidad.
—Tienes razón, lo siento. Es solo que no quería preocuparte.
El guerrero dejó escapar una risa.
—Si me lo dices así, me preocuparé aún más.
Willow acabó sonriendo ligeramente, sintiendo que el peso de su pecho descendía. Una vez más, le sorprendió ver que junto a él todos sus problemas parecían ser menos importantes.
—Me acabo de cruzar con Paul en el pasillo.
Ahora fue el turno de Arran para ponerse pálido. Intentó incorporarse a pesar del dolor de su costado, pero Willow lo frenó.
—¿Te ha hecho algo?
—Tranquilo. No lo ha hecho, aunque si ha sido así es gracias a James Buchanan. Lo ha parado a tiempo. Solo me ha insultado, pero era algo que podía imaginarme. Supongo que el laird los ha convocado para anunciarles su decisión de expulsarlos del clan. Estaban realmente furiosos.
Arran la miró para intentar adivinar si había algo más que le ocultaba, pero los ojos de Willow eran sinceros, por lo que volvió a relajarse.
—Ellos se lo han buscado. Nosotros no los provocamos ni los incitamos a pelear.
La joven asintió.
—Tienes razón, aunque supongo que a partir de ahora no solo ellos serán mis enemigos. Imagina cómo se sentirán sus familias cuando los vean marchar…
Arran suspiró y alargó una mano para tomar la suya. No sabía por qué, pero a cada instante tenía la necesidad de tocarla, de hacerle saber que él estaba ahí, de que lo recordara, que no lo olvidara a pesar de que ya no tendrían que fingir lo de los días anteriores.
—Puedo imaginarlo, sin duda.
—Me odiarán e insultarán —la joven se entristeció—. Supongo que mis días en este clan están contados.
A pesar de que intentó sonreír, solo pudo dibujar una pequeña mueca. Por su parte, Arran negó, decidido, con la cabeza.
—Eso no tiene por qué ser así, Willow. Aunque no tengamos que fingir que estamos juntos, podemos hacer algo para remediar lo que puede pasar a partir de ahora.
Su mente bullía con rapidez, intentando encontrar la manera de retenerla a su lado un tiempo más.
—Después de lo que ha ocurrido, he pensado en algo.
Si hubiera llevado conmigo la espada, el resultado de la pelea habría sido diferente.
Supongo que debo dejar de renegar de lo que soy desde que era pequeño.
Volveré a sacarla del fondo del baúl y, por ello, si quieres, puedo protegerte de lo que pueda ocurrir con esas familias a partir de ahora.
Willow lo miró como si, de repente, le hubieran salido dos cabezas.
—¿Harías eso por mí?
—He fingido ser tu prometido, que era más difícil. Defender con mi espada es algo que llevo haciendo desde que era un crío. Si aún no te has cansado de nuestra amistad, podría protegerte.
—Pero ¿estás seguro de lo que quieres hacer? No deseo volver a meterte en problemas.
—No te equivoques. Los problemas siempre han acudido a mí sin que haya nadie en medio para traerlos…
Arran rezaba en silencio para que Willow aceptara su proposición.
Se dijo que tal vez era un hombre egoísta que solo pensaba en él, en lo que ella le hacía sentir y en la necesidad que se había creado de estar a su lado.
Pero es que no podía ni quería perderla de vista.
Willow se había convertido en una mujer con la que deseaba estar, y no solo porque desde que estaba con ella se había sentido mejor tras la pérdida de Kester, sino también porque su cuerpo la deseaba terriblemente, casi con desesperación.
Quería tocarla, besarla, hacerle el amor una y otra vez mientras la escuchaba gemir pronunciando su nombre.
Willow era la mujer más hermosa que había conocido y no quería perderla.
No podía ponerle nombre a lo que sentía por ella, pero tampoco quería hacerlo.
Solo sabía que deseaba estar con ella por encima de todo, ignorando al resto del mundo.
La joven sonrió y meditó sobre sus palabras.
—No estoy segura… Después, tú volverás a tu clan y yo me quedaré aquí con esa gente…
Arran sonrió de lado.
—¿Quién ha dicho que voy a volver a mi clan?
—Es lo más lógico. Supongo que cuando te sientas mejor, regresarás.
Arran puso los ojos en blanco.
—Pues estaría bien que te vinieras conmigo.
Willow no pudo evitar lanzar una carcajada.
—Yo no tengo nada en tu clan.
—Tampoco aquí. Además, en eso te equivocas. Si yo regresara a mi clan, me tendrías a mí.
—Hasta que te casaras con alguna chica…
Arran frunció el ceño.
—O hasta que me casara contigo —le espetó sin pensar en lo que estaba diciendo.
Willow lo miró largamente. A veces tenía la impresión de que Arran le decía aquellas cosas para desviar su atención sobre algo. No obstante, en otras, pensaba que estaba jugando con ella, pues esa parte de él era completamente desconocida para ella.
Sin embargo, sus propios sentimientos tomaron una decisión antes de que la joven pudiera pensar en una respuesta coherente y acabó respondiendo sin pensar:
—Entonces sí, aceptaría.