Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 13 #2
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CAPÍTULO 13 #2

Willow suspiró y tragó saliva. Respiró hondo al tiempo que ordenaba sus ideas.

—Desde hace un tiempo tengo que aguantar la insistencia de Paul Graham para que me convierta en su esposa. A pesar de que cada vez que ha insistido le he respondido que no, él no lo acepta y siempre vuelve a mi casa para seguir reclamando.

—Sí, ya me he dado cuenta de que las cosas con él están ligeramente tensas —dijo James—, pero no entiendo qué tiene que ver Chattan en todo esto.

—Una de las veces que Paul había acudido a mi casa, se cruzó con Arran, que venía a comer…

—Willow no pudo evitar sonrojarse, por lo que sintió la necesidad de explicarse—.

Me salvó de una buena caída en el bosque cuando me subí a un árbol para recuperar mi manto, que había volado.

Al tener esa deuda con él, decidí invitarlo a comer, por lo que justo ese día vio a Paul en la puerta de mi casa.

Vio que yo estaba en problemas con él y que Paul no quería aceptar mi negativa, por lo que decidió intervenir.

Willow miró fugazmente a Arran y bajó la mirada, sintiéndose aún peor que antes.

—Todo esto es por mi culpa… —dijo con un suspiro—. Ese día le expliqué lo que estaba pasando con Paul y se le ocurrió una idea…

Levantó la mirada hacia Cameron y se mordió el labio inferior.

—No os enfadéis, por favor.

El laird arqueó una ceja al tiempo que James se llevaba una mano a la sien.

—Mal empezamos… —murmuró este último.

—La verdad es que con esas palabras incitas precisamente a lo contrario, muchacha —fue la respuesta de Cameron.

Willow se retorció las manos con nerviosismo.

—A Arran se le ocurrió que podríamos fingir estar prometidos ante todo el mundo para que Paul se alejara de mí y, aunque sabía que no debía, acepté. Lo que no imaginaba era que podría llevarnos a esto…

Cameron resopló.

—¿Así que por eso habéis acudido juntos a la fiesta?

Willow asintió.

—Pensamos que la mejor manera de convencer a Paul de que estábamos juntos y así alejarse de mí era confirmarlo en la fiesta. Por eso, os he pedido que no os enfadarais, porque os hemos mentido. Realmente, no estamos juntos.

—Pues sabéis fingir muy bien, muchacha —le dijo James—. Hasta yo me he creído que Chattan estaba cambiando.

Willow sonrió ampliamente.

—En eso no finge. Realmente está cambiado. Le dije que, si me ayudaba con lo de Paul, yo lo ayudaría a sentirse mejor por la muerte de su hermano.

La sorpresa se reflejó en el rostro de Cameron, que dejó escapar una risa.

—Vaya… un plan muy bien hilado por una parte y por otra. Nos lo hemos creído de principio a fin.

La joven desvió la mirada.

—Sí, pero ha llevado a Arran a este estado. Paul se ha sentido hoy tan enfurecido que nos ha esperado en mitad del bosque con sus amigos.

—Malnacido… —murmuró James más para sí que para el resto.

—Me ha culpado de lo que le han hecho porque, según él, soy suya y de nadie más. Dice que, o lo dejo, o lo matarán para quitarlo del medio.

Cameron se atusó la barba y caminó de un lado a otro de la habitación, hasta que paró de nuevo junto a la cama y miró fugazmente a Arran.

Este permanecía con los ojos cerrados, ligeramente pálido y con el resto del cuerpo lleno de moretones.

Tenía suerte, sin duda, pues podría haber acabado muerto y él tendría que haber dado demasiadas explicaciones a los Chattan por la muerte de otro de los hermanos.

Por ello, tomó la decisión más correcta para todos:

—A partir de ahora no tendréis que volver a fingir ante nadie porque Graham y sus amigos serán expulsados del clan.

No admito esa clase de comportamiento entre los nuestros.

Nadie es de nadie, muchacha. Tú eres libre de decidir casarte con él o no, y si no lo deseas, él debe aceptarlo. Por ello, serán castigados duramente.

Willow asintió con media sonrisa.

—Gracias.

Cameron imitó su gesto.

—Pero reconozco que no me gusta haber sido engañado. Podrías habernos contado lo que te estaba pasando.

—Pero eso era algo particular, un problema mío. Al laird no le interesan las cosas íntimas de cada uno.

—Vivís en mi clan y soy el jefe. Si alguien tiene un problema, quiero saberlo, por nimio que sea. Yo te habría ayudado de otra forma. Sin embargo, lo entiendo perfectamente. Tal vez yo habría hecho lo mismo que él.

Pero desde el otro lado de la cama, James acabó sonriendo.

—Al final yo tenía razón, había alguien que lo estaba cambiando…

—Bueno, yo solo le ofrecí compañía.

—Yo también y, sin embargo, la mía no la aceptó —insistió James sin perder la sonrisa—. Supongo que yo no soy tan guapo…

Willow acabó sonrojándose, por lo que Cameron carraspeó para llamar su atención.

—Lo importante ahora es que Chattan se recupere y Graham y los demás obtengan su castigo. Ahora, puedes irte a casa. James te acompañará…

Al ver que el guerrero se acercaba a ella para indicarle el camino, Willow dio un paso atrás y miró a Cameron:

—Si no es mucho pedir, me gustaría quedarme aquí. Está así por mi culpa.

La joven intentó ignorar la sonrisa irónica de los labios de James centrando su mirada exclusivamente en el laird, que tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no secundar a su guerrero.

—¿Estás segura de esto? Como tú misma has dicho, solo fingíais. No hace falta que te quedes aquí a cuidarlo.

—Nuestra amistad no era fingida —le aseguró—. Solo quiero ayudarlo.

Cameron lo meditó, pero acabó asintiendo.

—Está bien. Ordenaré que te traigan todo lo que necesites y pidas.

—Estoy bien así. Gracias.

Cameron sonrió levemente y le hizo una señal a James para salir de allí.

—Si tenéis algún problema, necesitáis ayuda o Chattan empeora, no dudes en gritar para llamarnos.

—De acuerdo. Gracias por todo, laird.

Cameron asintió y se despidieron de ella.

En el instante en el que se quedó sola y el silencio la rodeó, Willow se sintió abrumada.

Bajo ningún concepto había pensado que acabaría la noche así, y menos después del beso que Arran le había dado después de la fiesta.

Había pasado de sentir que volaba a la profundidad de los infiernos.

Tampoco imaginó jamás la verdadera cara de Paul.

Este había mostrado su verdadera máscara y era tan horrible que deseaba que se marchara de allí cuanto antes.

El castigo que Cameron había decidido para él le parecía bien, por lo que acabaría encontrando por fin la paz.

Sin embargo, la marcha de Paul significaba una cosa: tendría que alejarse de Arran de una vez por todas.

Ya no tendrían a nadie a quien engañar, por lo que no se verían tanto como antes.

Y su corazón se encogió ante esa perspectiva.

Desde que lo conocía había descubierto a un hombre con el que podría pasar todas las horas del día sin tan siquiera cansarse.

Con él podía ser ella misma, no tenía que fingir nada, se reía, se sentía segura, nerviosa, alterada, había recuperado la alegría y todo su ser se exaltaba.

Cada día se levantaba con la necesidad de verlo de nuevo, de sentirlo a su lado, de saber que estaba ahí y podía escuchar su voz.

Pero a partir de ese momento, Arran ya no tendría la necesidad de pasar más tiempo con ella, pues él mismo había conseguido también lo que deseaba: volver a ser él.