Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 11 #2
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CAPÍTULO 11 #2

Arran lanzó una carcajada y bajó su mirada hacia los ojos de Willow.

Puesto que esta aún lo aferraba de la camisa, se encontraban demasiado cerca el uno del otro.

Y no pudo evitar que sus ojos descendieran hacia los labios de la joven.

Esta sonreía, pero no lo hacía con falsedad, sino con total confianza en él; una confianza que no había sentido con ninguna otra mujer, como una especie de conexión extraña con ella.

Y eso le gustaba tanto que no pudo evitar morderse el labio inferior.

De repente, y a pesar del lugar en el que se encontraban, tuvo la imperiosa necesidad de besarla, de atrapar entre sus dientes aquellos labios que parecían llamarlo con insistencia, arrebatadores y pecaminosos.

Y en el momento en el que ascendió por aquel rostro tallado por los ángeles, Arran se perdió en sus ojos.

—Creo que necesito algo más para convencerme.

—¿Algo más? ¿No te vale con saber que bailarás con tu “prometida”? Vaya… pensaba que querrías ayudarme con Paul precisamente ahora que nos está mirando…

Willow lo soltó y dio un paso atrás, provocando que Arran estuviera a punto de suplicar que volviera a tocarlo. En sus ojos se dibujó una expresión entrecerrada, analista.

—¿Te ha dicho algo que te haya molestado? Lo he visto hablar contigo.

Arran estuvo a punto de borrar la sonrisa de sus labios.

—Me ha recordado a Kester, nada más.

Los ojos de Willow se abrieron desmesuradamente.

—¿En serio? ¿Quién le habrá hablado de ti?

—Podría ser cualquiera. Mi presencia en el clan no es un misterio y creo que todo el mundo ha oído hablar de la guerra entre los Chattan y los Ross.

—No puedes permitir que ese gusano te amargue la fiesta.

El guerrero sonrió ligeramente.

—No me la amarga. Estás tú para animarme.

Willow sonrió aún más y le tomó la mano con total confianza.

—Entonces, déjame decirte que no voy a parar hasta que bailes conmigo, aunque solo sea una canción.

—Tenía la esperanza de que se te olvidara el motivo por el que te has acercado a mí.

La joven negó con la cabeza.

—Lo siento, pero me has creado una necesidad. Quiero ver cómo bailaba el antiguo Arran Chattan.

Y tirando de su mano, Willow consiguió que los pies del guerrero se movieran hacia el centro del salón, provocando que todo el mundo girara sus ojos hacia ellos, incluido el propio Cameron y James, que ya había regresado al salón minutos atrás.

—Nos está mirando todo el mundo —le dijo Arran entre dientes—. Si este baile consigue humillarme, no te lo voy a perdonar jamás…

Willow le dedicó una sonrisa y se llevó las manos a la cintura mientras saltaba al ritmo de la música, que parecía haberse intensificado ahora que estaba más pendiente de los acordes de las gaitas.

En el rostro de la joven se dibujó una expresión divertida y alegre que logró contagiarlo por completo y, a pesar de no querer bailar después de lo sucedido con Paul, Arran la imitó y comenzó a saltar junto a ella.

Para alivio del guerrero, numerosas parejas se unieron a ellos en cuestión de segundos, por lo que dejaron de ser protagonistas rápidamente.

En su nuca podía sentir igualmente la mirada de Paul y sus amigos, pero también la de Cameron y James.

Estaba seguro de que se preguntaban en qué momento había cambiado tanto como para ponerse a bailar en aquella fiesta, puesto que ellos lo habían visto en sus peores momentos, pero no se sentía con fuerzas para contarles la verdad a ellos.

No obstante, tampoco lo deseaba. Quería que aquella relación falsa entre Willow y él fuera algo solo de los dos, aunque tuviera la casi obligación de informar a Cameron sobre ello.

A pesar de sus reticencias iniciales, Arran acabó sonriendo a medida que la música avanzaba y Willow y él disfrutaban del baile.

A su alrededor, todo el mundo disfrutaba y se divertía y, de repente, se recordó a sí mismo haciendo exactamente esos pasos en su propio castillo, cuando era feliz y su familia aún estaba unida.

Casi había olvidado lo bien que se sentía disfrutando de esos momentos, las carcajadas que había lanzado incontables veces, el sentimiento de libertad mientras saltaba y se dejaba llevar por la música, los buenos momentos junto a Kester…

Había sido feliz. Por Dios que no podía negar que lo había sido.

A pesar de la guerra, de la muerte de su padre, del trabajo de su hermano como laird, de los ataques…

había sido completamente feliz. Y lo había olvidado en los últimos meses.

Sin embargo, desde que Willow había tirado de su mano y lo había llevado al centro del salón, Arran tenía la impresión de que su alma había vuelto a serenarse después de su disputa con Paul.

Había desaparecido su culpabilidad por seguir vivo y ahora disfrutaba de esa vida.

Con total confianza, tomó la mano de Willow para seguir saltando y girando de un lado a otro, incluso intercambiaron parejas como solían hacer, hasta que la música se volvió aún más rápida, obligándolos a volver con sus parejas para seguir danzando.

