Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 14 #2
55%

CAPÍTULO 14 #2

Cameron se encontraba en su despacho cuando James regresó de cumplir su petición. A primera hora de la mañana no había podido desempeñar lo que le había prometido a Willow sobre lo ocurrido en medio del bosque, por lo que tuvo que esperar al mediodía para llevarlo a cabo.

Por eso, había enviado a James a buscar a Paul y al resto de amigos que habían estado con él durante la celebración de su nombramiento como jefe del clan.

Estos habían puesto en peligro a uno de sus invitados y hermano de sus mayores aliados, por lo que no podía dejarlo pasar.

En su clan siempre había habido tranquilidad y paz, y no podría dejar que uno de los suyos pusiera en riesgo todo eso por una obsesión.

Cameron mojó la pluma en la tinta justo en el momento en el que unos nudillos llamaron a la puerta. Se dejó caer contra el respaldo de la silla para darle la bienvenida a quien había detrás de la puerta.

Esta se abrió al instante, mostrando el rostro serio de James, que entró al despacho, seguido de Paul y los culpables del ataque a Arran y Willow.

Su guerrero se quedó junto a la puerta y la cerró cuando todos estuvieron dentro de la estancia.

Al instante, Cameron se sorprendió al ver la postura lánguida y humilde de Paul.

En su rostro vio una expresión suave, casi de cordero degollado, que logró sorprender a Cameron, pues nadie podría haber imaginado que él era el culpable de un ataque a pocos metros del castillo.

El laird respiró hondo y dejó escapar el aire poco a poco.

—Supongo que os estáis preguntando por qué os he hecho llamar…

Paul fue el que tomó la iniciativa y lideró al resto del grupo, respondiendo por ellos.

—La verdad es que sí, laird, aunque lo primero que nos gustaría mostrarle es nuestro agradecimiento por la increíble fiesta de ayer y por habernos invitado a ella.

Cameron sonrió amablemente y unió sus manos sobre la mesa antes de seguir.

—Me alegra ver que a la gente del pueblo le gustó y lo pasó bien. Tal vez algunos lo pasaron demasiado bien…

Paul frunció el ceño.

—No logro comprender.

—Tranquilo, ahora lo entenderéis.

Paul miró a sus amigos, y estos le devolvieron una mirada ligeramente preocupada, aunque ninguno quiso mostrar sus verdaderos sentimientos.

—Lo que estoy queriendo decir es que casi todo el pueblo disfrutó de la fiesta, pero hubo un par de vecinos que acabaron de la peor manera posible.

—Muchos se pasaron con la bebida… —terció Paul con una sonrisa.

Cameron negó con la cabeza, levantándose de la silla y rodeando la mesa para acercarse a ellos. Lo que quería decirles tenía que ser cara a cara, a la misma altura, por lo que se cuadró de hombros frente a ellos, actuando como haría cualquier laird que está a punto de amonestar a uno de los suyos.

—No fue eso lo que quiero decir. Como muchos de vosotros habréis visto, en el clan se encuentra el hermano de uno de nuestros aliados, que es Arran Chattan. Curiosamente, anoche acabó apaleado en mitad del bosque.

—Vaya, es una pena lo que ha pasado… —dijo Paul con gesto de aparente lástima.

Tras él, James arqueó una ceja, sorprendido por la falsedad que mostró el joven.

—Lo es, de la misma forma que también lo es el hecho de que sus agresores acabarán fuera de este clan en este preciso instante.

Tanto Paul como sus amigos se mostraron visiblemente nerviosos, pero ninguno quiso decir nada, hasta que Paul se atrevió a decir.

—No sé qué tiene que ver eso con el hecho de que estemos aquí todos nosotros.

—¿De verdad no lo imagináis? —preguntó Cameron con cierto aire irónico—. Lo pregunto porque me sorprende que no seáis conscientes de lo que habéis hecho.

Al lado de Paul, su amigo se sobresaltó:

—No hemos hecho nada.

—No es eso lo que ha llegado a nuestros oídos.

—¿Es lo que te ha contado Willow?

Cameron sonrió de lado y miró a Paul.

—¿Cuándo he nombrado yo a la muchacha? ¿Acaso ella sabe lo que ha pasado?

Paul se golpeó mentalmente por haberse dejado llevar por la rabia. Sin decir nada, se había autoculpado del ataque a Arran. Y tanto sus amigos como él se dieron cuenta del error al ver sonreír a Cameron.

—Yo no he dicho eso, laird. Lo he comentado porque fue ella la que estuvo con Chattan toda la tarde. He supuesto que se encontraba con él cuando sucedió el ataque…

A pesar de que logró salir airoso de la explicación, sabía que su sentencia estaba firmada.

