CAPÍTULO 12 #3
Willow clavó las uñas en el antebrazo del hombre que la sujetaba, pero ni con esas logró deshacerse de él.
Con el rostro desesperado, la joven miró al frente y a pesar de la oscuridad, logró diferenciar el cuerpo de Arran de los demás, no solo porque se notaba a leguas que era el único que había sido entrenado para luchar, sino porque era más alto y fornido que los demás.
Sin embargo, la desventaja comenzó a hacerse con él y vio cómo lograron golpearlo en repetidas ocasiones frente a sus ojos sin que pudiera hacer nada por él.
La desesperación comenzó a hacer mella en Willow y de sus ojos comenzaron a salir las lágrimas que con tanto ahínco había intentado aguantarse.
Desde su posición, Arran apenas podía ver con claridad a Willow, por lo que temía que le hicieran daño mientras él peleaba.
Y a pesar de que se resentía con esos movimientos que hacía meses que no hacía, intentó defenderse como podía.
Renegó entre dientes al pensar en que podía llevar con él su espada.
Y en caso de ser así, habría acabado con ellos en cuestión de minutos a pesar de la desventaja.
Arran sintió que el aire escapaba de su pecho cuando lo golpearon por detrás con el palo de madera.
Había sido un golpe certero en el centro, pero se obligó a reponerse con rapidez y seguir adelante.
Rápidamente, Paul se volvió a unir al resto de sus amigos y sus golpes estaban tan llenos de rabia que, junto con los demás, lograron aprovechar esa ventaja para golpearlo severamente.
Hacía demasiado tiempo que no sentía dolor físico, pero esa noche, todo su ser se quejaba por lo que los golpes le hacían sentir.
Y apenas fue consciente de su error cuando se giró para golpear a Paul cuando, de repente, sintió que un fuerte dolor atravesaba su cabeza.
Creyó que le habían roto algo al ver que a su alrededor flotaban pequeñas motas de luz que surgieron tras el golpe.
Y, sin darle tiempo a reponerse, volvieron a ensañarse con él.
—Esto es para que aprendas que no debes meterte en el camino de otras personas, Chattan —escuchó la voz de Paul como si estuviera a varios metros de distancia y no justo delante de él.
Arran sentía que de su frente abierta chorreaba sangre que recorría todo el frontal derecho de su rostro.
Tenía el labio partido y le costaba respirar, pero no estaba dispuesto a rendirse fácilmente.
También desde lejos podía escuchar la voz de Willow llamándolo, insistiendo en que lo dejaran en paz, pero no iba a mostrarse derrotado ante ellos.
En otra ocasión, habría dejado que lo mataran, pues no tenía nada por lo que levantarse cada día, pero desde que conocía a Willow todo era diferente.
Él había cambiado. Y ahora sí tenía alguien por quien levantarse a diario; alguien por quien luchar y por quien fijarse de nuevo en el sol que había sobre sus cabezas cada mañana.
Y esa era Willow, aunque todo fuera fingido.
Arran, que tenía una rodilla en el suelo, se levantó dispuesto a enfrentarse de nuevo a Paul, pero sus amigos lo golpearon de nuevo por la espalda y este, rápidamente, sin perder la sonrisa, clavó su vara de madera en el costado del guerrero, provocando que este perdiera por completo el aire de sus pulmones y todo se volviera negro a su alrededor.
Lo último que escuchó fue el grito lastimero de Willow.
Y de no ser por el sentimiento arrebatador de su pecho, se habría entregado por completo a la muerte.
Sin embargo, aunque intentó mantenerse despierto, la oscuridad se cernió sobre él de forma terrorífica, causándole el peor de los miedos, al tiempo que caía en un abismo del que no sabía si iba a salir con vida.
Willow dejó escapar un llanto lastimero al ver que el cuerpo de Arran caía inconsciente en mitad del sendero y a los pies de Paul, que reía junto a sus amigos.
Después, ligeramente temblorosa, vio que se acercaban a ella.
No pensó que pudieran aprovechar y violarla entre todos, simplemente se dejó llevar por la misma rabia que sintió la mañana en la que entró en el dormitorio de su hermano y lo vio muerto en un charco de sangre.
Mordió el brazo del que la sujetaba y cuando se vio libre, se lanzó contra Paul. Este, rápidamente, logró apartarla. Le retorció el brazo a la espalda y tiró de su pelo hacia un lado para levantarle la cara.
—Esto pasa cuando decides aceptar al hombre equivocado.
—Eres un desgraciado, Paul.
—No. Soy el hombre que necesitas, pero aún no te has dado cuenta de ello.
Estoy seguro de que a Chattan le será difícil olvidarlo, si es que sobrevive.
Y en el caso de que vuelva a abrir los ojos, espero que lo dejes.
Si te vuelvo a ver con él, lo mataremos sin pensar.
A ver si así podéis entenderlo. Tú eres mía, de nadie más.
Y sin darle tiempo a replicar, Paul la soltó, empujándola con tanta fuerza que cayó al suelo. La joven gruñó de dolor cuando sintió que varias piedras se clavaban en su rodilla y nuevas lágrimas escapaban de sus ojos.
—Recuerda esto, pequeña Willow. Si te vuelvo a ver con él, Chattan acabará muerto.