Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 14
54%

CAPÍTULO 14

Arran tragó saliva al ser consciente de ese pensamiento.

Tuvo miedo, sí, pero también se sintió pleno, más lleno de vida que nunca.

Y ese era un sentimiento que no había logrado sentir desde que le habían arrancado a otra mitad meses atrás.

Su corazón se exaltó al pensar en el hecho de que se sentía lleno, como si hubiera encontrado de nuevo a esa otra mitad que le faltaba, y no era Kester.

En ese momento, suspiró largamente y apretó los puños contra la cama.

Willow se encontraba con la cabeza apoyada en una mano y parecía estar a punto de dejarse caer hacia adelante.

Parte de su pelo cubría su rostro y llevaba el mismo vestido con el que había acudido a la fiesta, aunque ligeramente manchado de barro.

Casi podía sentir sobre sus labios los de Willow al recordar lo que había pasado entre ellos antes de que aparecieran Paul y sus amigos.

Se había dejado llevar como el antiguo Arran habría hecho, pero lo que no había esperado fue la aceptación de Willow para responderle con el mismo deseo que él.

Así dormida estaba realmente preciosa y su sonrisa se acentuó, llevándolo a un estado de felicidad que le hizo olvidar que le dolía el costado.

Para intentar verla mejor, movió ligeramente los brazos para incorporarse, pero en ese momento, su costado protestó más que nunca, haciéndolo gemir de dolor.

Su rostro se contrajo al tiempo que cerraba los ojos, por lo que no pudo ver que Willow se despertó al escucharlo y se acercó corriendo a la cama.

—¡Arran! —la escuchó exclamar—. ¿Cómo te encuentras?

El guerrero sintió la pequeña mano de la joven alrededor de su muñeca y no se movió en absoluto para evitar que ella se apartara. Cuando el dolor cedió, abrió de nuevo los ojos y los clavó en ella.

—Como si me hubiera pasado una centena de caballos por encima… —le dijo con voz ronca.

Y a pesar de todo, le sonrió. La joven le devolvió el gesto y la escuchó suspirar aliviada. Seguidamente, se sentó en la cama, a su lado, sin apartar la mirada de él, como si temiera que fuera un sueño el simple hecho de estar vivo.

—¿Cuánto tiempo llevo aquí?

—Desde anoche, y es mediodía.

Arran abrió los ojos desmesuradamente.

—¿Mediodía? —preguntó, horrorizado—. ¡Tendría que estar trabajando!

Intentó incorporarse, pero el dolor atravesó su costado y le impidió moverse, aunque no solo eso. Las manos de Willow se aferraron a sus hombros desnudos y lo frenaron en seco.

—¿A dónde crees que vas?

—Tengo que trabajar.

—Por Dios, Arran, tienes varias costillas rotas. No puedes moverte. Además, estamos en el castillo del laird. Y él mismo en persona ha pedido que reposes hasta ponerte bien.

—No puedo quedarme acostado, yo…

La voz del guerrero se perdió antes de que pudiera terminar la frase.

—¿Qué pasa?

Arran dudó un instante, hasta que acabó suspirando y cerrando los ojos un segundo, para después responder:

—Trabajar me hace olvidar —confesó—. No puedo quedarme aquí.

Willow esbozó media sonrisa y volvió a sentarse en la cama junto a él. La joven se miró las manos y acabó diciéndole:

—Si quieres, yo puedo quedarme para hacerte compañía. Iba a marcharme a hacer mis trabajos, pero pueden esperar.

—No quiero que te sientas obligada.

La joven puso los ojos en blanco.

—No es una obligación. Además, me gusta pasar tiempo contigo. Así podré contarte lo que ha pasado…

Arran frunció el ceño con desconfianza.

—Eso me da miedo. ¿Qué ha pasado? ¿Te hicieron daño anoche cuando…?

Willow negó con la cabeza.

—No, tranquilo —lo cortó al ver que intentaba moverse—. No pasó nada de lo que estás pensando…

La joven intentó sonreír, pero supo que solo le había salido una mueca extraña al ver que los ojos de Arran se oscurecían por la preocupación.

—Cuando Paul se marchó, pude correr hasta el castillo para pedir ayuda. James y otros dos guerreros te trajeron aquí. La curandera del castillo hizo todo lo que pudo por las costillas, las heridas y los moretones.

Arran arqueó una ceja y durante unos segundos la observó, hasta que acabó sonriendo.

—¿Y si me lo cuentas sin hacer resumen?

Willow dejó escapar una risa y se encogió de hombros.

—Tampoco hay mucho más que contar.

—¿Qué te parece si me cuentas lo que hizo o dijo Graham antes de marcharse?

La sonrisa de Willow desapareció de golpe, provocando que Arran la mirara con firmeza.

—¿Se atrevió a tocarte?

—¡No! —exclamó Willow—. Es solo que… dijo que debíamos romper nuestra relación o te matarían.

—No les tengo miedo, así que puedes estar tranquila porque no vamos a “romper” nuestra relación.

Willow negó con la cabeza.

—No es solo eso… Cuando la curandera terminó de curarte, el laird me preguntó qué había pasado y tuve que contarle la verdad.

Ellos ya saben que nuestra relación era una mentira.

