CAPÍTULO 12 #2
Willow sintió un escalofrío y miró a su alrededor.
Estaban totalmente rodeados por los amigos de Paul y jugaban con los palos de madera entre sus manos.
Por primera vez desde que había atacado a su tío y a su primo, la joven sentía verdadero terror.
Tenía encogido el corazón y su cuerpo reclamaba la calma que había sentido hasta hacía solo unos minutos.
—En eso te equivocas, Chattan. Lo que es mío está justo detrás de ti.
Arran resopló, pero fue Willow quien se vio en la obligación de responder.
—Yo no soy tuya, Paul. ¿De verdad aún no has entendido que no quiero nada contigo? Me tienes harta. Vete o tendré que informar al laird de que me acosas por todos lados.
El aludido negó con la cabeza al mismo tiempo que chasqueaba la lengua.
—Eso no es cierto, Willow. Tu querido Chattan se interpuso entre nosotros, pero sé que estabas a punto de aceptar mi proposición.
—Jamás aceptaría algo de ti, Paul. ¿De verdad crees que por intimidarnos voy a estar contigo? Con eso solo consigues alejarme más de ti.
La joven salió de la protección que le brindaba Arran para enfrentarse a él, pero este puso su mano para evitar que se acercara a Paul.
Los dedos del guerrero se posaron sobre su vientre y sintió no solo el calor que desprendía, sino su fuerza.
Hasta entonces, había visto su parte amable y carismática, pero el guerrero que llevaba dentro parecía haber estado dormido. Hasta ahora.
—Vete con tus amigos a otro lugar donde busquen pelea, Graham —le advirtió—. Aquí sobráis.
—Willow es mía, Chattan —les aseguró—. No debiste ponerte en mi camino.
—Ella ha elegido. Y tú no has sido el vencedor.
Paul sonrió de lado.
—Eso es porque tú aún estás en medio, pero tiene fácil solución.
Al ver que Paul daba otro paso hacia adelante, con claras intenciones de golpear a Arran, Willow se vio en la necesidad de intervenir de nuevo.
—Paul, por favor, marchaos.
—Lo siento, pequeña Willow, pero esta vez nadie se interpondrá entre nosotros.
La joven apenas fue consciente del gesto que hizo Paul, pero un segundo después, sintió que alguien tiraba de ella hacia atrás, empujándola. Su espalda chocó contra el pecho de uno de los amigos de Paul, que pasó un brazo por sus hombros para sujetarla fuertemente contra él.
Willow no pudo evitar lanzar una exclamación asustada, pues en ese momento, Arran se giró hacia ella para intentar ayudarla, pero rápidamente los demás se lanzaron contra él con los palos de madera en alto.
—¡No! —vociferó intentando soltarse del amarre del otro amigo de Paul.
Podía sentir su aliento en la nuca y en su cuello, y sintió tanto asco que toda ella comenzó a temblar de auténtico terror. No habían buscado pelea y jamás pudo imaginar que podría meter a Arran en un lío como ese tan solo por ayudarla.
A pesar de la oscuridad, Willow fijó su mirada en el frente y descubrió una nueva faceta del que fingía ser su prometido: su parte guerrera.
Lo vio clavar los talones en el suelo y doblar ligeramente las rodillas.
Al instante, se giró con rapidez hacia uno de los amigos de Paul, a quien golpeó antes de que este tuviera tiempo de bajar la vara que sujetaba.
Lo vio empujarlo contra otro de sus amigos para después arrebatarle el palo de entre las manos.
Giró sobre sí mismo y pateó el vientre de otro de los atacantes. Desde su posición, Willow descubrió que era un guerrero muy bueno que podía enfrentarse a los amigos de Paul con facilidad, pero estaba en clara desventaja.
Ella intentaba deshacerse de las manos del hombre que la sujetaba, y logró patearlo en la espinilla. Gruñó contra su oído y la llevó hacia un lugar más apartado, alejándola del sitio donde peleaban.
—¿Qué tienes que tanto le gusta a Paul? —preguntó contra su oído.
Willow abrió los ojos desmesuradamente e hizo acopio de todas sus fuerzas para apartarse de él, pero la tenía tan bien agarrada que apenas pudo moverse unos centímetros.
—Tranquila, fiera. No pienso hacerte nada.
—Entonces ¡suéltame!
Lo escuchó reír contra su oreja y a pesar de que intentó poner su atención en la pelea, una nueva sombra se cernió sobre ellos. El rostro pálido y feo de Paul le cortó la visión, justo en el momento en el que uno de sus amigos lograba golpear a Arran con la madera en la espalda.
Paul negaba con la cabeza al tiempo que chasqueaba la lengua.
—Mira lo que has hecho, pequeña Willow. Todo esto es culpa tuya.
La joven frunció el ceño y apretó tanto los dientes que estaba segura de que iba a rompérselos.
—Es culpa de tu obsesión, Paul.
—¿Mi obsesión? Siempre pensé que aceptarías mi petición.
La joven resopló y miró por encima del hombro de Paul, pero apenas logró ver nada. Sin embargo, sí llegó a ella un gruñido de dolor de Arran. Su corazón latía deprisa. Lo estaban golpeando por su culpa y ella no podía hacer absolutamente nada por él.
—Yo nunca te di esperanzas de ello. Siempre te dije que me dejaras en paz, que no quería nada contigo.
Paul fingió suspirar con tristeza.
—Y mira a lo que hemos llegado por ti.
—¡No es mi culpa! —exclamó la joven—. Dejadlo en paz.
—No. Lo que quiero es que te quede claro que es conmigo con quien tienes que estar, no con él. Y a Chattan quiero que le quede claro que no debió meterse en medio de nuestra relación.
Willow lo miró con los ojos muy abiertos.
En un pequeño rayo de luz que llegó de la luna, logró ver a la perfección la cara de Paul y descubrió en él un gesto completamente diferente a lo que ella conocía.
Parecía ser otra persona. Y no le gustó.
Se le había caído por completo la careta esa noche y sintió verdadero miedo de él.
—¡Yo no quiero estar contigo, Paul! —le aseguró.
Este chasqueó la lengua de nuevo y miró hacia atrás.
—Entonces, debemos hacer que le quede bien claro a él…
—¡No! —gritó la joven.