Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 11 #3
45%

CAPÍTULO 11 #3

—¿Y tú? ¿Algo que contar? Solo sé que no te gustaba el acoso por parte de Paul, pero ¿no hay nadie en el clan al que te gustaría acercarte?

Ya me he acercado, estuvo a punto de decirle. No era algo que había pretendido, pues ni siquiera había visto con anterioridad a Arran, pero ahora que lo conocía en profundidad, sentía que le gustaba, que le agradaba estar a su lado, charlar con él, pasear, incluso disfrutaba de los silencios…

—La verdad es que no —acabó diciéndole—. Desde que estoy aquí no me he centrado en casarme, y menos después de lo que pasó con mi primo y mi tío.

—Te entiendo, aunque si quisieras conquistar a alguien del clan, me alejaría para evitarte problemas.

La joven se sonrojó y negó con la cabeza cuando su mente la traicionó y formó una frase que jamás se habría atrevido a imaginar: me gustaría conquistarte a ti.

-------

Varias horas después, y cuando la medianoche se encontraba cerca de llegar, la fiesta seguía adelante. Los vecinos que había congregados allí no parecían querer marcharse, pues estaban disfrutando como nunca de esa fiesta.

Sin embargo, para Arran ya era más que suficiente.

Había tenido que soportar la mirada de Paul y sus amigos durante gran parte de la velada, y solo pudo respirar tranquilo cuando estos se marcharon del castillo.

Pero a pesar de eso, deseaba volver a su cabaña y refugiarse de nuevo en ella.

Había salido demasiado de su zona de confort y ya deseaba regresar a ese silencio.

Y a pesar de eso, tenía la impresión de que la noche se le había pasado en un simple suspiro, ya que junto a Willow el tiempo corría más deprisa.

—¿Tú también estás cansado? —le preguntó la joven dejando la copa en la mesa.

Arran la miró y descubrió el cansancio en el rostro de esta. Sus ojos estaban más cerrados por el sueño, pero no parecía perder el ánimo a pesar de eso. El guerrero le sonrió y asintió.

—Sí, estaba pensando en marcharme, pero no quisiera dejarte sola aquí, así que estoy esperando a que tú también decidas volver a casa.

La joven lo miró con una sonrisa. La caballerosidad en un hombre era algo que siempre había deseado para su vida si algún día encontraba a uno con el que poder casarse, y que Arran se comportara así con ella solo provocaba que su interés en él creciera, aunque también podía provocar que sus sentimientos se confundieran con lo que él hacía por ella.

—Entonces, vayámonos ya. Estoy verdaderamente cansada.

Presentaron sus respetos al laird y su esposa y se marcharon rápidamente de allí. Muchos eran los que aún quedaban en el salón y seguramente estarían más tiempo a pesar de que al día siguiente trabajarían como cualquier otro día, pero a ellos ya nos les importaban.

La pareja salió del castillo y se despidió de los guerreros que había apostados en la muralla, especialmente de James, que había salido para comprobar que todo estuviera en orden mientras se celebraba el aniversario de Cameron.

Y cuando se alejaron de allí y el silencio los envolvió de nuevo, Arran dejó escapar un suspiro de alivio.

—Nunca me había percatado de que necesitaba tanto el silencio —susurró mientras avanzaban.

Willow lo miró en la oscuridad de la noche. Se sentía ligeramente abrumada al estar junto a él a esas horas de la noche a mitad de camino hacia su casa. Era algo que nunca había hecho con ningún otro hombre, pero hacerlo junto a él parecía llenarle el alma.

—Sí, yo también lo deseo a veces. Es reconfortante.

—Sobre todo cuando ya no estás acostumbrado a ese ruido… —siguió diciendo Arran.

—Pero me lo he pasado muy bien. Gracias por acompañarme y por todo lo que haces por mí.

Arran se encogió de hombros, restándole importancia.

—Soy yo quien tiene que dártelas. Desde que te conozco me has hecho olvidar a la persona en la que me convertí hace meses. He vuelto a ser quien era gracias a ti.

El guerrero se quedó parado en mitad del sendero y la miró.

Pudo descubrir su rostro gracias a la suave luz de la luna que podía atravesar las nubes del cielo.

No sabía en qué momento había dejado de llover, pero estaba seguro de que hacía poco, pues los charcos que había a su alrededor eran demasiado grandes.

Y que el cielo les diera un descanso justo en ese momento para poder caminar tranquilos era algo que no sabía cómo agradecérselo al firmamento.

Willow paró frente a él y lo miró con una sonrisa.

—Los dos nos hemos ayudado como mi madre decía siempre. Supongo que todo esto se lo debemos a ella…

Arran asintió.

—Tienes razón.

Este se quedó callado un instante, mirándola y viendo que incluso la luna lograba sacar la belleza que la joven desprendía esa noche.

La había visto bailar, reír, disfrutar, ser ella misma, y no había podido evitar caer rendido a sus pies.

Si la hubiera conocido meses atrás y la hubiera visto en su clan, directamente habría ido a por ella.

Lo sabía. Habría ideado algún plan con Kester para conquistarla.

Lo tenía claro; y ahora que su hermano no estaba para ayudarlo, tenía que hacerlo él solo.

Dio un paso hacia ella, y al ver que no se apartaba, se acercó un poco más.

—Mañana tendré que agradecerle a Cameron por esta celebración, pero también por haberme permitido hacerlo junto a una mujer tan hermosa.

La joven hizo un gesto con la mano.

—Ahora estamos solos. No tienes que fingir, Arran.

—En ningún momento he dicho que estaba fingiendo —le aseguró—. He opinado sobre la verdad. Esta noche estás verdaderamente arrebatadora.

Willow sonrió tímidamente y agradeció la oscuridad de la noche para que Arran no se percatara de su sonrojo.

Y al ver que se acercaba más, se quedó completamente quieta.

Si se hubiera tratado de otro hombre, habría huido al ver que acortaba la distancia, pero con él no tenía miedo.

Al contrario, le gustaba estar cerca. Y cuando este levantó las manos para tomar su rostro y besarla, Willow sintió que, por primera vez, iba a desmayarse.