Pero no solo eso. Le conté que había sido Paul el culpable del ataque y lo van a expulsar a él y a sus amigos del clan. Así que ya no tendremos que fingir.

Willow intentó esbozar una sonrisa, pero volvió a dibujar una mueca extraña.

Esperó la reacción de Arran, pero este parecía haberse quedado anonadado ante sus palabras, incapaz de decir nada al respecto.

Por un lado, sabía que ese momento iba a llegar a su fin, pero no esperaba que fuera poco más de una semana después de idear el plan.

Por otro, Arran no deseaba que eso terminara.

Alejarse de Willow supondría volver a la oscuridad, esa misma en la que había estado envuelto hasta hacía unos minutos, en los que creía que estaba muerto.

Y no le gustó.

—Ahora estás libre… —dijo Willow intentando fingir que no le importaba ese alejamiento al que se verían obligados a partir de entonces. Sin embargo, fracasó estrepitosamente en su intento por aparentar.

Arran volvió a fruncir el ceño al tiempo que apretaba los dedos contra las sábanas, intentando mostrarse calmado.

Pero no era así. Estaba totalmente aterrado ante la idea de perderla, de no volver a verla, de pensar en que ella podría hacer su vida con otro hombre.

No podía imaginarla lejos de él, pero tampoco quería convertirse en nuevo Paul.

—Lo dices como si fingir que estábamos juntos hubiera supuesto una carga para mí —acabó diciéndole.

Willow se encogió de hombros.

—Ya sé que no era una carga, pero ya me has hecho el favor. Al final, ha salido bien la idea, aunque no esperábamos que tú acabaras herido.

—Las heridas y los huesos curan —le dijo con cierta dificultad al ser consciente de que su suelo temblaba de nuevo bajo sus pies—. Y claro que no era una carga para mí. Si lo fuera, no te lo habría propuesto. Es solo que… me he sorprendido. No pensaba que se fuera a acabar tan pronto.

Admitir eso en voz alta y a la propia Willow le costó menos de lo que esperaba.

Arran sentía que algo en su interior se resquebrajaba, pero se obligó a no mostrar de nuevo su mayor debilidad, pues no quería que Willow se quedara junto a él tan solo por obligación, sino porque ella de verdad lo deseara.

—Tú lo has dicho… se ha acabado —admitió la joven con cierta dificultad—. Pero podemos seguir siendo amigos, ¿no?

—Por supuesto —le aseguró Arran con más seguridad a pesar de que sentía que temblaba todo su ser.

—Además, tú también estás mejor estos días. Supongo que tanto uno como otro hemos hecho bien nuestro trabajo.

Arran asintió, aunque no muy convencido. Sí, desde que conocía a Willow se sentía muchísimo mejor, pero no quería alejarse de ella, ya que temía volver a caer al pozo.

—Te agradezco lo que has hecho por mí —le dijo el guerrero—. Eres la única que ha sabido tenderme la mano para salir de donde estaba metido.

Willow lo miró y tuvo la sensación de que se estaban despidiendo para siempre.

Tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para que sus ojos no se llenaran de lágrimas o lloraría durante lo que quedaba de día.

Había esperado que Arran acabara pidiéndole que se siguieran viendo, pues lo que había sentido junto a él era demasiado fuerte y profundo como para olvidarlo en pocos días.

Arran se había metido de lleno en su corazón y después de haber creído que Paul lo iba a matar, algo le aseguró que aquello que sentía era algo más que amistad.

Por ello, sintió que su corazón se rompía en mil pedazos.

Se había encariñado demasiado con él y había acabado perdiendo. Durante días llegó a imaginarse al lado de Arran el resto de su vida, pues era el único que conocía su verdadera historia y, a pesar de eso, no había salido corriendo. Y sabía que nadie más lograría algo así con ella.

—No tienes que agradecerme nada. Para eso están los amigos…

Arran sonrió levemente y asintió.

—Respecto al beso de anoche…

—Fue solo un beso —se adelantó la joven para evitar que siguiera.

Willow sabía que, si tenían esa conversación, se sonrojaría y no podría esconder sus sentimientos ante él. No quería mostrar esa parte tan íntima de ella con él para evitar que le hiciera daño.

—Ya, pero no quiero que pienses que me aproveché de ti. Simplemente, te vi hermosa y me lancé como habría hecho antes de que toda mi vida se fuera al traste. Lo siento.

Willow se obligó a sonreír.

—No tienes que pedir disculpas. Ya lo hiciste anoche y sigo pensando lo mismo.

Arran sonrió con cierta picardía.

—¿Sigues pensando que te gustó?

La joven puso los ojos en blanco.

—Oh, por favor, eso no…

Arran intentó carcajearse, pero el dolor de su costado lo frenó en seco. Rápidamente, y para evitar seguir con ese tema, Willow se puso en pie y se dirigió hacia la puerta.

—Iré a pedirle a la curandera que se pase por aquí ahora que has despertado. Ayer dijo que tenía que cambiarte los vendajes.

Arran asintió con un gesto, pues no quería hablar ahora que sentía que su costado protestaba más que nunca desde que había abierto los ojos.

Y al ver que Willow abría la puerta y lo dejaba allí, solo pudo pensar en que tal vez acababa de perder la mejor oportunidad para confesarle lo que sentía por ella, aunque no supiera realmente qué era.

-------