CAPÍTULO 10 #3
Arran respiró hondo cuando vio que Willow se apartaba de él y se acercaba a las doncellas, que la recibieron con un abrazo.
Al quedarse solo, el guerrero caminó lentamente por el salón para acercarse a la mesa que le había indicado a la joven.
Después de la conversación con Cameron y su esposa, sentía que tenía la garganta seca por el temor a ser descubiertos.
Había visto de reojo a Cameron y sabía que los estaba observando con excesiva atención al extrañarse por su repentino cambio y su amistad que nadie más conocía.
Sin embargo, se tuvo que repetir que todo había ido bien y que no habían sospechado que se trataba de un engaño para todos con la única intención de ayudar a la joven con los moscones del pueblo.
Arran carraspeó y paró junto a la mesa, donde vio una copa sin dueño y la tomó entre sus manos. La bebió casi de un sorbo y, con una sonrisa de satisfacción, miró los diferentes platos llenos de comida que ya iban por la mitad.
La gente del pueblo parecía haber estado haciendo ayuno para la ocasión y, algunos de ellos, comían como si hiciera un mes que no habían probado bocado.
Eso hizo sonreír aún más a Arran, pues uno de ellos era su compañero de trabajo, Thor.
Se habían despedido en las tierras para verse después en el gran salón, pero este tenía la nariz tan metida en la comida que apenas había reparado en su llegada minutos antes.
Arran cogió entre sus dedos un trozo de pan con queso y lo degustó como hacía tiempo que no disfrutaba de la comida.
En ese instante, se dio cuenta de que había desbloqueado un nuevo recuerdo en su mente.
Desde la muerte de Kester no había vuelto a disfrutar de los bocados de comida que se llevaba a la boca.
Esto era algo que, desde pequeño, le había encantado y jamás se perdía una comida.
Pero desde que estaba en el clan Sinclair se saltaba todas las comidas que podía.
Hasta ese momento no se había dado cuenta de ello, pero se dijo que tendría que volver a disfrutar de la comida a partir de entonces, sin remordimientos por estar vivo y poder hacerlo mientras Kester reposaba bajo tierra.
—¿Ya te ha abandonado tu novia, Chattan?
Y el pequeño instante de regocijo se acabó de golpe.
Arran pasó la lengua por su labio inferior antes de darse la vuelta y ver el asqueroso y feo rostro de Paul tras él.
Este lo miraba con un gesto iracundo, el mismo que le había dedicado días atrás, pero con la diferencia de que ahora pensaba que Willow y él estaban juntos.
El rostro del guerrero se mostró sereno al tiempo que lo miraba de arriba abajo.
—Me temo que eso es lo que más querrías tú… —fue su respuesta.
Paul sonrió de lado, formando un feo arco con los labios que le hizo más visible la cicatriz de la adolescencia, que, a pesar de haberla dejado atrás hacía varios años, aún seguía impresa en sus mejillas.
—¿Por qué no me haces un favor y te apartas de Willow?
Arran sonrió brevemente.
—¿Y por qué tendría yo que hacerte un favor a ti que apenas te conozco?
—Para evitarte problemas en el pueblo…
Arran arqueó una ceja ante la seguridad en sus palabras.
—¿Problemas? No sé qué tipo de problemas podrías buscarme tú. ¿Vas a llamar a tus amiguitos? ¿Son tan pequeños como tú?
—Si yo fuera tú, tendría cuidado a mi espalda, Chattan. No eres nadie en este clan.
El aludido dio un paso al frente, acercándose peligrosamente a él.
—Para empezar, si tú fueras yo, serías más atractivo.
Para seguir, si tú fueras yo, dejarías de acosar a Willow porque ella es una mujer libre.
Y, para terminar, si tú fueras yo, no amenazarías, irías directamente a por tu enemigo, así que ten cuidado o me veré obligado a portar conmigo la espada para usarla contra ti si vuelvo a ver que te acercas a ella.
—Willow es mía.
—Willow es de ella y de nadie más. ¿Tan gilipollas eres que no lo entiendes? Es libre de hacer lo que quiera y estar con quien desea. Lamento mucho que me haya elegido a mí, pequeño Paul…
El aludido parecía estar a punto de echar a arder, pues las orejas y sus mejillas se volvieron rojas por la rabia. Dio un paso más hacia Arran, pero este era más alto que él y tuvo que elevar la cabeza para mirarlo a los ojos, gesto que hizo sonreír al guerrero Chattan.
—Te veo muy seguro de ti mismo, forastero.
—Tú, sin embargo, no lo pareces —respondió con simpleza—. ¿Por qué no te vas y me dejas disfrutar de la fiesta?
—Porque aún no has dejado a Willow.
—Y no la voy a dejar —le aseguró con vehemencia—. Es mi prometida y, aunque no lo fuera, jamás permitiría que un gusano como tú se acercara a ella.
Paul lo agarró de la camisa, provocando que varias personas alrededor los miraran con interés.
—Adelante, Graham —lo incitó Arran—, golpéame. Te dejarás en evidencia delante de todos, incluido el laird.
Paul lo soltó de golpe y colocó su propia ropa antes de dar un paso hacia atrás.
—Más te vale dejar a Willow.
—No insistas, no pienso hacerlo.
—Debiste quedarte en tu maldito clan, Chattan, pudriéndote de amargura por la muerte del desgraciado de tu hermano en lugar de venir a molestarnos.