Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

Varios minutos después, el silencio los envolvió de nuevo cuando Paul y sus amigos los abandonaron en mitad del bosque.

Con lágrimas aún en los ojos, Willow se obligó a reaccionar.

Se levantó rápidamente y se lanzó hacia Arran.

Este yacía en el suelo bocabajo, por lo que lo giró con suavidad, provocando que lanzara un gemido de dolor, aunque sus ojos siguieron cerrados.

—¡Arran! —exclamó la joven, intentando despertarlo.

Willow sacudió sus hombros, pero no obtuvo respuesta del guerrero.

Desesperada, miró a un lado y a otro del bosque, encontrándose con la más absoluta oscuridad y soledad.

Nadie pasaba por allí en ese momento y los pasos de Paul y sus amigos quedaron demasiado lejos de ella.

Por eso, sin pensar en nada más que en salvar a Arran, se puso en pie y se subió ligeramente la falda del vestido para que la tela no le molestara.

Sin perder tiempo, Willow corrió hacia el castillo y deshizo el camino.

Sabía que allí habría gente que podría ayudarla, pues Arran era demasiado pesado como para poder llevarlo ella sola a su cabaña.

Apenas miraba al suelo. Saltaba y sorteaba los obstáculos como si la luz del día se reflejara en su camino. Y en el momento en el que el resplandor de las antorchas del castillo rompió la oscuridad, estuvo a punto de lanzar un gemido de alivio.

—¡Ayuda! —gritó cuando sus pies llegaron junto al portón aún entreabierto.

Willow entró desesperada, mirando a un lado y a otro del patio de armas del castillo y su mirada se dirigió directamente hacia la muralla.

Por suerte, allí se encontraba James Buchanan, que había ido a comprobar nuevamente cómo estaba yendo la noche fuera de la fiesta. Y descendió de un salto los últimos escalones.

—¿Qué ocurre? —preguntó mirando a la espalda de la joven, esperando ver allí a Arran.

—Nos han atacado en el bosque y Arran…

En el rostro de James se dibujó una expresión de auténtico horror al creer que le iba a decir que no había sobrevivido.

—¿Está muerto? —preguntó con cierto temor por conocer la respuesta.

Willow negó con la cabeza.

—No, pero no despierta. Está bastante mal.

—Llévanos donde está. Lo traeremos al castillo. ¡Travis, Henry, venid conmigo! ¡Los demás, avisad al laird de que traeremos a un herido!

Intentando mantener la calma, Willow los condujo por el oscuro sendero hasta el bosque, donde encontraron a Arran en el mismo lugar donde ella lo había dejado con anterioridad.

Durante unos instantes, el temor le hizo pensar que alguien podría haberlo visto y haberlo rematado, o tal vez un animal hubiera olido su sangre y se hubiera acercado para herirlo aún más.

Sin embargo, Arran se encontraba solo, aunque tan malherido como antes.

—Nos sorprendieron aprovechando la oscuridad —le explicó la joven.

James asintió y se arrodilló junto a Arran.

—Eh, Chattan, ¿puedes oírme?

James lo sacudió con cuidado y al ver que no respondía, miró su cuerpo.

La oscuridad no le permitía ver con claridad, así que tocó ligeramente el pecho de este.

Al instante, le arrancó un gemido de dolor, por lo que descubrió que tenía varias costillas rotas.

El guerrero Sinclair chasqueó la lengua y renegó entre dientes.

La sangre que salía de la frente de Arran era evidente a pesar de que no había luz, por lo que debían llevarlo cuanto antes al castillo para ser curado.

Levantó la cabeza hacia los dos guerreros y les informó:

—Tiene algunas costillas rotas y varias magulladuras. Debemos cargarlo con cuidado.

—Se va a poner bien, ¿verdad? —preguntó Willow retorciéndose las manos con nerviosismo evidente.

James se incorporó y la miró con curiosidad. Se encogió de hombros y suspiró.

—Chattan es fuerte y seguramente lo hará, pero no conocemos el alcance de sus heridas.

La joven asintió y se apartó cuando los demás se agacharon para agarrarlo con cuidado.

Ella querría haber ayudado, pero temía hacer algo que pudiera impedir la rapidez con la que llegaran al castillo.

Por ello, se limitó a observar y a quedarse a un lado cuando lo levantaron del suelo y este gimió de dolor.

Willow se apretó las manos con fuerza, sintiéndose culpable por lo que había sucedido, pero jamás imaginó que Paul pudiera ser tan peligroso como había demostrado esa noche. De haberlo sabido, lo habría echado de su vida con más ahínco y jamás habría aceptado el plan de Arran.

Con paso ligero, el grupo inició la marcha de regreso al castillo.

Willow caminaba detrás de ellos sintiéndose tan mal que estuvo a punto de echarse a llorar de rabia y frustración nuevamente.

Sin embargo, se contuvo y se obligó a mostrarse fuerte.

Ya lo había hecho dos años atrás cuando abandonó las tierras de su tío y tuvo que buscarse una nueva vida.