—No voy a entrar en detalles sobre lo sucedido, pero sé que fuisteis vosotros quienes atacasteis a Chattan.

—¡No hicimos tal cosa!

—Entonces, ¿el propio Chattan ha mentido?

Cameron quiso apartar a Willow de lo que le habían contado para evitar represalias contra ella. Y al ver sus rostros cuando les confirmó que estaba vivo, no le quedó duda alguna de la implicación de todos en ese acto tan aberrante.

—No tengo más que añadir, pues la decisión está tomada. Yo mismo vi, durante la celebración, cómo te acercabas a Chattan y mantenías una conversación subida de tono con él. No apartaste la mirada de ellos durante toda la noche.

—¡Porque Willow es mía! —vociferó Paul acercándose a él.

James carraspeó y llevó la mano a la espada, esperando instrucciones de Cameron para lanzarse sobre él, sin embargo, el laird esperó a que fuera su interlocutor el primero en hacer algo.

—Acabas de admitir que odiabas a Chattan por estar con la muchacha. Lo cual te convierte en su único enemigo. Más que nada porque Arran no conoce a nadie más desde que está aquí.

Paul renegó entre dientes al verse descubierto y miró a sus amigos, que lo observaban con odio.

—Repito: mi decisión está tomada. Desde este instante, todos estáis expulsados del clan. No quiero en mis tierras a personas que no son capaces de respetar a los demás, así que tenéis una hora para recoger vuestras cosas y abandonar todo esto. Mis hombres os acompañarán y os llevarán fuera de aquí.

Paul apretó los puños con fuerza y se mantuvo callado. Después, Cameron volvió a retornar a su asiento mientras James les indicaba el camino a seguir para salir del despacho.

—Vamos, el tiempo apremia —les dijo.

Sin añadir nada más, todos salieron de allí y caminaron por el pasillo que los había llevado hasta allí. Sin embargo, lo que ninguno esperaba, ni siquiera James, fue cruzarse con Willow, que venía de las cocinas para avisar de que Arran ya había despertado.

Al verlos de nuevo, y sin esperarlo, la joven dio un respingo y se quedó completamente parada en medio del pasillo. En ese momento, Paul levantó la mirada iracunda hacia ella y la señaló con toda la rabia que sentía en su interior:

—¡Tú, maldita zorra del infierno! ¡Tú tienes la culpa de todo!

Paul intentó lanzarse contra ella, pero el propio James logró pararlo a tiempo, agarrándolo por debajo de los brazos y llevándolo hacia la puerta de salida.

Desde su posición, Willow lo observó y temió que el resto de hombres se lanzaran contra ella. Supuso que el laird les acababa de indicar que habían sido expulsados del clan, y renegó por que la fortuna se hubiera puesto en su contra en lugar de evitar un encuentro.

Al instante, los demás salieron del castillo, provocando que Willow pudiera suspirar, tranquila.

Había podido quitarse a Paul de encima, pero el precio que había tenido que pagar había sido demasiado alto, pues no solo se había ganado unos nuevos enemigos, sino que ella misma sufriría a partir de entonces por haber caído rendida frente a Arran.

Pasados unos minutos, cuando por fin logró calmar los rápidos latidos de su corazón, Willow retomó la marcha y subió de nuevo las escaleras hacia el dormitorio en el que habían dejado al guerrero herido.

Con la mano aún en el pecho por el susto, Willow mantuvo la cabeza agachada. Deseaba que todo aquello quedara atrás y por fin pudiera retomar su vida, olvidando lo que había sucedido en el bosque. Sin embargo, sabía que había algo que jamás volvería a ser lo que era: su propio corazón.

Por Arran había sentido lo que jamás por otro hombre, y pensar en que todo eso iba a quedar atrás le rompía más y más el corazón. Y aunque se repetía que iba a superarlo y a seguir con su vida, ya nada sería igual.

—¿Ha ocurrido algo?

La voz de Arran la sobresaltó y dio un respingo.

Willow levantó la cabeza y estuvo a punto de golpearse mentalmente por no haberse dado cuenta de que había entrado en la habitación que ocupaba el guerrero y que aún mantenía el gesto asustado en su rostro.

Cerró la puerta tras de sí y tragó saliva al tiempo que asentía:

—No, todo está bien.

Arran arqueó una ceja y acabó esbozando media sonrisa de lado.

—No es eso lo que dice tu rostro… Parece que hayas visto un fantasma. Estás más blanca que la nieve, Willow.

La joven bajó la mano de su pecho y se encogió de hombros. No quería preocupar a Arran, pero este no modificó la expresión de sus ojos.

—No es nada importante…