—Lo haces bien, Arran Chattan —dijo la joven una de las veces que se acercó más a él.

El joven dibujó una expresión divertida.

—Eso es porque contigo todo es más fácil, hasta sonreír.

Willow se sonrojó y giró una vez más para seguir bailando, pero se tropezó con la tela de su propia falda y se vio impulsada hacia Arran. Este la vio caer y la recogió entre sus brazos frente a las miradas de todos los demás.

Con rapidez, la joven se incorporó de nuevo, pero los ojos de los demás ya estaban puestos sobre ellos y los miraban con atención.

A pesar de que los minutos habían pasado y parecían haber olvidado que los habían visto llegar juntos, su interés por aquella nueva pareja seguía latente.

Y aunque la joven se había incorporado, las manos de Arran seguían en su cintura.

El olor de la joven lo había alterado visiblemente.

Su pelo rubio se había chocado contra su rostro, impregnando de su olor todo a su alrededor.

Sin lugar a dudas, y a pesar de que Arran había expulsado de él a todo el mundo, Willow había encontrado la manera de escalar sus muros y penetrar en su aura para llenarla de ella.

Y cada momento que pasaba se sentía menos capaz de disimularlo, pues había caído rendido por completo a ella.

—Lo siento, me he tropezado —La voz de la joven lo sacó de su ensimismamiento.

Arran miró a su alrededor y se dio cuenta de que ya nadie los miraba. Sonrió ligeramente, casi con timidez, y se encogió de hombros.

—No pasa nada. A este paso, voy a tener que pasar de ser tu falso prometido a ser tu protector… —le dijo con tono divertido y en voz baja para que solo lo escuchara ella.

Willow rio y le señaló el lugar de la mesa donde habían estado minutos antes.

—¿Descansamos un poco?

—Sí, por favor.

Juntos, se alejaron del centro del salón y de miradas indiscretas, aunque la de Paul seguía todo el rato sobre ellos.

En el momento en el que llegaron junto a la comida y las bebidas, Willow cogió otra copa entre sus manos.

Estaba realmente acalorada y hambrienta, por lo que le dio la espalda al salón y se centró en lo que tenía frente a ella sobre la mesa.

—Gracias a Dios, ya no somos protagonistas de la fiesta… —murmuró Arran a su lado.

Willow sonrió y esperó a tragar antes de responder.

—Tienes razón, pero no me dirás que nuestro plan no ha funcionado…

El guerrero asintió y le devolvió la sonrisa.

—Creo que han funcionado ambos planes, porque incluso yo reconozco que me siento mejor que hace unas semanas.

Willow se apoyó contra la mesa y lo observó durante unos segundos.

—Eso es lo que más me alegra, haber contribuido a ese estado. Aunque no sé cómo eras antes de conocerme, me gusta este Arran. Eres de los pocos hombres que se atreven a bailar.

—Cuando estaba en mi clan y hacíamos alguna celebración, disfrutaba muchísimo. No está bien que yo diga esto, pero Kester y yo éramos el alma de la fiesta…

—¿Y qué hacíais? Cuéntame algo…

Arran se encogió de hombros.

—Solíamos animar al resto para que también bailaran. Eso sí, después de habernos bebido la mitad de los barriles de mi hermano.

Willow rio.

—Antes has dicho que bailabais para conquistar a las mujeres de vuestro clan. ¿Qué hacíais?

—Bailar cerca de ellas, rondarlas, rozarlas supuestamente sin querer…

La joven lanzó una carcajada.

—¿En serio?

—Sí, era como una forma que teníamos Kester y yo para llegar a ellas. Era más fácil que encontrártelas por los pasillos o el pueblo. Una tontería. Éramos jóvenes y pensábamos que teníamos toda la vida por delante. Nos gustaba jugar a las conquistas y simplemente nos salía bien.

La joven lo miró largamente. Había descubierto que cada vez que hablaba de Kester ya no se ensombrecía como antes, incluso se había recuperado fácilmente del ataque de Paul.

Y eso lo hacía más humano, más cercano. Nadie podía imaginar lo que había disfrutado ese baile con él.

A pesar de que era algo inocente, había sentido cosas por él, especialmente cuando le puso las manos en la cintura para evitar que cayera ante todos.

Pero lo que más disfrutaba era escucharlo hablar del pasado, pues le mostraba un Arran que no conocía y provocaba que le gustara aún más.

—¿Y no te dejaste a ninguna mujer allí antes de venir al clan Sinclair?

A pesar de que no debía interesarle, Willow no pudo evitar hacer esa pregunta. Lo que había conocido de Arran hasta entonces le interesaba, pero se dijo que tal vez se estaba dejando llevar por el plan que ellos mismos habían ideado y que se estaba confundiendo con sus propios sentimientos.

—La verdad es que no. El juego que nos traíamos Kester y yo con las mujeres del clan era solo eso, un juego. Bueno, Kester sí inició una relación con una de las doncellas del castillo, pero yo no tenía a nadie.

No supo por qué, pero Willow sintió alivio al escucharlo. Y entonces vio que Arran se cruzaba de brazos y la miraba con una sonrisa.