Sin embargo, sentía que ese instante era diferente.

Dos años atrás estaba completamente sola.

Ahora tenía a Arran, que había despertado en ella sentimientos tan puros y profundos que estaba totalmente asustada por el posible desenlace del guerrero esa noche.

Y después del beso… La joven miró hacia otro lado, sabiendo que estaba a punto de descubrir algo que no estaba segura de querer sentir.

Y menos ahora que no quería que Arran corriera peligro por su culpa.

Pero Willow no pudo evitar llevarse una mano al pecho: sabía que se había metido en un zarzal días atrás cuando decidió aceptar la proposición de Arran; y lo peor de todo era que no quería que aquello terminara a pesar del peligro que ahora corrían.

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Todos en la habitación esperaban con los nervios a flor de piel mientras la curandera del clan terminaba de dar los últimos ungüentos malolientes al cuerpo de Arran.

Cameron y su esposa se encontraban justo detrás de la mujer, que no dejaba de gruñir cada vez que veía una nueva herida.

Al otro lado de la cama se encontraba James, que estaba de brazos cruzados mirando el cuerpo lacio del guerrero Chattan al tiempo que fruncía su ceño cada vez que la mujer exhalaba con fuerza.

Sin embargo, la persona que más incómoda, más pendiente y más preocupada estaba se encontraba a los pies de la cama.

Willow observaba todo en silencio, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para no hacer lo mismo que la curandera.

La joven apretaba con tanta fuerza su falda que estaba a punto de arrancarla del vestido.

Sin embargo, mantuvo una pose calmada a pesar de todo.

No dejaba de observar las manos de la mujer, que no dejaban de moverse, pero lo peor de todo era tener que aguantar el silencio que se había formado en la habitación después de llevar el cuerpo de Arran hasta allí.

Willow se obligó a fijarse en la decoración de la habitación para no caer en la locura.

No imaginaba que los dormitorios tenían semejante decoración.

Estaba claro que estos estaban decorados por la mano de una mujer, pues era tan rica que indicaba claramente la posición en la que se encontraba el clan en ese momento.

Una enorme chimenea proporcionaba calor a la habitación.

Sobre esta, el escudo de los Sinclair parecía brillar con fuerza.

Numerosos telares colgaban de la pared, haciendo que la estancia fuera agradable y acogedora.

La enorme cama central era verdaderamente hermosa.

Un dosel colgaba de unas enormes varas de madera retorneada.

Sábanas blancas arropaban a Arran, aunque algunas zonas se habían manchado con su sangre.

Una pequeña ventana dejaba ver la oscuridad de la noche, casi teñida de sangre por lo que había sucedido, mientras que una mesa y un baúl terminaban de decorar la estancia.

Willow arqueó una ceja. Aquella habitación era tan grande como la casa que disfrutaba en ese clan, aunque recordaba que su verdadero hogar era tan amplio como ese castillo.

—Esto ya está… —murmuró la curandera.

La atención de todos se centró en la mujer, que se incorporó con un gesto ligeramente dolorido al tiempo que se llevaba las manos a la espalda. La edad de esta casi le impedía caminar, pero estaba tan dedicada a la curación de todos que no le importaba seguir atendiendo a la gente del pueblo.

—¿Cómo está? —preguntó Cameron tan serio que parecía ser una persona diferente a lo que Willow había conocido.

La mujer suspiró y torció ligeramente la cabeza.

—Está bastante grave el muchacho, pero sobrevivirá.

Tal y como pensábamos, tiene dos costillas rotas y desgarros en algunos músculos de los brazos.

Sin lugar a dudas, ha hecho todo lo posible por defenderse, pero si eran varios es normal que no haya podido contra ellos.

También tiene muchísimos moratones. Ha sido golpeado con algo bastante duro y tendrá dolores por todo el cuerpo.

Tardará varios días en mejorar, pero todo depende de la capacidad de superación que tenga.

—Es fuerte, podrá hacerlo con facilidad.

La mujer asintió mientras guardaba todas sus cosas en el cesto que había llevado hasta allí.

—Mañana vendré a cambiarle el vendaje y aplicarle de nuevo los ungüentos. De momento, dejadlo descansar.

Cameron asintió y miró a Kiara mientras esta la acompañaba hasta el pasillo.

Y en el momento en el que los tres se quedaron solos en el dormitorio, el laird se giró hacia Willow.

Esta sabía que tendría que enfrentarse a sus preguntas tarde o temprano.

Por ello, estaba más que preparada para contar la verdad, pues no estaba dispuesta a dejarse llevar por las amenazas de Paul y sus amigos.

—¿Qué es lo que ha pasado? —preguntó Cameron.

—Sí, yo también me lo pregunto porque habéis salido del castillo sin problema alguno… —lo secundó James.

—Si lo que estás preguntando es si algún enemigo ha cruzado tus tierras, la respuesta es no. No ha sido nadie de otro clan o mercenarios.

Cameron frunció el ceño y se cruzó de brazos como James.

—¿Entonces?