CAPÍTULO 13 #3
Willow sintió un nudo en la garganta. Se sentía como si tuviera que despedirse de él para siempre, como si lo que hubieran construido fuera a destruirse en cualquier momento. Y eso la hería en lo más profundo de su ser.
Tal vez demasiado, pero no podía evitarlo.
La joven suspiró y se paseó por la habitación, hasta que acabó parada junto a la ventana y miró la oscuridad a través de ella.
Desde la muerte de su hermano no había encontrado la manera de sentirse plena, pero con Arran sí lo había sentido.
No sabía qué nombre tenía aquello, tal vez podía llamarlo cariño o amistad, pero no quería que se rompiera por nada del mundo, y Paul había conseguido que eso llegara a su fin.
Se dijo que tal vez se había hecho ilusiones con lo que habían construido, pero esa ilusión debía acabar cuando al inicio del día siguiente Paul y sus amigos fueran expulsados del clan.
Willow se apoyó contra la jamba de la ventana y se llevó los dedos a las sienes.
Hacía un rato que había comenzado a tener un terrible dolor de cabeza y solo quería descansar, pero pensar en que iba a tener que despedirse de lo que tenía con Arran hizo que no pudiera encontrar el sueño, por lo que quería disfrutar de esas horas en las que el guerrero estaba convaleciente para poder mirarlo por última vez antes de que cada uno volviera a sus vidas y solo se encontraran alguna que otra vez por el pueblo.
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No sabía lo que había pasado, pero lo que sí tenía claro era que creía estar muerto.
No se había movido aún y sentía cómo su costado se clavaba en su pecho a cada respiración que hacía.
Pero no solo eso: no le hacía falta abrir los ojos para saber que todo daba vueltas a su alrededor.
Sí, eso solo podía responder a que estaba totalmente muerto.
Los recuerdos de la paliza que había recibido se presentaron en cuanto recuperó la consciencia y su preocupación por Willow estuvo a punto de hacerle despertar de golpe e incorporarse en la cama, pero el dolor de su costado era tan fuerte que apenas podía moverse sin sentir que algo se clavaba en lo más profundo de su cuerpo.
A pesar de que apenas podía abrir los ojos, Arran se obligó a intentar descubrir dónde estaba y si estaba muerto de verdad.
Intentó escuchar algún murmullo, un soplo de aire, cualquier cosa que le confirmara su realidad.
Pero no sentía absolutamente nada, pues todo estaba en silencio y nada le movía el pelo o la ropa.
La frustración estuvo a punto de hacerlo gruñir, pero incluso la garganta le dolía demasiado, por lo que se quedó callado.
Aún podía escuchar las risas de Paul y sus amigos, pero, especialmente, lo que más recordaba eran los gritos de desesperación de Willow por él y por intentar soltarse del hombre que la amarraba.
Él había intentado absolutamente todo para deshacerse de los que lo atacaban para acercarse a ella y ayudarla, pero la desventaja pudo con él y cayó antes de lo que esperaba.
En ese instante, pensando aún que estaba muerto, recordó a Kester y a sus padres.
Les pidió que se mostraran a él y lo recogieran del infierno en el que se encontraba, pues no quería estar solo ahora que había perdido a Willow.
Sin embargo, sus ruegos no parecieron ser escuchados, ya que ni su hermano ni sus padres fueron a por él.
Frustrado, Arran se obligó entonces a abrir los ojos.
Solo le quedaba por probar eso, por lo que poco a poco despegó los párpados.
Sin moverse, para evitar hacerse más daño, movió únicamente sus ojos, pero volvió a cerrarlos cuando la potente luz del día le dio de lleno en el rostro.
Apenas había podido ver nada con esa luz, pero estaba seguro de que no había muerto.
Por ello, se animó a abrir los ojos de nuevo y cuando estos se acostumbraron a la luz, descubrió que se encontraba en un lugar que desconocía.
Arran frunció el ceño y miró hacia el techo, el único lugar que podía ver sin tener que mover al cabeza.
En ese instante, vio que el techo y la pared estaban hechos de piedra, por lo que dedujo que se encontraba en el castillo, algo que el dosel le confirmó.
Lentamente, giró la cabeza hacia su derecha y descubrió que había una ventana por la que entraba la luz que tanto le había molestado.
Ese día había amanecido radiante, algo que estuvo a punto de hacerle renegar, pues podría disfrutar de un día así junto a Willow en lugar de estar convaleciente en la cama.
Apenas pudo ver mucho más, así que giró el rostro hacia su derecha y, en ese instante, su corazón estuvo a punto de detenerse.
Una sonrisa se dibujó en sus labios a pesar del dolor que sentía, pero tuvo la sensación de que todo su ser se llenaba de plenitud y alegría al ver a Willow sentada en un pequeño diván totalmente dormida.
Y, al instante, sintió algo en su interior que no pudo explicar, tampoco ponerle nombre, pero lo que sí tenía claro era que jamás olvidaría esa estampa, pues le sorprendió darse cuenta de que querría verla a diario a su lado cada vez que sus ojos despertaran a un nuevo día.
Y esa era la mayor revelación de toda su vida.